domingo, 30 de agosto de 2020

Publicado estudio sobre la minería del talco de Somontín (Almería) en el siglo XIX


Grupo de mineros posando con un torno de albardilla en un pozo en el cerro del Benerito o la Pedrera, 
en Somontín, a mediados del siglo XX. Cortesía de Antonio Azor Oliver.


En el nº 34, edición enero-junio de 2020, de la revista científica De Re Metallica, editada por la Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero (SEDPGYM), se ha publicado el artículo titulado LA EXPLOTACIÓN DEL TALCO DE SOMONTÍN (ALMERÍA) DURANTE EL PERIODO DE ACTIVIDAD EMPRESARIAL DE MANUEL BERRUEZO AYORA (1845-1874). El mismo ha sido elaborado por el que escribe estas líneas (José Berruezo García) en coautoría con Juan Antonio Soler Jódar. Asimismo, hemos contado con la colaboración de Antonio Azor Oliver, al que agradecemos la ayuda prestada durante la realización del mismo.

El artículo constituye el primer estudio en profundidad sobre la minería del talco (jaboncillo) en Almería en el siglo XIX. En concreto se describe la primera época de explotación del jaboncillo de Somontín (1845-1874), periodo que coincide con la actividad comercial de Manuel Berruezo Ayora, principal referente empresarial de este sector en el levante almeriense, cuyas cartas comerciales y otros documentos conservados han permitido conocer la exportación desde la rada de Garrucha de miles de quintales de jaboncillo para la industria textil de Cataluña. También se detallan las diferentes formas de contratación del jaboncillo; los litigios habidos con el Ayuntamiento, en cuyos montes comunales se encontraban las canteras, así como las técnicas mineras empleadas para la extracción, pulverización y transporte del mineral, que tanto beneficio reportó a los vecinos de Somontín durante más de un siglo.

Los interesados pueden adquirir la revista en: SEDPGYM


miércoles, 26 de agosto de 2020

José de Salamanca, Alcalde Mayor de Vera (Almería)


Vista del Ayuntamiento de Vera a principios del siglo XX (Archivo de la Diputación) y grabado del Marqués
 de Salamanca reparado y coloreado con la tecnología de MyHeritage.

El 9 de junio de 1835 un joven malagueño de 24 años tomaba posesión como Alcalde Mayor interino del Partido Judicial de Vera, en sustitución del jubilado Estanislao Guilarte, cumpliéndose así la Real Orden del Ministerio de Estado y Despacho de Gracia y Justicia de 18 de febrero del mismo año por la que se lo nombraba. Previamente había prestado el debido juramento de su cargo ante la Audiencia Territorial. ¿Su nombre? José de Salamanca y Mayol, quien muchos años después sería agraciado por Isabel II con un título nobiliario por el que pasaría a la memoria colectiva popular, nos referimos al Marqués de Salamanca.  

Nuestro personaje era por aquel entonces un muchacho de ideología liberal que se había formado en Filosofía y Derecho en el Real Colegio Mayor de San Bartolomé y Santiago de Granada, y que llegaba a Vera después de haberse desempeñado como Alcalde Mayor de Monóvar (Alicante) desde octubre de 1833 a mayo de 1835, cargo éste que había obtenido gracias a la amistad de su padre con Cea Bermúdez, Secretario de Estado. En el interregno entre ambas alcaldías, se casó en Málaga, en la Iglesia de Santiago, con Petronila Livermore Salas, por lo que fue cuñado del conocido empresario siderúrgico Manuel Agustín Heredia.

Como Alcalde Mayor José de Salamanca presidía, bajo la dependencia del Gobernador Civil, el Ayuntamiento de Vera, además de ser Juez de su Partido, que abarcaba, aparte de Vera, a Antas, Albox, Arboleas, Bédar, Cantoria, Cuevas, Huércal-Overa, Lubrín, Mojácar, Turre y Zurgena, con una población de más de 30.000 personas y con una economía basada en la agricultura, la pesca y la ganadería, principalmente. Posteriormente, sumida España en una época convulsa de incesantes cambios políticos y legislativos, como consecuencia de la implantación progresiva del Estado Liberal en la Administración, que reformaría las instituciones y cargos del Antiguo Régimen, las Alcaldías Mayores desaparecerán con la separación de poderes y aparecerá la figura del Juez de Primera Instancia, puesto éste que asumirá Salamanca, siendo el primero en ostentar dicho empleo en Vera.

