sábado, 27 de febrero de 2016

El progreso de Garrucha en el siglo XIX


Buque descargando en la playa de Garrucha. Hacia 1900. Fotografía original: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6223&fullsize=1)

GARRUCHA

Si ha cuatro décadas se hubiese exigido al más curioso estadista o al más estudioso geógrafo hablase o escribiese algo sobre la rada de Garrucha, se le habría puesto en un verdadero compromiso, puesto que ni en los mapas mejor trazados, ni en los libros más extensos, se hacía mención de un punto de importancia tan exigua, que era casi desconocido hasta para muchos de los mismos habitantes de la provincia de Almería a la cual corresponde.

Limitada su población a un Alfolí para el depósito de la sal y demás efectos estancados; a un antiquísimo castillo, dedicado a cuartel del Cuerpo de Carabineros; a una pequeña capilla, ofrecida a su patrón S. Joaquín, y en la que sólo los domingos un sacerdote de Vera acudía a celebrar el Santo Sacrificio de la Misa; a seis u ocho almacenes en que se encerraba por algunos comerciantes pequeñas partidas de esparto y de barrilla, que en contados faluchos se embarcaban para los puertos del litoral; a igual número de pequeñas casas, propiedad de familias acaudaladas de Vera que las ocupaban sólo en los meses del estío; a unas cuantas chozas o tiendas de campaña que servían de abrigo en invierno y daban sombra en verano a pobres pescadores; he aquí lo que era Garrucha hace cuarenta años y lo que hubiera continuado siendo, probablemente, si el genio emprendedor del inolvidable hijo de Cuevas, D. Miguel Soler Molina, no hubiese tenido la fortuna de descubrir en la Sierra de Almagrera el rico filón argentífero, que ha pasado a la historia con el nombre del Jaroso, en cuyo barranco lo encontró.

No es nuestro ánimo hacer pública manifestación de la beneficiosas consecuencias que este acontecimiento sorprendente produjo en toda la nación, singularmente en la provincia de Almería, y aún más, en muchísimos de los pueblos próximos a Cuevas, porque está universalmente confesado, que él impulsó y dio vida a la minería nacional, y nosotros los habitantes de este afortunado territorio le debemos el aumento de nuestras poblaciones, la variación de nuestras costumbres, la multiplicación y creación de innumerables industrias, el espíritu de asociación, el activo movimiento comercial que por todas partes se nota, la importación de grandes capitales nacionales y extranjeros que aquí se invierten, la formación de inmensas fortunas y una constante producción de inmensos bienes, difícil de enumerar. Se limita nuestro propósito a dar a conoces la diferencia que existe entre la Garrucha de 1840 y el Garrucha actual, evidenciando de este modo, que, después de Cuevas, es el pueblo comarcano que ha conseguido mayor prosperidad en todos sentidos, a consecuencia del descubrimiento de que hemos hecho mención.

Efectivamente; apenas la exploración y explotación minera de la antigua sierra de Montroy, adquirieron el desarrollo necesario para conocer su verdadera importancia, el genio atrevido del mayor accionista en la mina Observación del barranco Jaroso, D. Ramón Orozco Gerez, levantó en Garrucha una fábrica para la fundición de minerales, que, con el nombre de S. Ramón, funcionó por algunos años; y como a la vez, o por antes se montaban en Villaricos otras dos fundiciones, la del Carmen y Esperanza, y todas tenían imprescindible necesidad de hacer uso del carbón mineral que importaban de Inglaterra; se estableció, a cargo del señor D. Pedro Berruezo, una delegación de la Aduana y Administrador de Rentas de Vera; y a esta rada únicamente surcada por las barcas pescadoras o por pequeñas embarcaciones de cabotaje, se convirtió en un puerto de movimiento activo, al que llegaban diariamente buques de gran porte, flotando al viento las banderas de diferentes nacionalidades, y haciéndose necesaria la creación, en 1844, de una Ayudantía de Marina en Vera, que se trasladó a definitivamente a Garrucha en 1861.

Como en la Sierra Almagrera se hacían nuevos descubrimientos de filones; se establecían en el litoral nuevas fábricas de fundición; la industria minero fabril por consiguiente se desarrollaba a gran escala; el comercio en todos los ramos y en todas las esferas adquiría carta de naturaleza en el país, y se importaban multitud de otras industrias desconocidas, acudieron de diferentes puntos nacionales y extranjeros numerosas familias, que no siendo posible, dadas las condiciones de entonces, pudieran establecerse en una sola localidad, Garrucha por su proximidad a la Sierra y a Cuevas, cabeza del distrito minero, y por sus condiciones especiales, acogió a no pocas, elevando en poco tiempo su vecindario a 1800 habitantes, que consiguieron en Enero de 1861 separarse de su capital, Vera, y constituirse en pueblo independiente.

