martes, 26 de mayo de 2015

Garrucha ante la Guerra de Cuba de 1898


Vista panorámica de Garrucha. Hacia 1900. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

El año 1898 fue un punto de inflexión en la Historia de España; la irremediable Guerra con los Estados Unidos de América ante las mentiras, imposiciones e injerencias estadounidenses sobre Cuba Española hizo que se pasara de un entusiasmo y alegría bélica colectiva por la creencia de una fácil victoria militar española promovida por la prensa de la época, a una melancolía y pesimismo nacional por la dolorosa derrota y pérdida de los últimos reductos (Filipinas, Cuba, Puerto Rico, Guam y otras islas menores del Océano Pacífico) del antaño poderoso Imperio Español de ultramar. 

A continuación se transcriben tres artículos de la prensa local relativo a lo comentado:

¡Garrucheros! España, nuestra heroica y sufrida España, que, abdicando en aras de la paz, de sus tradiciones guerreras y de su carácter impetuoso, ha venido dando tantas pruebas de mesura y prudencia, se levanta hoy potente y majestuosa para contestar de una manera digna y honrada, al reto vergonzoso e imposiciones humillantes que, creyéndola abatida, osaron lanzarle los miserables yankees.

Desamparada la pobre Patria por las continuas y largas guerras civiles que sostuvo, vuelve hoy los ojos a todos sus hijos, demandándoles el apoyo que necesita para luchar con la poderosa nación que la provoca. ¿Quién, que sienta correr por sus venas la ardiente sangre española, podrá hacerse sordo a aquel llamamiento? ¿Quién, que haya nacido en esta hidalga tierra, dejará de acudir en auxilio de la madre común, maltratada y herida por aquellos mismos que nos deben cuánto son y cuánto valen?

La juventud de Garrucha, en reunión que celebró anoche, convocada por la Comisión compuesta de los jóvenes Cristino Sánchez Moreno, Enrique Fernández Latorre, Francisco Flores Orozco y Pedro Flores Carrillo, acordó realizar a las 4 de la tarde de hoy una manifestación patriótica, a la cual convoca a todos los hijos de este pueblo.

También se acordó abrir una suscripción pública para contribuir en la medida de nuestras fuerzas, a la iniciada en Madrid para la construcción del Buque de guerra España.

D. Miguel Sáez Rodríguez
Alcalde de Garrucha en 1898
Fue dependiente de la Casa Berruezo
(Fotografía extraída del libro Memoria Histórica,
 fotográfica y documental de Garrucha.
Vol. II (1861-1936))
Cuantos quieran prestar su concurso a tan patriótica idea, podrán depositar su óbolo en casa de nuestro digno Alcalde D. Miguel Sáez Rodríguez.

Acudamos todos a prestar a la Patria querida la cooperación que nos exige: démosle hoy el auxilio material que necesita, como ya le dieron algunos de nuestro convecinos su sangre generosa.

Hoy nuestros intereses, mañana las vidas, ocupando el puesto de honor que se nos señale en la pelea.

¡Garrucheros! La nación nos llama: vamos unánimes en su auxilio, y demostremos una vez más al mundo hasta dónde raya nuestro entusiasmo y patriotismo.

La ruina, la miseria y la muerte, antes que vernos hollados por esos mercenarios, que pretenden manchar las brillantes y hermosas páginas de nuestra Historia.

¡Garrucheros! ¡Viva España! ¡Viva el Ejército! ¡Viva la Marina! ¡Viva Cuba Española!

(El Obrero, Garrucha, 8 de abril de 1898)

Soldados Españoles en la Guerra de Cuba en 1898

A LA GUERRA
Cuba, la más preciada joya de las colonias españolas, cuantas desventuras, cuantas lágrimas, cuanta sangre cuesta, a aquella noble España que por inspiración de sus católicos Reyes la arrancara del oscurantismo, presentándola a la faz del mundo civilizado y culto haciéndole llegar con los impulsos de su ilustración a constituirse en fuente de inagotable riqueza.

Con cuanta frecuencia su defensa, su conservación nos ofrece tristísimos espectáculos, presenciando escenas conmovedoras, al oír los dolorosos quejidos, los ayes lastimeros de las innumerables madres que amargamente lloran la heroica muerte de sus queridos hijos en la ingrata manigua. Otras, más afortunadas, se amontonan en los andenes de las estaciones ferroviarias, esperando con indescriptible ansia, la llegada previamente anunciada de los hijos queridos, que reclamados por la defensa de su patria, fueron al ingrato suelo americano, a ser víctimas, si no de las balas, de las inclemencias de aquel mortífero clima. Y vuelven, sí, pero no sin haber allí dejado su salud, su vigor y su juventud; vuelven, pero con el tiempo preciso a poder recibir, de aquella madre amantísima, el último abrazo, a ahogar junto a su pecho, sus últimas lamentaciones, a exhalar sobre su corazón el último respiro.

Cuan ajeno estaría el inmortal Colón de que el descubrimiento que le llenó de inmarcesible gloria, el rico continente con que dotará a la invencible España, se había de convertir en espaciosa tumba de la bizarra juventud española, torpemente sacrificada, en lucha desigual, por tenerse que batir con patrullas de bandidos, que incapaces de pelear con la hidalguía legendaria de España, dejan sólo que las enfermedades diezmen nuestras tropas, muriendo nuestro bizarros soldados a millares en hospitales, extenuados por anemia o por la intensidad de las malignas fiebres.

Todos conocemos las verdaderas causas de nuestra triste situación, todos sabemos de dónde emanan y proceden los recursos con que nos combaten los mambises; al alcance de todo español está que tras de esas hordas hambrientas que roban la tranquilidad a la más noble de las naciones europeas, que tras de esos miserables, y andrajosos que reniegan de la madre que le dio el ser, se oculta algo más miserable aún, más repugnante en el fondo, que la horrible apariencia de esos infame insurrectos.

Error grande, desengaño funesto, han de sufrir los necios que crean que los bravos leones españoles duermen el sueño de la eternidad, pues ya en ellos se notan sacudidas de coraje mal reprimidas por nuestros diplomáticos. Tiempo es ya de que rujan con fiereza, y que ese rugido repercuta en los ámbitos de España cual sonara el clarín en llamamiento de los hijos a quien ultrajan la honra sin mancilla de su virtuosa madre.

Buques españoles y norteamericanos combatiendo
Tiempo es ya de que nuestros gobernantes comprendan, que esa heroica juventud que sucumbe en Cuba a las intemperancias del clima, lucharía con más gusto en los campos de la Florida, en el bombardeo de Nueva York, expulsando de sus puestos a los indignos mercaderes y fustigando con la bandera Española, cual bandada de miserables gallinas, a los fanfarrones gansos del Capitolio.

