miércoles, 31 de agosto de 2016

El Tesorillo de Garrucha (s. X-XI)


En el Instituto Valencia de Don Juan de Madrid se conserva el llamado Tesorillo de Garrucha, un conjunto de piezas de plata de época califal (s.X-XI) que se compone de dos pulseras, una ajorca (brazalete) y varias cuentas de collar.

Poco o nada se sabe del origen y lugar exacto del descubrimiento del tesoro, tan sólo que en 1944 el entonces Director del Instituto, D. Manuel Gómez Moreno, compró a D. Manuel Arrufat por 2500 pesetas los tesorillos de Garrucha y Loja.

Se sospecha que el hallazgo del conjunto pudo ocurrir a principios del siglo XX en las inmediaciones de Garrucha y que debió contener más piezas e incluso monedas que hubieran ayudado a datar de manera más precisa el tesoro. Quizá algún labrador encontró de manera fortuita las joyas islámicas y con el paso de los años se fue desperdigando el tesorillo en manos privadas hasta que unos pocos elementos fueron adquiridos por la mencionada institución.

Los arqueólogos Dña. Cristina Forteza del Rey Oteiza y D. Ernesto Agustí García publicaron un artículo en la revista Axarquía (1988) sobre este tema titulado EL TESORILLO ISLÁMICO DE GARRUCHA, DEL INSTITUTO VALENCIA DE DON JUAN (MADRID), por lo que, qué mejor que transcribir la descripción que ellos realizaron de las piezas que se conservan en el citado Instituto madrileño:

Ajorca (Brazalete):

Brazalete del Tesorillo de Garrucha
Dext: 7 cm; Altura: 6,5 cm; Espesor: 0,4 cm
"Formada por dos piezas acharneladas unidas por medio de una bisagra, con cierre de pasador, está compuesta de dos chapas muy finas; la interior presenta una inscripción en caracteres cúficos que traducida dice «No hay más Dios que Alá». La exterior presenta dos bandas verticales, situadas a ambos lados de la bisagra y del cierre, con decoración vegetal de roleos nielados sobre blanco. Formando un rectángulo y recorriendo toda la ajorca, entre ambas bandas verticales, se dispone una decoración de botones repujados, en plata dorada; en el centro y dividiendo cada una de las piezas en dos partes, se ubica un rosetón central formado por cinco botones repujados y en su interior un pequeño círculo nielado con un motivo vegetal estilizado. A ambos lados del rosetón se ubican dos liebres (una a cada lado) en actitud de correr y mirando hacia la derecha, también realizadas mediante la técnica del repujado. Dichas liebres se encuentran enmarcadas tanto en su parte superior como en la inferior por una banda con idénticas características que las bandas verticales anteriormente descritas."

Pulsera (son dos similares, por lo que sólo se comentará una de ellas):

Pulsera del Tesorillo de Garrucha
Dext: 7,4 cm; Altura: 1,2 cm; Espesor: 0,6 cm

Cuentas de collar del Tesorillo
Ancho:2,2 cm; Largo: 2,9 cm
"Pulsera de sección circular en plata hueca. Formada por dos partes unidas por bisagra de forma circular, y con cierre de pasador. Decorada en su totalidad por motivos vegetales estilizados (flor de lis u hoja de hiedra), muy similares a las denominadas flores califales. Dicha decoración está realizada mediante la técnica del repujado y el nielado sobre blanco. El cierre de la pulsera queda oculto mediante una pequeña chapa de plata con una inscripción en caracteres cúficos, que significa: «La majestad de Dios es sagrada»."

Cuentas de collar:

"En conjunto está formado por cuatro cuentas de sección globular. Tres de ellas presentan decoración repujada en bajo relieve formando pequeños motivos florales y geométricos, aunque debido a su mal estado de conservación es muy difícil precisarla con claridad. La otra cuenta del collar posee una decoración a base de animales encerrados en círculos enlazados, realizados mediante un finísimo hilo de plata. Entre estos animales destaca la figura de un pavo, un león o grifo y un ciervo o liebre, todos ellos realizados mediante la técnica de repujado."

La ausencia de monedas, algo común en estos tesoros, hace difícil su datación. Sin embargo, gracias a las representaciones zoológicas, vegetales, las inscripciones cúficas y la técnica orfebre, similar a otros tesorillos conocidos y datados por monedas, permiten fechar el de Garrucha entre finales del siglo X y principios del XI, coincidiendo con el reinado de los Califas Omeyas de Córdoba.


domingo, 28 de agosto de 2016

Cuando Garrucha rindió tributo a la memoria de Cánovas del Castillo


D. Antonio Cánovas del Castillo
El 8 de agosto de 1897, en Balneario de Santa Águeda (Guipúzcoa), el presidente del gobierno, don Antonio Cánovas de Castillo, fue asesinado a tiros por el anarquista italiano Angiolillo. Una ola de consternación sacudió a toda España y el país, conmocionado, se vistió de luto.

El artífice de la Restauración Borbónica, padre del turnismo y uno de los políticos españoles más brillantes de todos los tiempos acabó de esta manera tan atroz su existencia. El gran Hombre de Estado que trajo la ansiada estabilidad política a España caía a manos del vil terrorismo.

Todos los municipios españoles se sumaron con gran dolor al luto que embargó en esos momentos a la Nación. 