Contribuyó mucho el aumento de población, que dejamos mencionado, el no menos importante hallazgo de grandes masas de hierros y otros minerales en Carboneras, Bédar, Herrerías y varios puntos cercanos, que promovió la construcción en 1858 de un gran martinete, hoy casi destruido, en el local que fue fundición San Ramón, y la instalación de la fábrica de S. Jacinto que desde entonces funde minerales argentíferos. Además, Garrucha, fue el punto preferido para la residencia veraniega de las familias acomodadas de Vera y de muchos pueblos del río Almanzora, que trajeron tras si otras de las demás clases sociales, y por consecuencia la necesidad de construir edificios, que si en su generalidad no son magníficos, reúnen las condiciones necesarias para la comodidad.

Su perímetro urbanizado, alcanza hoy una extensión próxima de un kilómetro frente al mar, por un tercio de fondo. Cuenta con 1003 casas, distinguiéndose entre ellas la Municipal y las de los Sres. Lacasa, Calvet, Berruezo, Orozco y Giménez; el Hospital, a cargo de las Hijas de la Caridad que ha construido y sostiene el Excmo. Sr. D. Juan Anglada; y el Colegio de párvulos fundado por el Iltmo. Sr. D. José Olverá, digno obispo de ésta diócesis, que también dirigen las Hijas de la Caridad y costea el Ayuntamiento. Su antigua y pequeña Capilla, elevada a Ayuda de Parroquia en 1862, se dotó de pila bautismal en 15 de Enero de 1866, se elevó a Parroquia en 1872, y ha sido ensanchada y embellecida recientemente, convirtiéndola en un templo capaz para las necesidad de la población. Actualmente se levanta a la izquierda de su puerta principal una esbelta torre, en la que además de las campanas, se colocará por el Municipio un reloj.

Funcionan en su término una fábrica de harinas movida a vapor; la ya mencionada S. Jacinto, que funde minerales en 14 hornos productores cada uno diariamente de 30 quintales por término medio, de plomo argentífero y que tiene próximo a encender un alto horno, sistema alemán, primero de esta clase en el país, y la gran fábrica de desplatación de D. Enrique Calvet y Lara, de que hemos hablado en números anteriores.

Hay muchos almacenistas al por mayor y menos de géneros coloniales y extranjeros; varias casas de consignación y comisiones, y no pocas naciones de Europa y América tienen establecidos viceconsulados.

Las dependencias del Estado consisten en la Ayudantía de Marina; la Administración subalterna de efectos estancados; la Aduana marítima; la capitanía de Carabineros; los torreros que alimentan el faro de 4º orden, constituido hace tres años, próximo al antiguo castillo; y un empleado en el telégrafo municipal, cuya corporación satisface sus honorarios.

La Aduana ha recaudado en el año 1882-83 la suma de pesetas 451.364,57; y las mercancías introducidas y exportadas fueron las siguientes:

IMPORTACIÓN
Kilogramos
Carbón hulla
13.330.859
Carbón cocke
30.362.391
Maquinaria
1.110.443
Varios
2.544.450

EXPORTACIÓN
Kilogramos
Plomo argentífero
14.328.651
Plomo pobre
8.994.523
Mineral argentífero
605.000
Mineral de hierro
39.030.300
Mineral cobrizo
7.500
Plata en barras
7.493
Otros efectos
5.011.101

Además han salido por cabotaje:

Plomo argentífero
713.938 Kg
Plomo pobre
65.197 Kg
Plata en barras
6812 Kg

Han entrado 91 buques cargados y 78 en lastre; y han salido, con carga 134 y en lastre 35.

En los dos meses que llevamos del actual año ha percibido la Aduana por derechos 99.412 pesetas con 32 céntimos y la importación y exportación ha sido:

IMPORTACIÓN (Kg)
Julio
Agosto
Carbón hulla
2.688.695
362.308
Carbón coke
4.890.770
2.608.550
Maquinaria
11.955
125.583
Otros efectos
363.868
2.117

EXPORTACIÓN (Kg)
Julio
Agosto
Plomo argentífero
1.163.249
1.351.610
Plomo pobre
870.907
370.300
Mineral hierro
6.100.000
13.180.000
Otros efectos
50.600
789.700

Salida por cabotaje (Kg)
Julio
Agosto
Plomo argentífero
408.190
239.732
Plata en barras
1.529
1.417

Entrada de buques
Julio
Agosto
Cargados
8
5
En lastre
13
10

Salida de buques
Julio
Agosto
Cargados
12
15
En lastre
7
2

A excepción de Cuevas, es pues Garrucha, entre todos los pueblos de un extenso territorio, en que lógicamente había de influir muchísimo el descubrimiento de las minas de la Sierra de Almagrera, la población que ha recogido más opimos frutos, no solo haciendo de un pequeño caserío dependiente de Vera, y de una ignorada playa, una Villa independiente de regular vecindario y un puerto de 2ª clase, según lo declaró el Gobierno de S.M. en el año 1881, sino una plaza comercial que surte a casi todo los pueblos de ésta parte de la provincia a casi todos los pueblos de ésta parte de la provincia de Almería, y un centro industrial que da ocupación y alimento a multitud de familias; y que tiene en lontananza un porvenir aún más bello que consiste en la realización de los proyectados ferrocarriles entre Garrucha y el Jaroso, y entre Bédar y Garrucha.

