martes, 2 de noviembre de 2021

D. Rodrigo Sánchez Ortiz de Cózar, héroe de la Primera Guerra Carlista y Alcalde de Garrucha

 

Don Rodrigo Sánchez Ortiz de Cózar, prohombre de la Garrucha de mediados del siglo XIX, fue uno de los hombres fuertes del Partido Moderado en el municipio, representando en la política local la facción conservadora durante el periodo isabelino. Gracias a la amabilidad de su descendiente, don Enrique González Hernández, que nos ha hecho llegar la reseña que exponemos a continuación, podemos conocer la interesante biografía de este singular hombre que fue Alcalde de Garrucha y Juez de Paz.

DON RODRIGO SÁNCHEZ ORTIZ DE CÓZAR

D. Rodrigo Sánchez Ortiz de Cózar.
Retratado por José Almunia en Garrucha en 1858

Cortesía familia Hernández Segura

Segundo de los cuatro hijos de los linarenses Don Ildefonso José Sánchez (de Alba) Mayor, preceptor de latinidad, y su esposa Doña Isabel Ortiz de Cózar Griego, Rodrigo nació en Linares (Jaén) el miércoles 13 de diciembre de 1815, festividad de Santa Lucía, y fue bautizado dos días después en la Iglesia Parroquial de la villa por el párroco Don José Santiago Caballero, siéndole impuesto por nombre de pila Rodrigo José María de Santa Lucía. Fueron sus padrinos sus tíos paternos Don Ramón Sánchez y Doña María Sánchez.

Poco se sabe de su infancia y juventud, salvo que transcurrió en el domicilio familiar en la Calle del Pontón de Linares, junto con su hermana mayor Polonia (nacida en 1806) y sus hermanos pequeños Ildefonso (1820) y Antonio (1824), pero en diciembre de 1835, cuando aún no contaba con 20 años de edad y no hacía dos años que había comenzado la primera de las Guerras Carlistas, ingresó voluntario en el Depósito de Quintos de Jaén para realizar el servicio militar obligatorio.

A primeros de abril de 1836, tras finalizar el periodo de cuatro meses de instrucción militar, y gracias a la formación que recibió en su juventud, Rodrigo pasó destinado como escribiente a Leganés (Madrid), al entonces llamado Cuartel de las Reales Guardias Walonas, en el edificio Sabatini. Al mes siguiente pasó comisionado, también como escribiente, a la Inspección General del Arma de Infantería, en Madrid, y en julio al Regimiento de Infantería Ligera de Voluntarios “Navarra” Nº 6, igualmente en la Capital.

Un año después, en mayo de 1837, y siendo ya Cabo 1º en el Regimiento Navarra, fue nombrado Sargento por elección, circunstancia que aprovechó al mes siguiente para solicitar, debido a su ilustre linaje (su abuelo materno, Don Rodrigo Ortiz de Cózar, había sido hidalgo), su reconocimiento en la Orden del Cuerpo como “Distinguido entre los de su clase”, una circunstancia privilegiada en aquella época, recogida en las Reales Ordenanzas y Reglamento del Arma vigentes, que iba acompañada de determinadas exenciones y dispensas por hidalguía.

En julio de 1838, y por haber ascendido a Subteniente el día 17, finalizó su comisión como escribiente en la Inspección General del Arma y, por lo tanto, en el Regimiento Navarra, incorporándose con su nuevo empleo al Regimiento de Infantería de Línea “Almansa” Nº 18, en el Ejército del Norte y de guarnición en Barcelona, haciéndose efectivo el destino el primero de noviembre de ese mismo año.

Era el 1 de marzo de 1839 cuando Rodrigo fue comisionado como Ayudante de Órdenes de la 2ª Brigada de la 2ª División del Ejército del Norte, que se encontraba ya luchando en Navarra contra las fuerzas carlistas. Su primera acción en campaña tuvo lugar entre el 29 de abril y el 1 de mayo, cuando participó en la toma del fuerte y el puente de Belascoáin. Le siguieron la toma de Arróniz el 11 de mayo, la de Montejurra al día siguiente, la de Bermeo el 3 de junio, donde recibió el grado de Teniente por méritos de guerra, la de Allo el 15 de julio, la de Dicastillo el 18 de agosto y, por último, las de la toma de Cirauqui y Mañeru, el 23 de ese mismo mes, con el General de Caballería Don Diego de León.