El entonces Alcalde de Garrucha, el conservador D. José Arqueros Gerez, acordó, en la sesión plenaria del 29 de agosto de 1897, celebrar honras fúnebres en honor del malogrado Presidente el 3 de septiembre en la Iglesia Parroquial de San Joaquín. Y con toda la pompa posible se celebró solemne misa de réquiem, a la que acudieron todas las autoridades y demás fuerzas vivas del municipio.

Asimismo, unos días más tarde se acordaría inmortalizar la memoria del célebre estadista en Garrucha:

El Sr. Presidente (D. José Arqueros Gerez) hizo presente a la Corporación, que cumpliendo con un acto de gratitud a la memoria de nuestro malogrado ilustre Jefe, el Excmo. Sr. D. Antonio Cánovas del Castillo, Presidente que fue del Consejo de Ministros, tenía proyectado conmemorar su nombre, designando con el mismo una de las calles de esta población, y creía del caso que la Corporación señalara la que tuvieran conveniente.
El Municipio, hecho cargo de lo expuesto por la Presidencia y, creyendo justo el pensamiento convenido por la misma, ACORDÓ: que desde hoy se sustituya el nombre de Calle del Congreso por el de Paseo de Cánovas del Castillo, autorizando al Sr. Alcalde para que estampe el nombre de dicho al principio de referida calle y varíe el nombre con que le viene titulando, en la documentación que se relacione con la misma.
(Actas Capitulares. Garrucha, 26 de septiembre de 1897)

Y así, de esta forma, una de las principales calles del municipio, la histórica del Congreso pasaba a denominarse Paseo de Cánovas del Castillo. Un bello gesto póstumo el que tributaron los garrucheros al insigne político malagueño. Con este nombre se mantuvo más de 30 años, hasta que con el advenimiento de la II República en 1931 pasó a denominarse Avenida de José Asenjo. No obstante, tampoco será éste su nombre definitivo y seguirá cambiando a lo largo de los años hasta llegar al actual, el bien conocido por todos como Paseo del Malecón. La avenida más famosa y turística de Garrucha.

Paseo de Cánovas del Castillo en 1926
(Archivo Diputación de Almería)


miércoles, 24 de agosto de 2016

Otra tumba olvidada en el cementerio de Vera


Nicho nº 83, de D. Francisco Ruiz Carrillo. Cementerio de Vera

Diversos lectores nos han felicitado por la entrada sobre la tumba de Alejandro Kirkpatrick, y lo cierto es que ha sido admirable la acogida que ha tenido, pues en sólo 48 horas superó las 4000 visitas en este modesto blog.

Ante el interés que ha suscitado recordar personajes ilustres que yacen olvidados en los camposantos del levante almeriense, comentemos unas pinceladas de la vida de otra personalidad de la época de nuestros bisabuelos.

Unos pasos más allá de donde se encuentra la tumba de Kirkpatrick, en la parte antigua de nichos del cementerio de Vera, descansa en un humilde y abandonado enterramiento un hombre importante en la historia levantina. Se trata del abogado Francisco Ruiz Carrillo.

Don Francisco Ruiz Carrillo, natural de Turre, fue una relevante personalidad de su tiempo y si por algo se caracterizó este hombre fue por trabajar en aras del bien común. Siempre buscó desde su posición el progreso del levante almeriense.

Joven inquieto cultural e intelectualmente, estudió Derecho en la Universidad de Granada, licenciándose en 1871. Tras esto, se asentó en Vera y, como abogado con vocación de servicio público, entendió que la política era una buena forma de mejorar la vida de sus vecinos. Así pues, en 1873 fue elegido Diputado Provincial, bajo la I República. Sin embargo, la caída del régimen republicano al año siguiente lo apearía de su escaño hasta que en 1880, inscrito ahora en las filas liberales, pudo regresar de nuevo. A lo largo de la década de 1880 ostentó diversas responsabilidades como Secretario y Vicepresidente de la Diputación Provincial de Almería, y Vicepresidente de la Comisión Provincial. Además, fue Vicepresidente de la Comisión Permanente de la Diputación y miembro de la Comisión de Fomento.

Vista del edificio de la actual Diputación Provincial de Almería

Desde su posición luchó enérgicamente por conseguir mejoras de todo tipo para el levante almeriense. Una prueba de ello fue que al poco de salir elegido Diputado Provincial en 1880 viajó a Madrid, junto a su buen amigo el Diputado a Cortes D. Carlos Huelin, para entrevistarse con el Ministro de Gobernación y el Presidente del Consejo de Ministros en demanda de las infraestructuras necesarias que requería la provincia de Almería para llevarla al progreso y desarrollo que clamaba esta región deprimida de España.

Persona de trato afable y cercano, prestó innumerables servicios en favor de su circunscripción electoral; sin distinción de clases ni ideologías políticas siempre trató de resolver desde su posición cualquier problema que tuviera alguien con la Diputación u otro organismo oficial de la capital.

La labor política de Ruiz Carrillo fue tan destacada que incluso se habló de él como candidato a Diputado a Cortes en las Elecciones Generales de 1884. Sin embargo, pronto se toparía con la realidad de la política. Hombre íntegro y de altos valores morales no comulgó con las corruptelas generalizadas que campaban a sus anchas en las esferas de poder. Incapaz de someterse a un sistema corrompido y antes de ser partícipe pasivo del mismo decidió retirarse de la política en activo.