Pensábamos concluir haciendo algunas consideraciones sobre esta población bajo el punto de vista de sus excelentes condiciones para pasar en ella la época veraniega y tomar en su hermosa playa los baños de mar, pero lo dejamos para otra ocasión por no hacer más largo el presente artículo.


(El Minero de Almagrera. Cuevas de Almanzora, 9 de septiembre de 1883)



domingo, 21 de febrero de 2016

D. Pedro Berruezo Ayora (1800-1873). Parte II


En la noche del 16 de febrero de 1826, Don Pedro Berruezo participó, junto a otros 17 compañeros del Resguardo, en una reñida acción en la Cala del Plomo (Níjar, Almería) contra un gran número de contrabandistas que se encontraban allí reunidos para el alijo de una Palacra. Este hecho le valió que Fernando VII, mediante la Real Orden de 12 de marzo del citado año, le otorgara una paga extraordinaria en recompensa por el gran servicio realizado. Este tipo de acciones, en muchas ocasiones adquirían carácter de actos de guerra, ya que estos funcionarios de Hacienda se solían enfrentar en minoría a decenas de delincuentes perfectamente armados y que solían presentar dura batalla para defender sus cargas de contrabando.

Uniforme Carabinero de Costas y Fronteras, 1829.
El 1 de enero de 1830, por reestructuración de los cuerpos armados dependientes de Hacienda, ingresó en el Real Cuerpo de Carabineros de Costas y Fronteras. Este nuevo instituto fue fundado mediante el Real Decreto de 9 de marzo de 1829 y nacía "para hacer la guerra al contrabando, para prevenir o atacarlo vigorosamente en sus puntos de generación, y perseguirlo en todas las direcciones hasta su exterminio". La vida de estos carabineros no era fácil, obligados a costear su uniforme, armamento y equipo, no eran bien vistos en las poblaciones costeras propensas al contrabando, donde en alguna que otra ocasión se los emboscaba y asesinaba. Además, para desempeñar este empleo se exigía una honradez extrema, ya que la tentación y el soborno estaban a la orden del día, por lo que se solían ordenar duros castigos a aquellos empleados corruptos.

La muerte de Fernando VII el 29 de septiembre de 1833 iba a cambiar el devenir del país. España se embarcó en una sangrienta guerra civil entre los cristinos o isabelinos, los partidarios de Isabel II, la hija del Rey fallecido, y los carlistas, partidarios del infante Don Carlos, hermano de Fernando VII, que no aceptaban la Pragmática Sanción de 1830. Los primeros abogaban por la implantación en España de una monarquía liberal, constitucional, al símil de los países más desarrollados de Europa, mientras que los segundos apostaban por la continuidad de la monarquía tradicional. Así pues, dio comienzo la que fue conocida como Primera Guerra Carlista (1833-1840).


A finales de octubre de 1833 D. Pedro Berruezo pasó a prestar servicio de campaña contra los carlistas a las órdenes del Capitán General de Galicia. El Real Cuerpo de Carabineros fue movilizado en casi toda España y lucharon junto al Ejército regular en columnas y batallones. Nuestro biografiado se halló en las acciones que se verificaron contra “los enemigos de la libertad” en el noroeste peninsular hasta que el 27 de mayo de 1834 obtuvo licencia absoluta al resultar herido. Inhábil para el servicio temporalmente fue jubilado de su empleo en la Real Hacienda el 30 de mayo.

Desde 1834 estuvo en Almería convalenciente y cuidó de su padre D. Cleofás Berruezo de Aro, que comenzaba a tener una precaria salud. También se dedicó en mayor medida a la administración de las posesiones familiares y se preocupó de asistir económicamente a su cuñada Dña. María Cañadas, viuda de su hermano D. Cleofás Berruezo Ayora. Asimismo, se centró en la educación de su extensa prole.

Años más tarde, restablecida su salud, el 6 de noviembre de 1845 volvió a ingresar en la Real Hacienda como Dependiente de la Ronda de Visita de los Derechos de Puertas de Almería. Posteriormente se trasladaría a vivir a Garrucha, donde su hermano D. Manuel Berruezo se había asentado como un potente empresario.

