sábado, 24 de octubre de 2015

Historia antigua de Garrucha III


Vista panorámida de Garrucha en 1900. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

Se transcribe el tercer artículo de la serie comentada en la entrada Historia antigua de Garrucha I

LA TORRE DE LA GARRUCHA
A Bernardo Berruezo
Como decía en mi artículo anterior, las capitulaciones entre los de Mojácar y Vera acordadas el 4 de Abril de 1503, no pusieron término a las rivalidades de estos pueblos; volvieron otra vez a resucitarse las pasiones y se promovió un pleito ruidoso en averiguación de términos jurisdiccionales, siendo Juez el Bachiller D. Juan López Navarro, Corregidor que era de Vera y Mojácar. Mas ocurrió lo que a todo litigante, al principio muy valientes —¡que se pierda todo!— gritan siempre por regla general. —Es cuestión de amor propio— dicen al que le hablan del pleito y acaban por aburrirse, buscando a los amigos para que haya un arreglo. Por esto, cansados de este litigio, acordaron que Jueces árbitros con un tercero en discordia dirimieran sus diferencias otorgando al efecto cada pueblo su correspondiente compromiso. Vera lo otorgó en su cabildo del 7 de Enero del año 1517, asistiendo a la reunión: D. Pedro de Campuzano, Teniente Corregidor de ella y su tierra, con la villa de Mojácar, Pedro de Guevara y Antón Torrecilla, Regidores; se nombró Juez árbitro a D. Francisco Godoy y como tercero en discordia al honrado Pedro de Campuzano. Se consiguió a la vez que los Jueces habían de tener ante sus ojos la imagen de Dios Nuestro Señor y a su bendita madre, por bien de paz entre ambos pueblos. Actuó en este compromiso como Escribano de Sus Altezas, Rodrigo de Salas y fueron testigos rogados Román de Campos y Antón Gálvez, vecinos de Vera.

Mojácar otorgó también su compromiso nombrando árbitro por su parte a Rodrigo de Carrión, Alcalde Corregidor de aquella Villa, aceptando como tercero en discordia al nombrado por Vera, D. Pedro Campuzano. Intervinieron en este compromiso por parte de los mojaqueros, Juan de Aguilar, Alcalde; Rodrigo de Carrión, Juan Pinar y Juan de las Eras, Regidores de la Villa, hallándose también presentes López de Morales, Escribano del Concejo y Rodrigo de Salas, que lo era de Sus Altezas y de la Ciudad de Vera, siendo testigos rogados para el acto Pedro González y Andrés Albarracín.

Todas las diferencias entre estos pueblos rivales, las principales mejor dicho, nacían de que ambas partes se creían en derecho al sitio llamado La Marina.

Los Jueces árbitros celebraron su reunión, discutieron juntamente, según decían los compromisos; los debate tuvieron lugar en la Torre de la Garrucha, junto al aljibe de la Sal. y allí estos Jueces, teniendo ante sus ojos la imagen de Dios Nuestro Señor y su Bendita Madre dictaron sentencia laudal el 20 de Enero de 1517. En doce días hubo tiempo bastante para que estos Jueces oyeran las reclamaciones de estos dos pueblos, recibieran las pruebas, las examinaran, discutieran los puntos sometidos al debate y fallaran. ¡Hoy se necesitan años y años para poder dar por terminado un pleito que por muy sencilla que sea la cuestión!

Dejamos para otro artículo la parte dispositiva de esta sentencia, que fue oída el día de su pronunciamiento con gran alegría por los habitantes de estos pueblos, dándose un tercer abrazo de paz y de concordia, que fue el de Judas por parte de los mojaqueros.
Rudericus

(El Eco de Levante, Garrucha, 16 de diciembre de 1901)


sábado, 17 de octubre de 2015

D. José Segura Berruezo (1842-1888)


Don José Segura Berruezo nació en Vera (Almería) el 2 de noviembre de 1842. Era hijo de D. Antonio Segura Navarro, comerciante, hacendado y escribiente, y de su esposa Dña. Basilisa Berruezo Soler, perteneciente a una familia de hacendados con gran tradición en el servicio de las Rentas Reales en Vera.

Quedó huérfano de padre a la edad de 5 años, ya que D. Antonio Segura falleció, a la edad de 33 años, en Vera el 14 de febrero de 1848 a causa de “afección del pecho”. Muerto el pater familias, fue educado desde entonces bajo la influencia de su tío Don Pedro Berruezo Soler, quien lo introdujo en el servicio a la Real Hacienda. Así pues en 1859, a los 17 años, ya se encontraba ayudando a su tío como Auxiliar de los trabajos de la Administración de Aduanas y Rentas Estancadas de Garrucha. Vinculado siempre al municipio en el desempeño de su carrera profesional, llegó a ser Administrador Principal de Loterías de Garrucha (1864-1866) y Administrador de Rentas Estancadas de Garrucha desde 1867, uno de los cargos de Hacienda más importantes de Almería debido a la destacadísima posición comercial e industrial de este pueblo del levante almeriense.

Asimismo, de la mano de su tío y otros miembros de la familia Berruezo, se adentró en la inversión minera, como buena parte de la burguesía de su época. Se tiene constancia de que registró diversas minas de hierro y plomo repartidas por diferentes municipios, entre ellas se pueden mencionar Tormenta (1873), Numancia (1888) situadas en Mojácar; Paciencia (1872) y Nunca es tarde (1873) en Bédar; Guillotina (1872) en Carboneras; Bohadil (1872) en Cuevas del Almanzora, etcétera. Además fue accionista de diversas sociedades mineras como, por ejemplo, la Lozano y Compañía, domiciliada en Vera, y la de la Mina Jacoba, de Sierra Almagrera, en 1871.

A nivel familiar, contrajo matrimonio con Dña. Isabel Sánchez Ochoa, natural de Alicante, en Garrucha el 9 de octubre de 1865. Fruto de este enlace nacieron cuatro hijos: D. Antonio, D. José, Dña. Basilisa y D. Rodrigo Segura Sánchez.

Por otro lado, D. José Segura Berruezo también estuvo muy vinculado a la Semana Santa de Garrucha. Consta junto a su primo D. Francisco Berruezo López y el entonces sacerdote del municipio D. Eusebio Francisco Sáez, como uno de los padres fundacionales, firmantes, de los Estatutos de Constitución en 1868 de la hoy conocida como Real, Ilustre y Antigua Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores de Garrucha.