D. Bernardo Berruezo Gerez
Este periodista y comerciante garruchero luchó
enérgicamente junto a su amigo Ruiz Carrillo
por la consecución del ferrocarril de Lorca a Almería.
Tras su abandono de la política, dijo de él su amigo Bernardo Berruezo en una ocasión: “Después no ha ejercido cargo público por más que haya podido tener ocasión para ello, y es que su modo de ser no se acomoda a la política chica que ahora se hace; éI no sabría ser cacique a la moderna, porque sus sentimientos no le permitirían tomar venganza de los contrarios, ni abusar de su poder, tiranizar a nadie, ni aprovecharse para sí de nada que fuese del común.”

De vuelta en Vera fue designado Juez Municipal, ejerciendo la magistratura de 1889 a 1891. Asimismo, constituyó algunas sociedades mineras y fue abogado de la Sociedad Chávarri, que explotaba las ricas minas de Bédar. También se ocupó de la constitución de una empresa que acometiese el desagüe de Sierra Almagrera en 1892.

En 1899, dando pruebas una vez más de su filantropía y firme apoyo a todo lo beneficioso para el levante almeriense, asumió la Presidencia de la Junta Gestora del Ferrocarril de Lorca a Almería. Su labor al frente de la Junta fue encomiable, trabajó intensamente por conseguir que se llevase a cabo la construcción de la línea férrea. Para ello, no escatimó en gestiones, promovió reuniones con Diputados a Cortes, grandes propietarios y empresarios, con todos aquellos que pudiesen ayudar a impulsar tan necesaria obra para la revitalización de la industria y el comercio en el litoral levantino. Junto al periodista y comerciante Bernardo Berruezo realizó innumerables viajes como alma errante en demanda del ansiado ferrocarril, aunque, por desgracia, sólo obtuvo de los poderosos promesas y esperanzas vacías, pues nunca se materializó tan redentora construcción.

Decano del Colegio de Abogados de Vera, también fue colaborador periodístico y un destacado masón. Iniciado en la Logia Amor y Ciencia nº 15 de Almería en 1881, fundó al año siguiente en Vera la Logia Perfección, ostentado el grado de Venerable Maestre.

Como hombre preocupado en que progresase el levante almeriense, se interesó por la construcción del Puerto de Garrucha en 1903 e intentó que las fuerzas vivas del municipio promovieran nuevamente que el Estado realizase lo estudios correspondientes para su realización.

Finalmente, la vida de este buen hombre se truncó el 25 de febrero de 1910, una pulmonía acabó con su existencia a la edad de 67 años. Acompañando a su viuda Dña. María de la Soledad García-Leonés Berruezo, hijos y demás familia se pudo ver en el cementerio de Vera a una gran multitud de amigos del finado. Fueron innumerables las personas, sin distinción de clases, de Vera y otros pueblos circundantes como Garrucha, Bédar, Cuevas… que acudieron a acompañar a su última morada a quien fue considerado en vida un hombre sabio, generoso y bondadoso.

Lo que un día un fue un entierro multitudinario hoy es una lápida olvidada y abandonada por el paso inexorable de los años. Más de un siglo después, ahí sigue, silenciosa en recuerdos y vulnerable. Como era costumbre en la época, no tiene un largo epitafio, tan sólo una simple y contundente frase: ROGAD POR SU ALMA. Pues eso.

Esta tumba no es más que otro ejemplo de lo mucho que podría perder Vera si en un futuro estos nichos de personajes relevantes desapareciesen y sus restos pasaran a un osario común.


sábado, 20 de agosto de 2016

Se cumple el Bicentenario de Don Manuel Berruezo Ayora, Primer Alcalde de Garrucha



Hoy, día 20 de agosto, se cumplen 200 años del nacimiento del que fue el primer Alcalde de Garrucha en 1861, don Manuel Berruezo Ayora.

En este blog se le han dedicado varias entradas a su figura en las que esencialmente se ha repasado su vida como comerciante, industrial minero y político. No obstante, en tan señalada efeméride no se podía hacer menos que recordar una vez más a una de las personas más importantes de la Historia de Garrucha. Asimismo, en este artículo se va a tratar de desgranar las razones que le hicieron tener tanto éxito en las distintas facetas que emprendió.

Si para todos los hijos durante su infancia el padre es el héroe que todo lo sabe y lo puede, en este caso esa percepción se debió mantener de manera imborrable en su espíritu; razones poderosas tenía para ello, pues su progenitor, don Cleofás Berruezo de Aro, fue considerado por sus contemporáneos un auténtico héroe de la Guerra de la Independencia, uno de esos héroes anónimos para los libros de Historia, pero no para cuantos le conocieron, y que fueron los verdaderos artífices de la victoria al francés.

Don Cleofás fue un ejemplo constante de compromiso con España, con sus compatriotas y con su familia. Este compromiso se tradujo en practicar unos valores superiores como la honestidad, la lealtad, el patriotismo, la abnegación, la disciplina, el respeto a sus semejantes, el afán de superación o la vocación de servicio público, y que inculcó a sus hijos.