A nivel familiar, Don Pedro Berruezo Ayora se casó en Viator (Almería) con Dña. María Teresa López Moraga el 1 de enero de 1824. Fruto del matrimonio nacieron los siguientes ocho hijos: Don Cleofás, Don Pedro, Don Miguel, Doña María, Doña Josefa María, Doña María Josefa, Don Francisco y Don Diego Berruezo López.

Finalmente, Don Pedro Berruezo Ayora falleció en su casa de la calle Libertad Nº 42 de Garrucha el 3 de enero de 1873, a la edad de 72 años. Su muerte fue muy sentida, ya que dejaba este mundo el mayor de los Berruezo Ayora al que, por la diferencia de edad, alguno de sus hermanos consideraban casi como un segundo padre. Hombre curtido en un tiempo convulso para España tuvo que soportar a nivel personal, con resignación cristiana, la muerte de seis de sus ocho hijos. Sólo sus vástagos Dña. María Josefa y D. Francisco Berruezo López le sobrevivieron. Este último se convirtió en uno de los personajes más importantes de la Historia de Garrucha. (Ver la primera parte de su biografía y siguientes: D. Francisco Berruezo López (1841-1917). Parte I)

Como homenaje póstumo qué mejor que dejar el comentario que le tributó su hijo D. Francisco a su muerte:

Hoy a la una de la tarde ha entregado su alma a Dios N.S. mi queridísimo y venerable padre D. Pedro Berruezo Ayora, a la edad de 72 años.
Dios lo haya acogido en su seno y lo tenga en su Santa Gloria.
Ha sido modelo de esposo y cariñosísimo padre, muy cristiano y amante a la Santa Religión; y por su bondad y natural sencillez le hicieron amable a cuantos le conocieron y trataron.

viernes, 19 de febrero de 2016

D. Pedro Berruezo Ayora (1800-1873). Parte I


D. Pedro Berruezo Ayora nació en Vera (Almería) el 31 de diciembre de 1800. Era el primer hijo varón del militar, hacendado, Cabo del Resguardo y Héroe de la Guerra de la Independencia D. Cleofás Berruezo de Aro y de su mujer Dña. Juana Ayora Guevara, hija del veterano militar y empleado de la Real Hacienda, D. Fernando Ayora Mellado.

Vino al mundo en una España oficialmente tranquila y en paz aunque temerosa de que los ecos de la revolución francesa calasen en las clases populares españolas y pusiesen en jaque a instituciones de tanto peso e importantes en el país como el clero y la Monarquía. Por ello, el Gobierno de Carlos IV decretaría en un primer momento el aislamiento respecto de Francia, y se movería en los años finales del siglo XVIII y principios del siglo XIX entre una enemistad y amistad con la Francia nacida de la revolución.

En 1799 llegó al poder Napoleón Bonaparte y para sus intereses necesitaba la ayuda de España, particularmente de su Armada para hacer frente al poderío naval británico. Así pues, en 1801 ambas naciones firmaron el Convenio de Aranjuez, por el que las flotas de ambos países se unían contra Gran Bretaña.

De acuerdo con esta colaboración y amistad con la Francia Napoleónica, Godoy, valido de Carlos IV, declaró la Guerra al principal aliado del inglés en la península ibérica, Portugal. En la conocida como Guerra de las Naranjas de 1801, un conflicto breve y contundente, España tomó posesión de Olivenza y obligó a Portugal a que no permitiese el atraque de navíos británicos en sus puertos.

El 21 de octubre de 1805, se presentó la ocasión de golpear duramente la hegemonía británica en los mares, pero la escuadra combinada franco-española fue derrotada frente al Cabo de Trafalgar por la inglesa comandada por el Almirante Horacio Nelson. Este fracaso, donde lo más granado de la Armada Española fue sacrificado por la ineptitud del jefe de la escuadra, el Almirante francés Villeneuve, supuso para Francia una inesperada derrota naval en su lucha contra el inglés, pero para España supuso más que eso, ya que iniciaría el declive de su antaño poderosa flota, que quedaba huérfana de sus más aptos marinos.

Firma del Tratatdo de Fontainebleau en 1807
En 1807, el Gobierno de España, supeditado claramente a los intereses de Napoleón, firmó el Tratado de Fontainebleau, por el que España y Francia acordaban repartirse Portugal. Así pues, Godoy concedió derecho de paso por territorio español a las tropas napoleónicas que tenían como meta la ocupación del país luso. Sin embargo, los hechos que se derivaron de esta entrada de soldados franceses en España son por todos conocidos y dio comienzo la afamada Guerra de la Independencia (1808-1814). Un conflicto armado, donde gracias a la raza irreductible y conquistadora del pueblo español se pudo defender la honra, honorabilidad e independencia de la Nación. España demostró al mundo que el glorioso ejército de Napoleón no era invencible y señaló al orbe que entre los Pirineos y Gibraltar se encontraría la tumba de Napoleón y sus pérfidos acólitos.