Detalle de la firma de los Estatutos de la Hermandad (Garrucha, 12/4/1868). Cortesía del Archivo de la Hermandad

Don José Segura Berruezo falleció en Garrucha el 15 de diciembre de 1888, a la edad de 46 años, víctima del brote de tuberculosis pulmonar que afectó al municipio ese año. Previamente había muerto también de esta misma dolencia su primo (hijo de su primo-hermano D. Juan Francisco Berruezo Torres), el joven político republicano posibilista y Secretario de Sanidad, D. Gabriel Berruezo Haro, que falleció en Garrucha el 11 de agosto de ese mismo año, a la temprana edad de 25 años.

Nota del periódico La Crónica Meridional (Almería, 23/12/1888)

Su fallecimiento fue muy sentido en Garrucha, dada la gran estima y respetabilidad que se le profesaba. Su funeral fue una auténtica manifestación de duelo. En su caminar al cementerio municipal, su féretro fue acompañado, aparte de familiares y amigos, de doce hermanos portando cirios, con el estandarte al frente, de la Hermandad de los Virgen de los Dolores, dando así cumplimiento a lo estipulado en los Estatutos de la Cofradía. La muerte de Don José Segura Berruezo truncó no sólo su meteórica carrera profesional en la Real Hacienda sino también su progreso como inversor minero. No obstante, su viuda Dña. Isabel Sánchez, siguió la estela dejada por su marido y, por ejemplo, en 1895 se tiene constancia de que registró las minas de hierro El Chaparrón y Esperanza, situadas en Vélez Rubio y Vélez Blanco, respectivamente.

Sin lugar a dudas, Don Pedro Berruezo Soler y Don José Segura Berruezo fueron las dos figuras de la Casa Berruezo más destacadas en el servicio de la Real Hacienda en Garrucha. Ambos familiares, en sus años respectivos, asumieron uno de los empleos de administración estatal económica más significativos de Almería. Si unimos esto a las actividades comerciales, industriales y mineras, así como al peso político (Don Franciso Berruezo López era Alcalde de Garrucha en el momento de la muerte de D. José Segura Berruezo) y el desempeño de la magistratura municipal que desarrollaron los Berruezo en el municipio, nos da idea de la eminente posición e influencia de la familia en el siglo XIX en Garrucha.


miércoles, 14 de octubre de 2015

D. Pedro Berruezo Soler (1805-1878). Parte IV


A nivel familiar, Don Pedro Berruezo Soler se casó en tres ocasiones y sólo tres de sus cinco hijos llegaron a edad adulta. 

En primeras nupcias contrajo matrimonio en Vera con Dña. Antonia Torres Cano el 26 de febrero de 1826. Ella era hija del hacendado veratense D. José Torres Villalta y de su mujer Dña. Ana Cano. Con su primera esposa tuvo los siguientes tres hijos: Dña. Isabel, D. Juan Francisco y Dña. Justa Berruezo Torres, esta última fallecida en la infancia.

Tras la muerte de su primera esposa a la edad de 33 años en 1834, contrajo segundas nupcias con Dña. Francisca de Salas Martínez en Turre el 20 de diciembre de 1843. Ella era hija del veterano militar de caballería y también empleado de la Real Hacienda D. Pedro de Salas Berruezo, y de su mujer Dña. Francisca Martínez Escánez. Sin embargo, la ilusión de rehacer nuevamente su vida marital se truncó con el inesperado fallecimiento de su segunda esposa en Vera, a la edad de 27 años, el 3 de marzo de 1844. De este matrimonio quedó un hijo llamado D. Pedro José, que murió en edad infantil.

Contrajo matrimonio por tercera y última vez con Dña. María Teresa García Haro. Con ella tuvo un único hijo, D. Pedro Antonio Berruezo García, nacido en Mojácar en 1854.

También estuvo muy vinculado y ayudó a su hermana Dña. Basilisa Berruezo Soler, tras la pronta muerte de su marido Don Antonio Segura en 1848, y a su sobrino, D. José Segura Berruezo, que siguió los pasos de su tío e hizo carrera en la Real Hacienda en Garrucha, llegando a ostentar el empleo de Administrador de Rentas Estancadas en el municipio.

Finalmente, tras una intensa vida consagrada al servicio público, Don Pedro Berruezo Soler falleció con las primeras luces del alba del día 21 de marzo de 1878 en su casa de calle de la Marina de Garrucha. En su domicilio, junto a la viuda Dña. Teresa García Haro, se habían congregado sus hijos D. Juan Francisco e Isabel Berruezo Torres, D. Pedro A. Berruezo García, primos D. Francisco Berruezo Ayora, D. Francisco Berruezo López, consortes y demás familia Berruezo y amigos del finado.

Amanecía Garrucha aquella mañana del primer día de la primavera con la fatídica noticia de la muerte, a los 73 años, de uno de sus mayores Hijos Ilustres, de uno de sus Padres Fundacionales. Había fallecido un gran prohombre, una figura destacada de la villa que siempre ocupará un lugar eminente en la Historia del municipio. Fue uno de aquellos ochos pioneros que constituyeron el primer Ayuntamiento de Garrucha en 1861, que tanto bien hicieron por el naciente pueblo. La excelente gestión del primer gobierno municipal dirigido por D. Manuel Berruezo Ayora sentó las bases para el buen desarrollo y progreso social y económico de Garrucha, aquel pequeño pueblo que fue el diamante más radiante del levante almeriense.


Las circunstancias históricas y el firme compromiso de Don Pedro Berruezo le llevaron a ser uno de “esos padres de la nueva patria de Garrucha dispuestos a convertirse en los nuevos Washington y Jefferson de la provincia de Almería” en 1861, como escribió el redactor jefe de La Voz de Almería, D. Manuel León, en el artículo que tributó a Don Manuel Berruezo, Primer Alcalde de la villa, en el 140 aniversario de su fallecimiento en 2014.



Su funeral fue una auténtica manifestación de profundo duelo y en su peregrinación al cementerio municipal lo acompañaba la práctica totalidad del pueblo, dada la gran estima y cariño que se le profesaba en todas las clases sociales. Garrucha lloró su pérdida, quedaba huérfana de uno de sus más importantes valedores, pero no se acabó con D. Pedro Berruezo Soler la vinculación de su rama familiar con el municipio. Cabe destacar a su hijo D. Juan Francisco Berruezo Torres, toda una personalidad en Garrucha como ya se vio en su reseña biográfica; su nieta Dña. Isabel Berruezo Haro, casada con el propietario y banquero D. José López Campos, asesinado durante la Guerra Civil, cuyos hijos los López Berruezo fueron comerciantes y banqueros en el levante almeriense durante las primeras décadas del siglo XX; su bisnieta Dña. Ana Berruezo Martínez, casada con el ilustre abogado y juez municipal de Garrucha, D. Pedro Cervantes Gerez, asesinado durante la Guerra Civil.