Don Manuel Berruezo no sólo veía el comportamiento paterno y oía todo lo que hizo durante la Guerra, sino que tuvo la inmensa suerte también de criarse en el seno de una familia numerosa en la que predominaba el espíritu de sacrificio, la comprensión y la tolerancia que irradiaba y procuraba su querida madre, doña Juana Ayora Guevara, excepcional mujer que supo mantener unida y cohesionada a su familia en la época convulsa que les tocó vivir.

La desahogada posición de la familia y el espíritu emprendedor de don Manuel hizo que pronto iniciara en Garrucha su andadura en el mundo de los negocios como comerciante e industrial minero. En poco tiempo se convirtió en uno de los grandes prohombres del municipio, en una de las figuras más respetadas del levante almeriense.

Su imperio económico lo dirigió desde su casa-palacio, situada en la calle del Congreso Nº 43 (hoy Paseo del Malecón). Este imponente y desaparecido edificio de más de 930 metros cuadrados construidos en dos plantas tenía una fachada de treinta y dos metros, y su parte trasera daba a la entonces calle de la Libertad (hoy calle Mayor). Estuvo amueblado y decorado al gusto de la alta burguesía almeriense y tuvo como vecinos colindantes a don Alejandro Kirkpatrick, Vicecónsul inglés en Garrucha y a don José María Labernia Cruz, potente industrial minero que contraería matrimonio con una de sus sobrinas.

La casa de don Manuel Berruezo Ayora debió de ser un trasiego constante de familiares, amigos, hombres de negocios y políticos, si tenemos en cuenta que desde el año 1858 estuvo al frente de la Unión Liberal de manera ininterrumpida hasta su fallecimiento. Buena parte de las decisiones políticas de Garrucha se discutieron y tomaron entre sus paredes, en la amplia sala que contaba con la correspondiente mesa de reunión y dieciocho sillas de caoba forradas de tela de estambre y seda, que podían ser ampliadas considerablemente.

Hombre de conducta intachable y honorable, sabemos, gracias a una carta comercial conservada, que su filosofía profesional y personal era: “que los hechos hablen más alto que las palabras”También podemos ver su carácter como hombre de negocios en otra misiva conservada, donde en relación a la Revolución de 1854 dijo: “sólo falta dinero para negociar, y aprovechar la ocasión, por la paralización de otros, que el miedo les hace no atreverse a seguir los negocios. Cosa que a la verdad yo desprecio altamente." Sin lugar a dudas, fue un hombre extraordinario, un buen empresario que supo aprovechar de manera excelente la época que le tocó vivir de gran expansión económica y demográfica para el levante almeriense.

Admirado y querido en la Garrucha de su tiempo, trabajó firmemente por constituir el municipio independiente y como recompensa a tan ardua tarea fue designado Primer Alcalde de la naciente villa en 1861. De su labor al frente de la Primera Corporación Municipal mucho se ha escrito en este blog, por lo que simplemente recordar que fue una de las mejores que ha tenido Garrucha en su Historia pues dotó al municipio con todas las infraestructuras y los servicios propios de un pueblo libre y soberano.

Por desgracia, el 24 de abril de 1874, a la temprana edad de 57 años, falleció en su domicilio rodeado de familiares y amigos, manteniéndose lúcido hasta el final. Muerto el hombre dio paso en la familia Berruezo a la leyenda del Gran Manuel Berruezo.

En abril de 2014, la familia celebramos una Misa por el 140 aniversario de su fallecimiento en el que nuestro estimado amigo don Manuel León, redactor jefe de La Voz de Almería, publicó un laudatorio artículo al Primer Alcalde que tuvo Garrucha, y que extendió a la familia Berruezo.


Esquela publicada en el periódico La Voz de Almería (Almería, 26/4/2014)

Dos años después, y con la llegada al Ayuntamiento de un nuevo Equipo de Gobierno presidido por doña María López Cervantes, la familia agradeció con inmensa satisfacción que se rindiera homenaje a don Manuel Berruezo mediante su nombramiento como Hijo Adoptivo de la Villa de Garrucha y que el Centro Cultural Municipal fuese denominado con su nombre, inmortalizándose el acto con el descubrimiento de una placa en el edificio y una preciosa ceremonia que se mantendrá imborrable en nuestros corazones.

Por último, es curioso reseñar como el destino ha querido que fuese homenajeado por la Primera Alcaldesa de Garrucha y que el Centro Cultural que lleva su nombre esté situado en el número 42 del Paseo del Malecón, probablemente sobre los terrenos que en su día ocupó, en todo o en parte, el domicilio de don Manuel Berruezo Ayora.


Diploma-pergamino del nombramiento de Hijo Adoptivo

Placa colocada en el Centro Cultural Alcalde Manuel Berruezo Ayora

Centro Cultural Municipal Alcalde Manuel Berruezo Ayora

Detalle de la fachada


domingo, 14 de agosto de 2016

Don José Bueno Cordero, el ilustrado Director de El Eco de Levante de Garrucha


Familia Bueno Chereguini
De izq. a der. de pie: D. Serafín de la Piñera, Dña. Mª del Carmen Chereguini, D. Augusto Chereguini,
Don José Bueno Cordero, Dña. Socorro Chereguini, Dña. Mercedes Tapia y D. Benito Chereguini Buitrago
De izq a der sentados: Doña Rosario Chereguini (esposa de Bueno), D. Enrique Chereguini Patero y Dña. Rosario Buitrago.
Niños, de izq a der: Socorro, Fabio y Ana Bueno Chereguini

Cortesía Don Fabio Bueno Valero

Don José Bueno Cordero nació en Almería el 5 de diciembre de 1867. Era hijo de D. Fabio José Bueno Moreno, natural de Granada, y de Dña. Ana María Cordero Ferrer, de Almería.