Joven preparado y con una valiosa experiencia adquirida en Monóvar, ejerció la Alcaldía Mayor de Vera con determinación y entusiasmo. El 18 de junio tomó las primeras medidas en el desempeño de sus funciones, con aprobación de la Corporación Municipal: la expulsión de dos empleados del Ayuntamiento y Tribunal de Justicia veratense por «repetidos motivos de desobediencia y falta de cumplimiento en su deber», así como cesar al Guarda del Pago de la Jara por abuso de autoridad. Todo un aviso a navegantes que denota la ética profesional del joven malagueño en aquel entonces. No obstante, también se mostró Salamanca magnánimo y empático, pues el 5 de julio la Municipalidad decretó la reposición en sus cargos de los dos primeros funcionarios cesados ante la petición que hicieron éstos, ya que encontrándose en una situación económica muy precaria, sin otros medios de subsistencia, reconocieron su error y prometieron comportarse de manera correcta.

Bajo su mandato quiso aliviar y sanear la Hacienda municipal. Para ello intentó, de acuerdo a la Real Orden de 6 de diciembre de 1834, que los pueblos del Partido contribuyesen de manera proporcional al pago del sueldo del Alcalde Mayor y que, según la Real Orden de 11 de febrero de 1835, los costes de papel sellado, porte de Correo y franqueo de causas y demás que se originase en las causas de oficio que correspondan al Juzgado se satisficieran proporcionalmente por los Propios de cada uno de los Ayuntamientos que componían el Partido. Gastos que hasta entonces soportaba Vera en solitario, reduciendo así su capacidad económica para poner acometer otras cuestiones de mayor utilidad para el vecindario. Asimismo, ordenó la preparación de expedientes para la enajenación de fincas municipales para aumentar los ingresos del Ayuntamiento, en concreto: una casa en la calle de la Aurora; el monte del Espíritu Santo, donde se ubicaba la antigua ciudad; y una Casa-mesón. También acordó la Corporación bajo su Presidencia medidas destinadas a recortar el gasto municipal, como la supresión del Abogado de la ciudad, el Predicador Cuaresmal y la subvención al Convento de Mínimos, así como rebajar del coste de fiestas del Patrón, Corpus, Candelaria, etc, y economizar el coste de papel sellado, Correos, etc. Igualmente, Salamanca ordenó expedir los carteles de apremio contra los deudores al fondo de Contribuciones del Ayuntamiento y, al no surtir efecto, el 15 de julio la Corporación acordó que dos Regidores y el Secretario Municipal, auxiliados por uno o dos alguaciles del Juzgado, fueran en busca de los morosos y si no pagaban en ese momento, se procedería al embargo y venta de los bienes hasta que se lograse el cobro completo de las cantidades adeudadas.

Con la Primera Guerra Carlista ya iniciada, el 5 de julio, a instancia del Comandante General de la Provincia, Salamanca organizó la Milicia Urbana de Vera e hizo efectivos los nombramientos que la citada autoridad provincial le notificaba para oficiales de la 2ª Compañía de la citada Milicia: Capitán: Antonio de Torres Aguirre; Teniente: Francisco de Paula Ballesteros; Primer Subteniente: Miguel González Giménez; y Segundo Subteniente: José Latorre Campoy.

El 30 de julio la Municipalidad bajo su Presidencia resolvió un problema que afectaba a un bien de consumo básico para la población. La venta de carne en Vera estaba agravada con un impuesto por la Administración de Rentas de la ciudad, no permitiendo ésta que se expendiese en ningún otro sitio ni local más que en la "Tabla municipal", y a ciertas horas. Todo ello originaba problemas de abastecimiento al vecindario, por lo que el Ayuntamiento acordó que todo el quisiera podía sacrificar ganado y vender carnes en la ciudad, y sitios públicos, con la sola obligación de ir a matar al lugar destinado para ello en Vera y de dar conocimiento al fiel requisidor del Ayuntamiento, para que examinase su calidad y condición, y a la Administración de Rentas para el pago de los derechos que correspondiesen.

