miércoles, 2 de octubre de 2019

EL MINERAL DE «LA GARRUCHA»


En el nº 32 de la revista DE RE METALLICA, editada por la Sociedad Española para la Defensa del Patrimonio Geológico y Minero (SEDPGYM), se acaba de publicar el artículo titulado «EL MINERAL DE LA GARRUCHA». EL INICIO DE LA MINERÍA DEL HIERRO EN EL LEVANTE ALMERIENSE A MEDIADOS DEL SIGLO XIX. El mismo ha sido elaborado por el que escribe estas líneas (José Berruezo García) en coautoría con Juan Antonio Soler Jódar, gran conocedor de la historia minera levantina y Presidente de la asociación Amigos del Patrimonio Minero de Bédar (APAMIBE).

El artículo ve la luz tras una compleja y rigurosa investigación, en la que se ha realizado tanto trabajo de campo visitando los yacimientos arqueológico-mineros, como documental, en el que se han consultado, entre otras fuentes, bibliografía francesa inédita del siglo XIX, prensa histórica, boletines de la provincia de Almería de época, así como diversos fondos del Archivo Histórico Provincial de Almería y del Archivo de la familia Berruezo.

En el artículo se aborda una etapa apenas estudiada de la historia minera del sudeste español, como es el inicio de la minería del hierro en Almería. En 1852 se han constatado las primeras referencias a esta minería en el levante almeriense, aunque fue a partir de 1856 cuando se incrementó la actividad de manera notoria a raíz de patentarse nuevos procedimientos para la fabricación de acero a escala industrial que requerían de hierro sin fósforo, como el del levante. Desde Carboneras a Pulpí, a lo largo de todo el litoral levantino, se explotaron diversas minas ferruginosas cercanas a la costa, pues el bajo valor del hierro en el mercado solo hacía posible que para que su minería fuese viable económicamente las minas debían estar a una distancia próxima al punto de embarque, no más lejos de 2-3 km. El mineral extraído, que fue muy demandado por las siderurgias europeas, se conoció en la época como el «mineral de La Garrucha», por ser éste el puerto de referencia por el que se exportaba, y llegó a considerarse uno de los mejores minerales de hierro del mundo por sus características fisico-químicas, que lo hacía idóneo para la obtención de acero.

Entre los aspectos destacables del artículo, cabe mencionar la publicación de la primera fotografía conocida de una locomotora del ferrocarril Bédar-Garucha y la descripción que se hace de la minería que se desarrolló en el actual término municipal de Garrucha, uno de los cotos mineros más desconocidos del levante almeriense. Dicho coto se ha dividido en varias zonas: La Atalaya, la más importante y donde se registraron minas de plomo e hierro, y Tierras Royas, El Agüechar y Juan Jordana, con minas de hierro.


Plano del término municipal de Garrucha con descripción de su coto minero
Extraído del artículo "El Mineral de la Garrucha. El incio de la minería del hierro en el levante almeriense
a mediados del siglo XIX", publicado en el nº 32 de la revista De Re Metallica, enero-junio 2019.

Autores: José Berruezo García y Juan Antonio Soler Jódar

Los denuncios mineros más antiguos de los que se ha tenido constancia en el pago de La Atalaya datan de 1850, concretamente los de las minas plomizas Iglesia y Mercurio, propiedad de Manuel Berruezo Ayora, mientras que la mina ferruginosa más antigua en dicho pago ha sido Felicidad y Unión, demarcada en 1856, siendo el interesado el cuevano Francisco Martínez Martínez. Esta mina de hierro, una de las más importantes del coto de Garrucha, estuvo participada en esta primera época por la familia Berruezo, pionera de la minería del plomo y del hierro en el levante de Almería. Años después, en 1894 esta mina fue renunciada por su entonces propietario, la Compañía de Águilas, circunstancia que aprovechó el empresario Francisco Berruezo López, sobrino de Manuel Berruezo Ayora, para registrar en los terrenos de la renunciada concesión una nueva mina de hierro de nombre Melilla, poniendo la mina en explotación y cediendo en 1896 a Diego Serrano Torres, minero y vecino de Garrucha, la mitad de las acciones porque en su momento había contribuido a sufragar la mitad de los gastos ocasionados para la concesión de la mina. 