Además, a través de su otro hijo, D. Pedro A. Berruezo García, Comendador de la Real Orden de Isabel la Católica, continuó la saga familiar de servicio en el funcionariado de la Real Hacienda, desarrollando la mayor parte de su carrera profesional en Cataluña.

Actualmente, extinto ya el apellido en línea masculina por diversas fatalidades de la vida que hicieron que sólo las mujeres continuaran esta estirpe, todavía existen buenos ejemplos del carácter bondadoso y de abnegación que caracterizó a Don Pedro Berruezo Soler. Doña María Teresa Ituarte Mata, tataranieta del patriarca por línea materna, por cuyas venas corre la misma sangre de este patricio padre fundacional de Garrucha, dignifica y da lustre al apellido Berruezo con su fuerte compromiso y ayuda a la investigación histórica familiar.


martes, 13 de octubre de 2015

D. Pedro Berruezo Soler (1805-1878). Parte III



Con el inicio del gobierno progresista en España en 1854 se iniciaron también en Garrucha los movimientos independentistas de manos de destacadas familias de ideología liberal como los Berruezo, Orozco, Gerez… asentadas allí y que poseían altos intereses económicos en esta pedanía de Vera.

El aumento de población y del comercio, y la cada vez más incipiente minería de la región hizo que las importantes familias asentadas en Garrucha promovieran su segregación respecto de Vera. Una de las más destacadas que participó activamente en la consecución de la ardua y difícil tarea de la segregación fue la familia Berruezo. Supieron ver en Garrucha el futuro importante enclave geoestratégico comercial en que se iba a convertir en los años venideros al excelente ritmo de la industria minera y no dudaron en promover su constitución como municipio independiente.

Isabel II, Reina de España, concedió
la independencia de Garrucha
La lucha por constituir Garrucha como municipio independiente no fue fácil. Pese a haber obtenido la independencia respecto de Vera mediante la Real Orden de 16 de marzo de 1858 firmado por Isabel II, los veratenses pelearon ferozmente enviando comisiones a Madrid para frenar la inercia secesionista, que estaba provocando que no sólo Garrucha sino también otra pedanía, Pulpí, al compás independentista de los garrucheros solicitara la emancipación.

Vera creó una campaña de descrédito sobre Garrucha y sus prohombres en diversos periódicos y misivas dirigidas al Ministro de Gobernación y al Gobernador Civil de Almería. De nada sirvieron las gestiones que hizo Vera, tan sólo para frenar dos años lo que ya era irreversible.

Entre tanto, el Gobernador nombró Alcalde Pedáneo de Garrucha a Don Pedro Berruezo Soler el 3 de enero de 1859. Estuvo en el cargo hasta que en junio de ese mismo año cesó como consecuencia de haber sido nombrado Contador de la Aduana de Garrucha.

Finalmente, la orden del Gobernador Provincial de 23 de diciembre de 1860 obligaba a cumplir la Real Orden de 16 de marzo de 1858 y comunicaba al Ayuntamiento de Vera que colaborase con el de la naciente Garrucha para la demarcación jurisdiccional. Como era de esperar, a Vera no le quedó otra que aceptar la segregación, pero no pondrá fácil ceder un palmo de su todavía considerado territorio.

Garrucha nació como municipio independiente el 1 de enero de 1861, como así se recoge en el Acta de Constitución de su primer Ayuntamiento:

En la población de Garrucha, a primero de enero de mil ochocientos sesenta y uno, siendo las diez de su mañana, se reunieron en las salas donde provisionalmente se han de celebrar las sesiones, los Sres. Don Tomás Latorre, Alcalde Pedáneo de ésta, Don Manuel Berruezo y Don José Laguna, Don Pedro Berruezo Soler, Don Bernardo Gerez Soler, Don Andrés Cervantes Quesada, Don Alfonso Cervantes Quesada y Don Felipe Rodríguez Clemente, que han sido nombrados por el Señor Gobernador Civil de esta provincia para componer el Ayuntamiento que ha de principiar a funcionar en este día, mediante la Real Gracia concedida por S.M. la Reina Doña Isabel II (Q.D.G.) para segregar a este pueblo de su matriz Vera, accediendo así a los deseos de este vecindario, todo lo cual aparece del oficio de aquella Superior Autoridad, de 23 de Diciembre último, que se pone de manifiesto, y de los nombramientos especiales, de fecha del 22 para Alcalde y Teniente que también exhibieron los Señores que han merecido este honor Don Manuel Berruezo y Don José Laguna. En su mérito, el Señor Alcalde Pedáneo, en acatamiento de la orden del Sr. Gobernador, que está de manifiesto y en la que se ordena que desde este día ha de funcionar la Municipalidad nombrada, visto el art. 46 del Reglamento para la ejecución de la Ley vigente de Ayuntamientos, por el que se dispone que el Alcalde entrante preste el juramento en manos del saliente. Considerando que en este pueblo la única autoridad local que existe es el repetido Sr. Alcalde Pedáneo, que debe cesar en sus funciones y en obedecimiento así mismo a la invitación oficial que se le ha pasado para llenar aquella formalidad, dicho Señor Alcalde Pedáneo recibió el oportuno juramento al nombrado para el presente año, Sr. Don Manuel Berruezo, quien lo prestó en manos de aquel, jurando por Dios y los Santos Evangelios guardar y hacer guardar la Constitución de la Monarquía y las leyes, ser fiel a S.M. Doña Isabel II y conducirse bien y lealmente en el desempeño de su cargo.
Acto seguido, el Sr. Alcalde juramentado exigió del Sr. Teniente y Regidores Don José Laguna, Don Pedro Berruezo, Don Bernardo Gerez, Don Tomás Latorre, Don Andrés Cervantes, Don Alfonso Cervantes y Don Felipe Rodríguez, el correspondiente juramento, que fueron prestando en manos de su merced, bajo la misma fórmula ya expresada, verificando lo cual, el inducido Sr. Alcalde, en alta voz y en justa observancia de la Ley y órdenes superiores, declaró constituido el Ayuntamiento interino de este pueblo.
Esto así verificado, la corporación acordó consignar en este Acta, un voto público y solemne a gratitud a nuestra Augusta Soberana Doña Isabel II (Q.D.G.) y a su Ilustrado Gobierno, por la concesión que ha tenido la dignación de otorgar a este pueblo, segregándolo de la Ciudad de Vera, y al Sr. Gobernador de la provincia por la parte que le ha cabido poniendo en ejecución el Real mandato: que se anuncie este acto al vecindario para su conocimiento y que participe de la grata emoción de que este Municipio se haya poseído por ser un acontecimiento que ha de producir infinitos bienes a este pueblo, tanto en el desarrollo de sus intereses materiales, cuanto en el de su razón moral y religiosa.
Que con rectificación de este Acta, se participe al Sr. Gobernador el cumplimiento de su superiores disposiciones; y por último nombrar como secretario interino, para que Certifique, a Don Bernardo Gerez Soler, uno de los Regidores de esta municipalidad, por no tener, al presente, en este pueblo otra persona apta para el desempeño de este cargo.
Y lo firman los Señores presentes, de que yo el Secretario interino que acepto, certifico.
Manuel Berruezo, Tomás Latorre, José Laguna, Pedro Berruezo, Andrés Cervantes, Alfonso Cervantes, Felipe Rodríguez.
Fui presente, Bernardo Gerez, Regidor Secretario. Todos rubricados.
(Actas Capitulares. Sesión 1 de enero de 1861. Archivo Municipal de Garrucha)
Como se deja ver en el Acta de Constitución, Don Manuel Berruezo Ayora fue designado Alcalde del Primer Ayuntamiento de Garrucha y Don Pedro Berruezo Soler, Regidor. Tras la proclamación del gobierno municipal, exhortó el Alcalde: "Que se anuncie este acto al vecindario para su conocimiento y que participe de la grata emoción de que este municipio se haya poseído, por ser un acontecimiento que va a producir infinitos bienes a este pueblo".