Firma de José de Salamanca como Alcalde Mayor de Vera.
(Libros capitulares, Archivo Municipal de Vera)

Dos semanas más tarde, el 13 de agosto de 1835 se celebró un Pleno importante en Vera y en el que Salamanca dio señas de la vocación constructiva, ilustrada y emprendedora que tanto lo caracterizaría años más tarde. Así pues, dicho día y a instancia previa del Gobernador, el Consistorio veratense aprobó una serie de medidas destinadas a mejorar el municipio en varios aspectos. Entre ellas podemos citar:

  • Se acordó formar expediente para traer agua de la Fuente del Cabezo del Moro hasta Vera y establecer en ésta tres fuentes que surtieran al vecindario del agua potable que se carecía, y con la sobrante y la de la fuente chica del pueblo se destinase a regar las tierras. Para ello se celebraría Cabildo Abierto, invitando a los principales hacendados de la villa a que hagan de sí esta beneficiosa obra pública y en el caso de no quererla realizar, se sacase a pública subasta. Además se tendría en cuenta el antiguo expediente que al respecto se había formado en 1791 para el mismo propósito, cuyos planos levantó el ingeniero Diego Parra García.
  • El Alcalde, José de Salamanca, hizo suyo la mejora del ornato de Vera con la plantación de álamos y creación de un vivero en el paseo de la ciudad, así como el blanqueo de las casas.
  • La "composición" de un camino de carretas con la población de Garrucha, a cargo de los vecinos, y que anualmente se hagan trabajos de mantenimiento.
  • Desagüe y desecado de la “Laguna de la Espesura” porque la misma perjudicaba mucho a la salud pública.
  • Sobre la dotación de la Escuela de Primeras Letras para que tuvieran maestros aptos competentemente dotados.
  • Que se restableciese la Sociedad Patriótica de Amigos del País, que tanta ilustración había dado a aquella comarca en el siglo anterior.

A lo largo de aquel verano de 1835, la actitud dubitativa y la falta de determinación de la Reina María Cristina colmó la paciencia de los liberales más exaltados. Consecuencia de ello se produjeron una serie de pronunciamientos en Andalucía con el fin de que el Gobierno restableciese la Constitución de 1812. El 3 de septiembre tuvo lugar el levantamiento en Almería, abandonando sus cargos el Gobernador Civil y el Comandante General de la Provincia. Esta ausencia de autoridades fue solventada por la erigida Junta Superior de Gobierno de Almería, constituida en confederación con las de Granada, Málaga y Jaén, nombrando para Gobernador, en nombre de la Reina Isabel II, al Coronel Rafael de Medina Moreno y para el cargo de Intendente a José Bordiu Góngora. La Junta confederada ordenó alistamiento general para oponerse en armas tanto a los contrarios al pronunciamiento como al Pretendiente carlista. El 20 de septiembre tuvo lugar una reunión en Almería a la que debían acudir dos representantes de cada Partido Judicial para el nombramiento de los vocales que habían de componer la Junta Gubernativa Provincial. El Consistorio veratense designó el 17 del citado mes para tal cometido a su Alcalde Mayor, José de Salamanca Mayol, considerado como «digno patriota  y amante de la causa de la libertad» y a Ramón Orozco Gerez, Capitán de la Milicia Nacional.

Asimismo, dicho día 20 la Junta Provincial eligió dos vocales que asistirían, en nombre de la Provincia, a la Junta Suprema de Andalucía, establecida en Andújar (Jaén). Los elegidos para ello fueron José de Salamanca y José Tovar. En ausencia de Salamanca, la Junta de Gobierno de Almería nombró a Ramón Orozco, el 22 de septiembre de 1835, Regente de la jurisdicción de Vera y su Partido y Presidente del Ayuntamiento.

Ante la rebelión en el Sur, el Gobierno de Madrid mandó al ejército a sofocar la insurrección. La Junta de Andalucía movilizó un ejército de 16.000 hombres, al mando de Luis Pizarro, Conde consorte de las Navas, para hacer frente a los gubernamentales. Cuando se encontraron ambas fuerzas en las inmediaciones de Manzanares y, para sorpresa de más de uno, el ejército del Gobierno se pasó al de la Junta. Finalmente, el Conde de las Navas inició negociaciones el 9 de octubre con el Gobierno de Mendizábal, que asumió una serie de medidas solicitadas por las Juntas revolucionarias andaluzas, y diez días más tarde la Junta Suprema de Andalucía se disolvió, estando entre los firmantes del acta José de Salamanca, aunque se obligaba a perseguir a los carlistas.