La familia Bueno Cordero era conocida en los círculos de la burguesía almeriense. Su madre era hija del impresor don Antonio Cordero Cano y sobrina del médico titular de Almería, don Francisco Cordero Cano. Por su parte, su padre, D. Fabio J. Bueno fue concejal del Ayuntamiento de Almería tras la Restauración Borbónica, Vicepresidente de la Junta del Puerto de Almería y tipógrafo e impresor, ya que tras el fallecimiento de su suegro se hizo cargo de la gerencia y administración de la imprenta.

Marca de impresor

Don José Bueno Cordero se crio en el seno de una familia acomodada que favoreció y fomentó la ilustración de nuestro joven protagonista. Pasó buena parte su infancia entre libros, en la imprenta familiar, lo que le hizo desarrollar una gran cultura humanística. Particularmente destacó su erudición en la literatura, la poesía y la música.

Nuestro biografiado cursó sus estudios en el Instituto de Segunda Enseñanza de Almería, obteniendo el grado de Bachiller en 1883, a los 15 años. En este centro educativo estudiaron figuras tan destacadas como Nicolás Salmerón, Presidente de la I República, y poetas de la talla de José Durbán, Francisco Aquino o Federico García Lorca.

La vida de la familia Bueno Cordero pronto iba a dar un vuelco inesperado. Pocos días después de que el joven José Bueno cumpliese los 16 años, su padre fallecía de muerte súbita, dejando a todos destrozados. La prensa local recogió así la noticia: “El domingo, a las doce y media, al dirigirse a su domicilio el conocido tipógrafo D. Fabio José Bueno fue atacado de una apoplejía fulminante al llegar a la esquina de la casa donde está situada la tienda de los herederos del Sr. Sicluna. El Sr. Bueno se desplomó como una masa inerte, y auxiliado en el acto por D. Nicolás García, un dependiente de comercio y varios transeúntes, fue conducido a su morada, donde acudieron inmediatamente los médicos D. Eduardo Pérez Ibáñez y D. Francisco Cordero, pero a pesar de los recursos de la ciencia, D. Fabio José Bueno expiraba a las tres y media de la tarde, rodeado de su esposa, de sus sietes hijos y de toda su amante familia, cuya inmensa aflicción era indescriptible al contemplar sin vida a quien pocas horas antes gozada de salud perfecta y había estado ocupado en sus habituales tareas. Nosotros éramos amigos del Sr. Bueno y estimábamos en mucho su honradez y sus dotes de carácter. Almería ha perdido un buen ciudadano, cuya existencia toda ha estado dedicada al trabajo, y su desconsolada familia un padre cariñoso, que no pensaba más que en asegurar su porvenir y felicidad de sus hijos. Reciba su esposa y familiar nuestro más sentido pésame por la desgracia que tan justamente lloran y que nosotros lamentamos con la misma intensidad que ellos experimentan.” (La Crónica Meridional, Almería, 18 de diciembre de 1883)

Fue un momento duro para la familia y los hijos mayores tuvieron que echar una mano en la economía del hogar. Así pues, en 1886 don José Bueno sentó plaza como Auxiliar de la Depositaría Provincial de la Diputación de Almería. Sin embargo, Bueno no se adaptaría al rol de funcionario y pronto consagraría su vida a su verdadera pasión: las Bellas Artes.

A finales de la década de 1880 don José Bueno Cordero era ya conocido como un destacado poeta y pertenecía a La Colonia Artística-Literaria de Almería. En el seminario El Organillo (1889-1890) publicó algunas de sus composiciones poéticas y se codeó de pleno derecho con la intelectualidad literaria de la capital.

En poco tiempo se consagró como uno de los jóvenes escritores más prometedores de Almería y en 1894 fundó el semanario literario La Caricatura que, aunque de escasa vida pues desapareció al año siguiente, supuso para Almería la confirmación de que la culta Colonia Artística-Literaria seguía viva y muy activa. No obstante, la desaparición de la dicha revista semanal en 1895 no supuso un revés para los círculos artístico-literarios de Almería pues sus miembros seguían reuniéndose periódicamente en La Trastienda, en la parte trasera de la librería de don Fernando Estrella. A estas ilustres tertulias acudían asiduamente célebres poetas y novelistas como don José Durbán, don Francisco Aquino, don José Jesús García, don Antonio Ledesma, don Fermín Gil, don Ricardo Rull… y, por supuesto, don José Bueno Cordero.

Asimismo, Bueno también colaboró, como pianista, con la Sociedad Artística Almeriense en las veladas que tuvieron lugar en el Teatro Principal en enero de 1895.