Rodrigo volvió con su Regimiento a la guerra el primero de febrero de 1840, partiendo desde Barcelona con la misión de escoltar un convoy de abastecimiento que marchaba desde Cervera a Solsona, en la provincia de Lérida. Cuando iniciaron su regreso, el 24 de abril, sufrieron un ataque en las inmediaciones de dicha localidad en el que fue herido de bala de fusil en la rodilla izquierda, recibiendo por ello la Cruz de San Fernando sencilla de primera Clase. Dos días después, tras reanudar la marcha el convoy de regreso, vuelven a ser atacados en las inmediaciones de Peracamps. En el enfrentamiento, que duró dos días, Rodrigo volvió a ser herido de bala de fusil, esta vez en el pecho, la cual le atravesó entrando por la clavícula derecha y saliendo por el omóplato. Era el 28 de abril, y debido a sus heridas, el primero de mayo tuvo que finalizar su comisión como Ayudante de Órdenes de la 2ª Brigada. El 11 de junio fue condecorado por Real Orden con la Medalla de Perecamps.

Acciones en Peracamps en las que se vio envuelto nuestro biografiado (1840).
Cortesía Enrique González Hernández

Por prescripción facultativa, y como consecuencia de las heridas recibidas en campaña en el hombro y espalda derechos, el 24 de junio de 1840 se le concedió una Real Licencia de cuatro meses con todo su sueldo, a disfrutar a partir del 1 de septiembre. Tras poner en orden sus asuntos, Rodrigo se trasladó a Linares el día 17 para poder recuperarse. A finales de noviembre, próxima la finalización de su licencia temporal, solicitó al Comandante de Armas de Linares reconocimiento médico facultativo para acreditar el estado de sus heridas, las cuales no terminaban de sanar. En dicho reconocimiento el cirujano titular de Linares, Don Ramón Gilabert, certificó que, aunque inicialmente prometía esperanzas de sanar tras una larga curación, el herido aún padecía fuertes punzadas por tener alojadas en la herida algunas pequeñas esquirlas de metal, las cuales todavía no habían sido expulsadas. Además, como consecuencia de dichas esquirlas, Rodrigo también tenía irritado el pulmón derecho, lo que le hacía padecer fuertes dolores, que no se atajaban ni siquiera con medicamentos, y que le hacían sufrir un fuerte ahogo al intentar andar o realizar movimientos violentos, por lo que, en su opinión médica, no podía ser útil para el servicio activo.

A la vista del informe médico recibido, con fecha 24 de diciembre, se le concedió por Real Orden una prórroga de dos meses de su licencia temporal, a contar a partir del 1 de enero, en las mismas condiciones que la anterior, la cual fue nuevamente prorrogada por Real Orden de 6 de abril de 1841, hasta el 1º de mayo, fecha en la que se reincorporó a su Regimiento, que entonces se encontraba el Tudela, aunque a finales de ese mismo mes volvieron a Barcelona, por haber finalizado la guerra.

Comenzó el año de 1842, y Rodrigo aún no había terminado de restablecerse, en términos de ser útil en la carrera militar, de las heridas recibidas hacía casi dos años, por lo que el 10 de junio se le concedió, por Real Orden, destino pasivo de Interventor Tenedor de Libros en la Inspección de Minas del Distrito de Valencia, cesando en el Regimiento “Almansa” el día 30 de dicho mes. Unos meses después, el 6 de noviembre, y ya viviendo en Alicante, contrajo matrimonio por poderes (representado en Linares por su padre), con Antonia Ochoa López, joven linarense de 23 años, hija de un fabricante de munición de la misma localidad, quien días después se trasladó a vivir con su marido, donde ratificaron el matrimonio el día 23 del mismo mes.

Una gran alegría llegó a su casa en 1845 con el nacimiento en Alicante de su primera hija, Isabel, aunque la dicha se vio empañada por el fallecimiento de su padre, Don Ildefonso Sánchez de Alba, el 19 de agosto, de 63 años de edad, en su domicilio de la calle Alonso Poves de Linares.