Tras esto los representantes de la disuelta Junta Suprema retornaron a sus provincias y prueba de ello es que el 1 de noviembre de 1835 el Pleno del Ayuntamiento de Vera nombró a José de Salamanca, ya constando como Juez de Primera Instancia, junto al Alcalde Presidente Ramón Orozco y otros para una comisión constituida para recaudar dinero con el que ayudar a terminar con la guerra civil que tanto sufrimiento estaba causando. En este sentido, José de Salamanca hizo un «donativo patriótico» de 200 reales y que tenía ofrecido la mitad de su sueldo mientras durase aquella circunstancia bélica.

El 11 de septiembre de 1836 fue designado por el Jefe Político de la Provincia, junto a Ramón Orozco y otros, adjunto a la Diputación para constituir una Comisión de Armamento y Defensa, seguramente ante las correrías en tierras de Granada y Murcia de la columna del General carlista Miguel Gómez. Incluso consta que participó en una de las incursiones militares contra el citado General. También formó parte de la Comisión de Gobierno que se constituyó al día siguiente, ejerciendo como Diputado provincial presumiblemente hasta el día 29 del mismo mes, ya que a partir de dicha fecha su nombre no aparece más en las sesiones plenarias de la Diputación.

No tardaría mucho el dinámico Salamanca en querer proyectarse hacia la política nacional. Así pues, en las Elecciones de Procuradores a Cortes de 26 de febrero de 1836 obtuvo el acta por la circunscripción de Almería, aunque renunció al cargo, seguramente por desavenencias políticas. El 13 de julio del mismo año fue elegido Diputado por la misma circunscripción, aunque las Cortes nunca llegaron a reunirse al producirse en agosto el motín de la Granja de San Ildefonso. Finalmente su oportunidad le llegó a raíz de las Elecciones Generales de 2 de octubre de 1836, pues en julio de 1837, siendo Diputado suplente, fue llamado para sustituir a Pedro José Carazo, que había renunciado a su acta por la circunscripción de Málaga. A partir de entonces José de Salamanca sería elegido Diputado a Cortes en 14 ocasiones más, además de ser Senador otros tantos años.

En 1837 se trasladó a vivir a Madrid para asumir su nueva responsabilidad, atrás quedaban ya sus años en Almería y comenzaba la forja del magnate de los negocios que llegó a ser, su faceta más conocida y estudiada, por lo que sólo comentaremos unas breves pinceladas.

Estatua del Marqués de Salamanca en el barrio
de su mismo nombre, Madrid.
En la capital del Reino adquirió fama de hábil financiero y empresario, forjándose como la mayor fortuna del país gracias a su valía como hombre de negocios y sus contactos en las altas esferas del poder. Se hizo con el arriendo del monopolio de la sal. Su buena gestión en dicho negocio lo hizo multimillonario, además de multiplicar casi un 70% los ingresos que percibía por este género el Estado. Precisamente su antiguo compañero en la Junta Suprema de Andalucía, José Tovar, fue nombrado su representante en Almería en la explotación de las salinas y la empresa de guardacostas. Asimismo, negoció con éxito el aplazamiento de una deuda nacional con la bolsa de Londres en 1841; fue agente de bolsa del Duque de Riánsares (esposo morganático de la Reina Madre María Cristina) y del General Nárvaez; instó la creación en 1844 y 1846 de los Bancos de Isabel II y de Cádiz; fue Ministro de Hacienda unos meses en 1847, aunque fue destituido cuando una comisión parlamentaria decidió investigar presuntas irregularidades en su Ministerio; por vaivenes políticos de la España de la época, pasó temporadas en el exilio; apostó por la construcción de ferrocarriles, levantando en 1851 la línea de Madrid-Aranjuez, aunque la crisis económica de 1866, que afectó gravemente al sector ferroviario, le originó importantes pérdidas en sus finanzas, al punto de tener que vender parte de su gran colección de pinturas para obtener liquidez. Invirtió con resultados dispares en otros proyectos así como en múltiples tipos de negocios, aunque será recordado por una de sus inversiones inmobiliarias más emblemáticas, el ensanche de Madrid, la construcción del Barrio de Salamanca, que le llevó a la ruina económica. Paradojas del destino, hoy está considerado la milla de oro de Madrid. Isabel II le concedió el título de Marqués de Salamanca así como el de Conde de los Llanos en 1866. Finalmente, quien fuera el hombre más rico de España, murió endeudado en su Palacio de Vista Alegre de Madrid el 21 de enero de 1883, a la edad de 71 años. Como dijo una nota de prensa a su fallecimiento: No conocía más fuente de riqueza que el trabajo y en los últimos años repetía a sus amigos una frase que era todo un programa: «En cualquier parte donde se escarbe con fe, decía, hay un tesoro» (La Opinión, Palma de Mallorca, 26/1/1883, p.1).