¿Qué consideraciones nos pueden contener? ¿Qué son muchos? Pues aún no son bastantes a saciar el coraje y la ira reconcentrada en los corazones españoles por su indigno proceder.

¿Qué son ricos? Pues con todo su dinero no podrán adquirir la destreza del último de nuestros marinos ni el valor de un soldado español.

Y que ricos y muy ricos necesitan ser, para que en un momento determinado, puedan hacer frente a la enorme indemnización a que les habíamos de someter por los perjuicios que infamemente y a traición nos están irrogando.

La grave situación que atravesamos nos coloca en el siguiente dilema.

Renunciar a Cuba, lo cual sería estampar una hoja negra en la brillantísima historia de nuestra gloriosa España, o extirpar con energía los gérmenes insanos de los enemigos de esta.

Seguro estoy de que no existe ni un solo español a quien ofrezca duda la elección, que antes de que aparezca en nuestra bandera una mancha tan vergonzosa no prefiera sucumbir, hiriendo, matando, ahogando al insensato que se atreva a ultrajar la memoria de la patria de los héroes.

Miguel García.

(El Minero de Almagrera, Cuevas del Almanzora, 20 de marzo de 1898)   

EL DESASTRE 

Ya hemos llegado; ya han pronunciado gobernantes y políticos, políticos y gobernantes, el tristísimo Consumatum est. Sí, ya han terminado su obra de luengos años de destrucción, de ruinas, de vergüenzas; ya llegó el desastre, ¡Caiga sobre sus autores la maldición de la historia y del pueblo!

De un imperio colonial en que no se ponía jamás el sol, ¿qué queda? El recuerdo de haberlo tenido y la vergüenza de haberlo perdido.

De un pueblo que miraba de frente al más grande, que luchó y venció con el más fuerte, que dio leyes a un mundo y no las toleró de nadie, ¿qué ha quedado? Un pedazo de tierra, unos cuantos millones de explotados y un puñado de explotadores. Antes no se ponía el sol en nuestros dominios; ahora… ¡apenas queda sitio para tomarlo!

Teníamos por símbolo el león, pero, viejo, extenuado, castigado por todas partes las desdichas, ofendido por todos los ultrajes, ha muerto de la rabia de su impotencia. Toda una historia de glorias y conquistas se ha borrado, para nosotros acabó la era de los pueblos grandes; empieza la de los pueblos pobres. Ha muerto el león, pensemos en la abeja.

El embajador de Francia en Washington y representante de España, Jules Cambon, firmando la ratificación
 del Tratado de París de 10 de diciembre de 1898, Acuerdo de Paz que puso fin a la Guerra de España con los EE.UU.

Pródigos de sangre y oro, hemos derrochado una y otro. Sangre, nos queda poca; oro, nos queda menos… Aún nos queda en las entrañas de esta tierra, hierro, mucho hierro, que, aleccionados por las duras enseñanzas, hemos de transformar en arados para el campo, en máquinas para la industria, en rieles y locomotoras para los caminos.

Si, transformando ese hierro en las armas de la vida del trabajo, veamos si aún nos queda esfuerzo para conquistar el oro que perdimos, para regenerar la sangre empobrecida; que cuando hayamos conseguido esto, ya pensaremos en cañones y fusiles, en sables y navíos.

Un Estado, cuando ha caído en la pobreza, no debe pensar el azar otra espada que la de la justicia, y esperar a ser rico para alzar la de la fuerza.

¡El desastre, sí, el desastre! Pensemos en él todos los días y a todas horas; no olvidemos que hemos de apiñarnos algo para caber en nuestra casa, que hemos de trabajar mucho para que la tierra nos sustente, que hemos de ganar mucho para pagar lo que debemos y ahorrar lo que podamos.

¡El desastre!¡El desastre! Para aspirar a la revancha, se necesita oro; trabajemos para ganarlo. ¿Cómo? Arrancándolo de las entrañas de la tierra. Se necesita fuerza y uniéndonos hemos de encontrarla. Precisan sacrificios; no dejamos que los hagan estériles los ineptos o imprevisores. Se necesitan gobiernos honrados; pues no llevemos al poder a los que no lo sean.

El desastre ha llegado por la política; empecemos por ella la regeneración.

La abeja empieza su labor; callen para siempre las cigarras, que no tenemos tiempo para escucharlas.

(El Minero de Almagrera, Cuevas del Almanzora, 12 de agosto de 1898)

Como curiosidad cabe mencionar que en 1900 llegó a Garrucha un buque mercante a cargar mineral. No sería nada fuera de lo común en una época de gran actividad comercial y minera para el municipio si no fuera porque era el vapor "Cheribon". El navío que condujo a los primeros repatriados de Cuba a España tras las derrota, entre ellos al Teniente General D. José Toral y Velázquez, último gobernador militar de Cuba. El General Toral fue la persona encargada de rendir la ciudad de Santiago de Cuba a los estadounidenses el 16 de julio de 1898.

Nota de El Eco de Levante (Garrucha, 8/3/1900)

Buque Cheribon

Crucero acorazado Vizcaya. Hacia 1883.
Entre los españoles que perecieron en la Guerra de Cuba de 1898 hay uno en particular que fue muy sentido en Garrucha. Se trataba del joven Guardia Marina D. Enrique Chereguini y Buitrago, que falleció en la batalla naval de Santiago de Cuba el 3 de julio de 1898 defendiendo heroicamente su posición en la cámara de torpedos del Acorazado Vizcaya. Su muerte fue acogida con mucho pesar en Garrucha, ya que era cuñado de D. José Cordero y Bueno, Director del periódico local El Eco de Levante. Con ocasión del tercer aniversario de su fallecimiento, este periódico recordó dicha batalla naval y transcribió la emotiva carta que mandó el capellán militar, que atendió en los últimos momentos al joven D. Enrique, al padre del muchacho, el Capitán de Navío y Comandante de Marina de la provincia de Almería, D. Enrique Chereguini y Patero. Misiva que se transcribe a continuación:

Sr. D. Enrique Chereguini.
Muy apreciado y distinguido señor: Desde el 3 de Julio tengo una deuda y promesa hecha a un héroe y a un santo que hasta hoy no me ha sido dable pagar ni cumplir, bien a pesar mío.
Capellán del buque que se llamó acorazado Vizcaya, asistí en sus últimos momentos a su inapreciable y magnánimo hijo Enrique, que si como militar modelo acabado de heroísmo y bravura, como cristiano dio hermosas pruebas de ferviente piedad y fe; su fortaleza y serenidad le colocaron a la cabeza de los más esforzados que, en ese día, de tristísima recordación, dieron su sangre por su patria; su fervor y confianza en su Dios, su devoción y recogimiento al confesar y recibir el Sto. Sacramento de la Extrema unción le habrán colocado sin duda alguna en la gloria en el número de aquellos, que como el Salvador, fueron tan caritativos que no vacilaron en dar su vida por sus semejantes; sí, distinguido y amado señor, en medio de su dolor tenga V. el consuelo y la seguridad de que su excelente hijo es feliz en el Señor.
Difícil describir lo sucedido en aquellos terribles momentos; más de una hora estuve al lado de su inmejorable hijo, pues su resignación y fervor eran la mejor exhortación que podía hacer a sus compañeros de sufrimiento. En ese tiempo, a pesar de sus tremendas heridas, ni decayó su espíritu, ni se le oyó lamentar; sólo le preocupó el conocer repetidas veces si Dios aceptaría su vida en satisfacción de sus faltas, y si yo cuando volviese a España diría a V. había cumplido con su deber, y si le haría sabedor de que sus últimos pensamientos habían sido para Dios, para Vds. y para su Patria.
Lamento sea tan penoso el motivo, que me pone en relación con V. Dios a quien agradan las almas sencillas o inocentes dispuso de la de su hijo que también en tal concepto le pertenecía; dichoso él y todos los que como él murieron mártires del deber y de la obediencia; Dios en su justicia les habrá coronado en su gloria con la felicidad que jamás perderán, y que tan difícil nos será a los que sobrevivimos obtener; con toda la sinceridad del Sacerdote le aseguro, respetable señor, que gustoso hubiera sido compañero de su hijo en la muerte a ser semejante a él en las disposiciones.
Con lágrimas y sollozos, por mi parte recibí innumerables besos y abrazos de su cariñoso hijo para Vds; se los envía su incondicional servidor que a diario pide por Vds y su hijo al Señor.
Matías Biesa, Presbítero.
(El Eco de Levante, Garrucha, 3/7/1901)
Esquela publicada en el segundo aniversario de su fallecimiento. (El Eco de Levante, Garrucha, 29/6/1900)

En 1902, cuatro años después de la Guerra de Cuba, la redacción de El Eco de Levante de Garrucha pidió que el día 2 de noviembre, Día de los Difuntos, los garrucheros dedicasen una oración en sufragio del alma de todos los heroicos españoles que habían perecido en los combates navales de Cavite y Santiago de Cuba, que tuvieron lugar el 10 de mayo y 3 de julio de 1898, respectivamente.

Nota de El Eco de Levante (Garrucha, 31/10/1902)

El llamado Desastre del 98 supuso una enorme conmoción en la sociedad española. La derrota militar frente a unos subestimados EE.UU. y la consiguiente pérdida de las colonias españolas de ultramar originó un fuerte desencantamiento con la Monarquía y la clase política gobernante, que se demostró incapaz de encauzar de manera más efectiva el descalabro militar que sufrió España. Este sentimiento de fin del imperio de ultramar, desencanto político y aceptación de la verdadera realidad nacional tras el Desastre hizo surgir en España un movimiento social e intelectual llamado Regeneracionismo. Esta corriente intelectual trataba de salvar a España de la decadencia en la que se veía inmersa y que se hizo evidente en el Desastre, propugnaba el fin del caciquismo, de la corrupción, fomentaba la cultura, la educación, la construcción de infraestructuras que mejoraran al país y trataba de europeizar el pensamiento español para que la nación no perdiese su posición en el concierto de los países europeos más desarrollados. En Garrucha, jóvenes como Don Bernardo Berruezo Gerez o Don Pedro Berruezo Gerez acaudillaron, junto a los veteranos del Sexenio Revolucionario de 1868, este espíritu de regeneración del país. El carácter regeneracionista de D. Bernardo Berruezo será manifiesto en los años siguientes, tanto en su faceta política como periodística, pondrá su pluma al servicio de cuantas causas redentoras sean beneficiosas para Garrucha. Destacará como redactor de los periódicos "El Eco de Levante" de Garrucha y "El Liberal" de Madrid, donde abogará firmemente por la realización de los tres proyectos principales y necesarios para la regeneración de Garrucha: la construcción del ferrocarril de Lorca a Almería, el canal del Almanzora y la carretera de Garrucha a los Gallardos. Por otro lado, Don Pedro Berruezo Gerez, como Alcalde de Garrucha por más de 15 años desde 1906, aunará las mejores políticas liberales y reformistas en beneficio de la población, siendo el político garruchero más destacado y querido de la primera mitad del siglo XX.

viernes, 22 de mayo de 2015

La boda de Don Bernardo Berruezo Gerez en 1902


Esta entrada del blog constituye un importante acercamiento a las costumbres sociales de la alta burguesía del levante almeriense hace más de cien años. Particularmente se centra en el enlace matrimonial, desde la ceremonia de "tomarse el dicho" hasta la boda. Es de destacar el hecho común dentro de esta élite social de celebrar la boda en una casa habilitada con capilla y no en la Iglesia como se hace hoy día o también el hecho habitual en la época de que la novia fuese vestida de negro con un ramito de azahar (símbolo de pureza) sobre el pecho, todo un conjunto de tradiciones de la sociedad de principios de siglo XX.

D. Bernardo Berruezo Gerez
Col. José Berruezo García
Cortesía Juan Antonio García Berruezo
El 20 de febrero de 1902 Garrucha se vistió de gala y fiesta. El soltero de oro, el célebre periodista, comerciante y político Don Bernardo Berruezo contraía matrimonio con Doña Isabel Cervantes García. Ella era hija de Don Francisco Cervantes Rosa y Doña Isabel García Trabalón. La novia pertenecía a una familia veratense de prestigio, su padre era propietario, industrial y político, concejal del Ayuntamiento de Garrucha en 1885; su hermano era D. Diego Cervantes García, un conocido y destacado Capataz Facultativo de Minas en el levante almeriense; sus tíos eran el ilustrado Presbítero de Vera Dr. D. Antonio Cervantes Rosa, que fue Director del Colegio San Felipe Neri de Vera, Doctor en Filosofía y Letras, Licenciado en Sagrada Teología y Derecho Civil y Canónico, Dignidad de Arcediano de la Santa Iglesia Catedral de San Sebastián, Catedrático y Director del Real Colegio de San Lorenzo de El Escorial, Deán de la Catedral de Santa María de Gerona, y Don Pedro Cervantes Rosa, Abogado de los Tribunales de la Nación, propietario del colegio San Felipe Neri de Vera y juez municipal propietario de Taberno (Almería).