El 26 de septiembre de 1897 contrajo matrimonio, en la capilla del Palacio Episcopal de Almería, con doña Rosario Chereguini Buitrago, hija de don Enrique Chereguini Patero, Capitán de Fragata, Coronel de Infantería de Marina y Comandante de Marina de la Provincia de Almería. Al día siguiente del enlace matrimonial, los desposados partieron a Garrucha, donde fijaron su residencia.

Vista de Garrucha a principios del siglo XX. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

La Garrucha en la que recaló el matrimonio Bueno Chereguini latía al son de la industria minera y el comercio. Era una rica villa de ilustrados hombres de negocios en constante expansión demográfica y económica. Sin lugar a dudas, uno de los mejores lugares para asentarse y prosperar en la Almería de finales del siglo XIX.

En Garrucha, don José Bueno entró rápidamente en contacto con la intelectualidad local, con los Berruezo, Gea, Lacal, Moldenahuer… y pronto se hizo un hueco entre ellos.

Nota del periódico El Eco de Levante
Aunque este municipio levantino vivía un gran desarrollo económico y social, era evidente que si quería perdurar en el tiempo y no depender exclusivamente de su rada para el comercio, debía contar con las infraestructuras necesarias para sostener un progreso armonioso. En este sentido, don José Bueno se adhirió firmemente a las causas redentoras que reclamaban los Regeneracionistas garrucheros emanados tras el Desastre del 98. Para ello, y como medio de propaganda y presión para obtener sus loables demandas, Bueno, junto a otros amigos, refundó el viejo periódico local El Eco de Levante.

Bajo la dirección de don José Bueno Cordero nacía nuevamente en agosto de 1899 este conocido semanario de cuatro páginas en las que se abogaba firmemente por la realización de proyectos esenciales para la regeneración de Garrucha y su comarca: la construcción del ferrocarril de Lorca a Almería, del canal del Almanzora, de un verdadero Puerto y de la carretera de Garrucha a los Gallardos. También se trataban temas de agricultura, comercio, minería, literatura y sociedad. La cuarta página estaba destinada a anuncios de publicidad comercial. Al frente de tan ambicioso periódico le acompañaron como redactores: don Pedro Gea (médico y comerciante), don Antonio Lacal (médico) y don Bernardo Berruezo (comerciante y consignatario de buques).

Durante los casi 5 años que estuvo en activo El Eco de Levante, tuvo mucho impacto mediático y fue el mejor medio de difusión periodístico de Garrucha; fue uno de los semanarios más leídos del levante almeriense y Murcia. De tendencia republicana, reformista y patriótica fue el arma más eficaz que tuvieron los regeneracionistas garrucheros. Hoy en día es una fuente de primer orden para conocer las vicisitudes de la villa a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

Nota publicitaria de la Academia
que abrió en Garrucha en 1903
(El Eco de Levante, 9/1/1903)
Pero en Garrucha, Bueno no sólo fue Director del comentado periódico, también fue profesor y abrió una Academia preparatoria para el Bachillerato en enero de 1903. Asimismo, fue representante de diversas casas comerciales, como la de Ortiz & Cusso, dedicada a la venta de pianos, o la de Ubaldo Abad, dedicada a la venta de muebles, cristalería, vajillas, lampistería…

La vinculación pública de Bueno con Garrucha fue muy estrecha. También consta en 1906 como Secretario del Patronato del Cementerio. Sin lugar a dudas, su pertenencia a esta institución, creada en 1903, fue de especial importancia, ya que a través de ella promovió la cultura en el municipio. Como indica D. Juan Grima en su libro “Memoria Histórica, Fotográfica y Documental de Garrucha”: “este Patronato será una de las instituciones más volcadas y representativas del mundo de la cultura en Garrucha durante el primer tercio de este siglo, siendo su labor a todas luces encomiable. Entre sus actividades usuales destacarán la organización de fiestas, conciertos, corridas de toros, veladas de teatro, exposición de películas, rifas, etc”.

Como ya se ha dicho, don José Bueno fue miembro destacado del Regeneracionismo garruchero y participó activamente en todas las causas que reclamaban éstos para hacer llegar el progreso al municipio y, en general, al levante almeriense. En este sentido, cabe destacar, que aparte de solicitar enérgicamente la construcción del ferrocarril de Lorca a Almería desde las páginas de su periódico, también perteneció, como vocal, a la Junta Gestora que se constituyó para reclamar tal redención para la comarca del Bajo Almanzora.

La desaparición de El Eco de Levante en abril de 1903 no supuso para Bueno el final de su faceta como periodista, donde destacó por una bella, cómoda y fácil prosa. En Garrucha fue hasta 1916 corresponsal de los periódicos almeriense La Independencia y El Radical.

Nota del periódico El Radical (Almería, 24/6/1909)
Don José Bueno Cordero también fue conocido en su época como un notable compositor. En este sentido cabe destacar sus obras “Himno a la Bandera” (1908) y el vals lento Boston “Cyclamen” (1908), que se tocó con buena acogida en Almería, Madrid y Barcelona. Tal fue su calidad que la Diputación dedicó una partida de sus presupuestos a comprar 30 ejemplares de este vals.

La familia Bueno Chereguini residió en Garrucha cerca de 20 años y durante este tiempo dejaron profunda huella. La impronta de don José Bueno en la cultura local fue muy importante como se ha podido leer, aunque tampoco conviene olvidar a los Chereguini, aristrocrática dinastía de oficiales al servicio de la Armada Española, que pasearon sus elegantes uniformes por el Malecón, coadyuvando a dar ese toque de distinción al municipio.