Para concluir este artículo transcribiremos la crónica de su entierro publicada en periódico madrileño El Debate:

Entierro del Marqués de Salamanca
Desde las primeras horas de la mañana de ayer se estuvieron diciendo misas en la capilla del palacio de Vista-Alegre. A las diez se rezó una más solemne, que oyeron desde las tribunas muchas señoras que habían ido a acompañar a la señorita de Salamanca.
Mientras tanto, llegaban a la quinta los carruajes que conducían a los que iban al entierro. La señorita de Salamanca, y su hermano D. Fernando recibían en el salón azul, acompañados de sus parientes D. Fernando y D. José Heredia, y de D. Alejandro Llorente, como testamentario.
Terminada la misa, fue cerrado el féretro, y en hombros de los empleados de la casa fue conducido al carro fúnebre, tirado por seis caballos con gualdrapas y penachos negros.
La presidencia del duelo la constituyeron el señor marqués de Alcañices, en representación de S.M. el rey; el señor marqués de Sardoal, vicepresidente del Congreso; el conde de Zaldívar y el general Mondoza, como parientes del finado, y D. Alejandro Llorente como testamentario.
Sobre el ataúd de zinc con molduras doradas, iban cinco coronas. Una de siemprevivas, costeada por los vecinos de Carabanchel, que han reunido el dinero en una suscripción.
Un pobre que pedía limosna dio para esta suscripción doce cuartos que había recogido.
– Cuando fui joven, decía, me dio el señor marqués trabajo, después me ha socorrido muchas veces; hoy le doy todo lo que tengo.
Otras cuatro coronas de laurel eran de los dependientes y operarios de la casa.
El carro fúnebre atravesó la posesión para salir por la puerta de honor, y era un espectáculo imponente el que representaba aquel cortejo, pasando a lo largo de las alamedas, y hollando las hojas secas que dejó el otoño en aquellas calles, tantas veces pisadas por la juventud y la alegría en los días risueños de la primavera.
Las artísticas verjas de la posesión, coronadas con el escudo de la casa, se abrieron de par en par para dar paso al cadáver de su dueño; el sol lucía con todo su esplendor, y la comitiva se extendió por la carretera.
El clero de Carabanchel, con cruz alzada, acompañó hasta el término de la jurisdicción; el Ayuntamiento y el pueblo que esperaban fuera de la posesión, siguieron hasta el cementerio.
A los dos lados del carro fúnebre iban doce porteros del Congreso con hachas encendidas, y formaban una larga fila unos doscientos carruajes, en los que iban los duques de Fernán-Núñez, Tamames, Victoria, Prim, La Torre; marqueses de Caracena, de la Mina, Castell-Moncayo, Ahumada y otros; condes de Goyeneche, Guaqui, una comisión del Congreso en la que iban los Sres. Carvajal y Ochando, otra del Ayuntamiento, formada por los Sres. Laá, Párraga y Fernández; comisión del Banco Hipotecario, Crédito Moviliario, Colegio de agentes de Bolsa, del Consejo de los ferrocarriles de Madrid, Zaragoza y Alicante.
El ministro de Ultramar, el gobernador de Madrid y los Sres. Albareda, Pavía, Riaño, Rodríguez Correa, general Terreros, Ríos, Gayangos, Calvo (D. Manuel), Argaiz, Urquijo, Sánchez Bustillos, La Iglesia, Lamartiniere, Bauer, Rolland, Bru, Aldama, Camaron, Carcer, Aguilera, Angolotti, Girona, Peralta, Llanos, Gándara, Cayo del Rey, Aranaz, Rojo Arias, Cabezas, Galay, Oteiza Silvela (D. Francisco), Larios, Aldecoa, Udaeta, Navarro Benavente, Torneros, López Guijarro, Martínez (D. Wenceslao), Santa María, Ayuso, Sánchez Blanco, Sánchez Pescador, Moret, Baldrich Palacio (don Manuel), brigadier Oviedo, Gutiérrez Abascal y otros muchos.
En la capilla de San Isidro se rezó un responso, y en el atrio del cementerio fue descubierto por última vez el féretro, y por última también dio la luz en la robusta que encerró en vida tantos pensamientos.
Poco después, el féretro era bajado a la sepultura, el sacerdote echó sobre el ataúd en la primera paletada de tierra, y bien pronto quedó cubierta la fosa del personaje que ha llenado con su nombre la mitad de un siglo.
(El Debate, Madrid, 24/1/1883)
Medalla realizada a la muerte del Marqués de Salamanca por el grabador Victorino González en 1883.
Fue encargada por la familia para regalar a deudos y amigos en imperecedero recuerdo del ilustre finado.
Cu, 43 mm y 35 g. (Col. autor). 