Regresando a nuestro biografiado, Don Pedro Berruezo era un mozalbete de unos 10 años cuando la Guerra de la Independencia llegó al levante almeriense. Maduro y curtido por la necesidad del momento, vería la crueldad y la vileza de que es capaz el ser humano en una guerra sin cuartel y sumamente violenta. Su padre, al lado del pueblo, combatía ferozmente a los franceses, por lo que es muy probable que Don Pedro sirviese de enlace entre su padre y su casa o como correo valija. Además de ser el hombre de su casa, hasta donde su pequeña edad comprendía, en las ausencias de su valiente padre.

Terminado el conflicto bélico contra el francés y vuelta la aparente normalidad al país, Don Pedro Berruezo tuvo una adolescencia acomodada en el seno de una familia con posesiones repartidas por los municipios de Turre, Bédar, Vera, etc.

Siguiendo los pasos de su padre como funcionario de la Real Hacienda, el 1 de febrero de 1824 ingresó en Almería en el Resguardo de Rentas.

El 7 de agosto de 1824, Don Pedro Berruezo tuvo una actuación muy destacada en la lucha contra el contrabando, ya que logró capturar 70 “cargas de fraude” que transportaban en 13 caballerías unos conocidos defraudadores, por lo que fue felicitado por sus superiores. Este gran alijo apresado estaba relacionado con los preparativos de una rebelión liberal que se estaba tramando de manera inminente en Almería, y que contaba con la colaboración de contrabandistas.

Soldado "colorao". Almería, 1824.
La Expedición de los Coloraos, como es popularmente denominada por el color rojo de las casacas que llevaban, fue un fallido intento insurreccional liberal que trató de irrumpir en España a través de Almería. Fue promovida por los emigrados liberales de la Sociedad de Caballeros Comuneros, que operaba en Gibraltar desde la caída del régimen constitucional en 1823, aunque como definía la propaganda absolutista a sus participantes, eran hombres “sin leyes, sin religión, sin gobierno, sin soberanos, sin temor a castigos, ni suplicios, siempre agitados y dispuestos a tomar las armas contra los verdaderos hijos de la patria, para saquearlos y exterminarlos, alimentándose con la gloria de ver correr la sangre de sus hermanos, y cuando no hubiese quedado con un país que satisfacer su codicia y su zaña fiera, llevar a otro la desolación; semejante generación de hombres tan perversos, peores que los Nerones y Atilas, despreciando la clemencia de un Rey, que los ha mirado como un tierno Padre a sus hijos, conservan en su corazón un veneno mortífero, con que maquinaban el plan más sanguinario”.


Almería, enterada de la más que posible llegada a su puerto de un cuerpo revolucionario y previniendo probables apoyos internos, publicó un bando para que los militares foráneos no ocupados en servicio que se encontraban en la ciudad marchasen a sus casas, así como la expulsión de los civiles que llevasen empadronados menos de tres años. Asimismo, todos los vecinos que hubiesen pertenecido a la Milicia Nacional deberían entregar las armas. El Gobernador militar, de acuerdo con el Ayuntamiento de Almería, ordenó a las Fuerzas del Orden la defensa y vigilancia de la ciudad ante posibles reuniones o movimientos sospechosos de traición al Rey Fernando VII. Los defensores estaban compuesto por un escaso número de Voluntarios Realistas, Inválidos, Dependientes del Resguardo de Rentas Reales (entre los que se encontraba Don Pedro Berruezo Ayora) y vecinos afectos a la causa absolutista del Rey. A todos ellos, como dijo más tarde la propaganda de la época, les unía “el espíritu y amor a la Real persona de S.M. que reina en sus corazones.”

Pablo Iglesias
Líder de la fallida insurrección liberal
Finalmente, las sospechas se convirtieron en realidad. A las tres de la madrugada del 14 de agosto de 1824, se acercó cañoneando a Almería un bergantín acompañado de un falucho, a lo que contestaron con bravura las baterías de la ciudad. En estos buques iban unos 50 hombres uniformados y armados a las órdenes del Coronel D. Pablo Iglesias, que no les quedó otra que desembarcar a unos 6 kilómetros de la ciudad.

Los “enemigos del Rey” establecieron su Cuartel general a unos 30 Km de Almería, en Huécija, donde reunieron una considerable fuerza de más de 400 soldados y 80 caballos con los que marcharon sobre la ciudad. Ante estos alarmantes hechos, el Gobernador militar de Almería, viendo ciertos movimientos afectos a la causa revolucionaria y queriendo asegurar la lealtad total de la plaza, condujo a prisión a todos los sospechosos que presumiblemente simpatizaban con la causa invasora. Asimismo, ante la inminente llegada de los revolucionarios a la ciudad dijo: “no temamos hijos leales de Almería, la victoria será nuestra, si al amor que tan vivamente arde en nuestros pechos por la defensa de los sagrados derechos de la persona de S.M. y de nuestro patrio suelo, unimos como primero y principal objeto el de la Religión de Jesucristo que siguieron nuestros padres”.