Hacia 1916 don José Bueno y familia regresaron a Almería. En la capital fue designado Director del Orfeón Osiris y prosiguió con su labor periodística, llegando a ser, en poco tiempo, redactor, redactor jefe y Director del periódico reformista El Día. Asimismo, continuó con su labor docente, siendo profesor de música del Conservatorio y Director de un Colegio preparatorio para el ingreso en las Escuelas Normales de Maestros y Maestras.

Nota de despedida que le dedicó
el periódico El Día (Almería, 11/5/1917)
Y tras media centuria viviendo en Almería, el 11 de mayo de 1917 la familia Bueno Chereguini embarcó en el vapor "Cabo San Antonio" rumbo a Cádiz. En la tacita de plata fijaron su residencia, motivado por decisiones profesionales y familiares, ya que buena parte de la familia de su esposa vivía allí.

En Cádiz don José Bueno fue director del Orfeón Gaditano y Jefe de Revistería del Astillero. Además, en 1919 fue nombrado profesor auxiliar de la Sección de Letras de la Escuela Normal de Maestros y en 1920 fue designado cajero-interventor de la sucursal en Cádiz de la compañía Yost de máquinas de escribir. También promovió, junto a su amigo el músico don Joaquín Quintero Hidalgo, la creación de una Academia de Canto en Cádiz.

En la trimilenaria ciudad de Gades, el erudito don José Bueno Cordero falleció a edad avanzada. Atrás quedó ya la vida de este prohombre tan vinculado al periodismo y a la música, Hijo ilustre de Almería que por suerte para Garrucha pudo disfrutarlo largos años.

En la familia Berruezo se le quiso con verdadero cariño, fue un buen amigo que lloró y rio con nosotros las tristezas y alegrías que da la vida. Sobre nuestro hombro se sostuvo cuando fallecieron dos de sus hijos en Garrucha y nos dio el más cálido y sentido de los abrazos cuando la parca se llevó inesperadamente al bueno de Bernardo Berruezo, compañero de redacción y gran amigo. Mientras fue periodista, fue quien se encargó de hacer los artículos necrológicos de los Berruezo, donde, empleando su mejor prosa, destiló todo su afecto hacia aquellos que tanto lo quisieron en vida.

Y qué curioso, Sr. Bueno Cordero, que un siglo después de su paso por Garrucha sea un Berruezo el que le dedique este modesto artículo biográfico. Perdóneme si he errado en algo de su biografía, pero he querido rescatar su figura para la olvidadiza Garrucha, para que recuerde que una vez tuvo a uno de los hombres más ilustrados de Almería al frente de su mítico periódico, El Eco de Levante.


miércoles, 10 de agosto de 2016

La Fundición de los Labernia-Berruezo


Vista de la ubicación de la Fundición San Antonio, donde sólo se conserva su chimenea. 
Los edificios adjuntos son naves agropecuarias de construcción moderna.
(https://mti-minas-andalucia.blogspot.com.es/2011/08/fundicion-contra-viento-y-marea.html)

La fundición San Antonio fue la decana de las establecidas en el levante almeriense. Se encontraba ubicada en Los Lobos (Cuevas del Almanzora), lindando con la Rambla de Boca Mairena, en las inmediaciones del Barranco del Jaroso, donde en 1838 se habían descubierto los ricos filones de plomo argentífero.

Bajo el primigenio nombre de Contra Viento y Marea comenzó su labor industrial en 1839, de manos de su propietario D. Francisco Scotto, beneficiando los minerales plúmbicos que extraía la sociedad Carmen y Consortes de Sierra Almagrera. Sin embargo, pocos años después sus ocho hornos cesarían su actividad al no poder competir con las otras fábricas metalúrgicas establecidas en la zona.

Vista de la chimenea que se conserva
Cortesía Isabel M. Simón Castaño
A principios de 1850 Contra Viento y Marea pasó a manos de D. Miguel Soler y socios, denominándose Fundición Soler. En esta época, según cuenta D. Enrique Fernández Bolea en su libro "Sierra Almagrera y Herrerías: Un Siglo de Historia Minera", la fundición constaba de “cuatro hornos de cuba y una copela alemana, avivados por un ventilador que se movía mediante una máquina de vapor de doble efecto y seis caballos de fuerza, la cual había sustituido las primitivas pavas”.

Poco después, en 1861 la fundición cambió nuevamente de nombre, denominándose San Antonio, y propietario, pues pasó a pertenecer a la Sociedad Pascual Ayuso y Compañía. Sin embargo, la fábrica seguía sin dar los beneficios pretendidos, por lo que su situación económica era inestable. Aprovechando esta tesitura, en febrero de 1865 D. José María Labernia Cruz adquirió la fundición, siendo desde entonces su único propietario.

Labernia era un comerciante oriolano asentado en Garrucha en la década de 1850, aunque a principios de 1860 se trasladó a vivir a Cuevas del Almanzora. En el levante almeriense hizo buenas amistades, a destacar: don Guillermo H. Huelin, los hermanos Fernández Manchón, Orozco Segura y Berruezo Ayora. Particularmente, con el potentado don Manuel Berruezo Ayora mantuvo una estrecha amistad personal y profesional. Tanto fue así que acabó por emparentarse con la familia Berruezo y se casó con doña Antonia Berruezo Martínez, hija de don Antonio Berruezo Ayora.