Si difícil fue constituir el municipio como independiente, no menos complicado fue el inicio de la andadura de Garrucha en solitario. Aquel primer equipo de gobierno tuvo que enfrentarse en aquellos primeros años, con su mayor empaque, al desprecio continuo por parte de los veratenses, que no querían aceptar la secesión, y en parte con los mojaqueros, que pleitearon durante siglos con Vera por la soberanía de Garrucha y siempre soñaron con apoderarse de ella. Incluso tuvieron que lidiar en esos primeros momentos de emancipación con una pequeña facción de vecinos de Garrucha reacios al cambio y que abogaban por volver a Vera, su matriz.

Vista panorámica de Garrucha a finales del siglo XIX. Fotógrafo: F. de Blain

El primer equipo de Gobierno, que estuvo en el poder hasta 1863, ha sido considerado por la historiografía clásica como el mejor que ha tenido Garrucha en su Historia. Bajo su mandato la villa fue dotada de Municipalidad Independiente, Administración de Aduanas y Rentas Estancadas, Ayundantía de Marina, Sanidad Marítima, Compañía de Carabineros del Reino, Intervención de Minas, Feria, la Fundición de plomos San Jacinto, médico titular, notario público y viceconsulados inglés y francés, que facilitó la llegada de capital extranjero para la revitalización de la industria y el comercio que tanto benefició a Garrucha. Además se aprobó la construcción del Ayuntamiento, cárcel y Escuela de Instrucción.

En el libro de 1921 Historia de Garrucha, páginas 82 y 83, sus autores resaltaron la total entrega al pueblo por parte de la Municipalidad: “El primer Ayuntamiento de Garrucha demostró una actividad y un interés laudable en todo lo que podía ser beneficioso a la población… En resumen: aquel primer Ayuntamiento de Garrucha hizo por la población en un año más que todos los que le han seguido hasta nuestra época, demostrando verdadero cariño al pueblo y una voluntad firme y decidida de trabajar por su bien; ejemplo que debieran imitar todos los ciudadanos… He aquí la obra de unos cuantos patriotas.”

De manera similar a lo expuesto en el párrafo anterior, ya se había pronunciado el 12 de enero de 1901 el periódico garruchero El Eco de Levante en el artículo Garrucha en el siglo XIX, donde se puede leer: “Aquella primera Administración Municipal no pudo ser más recta y más conveniente a los intereses locales en aquel primer año de emancipación, se instituyó la Feria que anualmente se celebra desde entonces y se dio principio al fomento de la localidad bajo la importancia de aquellos importantísimos hombres de negocios cuyo norte consistía en mejorar y hacer que progresase Garrucha en todo aquello que una bien entendida administración económico-social y de Justicia reclama”. 

Alegoría de la I República Española
Años más tarde, Don Pedro Berruezo Soler fue Alcalde de Garrucha de 1873 a 1874, quedando para la Historia del municipio como el último de la turbulenta y caótica I República Española. Uno de los hechos más reseñables que ocurrieron durante su mandato fue la invasión de Garrucha por parte de las tropas cantonalistas de Cartagena en octubre de 1873. Su actuación ante los invasores evitó males mayores. (Ver: Los Cantonalistas de Cartagena en Garrucha en 1873)

La Garrucha de la década de 1870 consolidaba su emancipación con un progresivo auge demográfico y económico, como consecuencia del gran comercio que generaba. Bullía el trabajo en su rada y anualmente arribaban centenares de buques mercantes y de pasajeros. Asimismo, la villa se transformó en un municipio muy cosmopolita y atractivo con la llegada continua de acaudalados inversores españoles y extranjeros. Fue lugar de veraneo de toda la élite social del levante almeriense y punto de encuentro de buena parte de la intelectualidad de Almería. Se implantaron diversas casas consulares, como por ejemplo, las de Alemania, Austria-Hungría, Francia, Grecia, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Portugal, Noruega, Uruguay y Perú. En definitiva, se convirtió en La Pequeña San Sebastián, como fue conocida en su época.

[Continuará]

domingo, 11 de octubre de 2015

D. Pedro Berruezo Soler (1805-1878). Parte II


Barranco de El Jaroso. Sierra Almagrera (Cuevas del Almanzora). Finales del siglo XIX. Fotógrafo: J. Rodrigo

La minería fue la ambrosía de la alta burguesía almeriense tras el descubrimiento de los filones de plomo argentífero en Sierra Almagrera en 1838 y el posterior boom de la exportación de los minerales del hierro procedentes de la fructífera Sierra de Bédar. Aquellos que tuvieron la capacidad económica para desarrollarse en este sector se hicieron muy ricos, más acaudalados de lo que jamás pudieron soñar. Todo esto provocó una auténtica fiebre minera en el levante almeriense. Se registraron y explotaron decenas de minas, y se implantaron diversas fundiciones mineras en Garrucha, Sierra Almagrera, Palomares… Entre estas cabe destacar la San Antonio, ubicada en Los Lobos (Cuevas del Amanzora), propiedad familiar y a cuyo frente estuvo Don Antonio Berruezo Ayora desde 1875.