El 16 de agosto llegaron los sublevados a la puerta de Purchena de la amurallada Almería al grito de ¡Viva la Constitución!, y tratando de que el miedo y la confusión asolara a los de Almería exclamaban: ¡Ya estamos aquí!¡Salgan los hombres libres! En respuesta atronadora a los atacantes, los valientes defensores, entre los que se encontraba D. Pedro Berruezo, gritaban a pecho henchido ¡Viva el Rey! A lo que los revolucionarios contestaban ¡muera y viva Riego y la libertad! Finalmente, tras horas de batalla, donde los asaltantes intentaron acceder por diversos puntos a la ciudad, fracasaron en la toma de Almería y sufrieron cuantiosas bajas. Los “infames enemigos de Su Majestad” se retiraron a Benahadux y a otras poblaciones en su huida donde fueron derrotados y apresados 31 hombres. El 24 de agosto de 1824 fueron fusilados casi todos ellos en Almería, en la Rambla de Belén.

Fusilamiento de los liberales en la Rambla de Belén el 24 de agosto de 1824
El Manifiesto circunstanciado, publicado en 1824, sobre lo “ocurrido en la ciudad de Almería en los días 14 y 16 de Agosto con motivo de haber estallado la conspiración trazada por los enemigos del Rey y del Altar”, resaltó la bizarría y constancia en la “gloriosa defensa” de la ciudad que hicieron los hombres del Resguardo de Rentas Reales, a las órdenes de su comandante D. Manuel Zurita. “No hay pluma que encomie con perfección el elogio que respectivamente se merece cada uno de los que han presentado sus pechos a sus enemigos”.

[Continuará]


domingo, 14 de febrero de 2016

Los hijos de Don Diego Burruezo Ayora


Don Diego Burruezo Ayora contrajo matrimonio con Dña. Amalia Abad y Palau (1828-1885), natural de Valencia e hija del médico cirujano D. Hilario Abad Cibera. El matrimonio tuvo lo siguientes hijos:

Dña. Amalia Burruezo Abad  nació en Turre (Almería) el 14 de julio de 1844. Falleció soltera y sin hijos en Madrid a principios de junio de 1905.

Nota de La Correspondencia de España (Madrid, 4/6/1905)

D. Baldomero Burruezo Abad nació en Baza (Granada) el 29 de agosto de 1847. Se sabe que fue Oficial de la Contaduría Central de la Isla de Cuba en la década de 1870. Precisamente, en esta provincia española de ultramar fallecería su madre el 30 de julio de 1885, siendo enterrada en el Cementerio de Cristóbal Colón de la Habana. No se tienen más datos.

Dña. Victoria Burruezo Abad nació en Requena (Valencia) el 23 de julio de 1851. Falleció en Madrid el 18 de junio de 1880 víctima de tisis a la edad de 28 años. Estaba casada con D. Melchor Cantín Lorca. No tuvo hijos.

D. Fernando Burruezo Abad nació en Requena (Valencia) el 30 de mayo de 1854. Sin más datos.

Dña. María del Mar Burruezo Abad nació en Madrid el 5 de septiembre de 1862. Se casó en primeras nupcias en Madrid el 11 de octubre de 1890 con el estudiante de Derecho D. José María Zoraya y Jon, hijo del notario D. Juan Zoraya. Este matrimonio duraría apenas tres años, ya que su marido falleció de manera inesperada en 1893. No tuvieron hijos. En segundas nupcias Doña María del Mar contrajo matrimonio con el afamado jurista D. Augusto Fernández-Victoria y Cociña. No tuvieron descendencia.

Esquela publicada en el ABC (Madrid, 13/2/1929)

D. Diego Burruezo Abad nació en Madrid el 15 de septiembre de 1865. Sin más datos.

Concluye esta entrada con la esperanza de poder contactar en el futuro con alguno de los descendientes de estos hijos.


viernes, 12 de febrero de 2016

D. Diego Burruezo Ayora (1810-1874). Parte II


Como ya contábamos en la parte I de su biografía, el 27 de octubre de 1841 fue nombrado Oficial 9º de la Administración Principal de Correos de Barcelona. Asimismo, el 2 de octubre de año siguiente fue ascendido por orden de S.M. La Reina a Oficial 8º.