Su situación personal de incapacidad permanente para el servicio militar llevó a Rodrigo a remitir dos años después, el 20 de abril de 1847, una Súplica a la Reina Isabel II, para que le concediera el sueldo de retiro, una vez comprobado su estado de inutilidad para el servicio activo y pasivo por las heridas recibidas el 28 de abril de 1840. Tras someterse a reconocimiento médico en Madrid el 8 de mayo, el Jefe Facultativo Local del Hospital Militar, Don Pedro Alonso Valencia, lo declaró inútil para el servicio activo de las armas, y en acuerdo de 23 de julio del Tribunal Supremo de Guerra y Marina, concedido por la Reina el 6 de agosto, se le autorizó el retiro con el 90% del sueldo de su empleo efectivo de Subteniente (téngase en cuenta que su grado de Teniente no era efectivo, al no haber pasado por la Academia Militar, sino obtenido por méritos de guerra, un tema complejo incluso entonces). Al año siguiente, en 1848, la familia se trasladó desde Alicante hasta Garrucha de Vera (Almería), donde Rodrigo ejerció el cargo de Interventor Especial del Ramo de Minas del Distrito de Garrucha desde agosto de 1850 hasta agosto de 1854, ocupando temporalmente ese mismo cargo en la Inspección de Minas del Distrito de Roquetas entre los meses de febrero a junio de 1854. No obstante, en agosto de este último año Rodrigo cesó también en el cargo de Inspector de Minas, tras más de doce años de servicio, por los mismos motivos de salud que le llevaron a cesar en la carrera militar.

También en Garrucha nació en 1848 su segundo hijo, Ildefonso, una gran alegría para la familia que pronto se convertiría en una gran tristeza, pues falleció de fiebre tifoidea en dicha localidad el 25 de octubre de 1855, donde fue enterrado con tan sólo siete años de edad. Vivían por aquel entonces en el domicilio familiar, además del matrimonio y sus dos hijos, Doña Isabel Ortiz de Cózar, madre de Rodrigo y viuda desde hacía diez años, y una criada llamada Rosa Moya, que había entrado a servir cuando la familia se trasladó desde Valencia. La tercera y última hija del matrimonio, Antonia, nació en Garrucha en 1849, donde también falleció muy joven, en 1863, a los catorce años de edad.

Unos meses antes del fallecimiento de su hijo, en enero de 1855, viviendo ya retirado en Garrucha, Rodrigo recibió de la Reina el grado de Capitán de Infantería en recompensa de los servicios prestado durante la guerra, y en enero de 1857 solicitó a Su Majestad la concesión de la nueva Cruz de San Fernando, creada por Real Orden de 24 de agosto del año anterior para aquellos que la habían obtenido por méritos de guerra. En 1858 Rodrigo fue retratado por el pintor José Almunia vistiendo el uniforme de Oficial retirado, caracterizado por el bicornio sin galón, las dos carreras de botones en la levita, las sardinetas en las bocamangas, y los vivos encarnados del cuello y la solapa. En él se distinguen, además, las charreteras de Capitán (con flecos en las dos hombreras), el sable modelo 1840 para Oficial de Infantería, el emblema de cuello del león, propio también de la Infantería, los botones dorados con la corona y el número 18 del Regimiento de Infantería de Línea “Almansa” (la Infantería Ligera los llevaba plateados), la cruz de San Fernando sencilla de primera clase (para Oficiales) creada según el Reglamento de 1815 (arriba), la medalla de Peracamps, creada por Real Orden de 11 de junio de 1840 y concedida por las acciones del 24 al 28 de abril en dicha localidad leridana (abajo) y sus dos cruces de San Fernando del modelo aprobado en 1856, y que se autorizaban a llevar en determinadas circunstancias.

Adicionalmente, en la cartela firmada que acompaña al retrato se indica que, en aquel momento, Rodrigo tenía 48 años de edad, lo cual no sería correcto si nos atenemos a que, según su documentación militar y su partida de bautismo, nació en 1815, por lo que debería tener cinco años menos. Dando por hecho que la fecha de la cartela es correcta (el grado de Capitán se le concedió en 1855, luego no puede ser anterior), es de suponer que se trata de un error en la edad.