Para hacerse una idea de lo que supuso la revolución industrial minera a partir de los años 40 del siglo XIX en Almería, el Catedrático de Universidad D. Andrés Sánchez Picón en su estudio “Minería e industrialización en la Almería del siglo XIX: Explotación autóctona y colonización económica” comenta: Hasta 1868 Almería ocupó el primer lugar dentro de la producción nacional: La suma de valores brutos: 1.526 millones de reales.

En definitiva, una ferviente actividad industrial y comercial dedicada a la minería, que tuvo a Garrucha como puerto exportador de la riqueza minera del levante almeriense. Esto la convirtió en la joya de Almería, siendo uno de los embarcaderos industriales y comerciales más importantes de España.

Don Pedro Berruezo Soler fue un activo inversor minero desde el comienzo de esta actividad industrial en el levante almeriense, lo que le hizo obtener pingües beneficios. Los registros más antiguos de los que se tienen constancia hasta la fecha datan de 1842. No se descarta que el inicio de su participación en este lucrativo negocio fuese anterior a ese año.

A modo ilustrativo, se puede comentar que D. Pedro Berruezo era accionista de diferentes sociedades explotadoras de minas tales como San Francisco, Los Niños, San Joaquín y Santa Ana situadas en Sierra Almagrera; Minerva, Hércules, Júpiter y Venus, situadas en Bédar; Aurífera, situada en Carboneras; Victoria, situada en Vera; Victoria, situada en Jaravía; etcétera. Asimismo, fue Presidente en 1861 de las sociedades mineras que explotaban las minas Júpiter y Aurífera, en Bédar y Carboneras, respectivamente.

La mayoría de estos negocios mineros los emprendió junto a sus buenos amigos y socios D. Manuel Berruezo Ayora, D. Bernardo Gerez Soler y D. Tomás Latorre Campoy, asentados también en Garrucha. Particularmente, la excelente relación que siempre mantuvo con su primo, el potente empresario Don Manuel Berruezo, le llevó a participar en múltiples actividades industriales junto a otras importantes familias de Almería como los Orozco.

Don Pedro Berruezo Soler también se dedicó de manera exitosa a la compra-venta de propiedades y al cultivo de cereales, hortalizas... en sus posesiones. Poseía muchas fincas rústicas y urbanas repartidas por diversos municipios como Turre, Carboneras, Vera, Garrucha… Hombre muy dinámico en este tipo de negocio, llegó a ser el Mayor Contribuyente de Clase Territorial de Garrucha (108 pesetas y 41 céntimos), como así consta el Boletín Oficial de la Provincia de Almería de fecha 9 de noviembre de 1877. Asimismo, en la misma relación se puede ver como su primo, el comerciante e industrial D. Francisco Berruezo López era el Mayor Contribuyente de Clase Industrial del municipio (500 pesetas), junto a los Orozco. Para hacernos una idea de lo que suponía esta equiparación, cabe decir que la familia Orozco era la más poderosa de toda la provincia de Almería. Todo ello da idea de la destacada posición de la familia Berruezo en Garrucha.

BOPA (9/11/1877)

Asimismo, dado su estatus y como era habitual en su época entre los de su clase, fue un miembro activo e importante de la política local. Adscrito a la Unión Liberal, participó junto a D. Manuel Berruezo Ayora (líder de este partido político en Vera y Garrucha) y otros miembros de la familia Berruezo en las gestiones necesarias para conseguir la independencia de Garrucha respecto de su matriz, Vera.


[Continuará]


viernes, 9 de octubre de 2015

D. Pedro Berruezo Soler (1805-1878). Parte I


Carlos IV, Rey de España cuando nació
nuestro familiar biografiado
Don Pedro Berruezo Soler nació en Vera (Almería) el 29 de marzo de 1805. Era hijo de D. Juan Francisco Berruezo Campoy y Dña. Isabel Soler López.

Se crio en el seno de una familia acomodada de la ilustración veratense. Su abuelo D. Pedro Berruezo Caparrós fue un acaudalado comerciante, importante hacendado y funcionario de la Real Hacienda como Mediero de Sal en Vera. Su padre D. Juan Francisco Berruezo fue también empleado de Rentas Reales en el mismo municipio. Asimismo, y como curiosidad, cabe comentar que D. Pedro Berruezo Soler era sobrino del famoso espía y aventurero español D. Domingo Badía, más conocido como Alí Bey, ya que éste se había casado con su tía, Dña. María Lucía Berruezo Campoy. (Ver: Alí Bey y su relación con la familia Berruezo en Vera)

En agosto de 1812, a la edad de 7 años, quedó huérfano de padre al fallecer éste en la fatídica epidemia de fiebre amarilla que asoló Vera en esos años, en la que perecieron 1400 personas. Tras este triste trance familiar, Don Pedro Berruezo debió ser educado bajo la influencia de su abuelo, ya que de él aprendió el oficio de Rentas.

Tras trabajar durante su adolescencia como salvaguarda y mozo de almacén de la Administración de Rentas Reales en Vera, en 1828 solicitó al Contador de Rentas de la Provincia el empleo de Medidor de Sal, cargo que venía ostentando su familia desde época pretérita y que le fue concedido. Fue el inicio de una carrera en la Real Hacienda que le llevó a tener diversos nombramientos con el paso del tiempo: Medidor de Sal en Vera (1828), Escribiente de la Contaduría del Partido de Loja (1829), Fiel Toldero de Sal de la Administración de Vera en Garrucha (1832), Fiel de Cargadas de Garrucha (1838-1845) y Villaricos (1841), Fiel Toldero de Sal de Garrucha (1846), Interventor de la Aduana de Garrucha (1847)… hasta ostentar la Contaduría y la Administración de Rentas de la Aduana de Garrucha, uno de los cargos de Hacienda más relevantes de la Almería y la España de su época, dado el enorme trasiego comercial, industrial, importador y exportador que comenzaba a tener la rada de Garrucha como consecuencia de la fructífera actividad minera. 

En noviembre de 1865, Don Pedro Berruezo se jubiló como funcionario de la Real Hacienda tras toda una vida consagrada a este servicio público. No obstante, no fue su única proyección profesional, ya que también se dedicó con éxito a la compra-venta de propiedades y a la inversión minera, lo que le hizo amasar una importante fortuna. Esta faceta se verá en próximas entradas de su reseña biográfica.

Sobre la administración de la “Sal”, conviene recordar la trascendencia que tuvo en su época, ya que desde el Alfolí de Sal de Garrucha se surtía a más de 40 municipios de tan necesario compuesto químico para la conservación de los alimentos.