La mina de hierro más antigua que se ha podido localizar en el cerro de Tierras Royas es Hernán Cortés, registrada en 1856 por Manuel Berruezo Ayora. Probablemente las catas iniciales debieron aventurarse prometedoras pues la familia Orozco, siguiendo la estela de la Berruezo, también se implicó en esta zona solicitando Juan Antonio Orozco Segura en 1857 el registro de la mina Por Precaución, un nombre más que indicativo del motivo del registro.

Por otro lado, en 1856 se tiene localizada en el paraje del Agüechar la mina ferruginosa Ciudad de Garrucha, a la que se añadieron al año siguiente las colindantes Camisa y Observador. Las tres eran propiedad de Manuel Berruezo Ayora y parece que sólo estuvieron en explotación en esos años iniciales, según testimonio documental. Asimismo, el registro más antiguo del que se ha tenido constancia en el pago de Juan Jordana es el de la mina de hierro Aparecida, cuyo interesado fue Alejandro Kirkpatrick, vicecónsul inglés en Garrucha.

Probablemente, el mineral de hierro extraído de las minas que se explotaron en Garrucha compartía el mismo destino europeo que el resto de minas del levante que se trabajaron próximas a la costa. También se abre la posibilidad factible de que la Ferrería San Ramón (1858-1864) se nutriese principalmente de estas minas garrucheras cercanas a la fábrica metalúrgica, ya que sin lugar a dudas era más rentable que traer el mineral de lugares más lejanos como Bédar o Cabrera.

Para descargar y leer el artículo completo pulse SEDPGYM 



jueves, 26 de septiembre de 2019

La casa de D. Manuel Berruezo Ayora en Garrucha



Casa-palacio de D. Manuel Berruezo Ayora en Garrucha, posteriormente del ingeniero D. Manuel Lacasa Valdés
Fotografiada por José Rodrigo hacia 1875. Original: Colección del Centro Cultural Espín de Lorca
Extraída del libro Memoria Histórica, Fotográfica y Documental de Garrucha (1861-1936) Vol. II. Autor: Juan Grima Cervantes

Hacia 1875 el conocido fotógrafo lorquino José Rodrigo inmortalizó la casa que poseía en Garrucha, en la entonces calle del Congreso (hoy Paseo del Malecón), el ingeniero de minas D. Manuel Lacasa Valdés. Probablemente, la singular belleza arquitectónica de la edificación motivó que la fotografiase como buen ejemplo del enriquecimiento que estaban viviendo aquellos hombres de negocios dedicados al comercio y la minería en el levante almeriense.

Hoy día se ha convertido en una fotografía icónica de aquellas casas-palacio que poseía la burguesía de Garrucha, símbolo de la opulencia vivida por el municipio en aquellos años de esplendor económico, y que se suele mostrar en libros o exposiciones sobre la historia del municipio.

Gracias a documentos que poseemos relativos a las propiedades que tenía el industrial y comerciante don Manuel Berruezo Ayora, sabemos que su último domicilio particular se encontraba en el nº43 de la mencionada calle, donde residió hasta su fallecimiento en 1874.

Una Providencia Judicial publicada en el Boletín Oficial de la Provincia de Almería, el 23 de febrero de 1886, confirmó que la casa del ingeniero Lacasa fue anteriormente la de D. Manuel Berruezo, ya que en dicha Providencia un juez saca a subasta pública diversas propiedades del ingeniero Lacasa para hacer frente a una deuda, entre las que se encuentra una “casa y almacenes contiguos, sitos en la población de Garrucha, calle del Congreso, número 43”. Por consiguiente, don Manuel Lacasa debió adquirir dicha propiedad a los herederos de D. Manuel Berruezo tras su muerte en abril de 1874, lo que coincide perfectamente con que Rodrigo la fotografiase al año siguiente y referenciase que el propietario era el ingeniero de minas en ese momento.