miércoles, 5 de agosto de 2020

La primera feria de Garrucha (1861)


Feria de ganado a las afueras de la población de Garrucha. Hacia 1875. Fot: José Rodrigo
(Extraída de El Siglo Minero, IEA, pág. 111, CAM-FCE)

Una de las primeras decisiones que en 1861 tomó el naciente Ayuntamiento de Garrucha, presidido por su Alcalde Manuel Berruezo Ayora, fue el establecimiento de una feria anual. Así pues, el 17 de enero de dicho año, apenas dos semanas después de constituirse el municipio, el Pleno acordó la celebración de una feria del 12 al 20 de agosto, aprovechando la gran afluencia turística que recibía Garrucha en verano. El 4 de abril fue aprobada por el Gobernador Civil y unos días más tarde el Consistorio garruchero comenzó la promoción de la feria con el siguiente comunicado publicado en el Boletín Oficial de la Provincia:

FERIA DE GARRUCHA
Partido Judicial de Vera
Los cuantiosos recursos con que el pueblo de Garrucha cuenta en su recinto para la celebración de una feria han impulsado a su Corporación Municipal a establecerla, con la oportuna autorización del Sr. Gobernador Civil, en los días 12 al 20 de agosto inclusives.
La época designada es la más segura garantía de su prosperidad y engrandecimiento, si se tiene en cuenta la asombrosa afluencia de forasteros de todas partes que por dicho tiempo concurren a tomar los baños del mar.
El clima templado de este país, los vientos suaves que en él se disfrutan y la alegre perspectiva que forma su posición topográfica, bajo un cielo brillante y despejado de ordinario y junto a la misma orilla del Mediterráneo, cuyas aguas bañan sus primeras casas, le han hecho siempre uno de los puntos más sanos de la Península, donde multitud de familias de los pueblos circunvecinos han hallado seguro refugio contra las enfermedades estacionales y contra el cólera morbo de que por fortuna jamás se vio invadido.
Una fonda servida y surtida según los adelantos del día, casa de pupilos, tres buenas posadas, mucha hospitalidad en el vecindario, abundantes géneros de consumos de la mejor calidad y de todas partes, ricas y saludables aguas de la sierra de Mojácar, todo se congrega para hacer grata, cómoda y económica la estancia de los forasteros.
También se propone influir el Ayuntamiento a fin de que los socios del Casino permitan la libre entrada en este establecimiento a todos los feriantes que reúnan las circunstancias que el Reglamento del mismo exige para aquellos; impulsará la frecuente ejecución de funciones teatrales, bailes y demás espectáculos públicos y proporcionará a los concurrentes cuantas distracciones sean compatibles con el buen orden.
El comercio de efectos encontrará en todo el ámbito de la extensa y espaciosa calle Mayor buenos y cómodos aparadores donde colocar sus géneros, por una módica e insignificante retribución que contraten con los operarios. El de ganados de todas clases se extenderá en la inmensa llanura que al Este de la población se encuentra con vista al mar, donde hay buenos pozos de agua, así como también en el sitio de la Espesura, donde uno de los dueños permitirá entre a pastar gratis.
Si el Ayuntamiento consigue establecer algunos premios para las mejores razas de ganados que se presenten, se avisaría, y en cualquier concepto las autoridades dispensarán toda clase de protección al comercio y a las personas, procurando siempre el fomento y la prosperidad de los industriales.
Garrucha 15 de Abril de 1861. El Alcalde Presidente de Ayuntamiento, Manuel Berruezo. Por acuerdo de dicho Cuerpo Municipal, Francisco López Teruel, Secretario.
(BOPA, 5/5/1861)
Como se ha podido leer, el Ayuntamiento cuidó hasta el más mínimo detalle en el fomento de su feria, aludiendo a la bonanza de su clima, su “industria hotelera”, su gastronomía, etc. La feria tenía un carácter dual, por un lado la celebración de espectáculos públicos (bailes, representaciones teatrales, etc) y expositores o casetas en la calle Mayor donde los comerciantes interesados podían vender sus géneros aprovechando la semana festiva, y por otro una feria de ganado a las afueras del casco urbano. Sin duda, Garrucha puso un especial esmero en su primera feria, como no podía ser menos, pues, aparte de las positivas repercusiones económicas, era una cuestión importante en aquellos momentos para consolidar su identidad como municipio independiente e igualarse, en cuanto al establecimiento de una gran fiesta local popular, al resto de pueblos.