Cartela explicativa del retrato al óleo de D. Rodrigo Sánchez Ortiz de Cózar.
Cortesía familia Hernández Segura

Para el año 1862, y quizá respaldado por la experiencia adquirida como Interventor en la Inspección de Minas del Distrito de Valencia primero y en la del Distrito de Garrucha después, Rodrigo ya se había adentrado en el negocio de las sociedades mineras de la zona, siendo presidente de la sociedad “Confianza”, que explotaba la mina San Antonio (antes San Gonzalo), ubicada en Sierra Almagrera, y constando su amigo Don Pedro Berruezo Soler como Tesorero de la compañía. Adicionalmente, en diciembre de ese mismo año Rodrigo fue nombrado por la Audiencia de Granada para ejercer el cargo de Juez de Paz en Garrucha durante el bienio de 1863 y 1864. El 6 de febrero de este último año, fallecía de un ataque apoplético en su casa de la calle Tercia de Linares su hermana Polonia, de 58 años, seguida de su madre, Doña Isabel Ortiz de Cózar, que lo haría el 20 de julio del mismo año a los 84 años de edad, en su domicilio de la calle Virgen de la Cabeza de dicha localidad. 

Al año siguiente, el 9 de octubre de 1865, su hija Isabel contrajo matrimonio en Garrucha con don José Segura Berruezo, joven burgués de 23 años perteneciente a la familia Berruezo y que fue Administrador Principal de Loterías de Garrucha, así como Administrador de Rentas Estancadas de la misma localidad en 1867, uno de los cargos de la Real Hacienda más importantes de la provincia. También estuvo involucrado en el sector minero y fue accionista en diversas sociedades mineras de la época desde 1871. El matrimonio tuvo cinco hijos e Isabel tuvo que hacerse cargo de los negocios mineros de su difunto marido tras su prematuro fallecimiento en 1888.

D. José Segura Berruezo y Dña. Isabel Sánchez Ochoa. Hacia 1880
Cortesía familia Hernández Segura

Durante los años siguientes a su periodo como Juez de Paz en Garrucha, Rodrigo formó parte del reducido grupo de electores que podían tomar parte en las votaciones para la elección de Diputados provinciales y de Diputados a Cortes por la provincia de Almería, y en 1867 fue nombrado Concejal y Alcalde Presidente del Ayuntamiento Constitucional de la localidad durante el bienio de 1867 y 1868 (el sexto Alcalde en su historia, pues Garrucha se constituyó como municipio independiente de Vera el 1 de enero de 1861). Durante su mandato Rodrigo tuvo que hacerse cargo junto a sus concejales, entre otros asuntos, de las medidas de vigilancia y represión ordenadas por el Gobernador Provincial en virtud de Real Orden, para hacer frente al movimiento revolucionario que recorría España y que pretendía acabar con el Gobierno moderado y con la monarquía de Isabel II. La sublevación militar tuvo lugar finalmente en septiembre de 1868, ya durante el mandato de su sucesor en la alcaldía de Garrucha, Don Asensio Fernández Morán, pues en febrero de ese mismo año Rodrigo remitió al Gobernador provincial de Almería una petición solicitando ser relevado de los cargos ocupados en el Ayuntamiento de la localidad por encontrarse físicamente imposibilitado para ello, adjuntando un certificado emitido por el médico que le atendía en su dolencia. Tras una abstención inicial al respecto por parte del Consejo Provincial, el Gobernador accedió finalmente a la petición de Rodrigo, cuyo padecimiento había empeorado con posterioridad a su toma de posesión de los cargos, relevándolo de los mismos.

Rodrigo falleció en su domicilio de la calle Mayor de Garrucha el 2 de agosto de 1871, a las siete de la tarde, como consecuencia de un derrame cerebral, siendo enterrado en el cementerio de la localidad.


martes, 14 de septiembre de 2021

Un libro para conocer la historia minera del levante almeriense

 

Recientemente se ha publicado el libro Minas, cables, ferrocarriles, fundiciones y embarque de minerales. Bédar, Los Gallardos, Garrucha, Mojácar, Turre y Vera (1840-1970), escrito por los investigadores Andrew Devey y Juan Antonio Soler Jódar, y que ha sido editado, tanto en español como en inglés, por Arráez Editores SL.