Diferentes noticias sobre el enlace matrimonial fueron recogidas en el periódico garruchero El Eco de Levante, su redactor más carismático y alegre se casaba:
Se nos casa
Nuestro querido compañero de Redacción, el activo comerciante y simpático escritor Bernardo Berruezo, convencido de que el más perfecto estado del hombre es el de casado, se ha decidido al fin, y muy en breve se unirá en eterna coyunda con la dueña de sus pensamientos, la que con sus hechizos hace latir su corazón.

A este efecto, sabemos que los respetables padres de nuestro amigo han hecho la petición de la mano de la bellísima y simpática Señorita Isabel Cervantes García, y que la boda se celebrará muy pronto.

(El Eco de Levante, Garrucha, 31 de mayo de 1901)

ESPONSALES
El sábado ocho del actual a las 9 de su noche, tuvimos el gusto de asistir a la ceremonia de tomarse el dicho de nuestro amigo D. Bernardo Berruezo y su novia la hermosa señorita Dª Isabel Cervantes García.

El acto se celebró en casa de D. Gonzalo Plá, hermano político de la prometida y sólo asistieron las personas de la familia y los testigos. Allí estaban, pues, con su simpática hija María, D. Francisco Berruezo y su señora Dª María del Mar Gerez, padres del novio; D. Francisco Cervantes, padre de la novia; D. Simón Fuentes, su esposa (Dª Concha Berruezo Gerez) y su graciosa hija Juanita; D. Pedro Berruezo y su señora Dª Laura Segura; y los testigos D. Juan Francisco Berruezo, D. Antonio Lacal y D. Pedro Gea. El Sr. Cura párroco D. Juan Bautista Sánchez recibió la promesa de los futuros esposos.

La novia, que vestía elegante traje color marrón, se presentó al ceremonial acompañada de la bellísima valenciana señorita Amparo García Plá; y acabado el acto, los concurrentes fueron espléndidamente obsequiados con dulces, licores y habanos.

Tanto el Sr. Plá, como su simpática señora Dª Mariana Cervantes, hermana de la novia, dueños de la casa, se esforzaron por atender a los convidados, haciendo que la velada se pasara muy agradable.
Tenemos entendido que la boda se celebrará dentro de breves días.

(El Eco de Levante, Garrucha, 16 de febrero de 1902)
EL ECO DE LEVANTE DE BODA
Hemos estado de fiesta, pero en una de esas fiestas de familia que dejan gratos recuerdos por ser origen de la constitución de un nuevo hogar, de la consagración de un amor sincero, de la creación de una nueva familia.

En la noche del 20 del actual y en el domicilio de nuestro amigo D. Gonzalo Plá, se celebró la boda de nuestro querido compañero Bernardo Berruezo, con la hermosa y simpática señorita Isabel Cervantes García. Esta es la fiesta a la que nos veníamos refiriendo.

Con tal motivo congregóse allí lo más selecto de la buena sociedad de Garrucha, dando así prueba evidente de las grandes simpatías que las distinguidas familias de los jóvenes esposos tienen en este pueblo, y de las que ellos mismos inspiran a cuantos nos honramos con su amistad.

Novia anónima vestida de negro con
ramito de azahar sobre el pecho.
Hacia 1900.
A las 9 y media presentóse en la capilla improvisada la hermosa desposada, vistiendo elegantísimo traje de seda negro con el simbólico azahar sobre el pecho y la negra cabellera, y a los poco momentos quedaba unida en indisoluble lazo a nuestro amigo del alma, a nuestro Bernardo – como le llamamos familiarmente en esta casa – recibiendo la bendición nupcial del Sr. D. Juan Bautista Sánchez Moreno, Cura párroco de este pueblo, y siendo apadrinados por D. Francisco Cervantes y Dª María del Mar Gerez de Berruezo, padre el primero de la recién casada, y madre la segunda del novel marido, y figurando como testigos D. Juan Francisco Berruezo, D. Antonio Lacal y D. Pedro Gea.

Relatar la infinidad de placeres y enhorabuenas que en aquellos momentos recibieron los felices esposos, sería tarea interminable. Baste decir que la emoción nos embargaba a todos en aquellos momentos, y que de todos los pechos salían fervientes votos por la felicidad de quienes, tras muchos años de constancia y mutuo cariño, veían logrados aquellos sueños de ventura, aquellos anhelos por jurarse fe eterna ante el altar.

Si Dios oyó nuestro ruegos, que no lo dudamos, tanto ella como nuestro buen amigo serán todo lo felices que merecen, y disfrutarán de una luna de miel inacabable, eterna.

Difícil tarea es la de dar cuenta de todas las personas que concurrieron a la fiesta, y en la imposibilidad de que la memoria nos sea fiel por completo, pedimos perdón a aquellas personas que no citemos por involuntario olvido.

Y allá van los nombres: la Sra. Mª del Mar Gerez, ya citada como madrina, Dª Reyes García, las Sras. Cervantes de Plá, Berruezo de Fuentes, Segura de Berruezo, González de Cervantes (D.D.), Chasserot de Segura, Martínez de Berruezo (D.M.), Planells de Lacal, Fuentes de Fuentes (D.J.), Berruezo de López Campos, Morales de Oliva, Gerez de Quesada, Gerez de Rodríguez, Asensio de Sánchez, Chereguini de Bueno.

Las bellas y elegantes Srtas. María Berruezo, Amparo García Plá, Enriqueta Moldenhauer, Emilia, Carmen y Juanita Segura López, Ángela Gerez, Teresa y Emilia Segura Cayuela, Gloria Lacal, Ana y Andrea Flores Beltrán, Isabel y Gloria Morales; y las no menos bellas señoritas de Vera, Isabel y Soledad Ruiz, Antonia González y Lola González Ramírez.

El sexo fuerte estuvo bien representado; asistió casi todo lo principal del pueblo, y el elemento joven, que bromeó y obsequió a las muchachas.

Se notaron sensibles ausencias, como la de la señora de D. Rodrigo Cervantes, a quien retuvo en cama una indisposición, y la familia de D. Pedro Gea, por la reciente desgracia de que damos cuenta en otro lugar.

Los concurrentes fueron obsequiados espléndidamente con dulces, licores, champagne y habanos, durando la fiesta hasta hora avanzada, en medio de la mayor alegría.



EL ECO DE LEVANTE envía su sincera enhorabuena a ambas familias, y un cariñoso saludo a los jóvenes esposos.

Hemos tenido la ocasión de visitar la casa de los desposados, puesta con exquisito gusto, y en ella admiramos los numerosísimos y preciosos regalos que han recibido.

Hubiéramos querido publicar la lista de ellos, pero la excesiva modestia de nuestro compañero nos lo ha vedado.