sábado, 6 de junio de 2020

Las olvidadas minas de Garrucha


Der: Vista actual del horno de calcinación ubicado en la concesión de la mina Melilla, copropiedad de Francisco Berruezo López.
Izq: Reconstrucción aproximada del mismo, a principios de siglo XX, realizada por Juan Antonio Soler Jódar.

Todo aquel que haya paseado por los cerros y ramblas circundantes al casco urbano de Garrucha se habrá percatado de la existencia de pozos, pequeñas canteras y ruinas de edificios que denotan una olvidada actividad minera.

La adjudicación y deslinde de su término municipal en 1994 ha permitido a Garrucha tener en su jurisdicción antiguas minas que hasta entonces se repartían Vera y Mojácar, por lo que hoy en día se puede hablar de que el municipio posee un coto minero, que puede erigirse en un atractivo turístico más con el fomento de rutas senderistas, colocación de cartelas explicativas, reconstrucción del horno de calcinación de la mina «Melilla» y su uso como mirador, etc. Aunque la existencia de estos vestigios mineros son conocidos por algunos, la historia que se esconde detrás de ellos es totalmente desconocida. Por ello, y con el afán de poner en valor esta parte del pasado industrial de la villa, estamos recuperando, aunando trabajo de campo y de archivo, los nombres de las minas, sus propietarios y su discurrir histórico desde mediados del siglo XIX.

Pese a estar eclipsado históricamente por las renombradas Sierras de Bédar y Almagrera, las cuales han centrado la mayoría de las investigaciones actuales, el coto minero de Garrucha está demostrando una cierta importancia en la historia minera del levante almeriense, a pesar de lo pequeño de su tamaño. El mismo abarca, principalmente, las zonas del Agüechar, Juan Jordana-Cañada de Flores, Tierras Royas y el pago de la Atalaya-Cañada de las Yeseras.

Hasta este momento se tiene constancia de más de 45 registros mineros a lo largo de más de un siglo de actividad y aunque no todas las minas se demarcaron, sí denota el interés que despertó el coto garruchero. La mayoría de las minas eran de hierro, aunque también las hubo de plomo, siendo las de este último metal los denuncios más antiguos que tenemos noticia y donde seguramente esté el origen de la minería garruchera en el siglo XIX, encuadrado dentro del boom de la minería del plomo de Almagrera. A este respecto, las minas más remotas que hemos localizado son las plúmbicas de nombre «Iglesia» y «Mercurio», registradas por el industrial Manuel Berruezo Ayora (primer Alcalde de Garrucha en 1861) en el pago de la Atalaya en 1850.

A partir de 1856, los nuevos procedimientos para la fabricación de acero a escala industrial requerían hierro sin fósforo, por lo que las siderurgias europeas comenzaron a demandar el mineral ferruginoso del levante almeriense, ya que poseía unas excelentes propiedades físico-químicas para tales procesos metalúrgicos. Desde Carboneras a Pulpí, a lo largo de todo el litoral levantino, se explotaron diversas minas cercanas a la costa, pues el bajo valor del hierro en el mercado solo hacía posible que, para que su minería fuese viable económicamente, las concesiones trabajadas debían estar a una distancia próxima al punto de embarque, no más lejos de 2-3 km. El mineral extraído se conoció en la época como el «mineral de La Garrucha», por ser éste el puerto de referencia por el que se exportaba, y llegó a considerarse uno de los mejores minerales de hierro del mundo, pues era idóneo para la obtención de acero.