La casa-palacio, hoy desaparecida, de don Manuel Berruezo lindaba por la derecha con casa de los herederos del vicecónsul inglés D. Alejandro Kirkpatrick y Kirkpatrick, por la izquierda con casa de D. Juan Soto Vela, y por la espalda con la calle de La Libertad (hoy calle Mayor), desde la que también tenía acceso. Tenía una fachada de 32 metros, ocupando una superficie de 935 m2, y estaba compuesta de altos y bajos, así como de varias oficinas y almacenes. Fue reformada notablemente a partir de fincas urbanas que compró en 1856 y 1860 a su hermano D. Diego y a D. Francisco Galindo Carretero, respectivamente.

Tras lo expuesto, la fotografía de esta casa cobra un mayor interés e importancia para la historia de Garrucha, pues aparte de ser, como ya se ha dicho, un ejemplo representativo de las opulentas viviendas de la burguesía minera garruchera, se trata de la casa-palacio de don Manuel Berruezo Ayora, uno de los personajes más importantes del municipio, pues fue, como tantas veces hemos referenciado en este blog, el primer Alcalde de la villa.



domingo, 16 de diciembre de 2018

El «pasado eterno» que nos brinda el Cronista de Cuevas



Vista parcial de la portada del libro "Relatos Fotográficos de Almería en el siglo XIX. Luces en la historia"

Hablar de don Enrique Fernández Bolea es sinónimo de cultura, de historia, de pasión por conocer el pasado del levante almeriense y, más concretamente, por el de su Cuevas del Almanzora natal. Son numerosos los artículos y libros con los que a lo largo de los años este filólogo románico y prolífico escritor ha dado a conocer al público general la historia cuevana y de su entorno. Sin lugar a dudas, la publicación de cualquiera de sus obras se convierte de manera inmediata en referencia para todos los apasionados del pasado de Almería, y una vez más el Cronista Oficial de Cuevas se ha vuelto a superar, sentando cátedra en esta ocasión con la publicación de “Relatos Fotográficos de Almería en el siglo XIX. Luces en la historia”, editado por Arráez Editores y patrocinado por el Ayuntamiento de Cuevas del Almanzora. La obra, pionera en su género, fue presentada en dicha ciudad el pasado 16 de noviembre, así como en Almería capital el 14 de este mes, y ha sido muy bien acogida por todos los interesados en la cultura almeriense, recibiendo el autor felicitaciones unánimes. Es un libro que desde ya se ha constituido en un pilar esencial para conocer la historia fotográfica decimonónica de Almería. A través de sus 344 páginas, muy cuidadas en su edición, se repasa la fotografía en la provincia desde sus inicios en la segunda mitad del siglo XIX, con incidencia en el retrato y en una selección de acontecimientos y hechos sociales significativos, lo que ameniza su lectura. Todo ello con las oportunas contextualizaciones históricas y descripciones.

Disfrutando ya de la lectura de su magna obra, cariñosamente dedicada por mi estimado amigo y con el que colaboramos durante la elaboración de la misma con la cesión de un retrato fotográfico de don Francisco Berruezo López – uno de los primeros realizados en Almería. Ver: Los Berruezo, entre los primeros fotografiados de Almeria –, sólo queda unirse a las felicitaciones públicas por la joya que nos ha entregado fruto de una profunda investigación.