(El Eco de Levante, Garrucha, 22 de febrero de 1902)
Omisiones
Al publicar la lista de las señoras que asistieron a la boda de nuestro querido compañero D. Bernardo Berruezo, omitimos por involuntario olvido, los nombres de la Srta. Francisca Hernández y de las señoras Pérez de Segura (D.J.), Bernabé de Salas y Cervantes de Hernández, a quienes rogamos que sean indulgentes con nuestra falta de memoria.

(El Eco de Levante, Garrucha, 5 de marzo de 1902)


viernes, 15 de mayo de 2015

La minería de Lucainena de las Torres en 1900 y 1901


En el siguiente artículo, el conocido periodista garruchero Don Bernardo Berruezo Gerez ensalza el carácter emprendedor y resolutivo de los empresarios del norte de España que tienen intereses económicos en el levante almeriense. En particular destaca la figura del vasco D. Ramón de la Sota Llano (1857-1936), buen ejemplo de industrial minero foráneo que, bajo la Compañía Minera de Sierra Alhamilla, está explotando las minas enclavadas en el municipio de Lucainena de las Torres (Almería). 

COMPAÑÍA MINERA DE SIERRA ALHAMILLA

D. Ramón de la Sota
Don Ramón de la Sota, Director Gerente de la sociedad que explota las minas de Lucainena de las Torres, el afamado naviero Jefe de la casa Sota y Aznar de Bilbao, dueña de 71 vapores de alto bordo, el Director del renombrado negocio de Setares, es la actividad personificada, la inteligencia, el espíritu trabajador.

En Abril del año 1896 comenzó sus tareas la empresa de Sierra Alhamilla y hasta la fecha lleva cargos unos 200 vapores con 600.000 toneladas de mineral de hierro próximamente, extraídas de las minas Gracia, Visto, Manuela, El Negro y otras situadas a muy poca distancia del caserío de Lucainena, donde están enclavadas las oficinas. De allí a Agua Amarga se arrastra el mineral por medio de un ferrocarril, y en este último punto radica el embarcadero modelo, un brazo de hierro en el aire, una canalera, que vomita 300 toneladas de hierro diarias y que hace que la faena de carga cueste a la Compañía unos pocos céntimos de peseta por tonelada, cuando en los demás embarcaderos de por aquí resulta por 5 reales, término medio.

El primer representante que secundó discretamente las sabias iniciativas del señor Sota, fue su señor hermano político el ilustrado ingeniero industrial D. Eduardo Aburto y que, en unión del actual don Luis Álvarez, puede decirse que colocaron el negocio en tal forma, que cada día es más grande, y los efectos de una concienzuda explotación han dado margen a que tras cuatro años de incesante extraer se encuentren hoy las minas en todo su apogeo de producción.

¡Qué satisfechos deben estar los propietarios de las susodichas minas, y qué suerte han tenido los habitantes de aquella comarca! Desde que la Compañía Minera de Sierra Alhamilla plantó allí sus reales, los primeros reciben el dinero a exportadas, y los segundos no les faltan medios para ganar el pan que en otros tiempos les escaseaba.

Mirando con minuciosidad el negocio que desenvuelve esta respetable casa, se ve claramente que con razón blasonan los hijos del Norte de poseer un completo espíritu industrial, de que tan lastimosamente carecemos los meridionales. Las heladas brisas del Cantábrico no son bastante para apagar la ardorosa afición al trabajo; allí se vive entre el humo de las fábricas y locomotoras, se afana por hacer fortuna en beneficio de la humanidad, y aquí los rayos de Sol de Andalucía, la alta temperatura, sólo producen la fiebre amorosa, y si no trabajamos, sabemos “querer con fatigas”.

¡Constraste tan lamentable como desafinado!

La Administración de la sociedad que nos ocupa, a cargo de D. Luis Álvarez, es el colmo de la escrupulosidad, reveledora de una inteligencia que encaja perfectamente con lo que requiere el negocio de los hierros. Por eso, y por todo lo dicho, está considerado el asunto de Lucainena como uno de los principales de esta provincia. Todo hace entrever que donde se consideraba cosa de poca monta, hay trabajo para rato y beneficios para jartar a mineros, braceros y cuantos por algo están ligados a la Compañía Minera de Sierra Alhamilla.

¡Qué lástima que no se volvieran Sotas todas las cartas de la baraja, para con sumo agrado cambiarlas por los Reyes de por aquí!
B.B.

(El Eco de Levante, Garrucha, 31 de marzo de 1900)

Por otro lado, cabe decir que la familia Berruezo también tenía intereses mineros en Lucainena de las Torres. Se sabe que el industrial Don Francisco Berruezo López (1841-1917), padre de D. Bernardo, tenía registradas en este término municipal minas cuyos nombres eran Mi BernardoLa ProvidenciaLa PerlaDemasía a Veremos... 

Don Bernardo, como ya hizo el 31 de marzo de 1900, vuelve a ensalzar en otro artículo, publicado en octubre de 1901, la actividad de la Compañía Minera de Sierra de Alhamilla en Lucainena de las Torres y de su gerente D. Ramón de la Sota. Pone de ejemplo la gestión de este industrial como lo que debe ser una bien entendida sociedad explotadora minera. 

LUCAINENA DE LAS TORRES

Las torres coronando la cima de los montes es lo primero que se divisa, y dan un verdadero carácter al nombre de este pueblo, para llegar al cual, por el mal llamado camino que la separa de la carretera de Almería, ve uno su vida en peligro a cada paso.

Y nunca dejará de llamar la atención que aquel gran centro industrial esté tan incomunicado, por culpa sin duda de los gobernantes, siempre tan poco solicitos en acudir a las necesidades de los pueblos.

Vista general de Lucainena de las Torres. Año 1909.
(Extraída Archivo Diputación Almería)

Dicen que la Compañía Minera de Sierra Alhamilla está dispuesta a costear la mitad de una carretera; pero se les exigirá quizás todo el desembolso, como si las ventajas de esa obra redundaran sólo en su beneficio, como si con ello no fuera ganando mucho aquel vecindario y aquel comercio y no estuvieran uno y otro tocando continuamente las consecuencias del abandono en que los dejan…

Cuando se consigue ganar la última vertiente que da vista al pueblo, el panorama no puede ser más espléndido. Aquel gran movimiento en los talleres de la compañía y en el depósito general de minerales. Aquel ir y venir de locomotoras arrastrando tras de sí vagonetas repletas de mineral. Aquel plano inclinado serpenteado continuamente por las que bajan llenas y suben vacías. Los silbidos de las máquinas que atronan los barrancos y que parecen cantar el himno al trabajo. Las descargas de los barrenos, como si hicieran salvas de honor a la labor constante y a la actividad grande de la sociedad que tanto bien ha llevado a los habitantes de aquella feliz comarca…

Estación del ferrocarril minero en Lucainena de las Torres. Año 1909.
(Extraída Archivo Diputación Almería)

Todo hace pensar con envidia en lo que tantas veces se ha dicho ya de la Compañía de Sierra Alhamilla y de su gerente el Incansable y admirado en el mundo industrial, D. Ramón de la Sota.