Sin lugar a dudas, la fundición San Antonio, bajo la propiedad de Labernia, vivió su esplendor metalúrgico y se situó entre las grandes de su sector en el levante almeriense. Tras su adquisición, don José María Labernia puso al frente de la fábrica, como gerente, a D. José Vitoria Guirao. Este hombre, con experiencia en la industria minera, hizo una gestión eficaz de la fundición y en los cinco primeros años (1865-1870) desde su llegada obtuvo grandes beneficios: 2.118.635 reales.

D. Diego Fernández Manchón. Hacia 1870
Amigo y socio minero de don José María Labernia
(Extraída del artículo "Una familia velezana en el apogeo minero
de Sierra Almagrera: Lo negocios de los Fernández Manchón")

En mayo de 1870 Labernia se asoció con los hermanos Fernández Manchón y don José Pérez, que poseían la fundición Encarnación (ubicada en paraje del Tomillar, Sierra Almagrera), y constituyeron la Sociedad Fabril Manchón y Labernia. Como comenta Fernández Bolea en su artículo "una familia velezana en el apogeo minero de sierra almagrera: los negocios de los Fernández Manchón": “Con este cambio, que suponía una ampliación del negocio fundidor, se inaugurará un floreciente período que convertirá a esta flamante sociedad durante los años centrales de la década de 1870 en la segunda compañía del ramo metalúrgico en volumen de plomo embarcado por la aduana de Garrucha, superado tan sólo por los negocios fundidores de Antonio Abellán Peñuela, y la primera en exportaciones al extranjero.”

A continuación se exponen los seis exportadores principales de plomo en el levante almeriense en el siglo XIX:


TONELADAS DE PLOMO EXPORTADO POR EL PUERTO DE GARRUCHA

AÑOS
EXPORTADORES
1874
1875
1876
1879
1885
1894
1900
1902
Antonio Abellán Peñuela
4172,2
3455,2
1987,0
1521,3
2740,4
2392,0
X
X
Guillermo H. Huelin
1930,9
2862,3
3013,8
6131,0
X
X
X
X
Sres. Manchón y Labernia
3232,9
1519,3
X
X
X
X
X
X
Viuda de Labernia
XL
XL
2729,8
1266,3
2096,0
1289,0
1450,8   (*)
2045,4 (**)
Sres. Anglada Hermanos
1208,5
1871,7
2724,1
2849,6
X
X
X
X
Manuel Soler Goméz
1320,8
1879,2
2023,3
1240,7
1556,8
1865,0
X
X
X: Sin datos o había cesado la actividad
XL: No se encontraba constituida la Casa Comercial
(*): Datos correspondientes a Abril, Mayo y Junio. Viuda de Labernia asociada con José Soler y Luis Canthal.
(**): Datos correspondientes a Enero, Febrero, Marzo, Abril y Mayo. Viuda de Labernia asociada con José Soler y Luis Canthal.
Datos extraídos de los periódicos El Eco de Levante de Garrucha, El Minero de Almagrera de Cuevas del Almanzora, así como de la tesina “La minería almeriense en el periodo contemporáneo” del autor Pérez de Perceval. (Murcia, 1998).

Dña. Antonia Berruezo Martínez. Hacia 1890
Tras la muerte de su marido en 1875, quedó
como heredera, junto a sus hijos, de una de
las grandes fortunas del levante almeriense.

Cortesía Javier Labernia Cabeza
El 15 de marzo de 1875 falleció de manera inesperada en Lorca (Murcia) don José María Labernia Cruz. A su muerte, su viuda doña Antonia Berruezo Martínez e hijos quedaron como herederos de un imperio económico forjado en la minería y el comercio. Para la gestión de las actividades mercantiles e industriales heredadas, su padre, don Antonio Berruezo Ayora, jurista de reconocido prestigio en Madrid, dispuso la constitución de la Casa Comercial Viuda de Labernia e Hijos, y se puso al frente de la misma para dirigir su actividad económica.

La muerte de Labernia y la de su socio don Diego Fernández Manchón en 1878 originó la disolución de la sociedad fabril Manchón y Labernia. Ambas Casas caminarían en lo sucesivo por separado.

Como gerente, el veterano don Antonio Berruezo se hizo cargo de la gestión de la fundición San Antonio y continuó exportando plomo por la rada de Garrucha bajo el nombre de Viuda de Labernia. Durante los doce años que estuvo al frente de la fábrica metalúrgica siguió teniendo ésta una producción notable.

Tras la muerte de D. Antonio Berruezo Ayora en 1887, la gerencia pasaría a manos de D. Luis Navarro Berenguer, que velaría por los intereses de la Casa Comercial hasta que a principios del siglo XX cesó definitivamente su actividad la fundición San Antonio. Puede decirse, por tanto, que dicha fábrica metalúrgica, bajo diversos nombres y propietarios, estuvo en activo más de 60 años, hasta que la depreciación del plomo en los mercados internacionales y los problemas derivados por la inundación de las minas de Sierra Almagrera acabó con este antaño lucrativo sector.