Cartel oficial de la exposición "La Mirada Sorprendida"
Asimismo, anunciamos la exposición La Mirada Sorprendida. Algo más de cien años de fotografía en Cuevas del Almanzora [1865-1973], que abrirá sus puertas el próximo sábado, 22 de diciembre, en la Sala de Exposiciones de La Tercia [Castillo del Marqués de los Vélez de Cuevas del Almanzora]. Con el fin de divulgar todos aquellos aspectos relacionados con su desarrollo a lo largo de los tres meses en los que permanecerá abierta al público, así como los contenidos de la misma, emplearemos de manera constante este soporte. El visitante que se adentre en el espacio expositivo recorrerá la evolución de la fotografía en nuestra localidad y su comarca desde mediados del siglo XIX, muy poco después de su descubrimiento, hasta los últimos fotógrafos del siglo XX que trabajaron con el blanco y negro. Un relato conciso y ameno, plasmado sobre paneles ilustrados con esmero, nos hará avanzar por ese universo, a la vez complejo y apasionante, de la fotografía. Algunas ampliaciones fotográficas que irán salpicando nuestro recorrido servirán para aproximarnos a esas primeras imágenes documentales, tan escasas en aquellos tiempos de pioneros. La proyección de un audiovisual, realizado a propósito para esta muestra, contribuirá a la comprensión de esa evolución técnica, formal y temática de nuestra fotografía a lo largo de más de una centuria. A estos materiales interpretativos y a las reproducciones ampliadas se añadirá una importante colección de piezas originales relacionadas con el desarrollo del invento de Daguerre y Nièpce: daguerrotipos, ambrotipos, ferrotipos, cámaras fotográficas de diferentes épocas y tipologías, visores de estereoscópicas, retratos en distintos formatos, panorámicas originales encartonadas, tarjetas postales ilustradas, álbumes para fotografías y postales pertenecientes a varios períodos, libros y revistas ilustrados con imágenes cuevanas y otros objetos relacionados. La última sección de la muestra está dedicada al protagonismo que se le ha concedido a nuestro castillo a través de la fotografía, ya que, como es lógico, por su atractivo monumental e interés histórico, ha sido uno de los motivos más requeridos tanto por fotógrafos locales como foráneos. La exposición se clausurará el 22 de marzo de 2019.” [Más información: La Mirada Sorprendida]



sábado, 15 de diciembre de 2018

Se cumplen 175 años del establecimiento de la Casa Comercial de D. Manuel Berruezo Ayora en Garrucha


Vista de Garrucha pocos años después de su independencia en 1861. Fotógrafo: José Rodrigo. Hacia 1875
(Extraída del fondo de imágenes de Almería de la Biblioteca Digital de la Diputación de Almería)

No queremos dejar terminar 2018 sin recordar que este año se cumple el 175 aniversario del establecimiento de la Casa Comercial de D. Manuel Berruezo Ayora en Garrucha, la más antigua del municipio –junto con la Orozco– y una de las más importantes de levante almeriense en el siglo XIX.

En 1843, el mismo año que Isabel II juraba ante las Cortes la Constitución de 1837 al declararse su mayoría de edad, don Manuel Berruezo se instalaba en Garrucha, una por entonces pedanía de Vera de poco más de 1200 habitantes que, como puerto natural de la comarca, empezaba a vivir una bulliciosa actividad económica a raíz de la naciente industria minera. Era joven, apenas tenía 27 años, cuando este todavía bisoño empresario nacido en Turre comenzó a abrirse paso en el mundo de los negocios comerciando en un primer momento con géneros traídos de las Islas Baleares. Tal era su valía que en poco tiempo levantó un imperio económico al calor de la frenética actividad minera y comercial que vivía el levante de Almería en aquella época dorada de su historia.

Empresario polifacético y dinámico no se ciñó a única actividad mercantil, dedicándose a diversos sectores (comercio al por mayor de géneros coloniales y del país, compra-venta de propiedades, industria minera, aceitera, panificadora, vinícola, etcétera) y destacándose rápidamente como uno de los principales capitalistas de aquella primigenia Garrucha. Asimismo, como era propio entre los hombres de su condición, su cada vez mayor peso económico en la región lo llevaría a adentrarse en la política local, siendo designado regidor del Ayuntamiento de Vera en 1849, así como candidato a Diputado a Cortes en las Elecciones Generales de 1858.