Y el apellido Sota suena por allí con tonos de veneración. Y es fama, que cuando se juega a los naipes por toda aquella zona, todos se inclinan a la “sota” seguros de salir gananciosos, porque la palabra “sota” es precursora en todo de benéficos resultados para los que se acogen a ella.

El Director del negocio de Sierra Alhamilla es un joven almeriense. Es uno de los paisanos que nos honran porque además de la gran inteligencia que posee D. Pablo Fábrega en esta clase de asuntos, es un trabajador incansable y su pasmosa actividad es la admiración de cuantos le conocen. Atendiendo desde lo más difícil hasta los más insignificante que se relacione con los asuntos de la Sociedad que en tan buena hora le tomó a su servicio, lo mismo se encuentra al frente de la oficina, que atravesando a pie o a caballo escarpadas sierras. La pereza, o nunca se ha posado en su espíritu, o se la dejó allá en la capital vizcaína cuando cursaba los estudios que tanto provecho habían de originarle y tanto lustre habían de dar luego a su simpática persona. El Sr. Fábrega constituye, en fin, una elocuente prueba del gran golpe de vista que posee don Ramón de la Sota.

Cuando de regreso ascendí a la última vertiente que da vista al pueblo, volvíme para contemplar otra vez el hermoso panorama que aquel movimiento ofrece al viajero.

Hornos de calcinación construidos por la Compañía Minera de Sierra Alhamilla. Año 1909.
(Extraída Archivo Diputación Almería)

Y la agitación febril de los alrededores de las casas y talleres de la Compañía me transportaban para compararla con la tristeza de otros alrededores de casas, talleres y depósitos… Aquellas pequeñas locomotoras, que dando furiosos resoplidos arrastran tras de sí larga fila de vagones repletos de mineral, me recordaban las grandes y flamantes locomotoras guarecidas en los almacenes y la enorme hilera de bien pintados vagones que un año y otro año permanecen inmóviles pegados a lo largo de las paredes del taller…

Los silbidos estridentes del vapor, expelido con rabia atronando aquellos barrancos, formaban en mi cerebro sarcástico concierto con los suspiros que ahora lanzan los que creían obra redentora un ferrocarril tiempo ha construido, sin resultados ni ventajas, hasta ahora, para esta zona, y aquellos estampidos de barrenos, como si fueran salvas de honor a la labor perpetua de la Sociedad que explota las minas de Sierra Alhamilla, los oía alejarse en eco hacia sierra de Bédar, para burlarse sin duda de su eterno silencio, a invitarla a que pronto revuelva sus entrañas y pague espléndidamente los afanes de sus propietarios y las ansias de sus obreros sin ocupación.

Ya lo he dicho otras veces, y lo repetiré cuantas se trate en este asunto. En la baraja minera, hacen falta muchas sotas… y sobran los reyes.
B.B.

(El Eco de Levante, Garrucha, 24 de octubre de 1901)

viernes, 8 de mayo de 2015

Personalidades que visitaron Garrucha (1844-1934)


Panorámica de Garrucha. Hacia 1900. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

Garrucha ha sido visitada a lo largo de su Historia por diversas personalidades: aristócratas, políticos, artistas, altos cargos militares y eclesiásticos, etc. Destacadas figuras que, junto a los prohombres del municipio, dieron a Garrucha ese toque de distinción y que son pruebas de la importancia que tuvo este pueblo del levante almeriense. Garrucha no fue sólo un destacado foco industrial y comercial sino también un lugar de referencia y visita para relevantes figuras históricas.

D. Laureano Sanz
En 1844, unos años antes de que Garrucha se constituyese como municipio independiente en 1861, se sabe que visitó la entonces pedanía de Vera, Don Laureano Sanz y Soto de Alfeirán (1793-1868), Capitán General del Reino de Granada, como así se deja constancia en el libro Historia de Garrucha publicado en 1921: “aprovechando el paso por aquí en 1844 del Capitán General de Granada, se gestionó el traslado de la Ayudantía de Marina”. El pontevedrés Don Laureano, Teniente General, desempeñó los cargos de Capitán General de Cataluña en 1843 y de Granada de 1843 a 1847, además fue gentilhombre de Cámara de Su Majestad, Senador del Reino y estuvo en posesión de las Grandes Cruces de San Fernando, San Hermenegildo y Carlos III. Gracias a él se debe el traslado de la Ayudantía de Marina de Vera a Garrucha, ya que dada la mayor importancia comercial que iba cobrando la rada de Garrucha y la considerable distancia que desde el puerto garruchero había hasta Vera, se hizo necesario cambiar su ubicación.

D. Emilio Castelar
Otra figura histórica de gran relevancia que visitó el municipio fue Don Emilio Castelar y Ripoll (1832-1899), uno de los padres del republicanismo español, que fue diputado a Cortes, Ministro de Estado, Presidente del Congreso de los Diputados y Presidente de la I República Española de septiembre de 1873 a enero de 1874. Castelar, invitado por la familia Anglada, pasó unos afables días en Garrucha en septiembre de 1876. Esta ilustre visita del Verbo de la República, considerado el mejor orador de su tiempo, ha pasado desapercibida en la Historia del municipio a pesar de ser en su época de una enorme importancia y suponer un fuerte impulso al destacado republicanismo posibilista garruchero.


D. Francisco Jover y Tovar
A primeros de octubre de 1892 hizo una visita relámpago D. Francisco Jover y Tovar (1855-1922), hijo del conocido Diputado y Alcalde almeriense D. Francisco Jover y Berruezo, hospedándose en la casa de D. Juan Antonio Orozco. Jover y Tovar, licenciado en Derecho, fue Diputado a Cortes, Académico de la Real Academia de la Historia, Alcalde de Almería y Cronista de la ciudad. Además fue nombrado Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica y de la Orden de Leopoldo II de Bélgica.

La Crónica Meridional (Almería, 13/9/1876)
En agosto de 1899 llegó a Garrucha el General Don Enrique Segura Campoy (1845-1905), héroe de la Tercera Guerra Carlista y de la Guerra de Cuba. Ilustre hombre, natural de Cuevas del Almanzora, que ascendió de Soldado a General de División por los méritos bélicos contraídos en su servicio fiel y leal a España, también fue Diputado a Cortes y Gobernador Militar de Melilla de 1901 a 1905. Hombre de alta moralidad y valores patrios, muy vinculado a su municipio natal, colaboró y se adhirió a cuantas causas regeneracionistas surgieran en el levante almeriense.