La obra, que lleva apenas unas semanas en el mercado, se ha convertido en toda una referencia para aquellos interesados en la historia minera del levante almeriense. En sus casi 400 páginas los autores abordan la actividad minera y sus consecuencias en los municipios de Bédar, Los Gallardos, Garrucha, Mojácar, Turre y Vera desde 1840 a 1970. Esto engloba las etapas iniciales ejecutadas por empresarios locales a mediados del siglo XIX, la llegada de importantes compañías forasteras que acometieron grandes proyectos, como el cable aéreo de Serena (Bédar) a Garrucha (el más largo y de mayor capacidad del mundo en la década de 1880) y el ferrocarril de Bédar a Garrucha construido en 1895, así como la minería acontecida en el siglo XX y los efectos socio-económicos de esta actividad en las poblaciones que se vieron involucradas. Está muy bien documentado e ilustrado (cuenta con casi 500 fotografías, la mayoría inéditas), lo que lo convierte en un libro riguroso y de calidad. Por ello, recomendamos su lectura, pues es obra de interés tanto para el público general como para aquellos especialistas en minería e ingeniería del transporte, dado el carácter técnico con que se tratan los diferentes capítulos.

Respecto a la historia minera de Garrucha, el libro recoge las últimas investigaciones que se han llevado a cabo, como son la actividad minera que se desarrolló en el coto minero de Garrucha a partir de la década de 1850 y el nuevo enfoque a la tradicional historia de la Ferrería San Ramón (1860-1864).


viernes, 5 de marzo de 2021

Publicado estudio sobre la Ferrería San Ramón de Garrucha (1860-1864), único Alto Horno de Almería

 

Reconstrucción aproximada de la Ferrería San Ramón de Garrucha en base a registros fotográficos.
(Ilustración elaborada por Juan Antonio Soler Jódar)



En el último número (nº 35, julio-diciembre 2020) de la revista científica De Re Metallica, editada por la Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero, los investigadores José Berruezo García y Juan Antonio Soler Jódar han publicado el artículo La Ferrería San Ramón de Garrucha (1860-1864). Nuevo enfoque al estudio del único alto horno de Almería. En el mismo los autores abordan los diferentes factores que condujeron al cierre del alto horno instalado por Ramón Orozco en Garrucha (Almería) entre 1860 y 1864. Se analizan las características técnicas de la ferrería, las minas de procedencia del mineral de hierro disponibles, los problemas con la calidad de los hierros forjados, el mercado para sus productos y se establecen comparativas entre los costes de combustible y mineral de hierro con otras siderurgias contemporáneas.

Teniendo como base el análisis que realizó hace casi 40 años el Catedrático D. Andrés Sánchez Picón sobre el Martinete de Garrucha en su libro La minería del levante almeriense 1838-1930. Especulación, industrialización y colonización económica, los autores proponen en su artículo un enfoque alternativo al estudio del alto horno fundamentándose en nuevas aportaciones archivísticas, bibliográficas y de trabajo de campo. En el mismo los investigadores argumentan que la disponibilidad de mineral de hierro para el funcionamiento de la ferrería no fue problema, pues la llegada por comercio de cabotaje de pequeñas cantidades de mineral de mayor ley y, sobre todo, la producción de diversas minas de hierro existentes en la época en el desconocido coto minero de Garrucha (descrito por los autores por primera vez en 2019) habrían bastado para cubrir las necesidades de esta materia prima, al menos durante el escaso tiempo que estuvo en activo el Martinete. Igualmente, los autores consideran poco probable que las minas de otros cotos vinculadas a la sociedad que regía la Ferrería, es decir, las concesiones mineras ubicadas en Mojácar, Carboneras, Pulpí o Bédar llegasen a nutrir al alto horno, pues analizados los costes de transporte por tierra desde estos lugares se ha constatado que eran demasiado altos en comparación con el coste del mineral procedente de las minas de Garrucha y el traído mediante cabotaje, por lo que a la compañía no le habría interesado económicamente. Asimismo, y como argumentan los autores, la explotación de las minas de aquellos lugares en esos años estaría justificada por la conocida exportación de mineral de hierro a destinos europeos, mientras que en Bédar, más alejada de la costa, los trabajos estarían enfocados a la obtención de manganesa y carbonatos de hierro, usado este último como fundente en las fundiciones de plomo de la época, pues todavía no existía un medio de transporte hasta Garrucha que hiciera viable económicamente la explotación de los ricos criaderos ferruginosos bedarenses como mena de hierro. Además de que, como ya se ha dicho, las minas garrucheras cubrirían de manera suficiente las necesidades mayoritarias de mineral del alto horno en aquellos primeros momentos.