Jamancios. Barcelona, 1843
En estos primeros años de la década de 1840, Barcelona se veía inmersa en una ola de revoluciones de carácter progresista y a las que D. Diego Burruezo no fue ajeno. La Jamancia fue una insurrección de corte liberal del ala más radical del republicanismo catalán que se produjo en agosto de 1843  al sentirse engañados con los prometidos objetivos democráticos y de reforma social que el General Prim les había manifestado para que Barcelona apoyara el pronunciamiento contra el Regente Espartero durante el mes de mayo anterior, y que creyeron fue una simple estratagema para que se unieran al movimiento revolucionario. Unos cuantos empleados de Correos de Barcelona apoyaron la insurrección, entre ellos Don Diego, que fue nombrado segundo al mando de la sublevada Administración General de Correos de la ciudad condal. Finalmente, Prim fue el encargado de reprimir la revuelta, que duró hasta el mes de noviembre, y la ciudad fue duramente bombardeada desde el castillo de Montjuic, aunque recientes estudios indican que la orden no provino del mencionado General, sino del Capitán General de Cataluña, D. Laureano Sanz.

Por su participación en dicha revuelta, Don Diego Burruezo fue represaliado y cesó, a principios de octubre de 1843, como empleado del ramo de Correos por mandato del Gobierno Provisional de España. En esta situación se encontró durante toda La Década Moderada (1844-1854). Ante esta realidad de desempleo, regresó al levante almeriense a finales de 1843, donde pudo abrazar nuevamente a sus hermanos y visitar la tumba de sus padres, ya que desde 1830 permanecía fuera de su casa natal. En los años que permaneció en el levante de Almería, se asoció a la Casa Comercial que su hermano D. Manuel Berruezo estaba levantando en Garrucha. Así pues, se compró una casa en este municipio (entonces todavía pedanía de Vera) y se introdujo en la naciente inversión minera, que empezaba a producir enormes beneficios a aquellos que se adentraban en este sector. Se conoce que fue, al menos, accionista de la Mina Misericordia (1845), situada en Sierra Almagrera (Cuevas del Almanzora), y Vicepresidente de la Sociedad que pretendió explotar la Mina Seis Hermanos, situada en la misma Sierra, constituida por su hermano Don Manuel Berruezo Ayora en 1843.

En el verano de 1854, Don Diego Burruezo se encontraba en Madrid, procedente de Requena (Valencia), donde algunos de sus hijos habían nacido. En la capital del Reino participó activamente en la revolución, conocida como la Vicalvarada, que puso fin al gobierno de los moderados y dio paso al llamado Bienio Progresista (1854-1856). Don Diego, tirando de su veteranía como Teniente retirado de Caballería y su afinidad ideológica con los liberales progresistas, se puso rápidamente al servicio de los sublevados, que triunfaron. Por su actuación en dicho Levantamiento Nacional, fue agraciado en 1855 con el nombramiento de Capitán de Caballería por la Reina Isabel II, auspiciado por el General D. Leopoldo O’Donnell.

Llegados los progresistas al poder y, por tanto, cambiado el signo político del gobierno que lo había represaliado, Don Diego solicitó en agosto de 1854 el reingreso como funcionario. Así pues, el 12 de septiembre de dicho año, mediante Real Decreto, la Reina Isabel II lo nombró Oficial 3º de la Administración Principal de Correos de Lérida. Iniciaba de nuevo su carrera profesional, llegando a ostentar en la década de 1860 el importante empleo de Administrador de las estafetas ambulantes del ferrocarril del Norte y de la de Madrid-Barcelona. Las estafetas ambulantes eran los trenes correos.

Finalmente, Don Diego Burruezo Ayora falleció en Madrid el 2 de mayo de 1874, a la edad de 63 años. En la conmemoración del día del inicio de la Guerra de la Independencia expiró aquel que vino al mundo en el transcurso de la misma, casualidades de la vida. Se le dio sepultura en el cementerio de la Sacramental de San Lorenzo de la capital. Concluía la vida de un destacado miembro familiar, de un hombre de su tiempo comprometido con la causa liberal y el progresismo.

Como homenaje póstumo a este célebre personaje dejemos la melodía del Himno de Riego, que tanta significación debió tener para él, aquel himno monárquico constitucional de la época fernandina que cantaban los bravos soldados isabelinos en sus marchas durante la Primera Guerra Carlista y que fue el ritmo que exaltaba el corazón de las revoluciones populares. 



sábado, 6 de febrero de 2016

D. Diego Burruezo Ayora (1810-1874). Parte I


Don Diego Burruezo Ayora nació en Vera (Almería) el 4 de diciembre de 1810. Era hijo del militar, hacendado, Cabo del Resguardo y héroe de la Guerra de la Independencia, Don Cleofás Burruezo de Aro y Doña Juana Ayora Guevara, hija del veterano militar y empleado de la Real Hacienda D. Fernando Ayora Mellado.