Sin lugar a dudas, el cenit de su influencia política y económica en la sociedad garruchera de su tiempo vendría a partir de 1854 cuando acaudilló el deseo de la mayoría de las principales familias de la entonces pedanía veratense para segregarla de su matriz. No fue un camino fácil, pero lo consiguieron y aquel histórico 1 de enero de 1861 la historia y el destino premiaron tanto esfuerzo del empresario turrero, tanta entrega por la conquista de la independencia, con el bastón de Alcalde del neonato Ayuntamiento de Garrucha. Durante su mandato, considerado uno de los mejores que ha tenido la villa, abonó la tierra para que el naciente municipio levantino echara profundas raíces y se asentara sobre una irrevocable constitución, acordando y gestionando con su excelente equipo de Gobierno el establecimiento de todas las infraestructuras propias de un municipio soberano.

A la luz de la historia, la instalación de su Casa Comercial en 1843 fue más allá del ámbito personal y profesional de don Manuel Berruezo Ayora, pues sentó las bases de una profunda vinculación de la familia con Garrucha. Una estrecha relación entre la Casa Berruezo y la localidad levantina que con mayor o menor intensidad ha llegado hasta nuestros días, y que ha dado a la villa seis Alcaldes con este apellido – la familia con más regidores de la historia de Garrucha –, aparte de otras vinculaciones públicas como concejales, jueces municipales y de paz, secretarios municipales, vicecónsules, empresarios, etcétera.

Sello la Casa de Comercio de D. Manuel Berruezo Ayora


martes, 20 de noviembre de 2018

Los Berruezo y la Industria del Mármol en Garrucha



Esta foto, realizada hacia 1885 de una cantera de mármol, pertenecía a la colección de
D. José Miguel Fuentes Figuera de Vargas,  nieto del Ingeniero de Minas D. Juan Figuera de Vargas Coche 
y bisnieto de D. Francisco Berruezo López.  ¿Será la cantera de mármol que poseía su bisabuelo en Macael?
En la misma se observa, sentado, al ingeniero D. Manuel Figuera de Vargas, junto a su ayudante y marmolistas.
(Extraída del libro Memoria Histórica, Fotográfica y Documental de Garrucha (1861-1936). Vol. II. Autor: Juan Grima Cervantes)

Un aspecto escasamente estudiado de la rica actividad comercial e industrial de Garrucha en el siglo XIX fue la exportación de mármol que se hacía por su rada. Quizás eclipsado por las poderosas industrias del plomo y del hierro que afamaron a la comarca en la época, el comercio del mármol ha pasado en cierta manera desapercibido pese a existir importantes evidencias del mismo desde antiguo. Ya en la visita que realizó en 1571 el Ingeniero militar don Antonio de Berrío, en su misión de inspección de la Costa del Reino de Granada para la mejora de su defensa, referencia a Garrucha como lugar de encuentro de los marmolistas de la región para su venta:

«Estancia de Garrucha de Vera,
Es mui neçesario hazelle torre, porque, de mas de ser descubierta de Vera para su aviso, es lugar donde los enemigos acuden muchas vezes, repeto de la mucha gente de pescadores y marmoleros que alli acuden, porque es aquí donde tienen gran cantidad de mármol para de aquí llevallo a muchas partes.»