Descartado el abastecimiento de mineral de hierro como uno de los factores que motivaron el cierre de la Ferrería San Ramón, los autores constatan que el mayor problema fue el precio, calidad y disponibilidad del combustible. Pese a ser un moderno alto horno de coque metalúrgico, la imposibilidad de obtener coque y hulla a precios más ventajosos que la competencia fue determinante en el fracaso de esta industria. Además el uso de un coque no adecuado (en la época aún se estaba lejos de comprender bien los procesos físico-químicos que acontecían en el horno) para el tipo de fundición, reportaría en una obtención de hierro de baja calidad y un exceso en el gasto de hulla en las operaciones de afino, lo que le restaría la ventaja tecnológica que suponía el moderno alto horno y, por tanto, una merma de la competitividad en el mercado. Por ello, si Orozco hubiera conseguido ajustar correctamente las mezclas de mineral con el combustible adecuado para obtener un producto de calidad aceptable, el Martinete garruchero podría haber sido un rival temible, al menos en lo que respecta a su competencia más cercana, el alto horno de Heredia en Málaga. Sin embargo, esto no llegaría nunca a ocurrir, pues la entrada en liza de las siderurgias asturianas, que combinaban una moderna tecnología y una gran accesibilidad al combustible, sentenció a la ferrería San Ramón, apagando su alto horno en 1864. Este apagado también se vio favorecido por la relajación de los aranceles protectores de los hierros españoles, que había hecho sucumbir de igual manera a otras fundiciones. No obstante, parece que Orozco no se rindió del todo, pues se ha podido recoger una interesante noticia en una carta comercial de Manuel Berruezo Ayora (propietario de la mayoría de las minas de hierro de Garrucha y con el que Ramón Orozco debió llegar a acuerdos para el suministro de mineral a la Ferrería) donde informa a unos empresarios de Barcelona en fecha tan tardía como 1870 que el Martinete había vuelto a funcionar. Quizás esta reactivación estuviese relacionada con la Ley arancelaria de 1869, que rebajó un 85% el arancel que pesaba sobre el carbón mineral y el coque, aunque por el momento este inédito reencendido no ha podido ser confirmado por otras fuentes documentales.

Igualmente es destacable el análisis que se hace en el artículo de la amplitud de mercado que tuvo la ferrería, pues hasta ahora se consideraba que el mercado de la ferrería se ciñó a las necesidades de utillaje de la industria minera cercana y a la fabricación de útiles de hierro forjado para la agricultura de su entorno. Aunque se constata en la reciente publicación que la ferrería cubría la mayor parte de las necesidades de hierro de la zona, la industria garruchera tuvo como fuente principal de sus ingresos la venta de su producción en el mercado nacional, como se constata en los registros de salida de su producción por comercio de cabotaje, por lo que su interés comercial fue más allá del local, como lo prueban además el establecimiento de almacenes en Almería capital y Madrid donde se ofrecían multitud de sus productos. También es evidente el interés que mostró la ferrería por los mercados internacionales, como lo evidencia la promoción del Martinete y sus minerales en la Exposición Universal de Londres de 1862, un buen escaparate para captar potenciales clientes extranjeros, y alguna exportación a Reino Unido, peticiones de manufactura extranjera que podrían haberse visto favorecidas por el arribo continuo de buques británicos a Garrucha y que quizás podrían haberse visto aumentadas si los factores ya comentados no hubieran provocado el cierre de la ferrería San Ramón.

Para más información, pueden conseguir la revista en: SEDPGYM


sábado, 5 de diciembre de 2020

El artículo «El mineral de La Garrucha», galardonado con el XVI Premio Francisco Javier Ayala Carcedo


Cabecera del artículo galardonado, publicado en 2019 en el nº 32 de la revista científica De Re Metallica.
 

La Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero ha concedido recientemente el XVI Premio Francisco Javier Ayala Carcedo a los autores José Berruezo García y Juan Antonio Soler Jódar por el artículo “«El mineral de La Garrucha». El inicio de la minería del hierro en el levante almeriense a mediados del siglo XIX”, que fue publicado en 2019 en el nº 32 de la revista científica De Re Metallica.

Los investigadores abordan en dicho artículo una parte de la historia minera de Almería muy poco conocida, como es el inicio de la minería contemporánea del hierro en el levante almeriense. Aunque los autores mencionan un tímido comienzo en 1852, fue a partir de 1856 cuando se incrementó la actividad minera de manera notoria a raíz de patentarse nuevos procedimientos para la fabricación de acero a escala industrial que requerían mineral de hierro sin fósforo, característica que tiene el del levante.