Buque descargando en la playa de Garrucha. Finales del siglo XIX.
También, como dato ilustrativo de la importancia de Garrucha puede reseñarse lo registrado en los años 1845 y 1853. En el año 1845 llegaron a la playa-embarcadero 421 buques, que descargaron 17.341 toneladas de mercancía y se exportó, a su vez, en 352 buques, 14.842 toneladas. En 1853 se embarcó por la Aduana de Garrucha más de 3.500 toneladas de plomo procedente de la actividad industrial minera. La importancia de la rada garruchera fue aumentando al mismo ritmo que crecía la economía de la región, como consecuencia de la industria minera.

La vinculación de D. Pedro Berruezo Soler no se limitó a la Aduana de Garrucha. Se asentó en la todavía pedanía de Vera en la década de los años 30 del siglo XIX y pronto dejó profunda huella en la Historia garruchera. Una prueba de la estima y respetabilidad que le profesaban sus convecinos, así como del compromiso que tenía con Garrucha este prohombre, se puede leer en la página 72 del libro Historia de Garrucha, publicado en 1921, donde Don Pedro Berruezo fue uno los impulsores de la construcción de su segundo cementerio:

“Al año siguiente de 1848, se construyó el primer cementerio que hubo en la localidad; antes de esta fecha se hacían los enterramientos en el de Vera. La primera necrópolis estaba en el sitio llamado la Puntica, y no reunía las condiciones necesarias, hallándose las sepulturas poco resguardadas de profanaciones; así ocurrió que un día en que se había enterrado un niño, sacaron los perros el cadáver destrozándolo, y la familia, llena de dolor, acudió a casa de D. Pedro Berruezo dándole cuenta de lo ocurrido. El hecho produjo mucha sensación en el vecindario; enterrose nuevamente a la criatura en una profunda fosa, y aquella noche se reunieron en casa del Sr. Berruezo varias personalidades, acordando construir un cementerio a sus expensas, rodeándolo de tapias y cerrándolo con una puerta prevista de cerradura. […] inaugurándose solemnemente esta necrópolis con asistencia del Párroco de Vera, que después de bendecirla, recogió la llave, encargando que cuando hubiese algún sepelio se le mandara aviso. Así se estuvo practicando con gran incomodidad de los vecinos, hasta que D. Pedro Berruezo consiguió que la llave quedara en su poder.”

[Continuará]


jueves, 8 de octubre de 2015

D. Bernardo Berruezo y el poeta Durbán Orozco


Vista panorámica de Garrucha en 1900. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

D. José Durbán Orozco
(Extraída Biografías. Dip. Alm)
Garrucha a principios del siglo XX todavía seguía siendo lugar recurrente de visita de buena parte de la intelectualidad almeriense y forastera. En este bello pueblo del levante almeriense, al calor de su rica y exportadora rada, en un clima de gran cultura favorecido y fomentado por los prohombres del municipio, aquellos grandes y cultos hombres de negocios, bullía la ilustración. Por las calles de Garrucha pasearon figuras destacadísimas de la poesía española: D. Luis Cernuda Bidón, D. Francisco Aquino Cabrera, D. José Durbán Orozco, D. José María Álvarez de Sotomayor…

El poeta Don José Durbán Orozco (1865-1921) era hijo del Ingeniero de Caminos D. Francisco Durbán Villanueva y de Dña. Ana Orozco Segura, hija del conocido político y empresario almeriense D. Ramón Orozco Gerez. Aunque nacido en Salamanca por motivos de destino profesional de su padre, fue siempre una figura asidua de Almería y, particularmente, de Garrucha, municipio donde residió desde principios del siglo XX de manera casi permanente. Se vinculó tanto a esta villa, que algunos historiadores atribuyen erróneamente su nacimiento a este este pueblo del levante almeriense.

D. Bernardo Berruezo Gerez
Col. José Berruezo García
Cortesía Juan Antonio García Berruezo
En Garrucha entró rápidamente en los círculos culturales e intelectuales de manos de figuras locales tan destacadas como D. José Bueno y Cordero, D. Pedro Gea López-Teruel, D. Antonio Lacal Montenegro, D. Pedro Berruezo Gerez o D. Bernardo Berruezo Gerez. Precisamente con éste último, sensible a las artes literarias, entabló una estrecha y gran amistad. Asimismo, Durbán Orozco era colaborador habitual del periódico garruchero El Eco de Levante, donde publicaba algunas de sus composiciones poéticas. También se le podía ver en todo acto social del municipio, donde deleitaba a los oyentes recitando alguno de sus poemas.

Con ocasión de la publicación, en diciembre de 1899, de su libro de poemas Tardes Grises, su segunda obra desde Afanes Eternos, su buen amigo, el periodista D. Bernardo Berruezo, uno de los hombres que más influyó en que Durbán se decidiera a publicarlo, elaboró un artículo agasajándolo en el periódico local El Eco de Levante, del que era redactor y cofundador. No fue el único escrito al respecto, muy bien recibido por la crítica literaria, otros redactores y poetas ensalzaron esta obra que encumbró a D. José Durbán Orozco como poeta en Almería, lo que le permitió acceder plenamente a los círculos literarios modernistas. Fue y es considerado uno de los poetas más grandes del siglo XX almeriense.

TARDES GRISES
En un país donde en el mes de Enero abrasa el sol, que el azul de su cielo es pocas veces encubierto por las nubes, no puede ser más melancólico ni original el título de un libro. Pero Pepe Durbán ha dicho y con razón, que si el firmamento de su tierra es radiante, su alma está cubierta de ciertas nubecillas, y de todo se deduce que el nombre con que ha bautizado su segunda producción está en perfecta armonía con las joyas literarias que se leen entre su cubierta.
Bien puedo decir que he sido uno de los que más han inducido a mi querido amigo a que no demorara la publicación de “Tardes grises”, y cada vez que mano a mano saboreábamos el aromático Moka por el cual – dicho sea de paso – tiene pasión Pepe, y entre sorbo y sorbo recitaba a instancia mías algún verso, le recalcaba que era una solemne majadería que dejara por más tiempo bajo la carpeta lo que tan correctamente habíale dictado su privilegiada y fogosa imaginación. Apunta esta advertencia, me obliga a quejarme de que no se haya acordado de enviarme su libro hasta diez días después de dado a luz.
“Tardes grises” ha sido ya juzgado y declarado un triunfo para su autor por distinguidos y autorizados escritores de Almería como Pepe Jesús García y Paco Aquino, y desgraciadamente no alcanzarán mis conocimientos en la materia – que son nulos – a hacer una crítica por mi cuenta.
Lo que escribe Durbán, tiene el doble de mérito de que no está hecho para agraciar al lector expresamente. Sus versos son un eco de lo que habla su corazón, y si algo ajeno a este encierran, es la forma en que los presenta su innata condición poética.
Después de leídas y releídas las 22 composiciones que contiene el libro, no se me ocurre nada más que enviar a mi poeta distinguido la más cariñosa y verdadera felicitación, y recomendar al público con la eficacia que merece, que no deje el comprar “Tardes grises” si quieren deleitar su imaginación y poseer un verdadero primor de la legítima literatura.
Vengan esos cinco D. José, y espero pronto “La rosa blanca” que preparas, y que como tuya ha de ser flor delicada y de suave y plácido olor.
B. Berruezo.