El Eco de Levante (Garrucha, 21/8/1899)

D. Antonio Abellán
Un destacado personaje asiduo de Garrucha era Don Antonio Abellán Peñuela (1822-1903), Marqués de Almanzora y Conde de la Algaida. En el actual Paseo del Malecón del municipio tenía su residencia de veraneo, una formidable casa-palacio. Don Antonio, natural de Cuevas del Almanzora, fue un importante propietario, comerciante e industrial minero del levante almeriense, que fue agraciado en 1872 por el Rey Amadeo I con el citado Marquesado, además fue Diputado a Cortes y Senador del Reino. Fue precisamente en Garrucha donde falleció el 22 de marzo de 1903, a los 81 años.
D. José María Casanova

También, acompañando al Marqués de Almanzora, solía verse por Garrucha al General de Brigada Don José María Casanova y Palomino (1847-1927), yerno del aristócrata al estar casado con una hija de éste, con Dña. Dolores Abellán y Casanova. Este relevante militar, Gentilhombre de Cámara de Su Majestad, Gran Cruz blanca al Mérito Militar y Gran Cruz de la Real Orden de Isabel La Católica entre otras condecoraciones, fue reconocido en su época como buen escritor con diversos libros publicados sobre temática castrense y agrícola.


D. José Jesús Gómez

Otro asiduo de la Garrucha de principios de siglo XX era D. José Jesús García Gómez (1865-1916). Este abogado, político republicano, periodista y escritor, buen amigo de la familia Berruezo, fue un destacado personaje de la Almería de su época, llegó a fundar más de 16 periódicos, fue Concejal del Ayuntamiento de Almería y Diputado a Cortes en 1905 y 1907. Toda una personalidad en Almería, fue un firme baluarte a nivel provincial del republicanismo salmeroniano. También destacó en su faceta de escritor con novelas tan afamadas como Tomás I o Quitolis.

D. Luis Silvela
Con ocasión de las Elecciones Generales de 10 de septiembre de 1905 llegó a Garrucha en el vapor “Numancia” el candidato a Diputado a Cortes por el partido liberal, D. Luis Silvela Casado (1865-1928). Este hombre, natural de Madrid, consiguió el acta de diputado en esas Elecciones por el Distrito de Vera, al que pertenecía Garrucha, y otras tantas veces en años siguientes la consiguió por Almería. El abogado, periodista y político Don Luis Silvela pertenecía a la ilustre familia de los Silvela, toda una saga de prohombres vinculados al poder en España. A título ilustrativo puede mencionarse a su padre y su tío. Su padre, D. Manuel Silvela, abogado, fue Ministro de Estado, Vicepresidente del Senado, Senador Vitalicio, Consejero de Estado y Embajador de España en París. Su tío, el historiador, abogado y político D. Francisco Silvela fue Ministro de Gobernación, Estado, Gracia y Justicia y Marina, además fue Presidente del Consejo de Ministros de 1899 a 1900 y de 1902 a 1903. Don Luis Silvela Casado, que estuvo unos días en Garrucha a primeros de septiembre de 1905, llegó a ser, a lo largo de su dilata carrera política, Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, Gobernación y Marina durante el reinado de Alfonso XIII. Además fue Alcalde de Madrid en 1917-1918 y Alto Comisario Español en Marruecos en 1923.

La Crónica Meridional (Almería, 7/9/1905)

D. Alfredo Kindelán en 1907
El 27 de julio de 1907 llegó a Garrucha un náufrago, el Capitán de Ingenieros Don Alfredo Kindelán Duany (1879-1962), en el buque inglés "West Point", tras una peripecia digna de película. La llegada del joven militar no fue voluntaria, participaba en un concurso aerostático iniciado en Valencia el 24 de julio de 1907 y tras un accidentado vuelo cayó con su globo "María Teresa" mar adentro. Tras temerse Kindelán una muerte segura, fue restado in extremis por el barco "West Point", un buque mercante que tenía por destino Garrucha. Kindelán, agasajado con todos los honores, el 11 de agosto de 1907 fue nombrado Hijo Adoptivo de la Villa y una calle del municipio llevó su nombre a propuesta del Alcalde de Garrucha Don Pedro Berruezo Gerez. La azarosa aventura de este pionero de la aeronáutica española fue recogida por la prensa de la época y situó a Garrucha en el punto de mira de los periódicos nacionales. Don Alfredo Kindelán, llegó a ser a la postre Teniente General, fundador del Ejército del Aire de España, Director de la Escuela Superior del Ejército, miembro de la Real Academia de la Historia y Marqués de Kindelán en 1961. Pasado el tiempo, la calle Kindelán fue borrada del callejero garruchero hace unos años, siguiendo la política de quitar todo rastro del franquismo de las calles españolas. Lamentable decisión, sin duda, ya que el desconocimiento histórico de los políticos locales de turno hizo que no se pararan a pensar que precisamente la calle Kindelán de Garrucha no fue propuesta en época franquista sino que era el reconocimiento al padre de la Areonáutica Militar Española que visitó el municipio en 1907.

D. Vicente Casanova

A primeros de noviembre de 1909 visitó Garrucha el Obispo de Almería, Rvdo. Sr. D. Vicente Casanova y Marzol (1854-1930). A su llegada se le hizo un recibimiento apoteósico por las fuerzas vivas del municipio a cuyo frente estaba el Alcalde Don Pedro Berruezo Gerez. En Garrucha, como recogió la prensa almeriense, "escuchó al desgraciado y consoló al afligido". En su misión apostólica hizo centenares de confirmaciones, administró los Santos Sacramentos, ofició misa, impartió la bendición papal... Este clérigo, transcurridos los años, fue nombrado Arzobispo de Granada en 1921, Cardenal en 1925 y Senador en 1914, 1915 y 1923.


La Independencia (Almería, 9/11/1909)
D. Augusto Barcia

En 1916 llegó a Garrucha en campaña electoral para las Elecciones Generales de ese año, el político de tendencia reformista D. Augusto Barcia Trelles (1881-1961). Este asturiano fue diputado en varias ocasiones por el distrito de Vera, al que Garrucha pertenecía. Este político fue manifiestamente propenso a toda medida progresista y regeneradora garruchera, por lo que estuvo muy vinculado al pueblo y fue querido por ello. Amigo de la familia Berruezo tuvo como hombres fuertes en Garrucha a Don Francisco Berruezo López, Don Francisco Berruezo Gerez, Don Pedro Berruezo Gerez y al cuñado de estos últimos, el empresario Don Simón Fuentes Caparrós. El abogado Don Augusto Barcia, a lo largo de su carrera política desempeñó los cargos de Ministro de Estado y Gobernación, y fue Presidente del Consejo de Ministros de la II República Española en 1936.