Desde Carboneras a Pulpí, a lo largo de todo el litoral levantino, se explotaron diversas minas ferruginosas cercanas a la costa, pues el bajo valor del hierro en el mercado solo hacía posible que para que su minería fuese viable económicamente las minas debían estar a una distancia próxima al punto de embarque, no más lejos de 2-3 km. El mineral extraído, que fue muy demandado por las siderurgias europeas, se conoció en la época como el «mineral de La Garrucha», por ser éste el puerto de referencia por el que se exportaba, y llegó a considerarse uno de los mejores minerales de hierro del mundo por sus características físico-químicas, que lo hacía idóneo para la obtención de acero.

Entre los aspectos novedosos que se tratan en el artículo, cabe mencionar la descripción del coto minero de Garrucha, primera vez que esto acontece.

Para más información, pueden leer el artículo completo pulsando el siguiente enlace:

Artículo "El mineral de La Garrucha"


lunes, 2 de noviembre de 2020

Aparece en EEUU la medalla que le concedió la Reina Victoria a un Alcalde de Garrucha en el siglo XIX


Medalla de plata concedida por el Gobierno Británico a D. Asensio Fernández Morán
Cortesía Dr. Noel Fallows

Hace unos días se puso en contacto conmigo el Dr. Noel Fallows, Associate Provost y Distinguished Research Professor de la Universidad de Georgia (EEUU), una de las mayores autoridades mundiales en el campo de la cultura caballeresca medieval y renacentista de la Europa Occidental, con especial énfasis en la Península Ibérica, y que ha publicado recientemente Armas y armaduras de la Justa Real en la Baja Edad Media, libro editado por la Universidad de Valencia.

Dr. Noel Fallows mostrando la medalla

El señor Fallows me hacía saber que cuenta en su colección de medallas con la que le otorgó el Gobierno de Su Majestad Británica la Reina Victoria a don Asensio Fernández Morán (Vera, 1836 - Garrucha, 1912) por el auxilio que prestó al Capitán James S. Hodge, patrón del bergantín inglés Anne, de Plymouth, cuando zozobró su embarcación el 25 de agosto de 1860 frente a la playa de Garrucha. Concretamente, la traducción de la nota de concesión de la Sea Gallantry Medal (Medalla a la Valentía en el mar) dice: "El bergantín Anne, de Plymouth, estaba anclado frente a Garrucha cuando un fuerte oleaje del este volcó el bote en el que remaba el Capitán hacia la playa, y se habría ahogado si las personas nombradas en el margen, con gran riesgo para ellas mismas, no se hubieran lanzado al mar y lo hubieran rescatado de su peligrosa situación (25 de agosto de 1860. P. Gerez-Gerez y Don Acensio (sic) Fernandez Moran, Secretario de la Junta de Sanidad de Garrucha)".

Un gran hallazgo y que agradecemos al Sr. Fallows la gentileza por compartir la medalla con nosotros, pues con su imagen completamos la reseña biográfica que ya escribimos hace unos años sobre D. Asensio Fernández, prohombre de la Garrucha del XIX. Recordaremos que aparte de ser Secretario de la Junta de Sanidad de Garrucha en el año del mencionado incidente marítimo, tiempo después fue Alcalde del municipio en varias ocasiones: 1868, 1874-1879, 1884-1887, 1890-1892 y 1899-1901. Bajo su mandato se construyó la Casa Consistorial, cuya edificación había sido aprobada en 1861; se abrió al servicio público la estación telegráfica; se declaró obligatoria y gratuita la Enseñanza Primaria en la localidad; se formó una banda municipal; se subastó el segundo tramo del Paseo del Malecón, el comprendido entre el Ayuntamiento y la caseta de Carabineros; se compró el terreno para hacer el cementerio que Garrucha tiene actualmente; se impulsó la terminación de la Iglesia de Garrucha; etc. En resumen, hizo al frente de la Corporación Municipal una gestión bienhechora, como recordaron en 1921 los autores del libro Historia de Garrucha, Ramón Cala y Miguel Flores. También fue Juez Municipal.

Para más información sobre D. Asensio Fernández Morán, ver: RESEÑA BIOGRÁFICA 

Detalle de leyenda del canto y retrato de don Asensio Fernández Morán (Cortesía Dr. Noel Fallows y Carmen Aguilera Olmos).