(El Eco de Levante, Garrucha, 6 de enero de 1900)

martes, 6 de octubre de 2015

Historia antigua de Garrucha II


Vista panorámica de Garrucha hacia 1900. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

Se transcribe el segundo artículo de colaboración la serie de diez comentada en la entrada Historia antigua de Garrucha I:

LA TORRE DE LA GARRUCHA
A Bernardo Berruezo
Atendiendo las indicaciones que los de EL ECO DE LEVANTE  me hacen, voy a seguir mi tarea relatando, aunque sea a grandes rasgos, aquellas guerras que los mojaqueros tenían con los de Vera a últimos del siglo 15 y primeros del 16, que siempre terminaban con un abrazo que ambos combatientes se daban, para volver al poco tiempo de las capitulaciones a romper las hostilidades.
La culpa de esos hechos, según documentos que tengo a la vista, la tenían los mojaqueros, que eran inquietos, ambiciosos, revolucionarios; de que decían hoy, no parecía mañana; de donde resultaba que sólo por ellos nada más, no había paz en toda esta comarca. Buscaban alianza en sus planes con los lugares de Turre y Serena y las villas de Cabrera y Teresa.
Por las mismas causas que motivaron las capitulaciones del 28 de Abril de 1498, por esas mismas volvió a reanudarse la guerra entre estos dos pueblos, y después de cinco años de constante inquietud en el país, los combatientes se reunieron en su célebre Torre de la Garrucha, y allí, el martes 4 de Abril del año 1503, se dieron un segundo abrazo de paz y de concordia, y acordaron las siguientes nuevas capitulaciones:
1ª.- Que ningún vecino de Vera y Mojácar, ni forastero, sea osado de cargar ningún pescado de los mares de ambos pueblos, sin que antes lo hiciesen saber para pagar el correspondiente impuesto, con el fin de atender al reparo de los muros de Vera y Mojácar. Que el que no lo manifieste caía en pena de 200 maravedises, repartidos por terceras partes, una para la Torre de la Garrucha, otra para el acusador, y la tercera para el Juez que sentenciara.
2ª.- Que ningún forastero lleve cargas de pescado sin que le traigan la provisión, so pena de pérdida de la carga.
3ª.- Que los arráez (patrones de barcos de pesca) de Vera, Mojácar y sus términos sean obligados a dar pescado a ambos pueblos antes de venderlos a ninguna otra persona, so pena de 200 maravedises repartidos en la forma anterior.
4ª.- Que cuando algún arráez no quisiera dar pescado a algún traginero de Vera y Mojácar, que hicieran testigos, manifestando el caso a la Justicia de donde fuese vecino, o Alguacil de la Torre para que se ejecute la citada pena de 200 maravedises.
Intervinieron en estas capitulaciones los señores Pedro de Campuzano, Alcalde mayor, Teniente Corregidor de Vera y su tierra; Fernando Julián y Juan García de Cánovas, regidores de ella; Miguel Giménez, Alcalde, Teniente Corregidor de la villa de Mojácar; Juan de Herrera y Juan de Escamez, Regidores de esta Villa, representando a la fe pública Martín Ruiz, Escribano de la ciudad de Vera, y Lope Morales, de la de Mojácar.
No terminaron con esto las luchas de ambos pueblos, porque como dice el adagio: “ni caldo recalentado, ni amigo reconciliado”, y volvieron a la pelea a los pocos años, por culpa de los mojaqueros.
Rudericus

(El Eco de Levante, Garrucha, 8 de diciembre de 1901)


viernes, 2 de octubre de 2015

Garrucha en el siglo XIX, por Berruezo Torres


Vista panorámica de Garrucha en 1900. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

Don Juan Francisco Berruezo Torres (1829-1907) fue uno de los personajes más importantes de la Garrucha decimonónica. Como ya se vio en su reseña biográfica, fue Abogado de los Tribunales Nacionales, Fiscal de la Comandancia Militar de Marina de Almería, Alcalde de Garrucha en 1865, 1866, 1883 a 1884 y 1886 a 1887, Concejal del Ayuntamiento, Juez Municipal y de Paz, Asesor Jurídico de Marina del Distrito al que pertenecía Garrucha, etc.

Con motivo de la publicación del primer número del siglo XX del periódico garruchero El Eco de Levante, la redacción del semanario solicitó la participación de diversas personalidades del municipio para conmemorar tal efeméride. Entre ellas, Don Juan Francisco Berruezo colaboró y elaboró el artículo que se transcribe a continuación, en el que repasó de manera sencilla y genérica la Historia de Garrucha hasta entonces, hasta 1901. El escrito constituye una fuente ineludible para conocer el pasado de la villa y fue consultado por D. Ramón de Cala y López, y D. Miguel Flores González-Grano de Oro para la realización de su libro Historia de Garrucha, publicado en 1921. Este artículo sobre Garrucha en el siglo XIX complementa muy bien el balance comercial e industrial que hizo D. Bernardo Berruezo Gerez en 1899 sobre el municipio. Ver: Garrucha en 1899.