De la repercusión económica que tuvo la industria del mármol para Garrucha a finales del siglo XIX dan idea dos informes del Cuerpo Consular del municipio. El Vicecónsul inglés D. Jorge Clifton Pecket afirmaba en 1899: “Además de las canteras de mármol de Macael, a las que frecuentemente me he referido en informes anteriores, una fuente importante de este mineral se explota mucho más cerca de la costa (El Chive, Lubrín), y grandes bloques de mármol blanco-veteado y uniforme se han traído aquí, donde talleres completos se han establecido para aserrarlos y cortarlos por medio de energía de vapor. Aquí se corta y manufacturan baños, escaleras, pilas, chimeneas, fuentes, etc, con tallado y pulido, y competirán favorablemente en calidad y precio con los talleres hasta ahora exclusivos de Macael”. Por otra parte, unos años más tarde, en 1910, su colega diplomático, el Vicecónsul austrohúngaro D. Fernando Moldenhauer comentó: “Pocas tierras habrá, tan ricas en mármol blanco, a veces con veta negruzca, como este Distrito Consular. Saliendo de Garrucha en dirección a Poniente, encontramos ya mármoles en la Ballabona, y más a la izquierda, hacia Lubrín, en el mismo río de Antas atraviesa un potente filón del mismo mármol. Pero más aprovechable se presenta entre Lubrín y El Chive; allí se cortan piezas de gran tamaño. Pero estos ya considerables criaderos de mármol nada son al lado de las montañas de este material cerca de Albanchez y Cobdar, donde existen fábricas para cortar y moldear el mármol, una inglesa y otra de una Sociedad de Madrid; y pasando adelante se viene a las desde inmemorial tiempo conocidas minas de mármol de Macael, no lejos de Fines, donde aprovechan las aguas del Almanzora para mover las sierras que cortan los bloques de mármol en tablas de todo tamaño. En Garrucha trabaja ahora a vapor una sierra para cortar tablas de bloques de mármol. Antiguamente todos estos mármoles se transportaban a Garrucha para su embarque para Barcelona, Sevilla, Málaga, etc. Hoy van al puerto de Águilas, desde donde se exportan al extranjero.”

La Casa Berruezo, entre su variada actividad empresarial, también se dedicó a la industria del mármol en Garrucha. Se conoce que, al menos, desde 1855 don Manuel Berruezo Ayora comerciaba con ello exportando losas de distinta clase y medidas con destino Barcelona. Asimismo, D. Cleofás Berruezo Castaño poseía una fábrica para aserrar mármoles en el municipio a principios del siglo XX, seguramente la mencionada por el vicecónsul Moldenhauer. También se tienen datos que indican que el rico comerciante don Francisco Berruezo López estaba involucrado en la industria marmolera, pues adquirió en 1882 los derechos de explotación de una cantera en Macael y se sabe que buques de su flota mercante transportaban mármol para su venta en Málaga.

Dato de ejemplo del Laud Diosa Ceres, de 37 toneladas,
propiedad 
de D. Francisco Berruezo López, con destino Málaga,
cargado 
con mármol, tras tocar puerto en Almería capital.
(La Crónica Meridional, Almería, 7/6/1891)

Para hacernos unas idea aproximada de lo que suponía el comercio de esta roca metamórfica tan usada para embellecer las construcciones, daremos algunas cifras estimativas tanto de su precio como las de otras mercancías demandadas y exportadas por Garrucha en 1870. El mármol se pagaba muy bien, a 12 pesetas el quintal, lo que justificaba que incluso fuera rentable traerlo del lejano Macael, a más de 50 km de Garrucha. Era más caro que el jaboncillo (10 pesetas/quintal), el plomo (4-6 pesetas/quintal) o el hierro (0,1 pesetas/quintal), lo que denota que era un producto muy apreciado en el mercado, como lo es hoy día. Obviamente, estos datos varían enormemente en función de la demanda y en los años, por lo que deben tomarse simplemente como orientativos.

No cabe duda de que el negocio del mármol fue importante para el municipio en su época, pues, como se ha visto, aparte de ser Garrucha el lugar preferente por donde se exportaba desde tiempos remotos, también contaba con fábricas para su manufactura.