Trancada de acceso en la mina Felicidad y Unión
(posterior mina Melilla).
Desde mediados de la década de 1850, el coto minero de Garrucha se centra principalmente en la extracción de hierro, contabilizándose en esos años hasta un total de 7 minas en explotación: «Camisa», «Ciudad de Garrucha», «Observador» y «Hernán Cortés», ubicadas en las zonas del Agüechar, Juan Jordana y Tierras Royas, propiedad las cuatro de Manuel Berruezo y registradas entre 1856 y 1859; «Aparecida», de 1857, ubicada en la Cañada de Flores-Juan Jordana y registrada por Alejandro Kirkpatrick, Vicecónsul inglés de Garrucha; «La Pastora», registrada por la empresa Ramón Orozco y Compañía en 1861, ubicada en la majada de la Culebra, y que se encontraba en terrenos de la Ferrería San Ramón; y «Felicidad y Unión», demarcada en 1856, perteneciente a Francisco Martínez, de Cuevas, y localizada en el pago de la Atalaya-Cañada de las Yeseras. Esta última, la más importante en cuanto a calidad y abundancia mineral, es conocida popularmente como «La Mina» y estuvo participada también por la familia Berruezo desde 1859. Todas se encontraban a una distancia menor a 2 km de la costa.

El destino de la producción minera de estas minas seguramente siguió el mismo camino de exportación a Inglaterra y Francia que seguían el de las otras minas ferruginosas explotadas en la costa levantina. También planteamos la hipótesis factible de que la fundición de hierro de Ramón Orozco se nutriera principalmente de estas minas garrucheras cercanas a su fábrica, ya que justificaría la instalación y viabilidad de un alto horno, y sin lugar a dudas era más rentable que traer el mineral de lugares más lejanos como Bédar o Cabrera.

La demanda internacional del «mineral de La Garrucha», así como el establecimiento de la ferrería San Ramón, provocaron un gran incremento de la actividad extractiva en esos años, llegando a situarse la producción almeriense como la segunda más importante de España. Sin embargo, el cierre de la fundición de Orozco en 1864 y de otras siderurgias europeas como la de Bestouan, en Cassis, o la de Marsella-Saint Louis que importaban el hierro levantino, provocaron una merma importante de la actividad en el coto minero de Garrucha a partir de 1865.

Plano de la mina La Gran Vía (1889), ubicada en el cerro del Calvario
de Garrucha. Propiedad de Francisco Berruezo López.

(AHPA, Signatura 16721: 14495) 
En el último cuarto del siglo XIX se produce una reactivación del interés en las minas garrucheras. La mayoría de los registros del coto datan de esta época, seguramente como consecuencia de la llegada de grandes empresas mineras como la Compañía de Águilas o la Chávarri, Lecoq y Cía, y a las que los propietarios esperaban poder arrendar sus minas o vender su producción mineral. De estos años conocemos minas importantes como «Melilla», registrada en 1894 en el lugar donde se encontraba la antigua «Felicidad y Unión», por Francisco Berruezo López (Alcalde de Garrucha y Vicecónsul de Portugal), y que estuvo en explotación hasta bien entrado el siglo XX, o minas ubicadas en lugares tan emblemáticos para Garrucha como el cerro del Calvario, donde se demarcó en 1889 «La Gran Vía», y que fue registrada también por Francisco Berruezo.

El último denuncio minero que tenemos constancia efectuado en el coto de Garrucha es el de la mina «Mi Esperanza», que lindaba con «Melilla», en el pago de la Atalaya, y que fue realizado por Heliodoro Delgado Hernández en 1956. Por tanto, el interés en las minas garrucheras se prolongó durante más de 100 años; una interesante y desconocida historia que continuamos investigando.

Nota: Artículo elaborado por José Berruezo García y Juan Antonio Soler Jódar.

miércoles, 3 de junio de 2020

El Ayuntamiento de Vera recomienda el blog Los Berruezo


El pasado 26 de mayo el Ayuntamiento de Vera, a través de su blog de Cultura, dedicó una entrada al blog Los Berruezo en la que lo recomendaba como «herramienta de calidad para el estudio de Garrucha y la comarca del levante almeriense» (Ver: Artículo publicado en blog de Cultura del Ayuntamiento de Vera). Nuestro agradecimiento al Consistorio veratense y en particular a Manuel Caparrós Perales, Director del Archivo Municipal, por la recomendación que hacen de este blog. 

Esta recomendación que nos tributa Vera se une a la que hizo en 2016 la Alcaldesa de Garrucha, María López, a todos los asistentes que concurrimos al acto público que tuvo lugar en el Centro Cultural de la localidad con motivo de haberle concedido el Pleno del Ayuntamiento a Manuel Berruezo Ayora, primer Alcalde de Garrucha, el título de Hijo Adoptivo de la Villa, de manera póstuma, y ponerle su nombre a dicho Centro Cultural.