GARRUCHA EN EL SIGLO XIX

Esta población, aunque moderna en su desarrollo, data del tiempo de la dominación musulmana, reconociéndose como vestigios de aquella época, los muros que existieron en la parte N. del pueblo, que parecían indicar que allí hubo una fortaleza o punto avanzado que sirviera como de atalaya para las comunicaciones con los demás pueblos del interior, creencia muy admitida al ver aún en la parte más alta de las cordilleras de la Ballabona y Sierra Almagrera, torreones que indican la relación que tuvieron con los de Garrucha.
Estos muros fueron completamente destruidos para utilizar los materiales en la construcción en 1865 de la Iglesia Parroquial, que es la misma que hoy existe, sobre la base de la Capilla que se edificó en este mismo paraje en 1804, por el gremio de mareantes, el cual costeaba un sacerdote que en ciertos días decía misa en aquel reducido local. En ella había un cuadro de San Joaquín, bajo cuya advocación estaba y sigue esta Parroquia, cuando que se conserva aún en la actualidad, y sirve para recuerdo de su creación.
En 1873 se declaró Parroquia independiente, separándose de la de Vera, de que dependía, siendo el primer Cura Párroco, el Coadjutor que servía la Capilla, D. Esteban Ruiz Carrillo.
Garrucha venía dependiendo desde 1488, en que los Reyes Católicos conquistaron estos territorios, de los pueblos de Mojácar y Vera, estando dividido su pequeño e insignificante caserío por la rambla que baja de las Tierras Royas, perteneciendo cada ribera a uno de estos pueblos. Esto producía, como era natural, grandes perturbaciones económico-administrativas en su gestión local, por lo que reunidos en común acuerdo la mayoría de sus habitantes, que eran oriundos de Vera, se dirigieron a la Superioridad, en demanda, que fue concebida, de ser adscritos a Vera, bajo la jurisdicción de un Alcalde Pédaneo, por lo que quedó fuera de su dominio el Castillo o Fortaleza, construido en 1772, llamado de Jesús Nazareno, que quedó perteneciendo a Mojácar, como actualmente, a pesar de que hoy sirve de Casa Cuartel de la Compañía de Carabineros, cuyos Jefes residen en Garrucha.
Creciendo las necesidades de este pueblo, efecto del descubrimiento de las minas de Sierra Almagrera, en 1838, fueron desarrollándose en grande escala los negocios. Así vemos que en 1840 se estableció la primera Fundición de plomo argentífero, (en el local que después ocupó el Martinete) cuyos socios eran partícipes de la mayoría de la mina Observación del barranco Jaroso, de Sierra Almagrera. Aquella Fundición, representada por los Sres. Orozco, llevó el nombre de San Ramón.
Poco después se estableció en el país, como industrial de gran talla, por su inteligencia y capital, D. Guillermo Huelin, que aunque en un principio se avecindó en Garrucha, después se retiró a Palomares, donde construyó la Fundición San Javier, que aún existe en poder de la Compañía de Águilas.
En 1860 se establecieron los Sres. Anglada, con su fundición San Jacinto, y así sucesivamente fueron creándose importantes empresas al calor de la riquísima Sierra Almagrera.
La primera casa comercial, pues, fue la de los Sres. Orozco, cuyos negocios consistían en un principio en barrillas y cereales, llegando a un grado de florecimiento notabilísimo. Después se estableció en 1843 la de D. Manuel Berruezo y Hermanos, con géneros traídos de las Baleares. Estas primitivas casas han desaparecido ya.
Los aludidos Sres. Orozco, ávidos de nuevos negocios, crearon en 1858 una sociedad que construyó el Martinete, para la fundición de los minerales de hierro de Sierra de Bédar, negocio que empezado bajo grandes auspicios, fracasó poco después, no se sabe por qué causas.
Como el vecindario aumentaba, hubo de pensarse por los hombres de negocios en dar ensanche a la vida social. Al efecto, en 1861 se creó el Ayuntamiento, siendo nombrado primer Alcalde de Garrucha, D. Manuel Berruezo y Ayora, que tomó posesión en 1º de Enero, y Secretario don Francisco López Teruel. Aquella primera Administración Municipal, no pudo ser más recta y más conveniente a los intereses locales; en aquel primer año de emancipación se instituyó la Feria, que anualmente se celebra desde entonces, y se dio principio al fomento de la localidad, bajo los auspicios de aquellos importantísimo hombres de negocios, cuyo norte consistía en mejorar y hacer que progresase Garrucha, en todo aquello que una bien entendida administración económico-social y de Justicia, reclama.
En el año 1847 se creó esta Aduana, a pesar de las activas gestiones que el pueblo de Cuevas realizó para que al hacer la traslación de Vera, se instalara en Villaricos, lo que no pudo llevarse a cabo, a pesar de su proximidad a Sierra Almagrera, por las emanaciones palúdicas del río Almanzora, que producían y producen aún fiebres intermitentes. El primer Administrador fue don Pedro Thibaut.
Del mismo modo fue trasladada a Garrucha la Dirección de Sanidad, compuesta entonces de una Junta, muy diferente en su organización a lo hoy existente. Igual camino siguió la Ayudantía de Marina, que desde Vera fue trasladada a Garrucha en 1844, a consecuencia de la venida del Capitán General de Granada al bloqueo de la plaza de Cartagena. Esta autoridad reconoció entonces la necesidad de que esa oficina estuviese aquí y no en el interior, a pesar de que hasta el año 1840 hubo en Vera Comandancia de Marina, con todo el personal respectivo, y suprimida que fue, quedó como Ayudantía, que desempeñaba en aquella época el Alférez de Fragata D. Antonio Riquelme, hijo de Vera, a quien se le hizo establecerse en Garrucha. El archivo de aquella Comandancia se custodia actualmente en la Ayudantía de Águilas.
Por esta misma época se estableció aquí la cabecera de la compañía de Carabineros, tan necesaria ya para la correspondiente vigilancia de este naciente puerto.
La gente de mar seguía ocupándose de las faenas de la pesca, que era abundantísima en esta playa.
Hoy esta industria ha decaído mucho, pues la concurrencia excesiva de pescadores parece ha traído consigo la escasez del pescado, por más que las modernas artes hacen que se saquen otras clases que las que se conseguían con el popular y característico arte real de la jábega.
No siendo esto bastante para la vida de las clases trabajadoras, han tenido que dedicarse en su gran mayoría a las faenas de carga y descarga, principal medio de subsistencia hoy día de esta sufrida clase.
Esta población carecía de aguas potables; sus habitantes bebían las que los del vecino pueblo de Mojácar traían de su abundante y hermosa fuente, con ventajas para ambos pueblos, hasta que el Sr. Pecket, incansable industrial y patrocinador de todo lo beneficioso para este país (que parece ser el suyo) arbitró y puso al consumo de Garrucha las que ha conducido a su depósito de Vista Alegre, y a la población, por cañerías de hierro.
La importancia de Garrucha al finalizar el siglo XIX es grande, pues además su situación ventajosísima como puerto, une la vida que le presta el cable de la Compañía de Águilas, y el porvenir que le ofrece el ferrocarril de los señores Chávarri, Lecoq y Compª., cuyas vías tienen por objeto conducir a esta rada los abundantes minerales de hierro de Sierra de Bédar. El desenvolvimiento creciente de este pueblo llegará a su mayor apogeo, el día en que construido el ferrocarril de Lorca a Almería, con su rama de Almajalejo a Vera, tenga comunicación directa con el resto de España.
Juan Francisco Berruezo

(El Eco de Levante, Garrucha, 12 de enero de 1901)