A finales de junio de 1918 visitaron Garrucha el Gobernador Civil de Almería (D. Ramón de Viala y Ayguavives, Barón de Almenar), el Presidente de la Audiencia Provincial (D. Eugenio Carreras), el magistrado D. Luis Laserna y el concejal del Ayuntamiento de Almería Sr. Pérez Burillo (D. Carlos Pérez Burillo fue Vicepresidente de la Diputación Provincial, Alcalde de Almería en 1917 y Cónsul de Guatemala). El recibimiento de estas autoridades en Garrucha por parte de la plana mayor local, a cuyo frente estaba el Alcalde D. Pedro Berruezo Gerez, fue muy entusiasta. Hay que recordar que hacía unas semanas que, gracias a las intensas gestiones que desarrolló el Gobiernador Civil, Sr. Vialia, el pueblo de Vélez-Rubio iba a surtir de harina a Garrucha en un momento de necesidad acuciante. Estas autoridades provinciales llegaron Garrucha en el contexto de un viaje por diferentes pueblos y cuyo objetivo era "hacer una revolución, pero de renovación, en el sentido de procurar y excitar a una administración moralizadora". (La Crónica Meridional, Almería, 25/6/1918).

La Crónica Meridional (Almería, 23/6/1918)

D. Benigno Chávarri
Un empresario de renombre nacional asiduo de la Garrucha industrial minera de principios de siglo XX era D. Benigno de Chávarri y Salazar, Márqués de Chávarri. Este vasco tenía grandes inversiones mineras en la Sierra de Bédar y exportaba a través de Garrucha la riqueza de las minas de hierro bajo la sociedad "Chávarri, Lecoq y Cía", para cuyo efecto se construyó el ferrocarril minero de Bédar a Garrucha.
El Márqués de Chávarri fue uno de los industriales mineros más importantes de su época en el levante almeriense. Tuvo una fuerte vinculación con Garrucha y prueba de ello es que fue nombrado Hijo Adoptivo de Garrucha en 1926 en reconocimiento a su labor empresarial que reportó beneficios al municipio. Don Benigno, Marqués de Chávarri desde 1914, también fue Diputado a Cortes y Senador del Reino.

Uno de los acontecimientos más curiosos que perturbó la tranquilidad del pueblo de Garrucha ocurrió hacia 1933. En las afueras de Garrucha tuvo que hacer un aterrizaje forzoso con su famoso autogiro el inventor Don Juan de la Cierva y Codorniú (1895-1936). Ante semejante visita los garrucheros acudieron en masa a ver ese extraño aparato volador y saludar al afamado ingeniero y aviador precursor del helicóptero.

Autogiro de D. Juan de la Cierva

Pintor Muñoz Barberán
También estuvieron en Garrucha pintores y poetas de prestigio nacional. El pintor lorquino D. Manuel Muñoz Barberán (1921-2007) pasó unos años de su infancia, de 1932 a 1936, en Garrucha, ya que su madre había sido designada telefonista en este municipio. Niño con maneras de buen pintor, en Garrucha entró en contacto con personas que fomentaron su don para las Bellas Artes. Una prueba de este interés en el pequeño Muñoz Barberán fue que el culto Don Pedro Berruezo Gerez le regaló un álbum de reproducciones de pinturas del Museo de Louvre. 
Considerado uno de los grandes pintores del siglo XX en Murcia, cosechó diversos éxitos provinciales y nacionales, además fue Laurel de Murcia a las Bellas Artes, Hijo Predilecto de Lorca, Medalla de Oro del mismo municipio, Cronista Oficial de la Ciudad de Murcia, Director del Instituto Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Murcia, Académico de Número de la Real Academia de Alfonso X el Sabio, Fundador de la Academia de Bellas Artes Nuestra Señora de la Arrixaca (Murcia)... Don Manuel Muñoz Barberán, siempre guardó un bello recuerdo de su vivencia en Garrucha a la cual pintó en algunas de sus obras.

D. Luis Cernuda
El 26 de marzo de 1934 llegó a Garrucha el célebre poeta D. Luis Cernuda Bidón (1902-1963), perteneciente a la Generación del 27. Cernuda estuvo apenas tres días en Garrucha disfrutando de su gente, llegaba al municipio como misionero pedagógico. Las Misiones Pedagógicas, impulsadas por el Gobierno de la II República y nacidas en 1931, tenían por objetivo llevar la cultura a los pueblos más recónditos de España. A estas Misiones pertenecía D. Luis Cernuda desde que se unió en 1932. En Garrucha pronunció un discurso recordando a grandes literatos españoles como Lope de Vega, Quevedo, Góngora... ante un escaso público congregado en las Escuelas Graduadas del municipio. La Garrucha que visitó Cernuda estaba alejada de aquel municipio culto y cosmopolita de finales del siglo XIX y principios de siglo XX, los años de fuerte declive económico la tenían casi irreconocible. Cernuda no fue el único poeta que estuvo en Garrucha, conviene recordar a importantes figuras como el salmantino y buen amigo de la familia Berruezo, D. José Durbán Orozco (1865-1921), que era un asiduo de la cultura e intelectualidad garruchera de principios del siglo XX, y el cuevano D. José María Álvarez de Sotomayor (1880-1947), conocido poeta local que tenía en Garrucha su residencia de veraneo.

Por último y para terminar esta entrada sobre algunas de las personalidades que visitaron Garrucha a lo largo de su Historia cabe citar uno de los poemas cumbres y más famosos de Cernuda. Su conocido "Donde habite el olvido", lugar donde parece que viven muchos de los biografiados en este blog, al ser apenas recordados hoy día en Garrucha.

Donde habite el olvido, 
en los vastos jardines sin aurora; 
donde yo sólo sea 
memoria de una piedra sepultada entre ortigas 
sobre la cual el viento escapa a sus insomnios. 

Donde mi nombre deje 
al cuerpo que designa en brazos de los siglos, 
donde el deseo no exista. 

En esa gran región donde el amor, ángel terrible, 
no esconda como acero 
en mi pecho su ala, 
sonriendo lleno de gracia aérea mientras crece el tormento. 

Allí donde termine este afán que exige un dueño a imagen suya, 
sometiendo a otra vida su vida, 
sin más horizonte que otros ojos frente a frente. 

Donde penas y dichas no sean más que nombres, 
cielo y tierra nativos en torno de un recuerdo; 
donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo, 
disuelto en niebla, ausencia, 
ausencia leve como carne de niño. 

Allá, allá lejos; 
Donde habite el olvido.

(Donde habite el olvido, Luis Cernuda, 1932-1933)