Vino al mundo en una época difícil, en plena Guerra de la Independencia. Era un momento delicado, su padre combatía con furia española a los pérfidos gabachos a través de las escarpadas Sierras de la Andalucía Oriental, mientras su madre, sufrida esposa, sacaba adelante a una extensa prole con el continuo temor de que los franceses prendieran o mataran a algún miembro de la familia como escarmiento si descubrían que el patriarca era un destacado patriota contra el invasor francés.

Terminada la Guerra de la Independencia en 1814 y vuelta la aparente normalidad a España, Don Diego se crio en el seno de una familia acomodada, ya que los Berruezo disfrutaba de una posición holgada con tierras en Turre, Bédar, etc.

Caballería de Línea en 1830
El 27 de marzo de 1830, a los 19 años, fue quintado por el Ejército, sentando plaza el 21 de agosto como soldado en el Regimiento de Caballería 1º del Rey de Línea. Fue el inicio de una fulgurante carrera militar que le llevará a la oficialidad y a ser hombre de confianza y gran estima para sus superiores.

El 29 de septiembre de 1833 moría Fernando VII, uno de los monarcas más denostados por la Historiografía. Su muerte dio inicio a un problema sucesorio que derivaría en una cruenta guerra civil entre los partidarios de Isabel, la hija del soberano fallecido, y el hermano de éste, Carlos María Isidro, que no aceptaba la Pragmática Sanción de 1830 por la cual su sobrina sería la nueva Reina. Se enfrentaron las dos Españas, pasado frente a futuro, la tradición frente al progreso, los absolutistas de Carlos frente a liberales de Isabel.

Cruz de Isabel II
Nuestro biografiado se encontraba desde 1832 en Valencia sirviendo con su Regimiento cuando España estalló por los aires. Daba comienzo la Primera Guerra Carlista (1833-1840).

En 1834, Don Diego Burruezo ostentaba ya galones de Sargento 2º de la 2ª Compañía del Regimiento de Caballería de Línea 1º del Rey. Además lucía sobre su pecho la Cruz de Isabel II, conocida oficialmente como Cruz de María Isabel Luisa. Esta condecoración fue establecida por Fernando VII mediante el Real Decreto de 19 de marzo de 1833 y se instituía por el deseo del Monarca de “dar a las tropas de todas las Armas de mi Ejército y las de mi Real Armada, en la solemne y fausta ocasión de la jura de mi muy querida Hija primogénita, como Princesa heredera de la Corona, a falta de varón, una muestra de mi real benevolencia y del aprecio que me merecen las continuas e inequívocas pruebas que recibo de su acendrado amor y lealtad a mi real persona, a la de la Reina, mi muy cara y amada Esposa, y a los legítimos derechos de mi directa descendencia”.

En junio de 1835 se encontraba ya sirviendo en campaña con su Regimiento en Castilla la Vieja. El 19 de agosto de dicho año se halló en la importante acción de Almarza (Soria), donde sirviendo a las órdenes del Coronel Mir derrotaron a las tropas carlistas del afamado Cura Merino.

A finales de enero de 1836 pasó a servir encuadrado en el Ejército del Norte, participando en todas las acciones que efectuó este contingente. Se halló en el memorable levantamiento del Sitio de Bilbao de 1836, distinguiéndose sobremanera por su valor, arrojo y fuerte compromiso con la causa liberal en los meses que duraron las operaciones militares, que propiciaron el nuevo fracaso carlista por conquistar la capital vizcaína. Tanto fue así que las Cortes declararon a D. Diego Burruezo Ayora Benemérito de la Patria el 14 de enero de 1837, esto es la consideración de Héroe Nacional en recompensa por los servicios extraordinarios en favor de España que desarrolló en el levantamiento del dicho Sitio.

Medalla conmemorativa del Sitio de Bilbao de 1836
(http://www.acsearch.info/search.html?id=1511569)

Asimismo, se halló en la acción de Aránguiz en diciembre de 1836 y juró “la Constitución política de la Monarquía”, de acuerdo con el Real Decreto de 14 de Agosto de 1836 por el cual la Reina Regente establecía la Constitución de 1812.

D. Baldomero Espartero
El 10 de marzo de 1837  D. Baldomero Espartero, General en Jefe del Ejército del Norte, salió de Bilbao en dirección hacia Durango. En el camino, en los altos de Santa Marina, en las inmediaciones de Galdácano, se topó con un grueso contingente carlista bien atrincherado y dispuesto a cortarle el paso al bravo general isabelino. Espartero, confiado en la bravura de sus hombres, entre los que se encontraban Don Diego Burruezo, decidió lanzarse a combatir temerariamente para abrirse camino. Al frente de la vanguardia marchó el General presto a derrotar a “los enemigos de la libertad”. Espartero, herido en el brazo, consiguió desalojar a los carlistas de las alturas de Santa Marina, replegándose éstos a Galdácano, donde serían nuevamente derrotados. Don Diego Burruezo, que se distinguió notablemente en estas acciones fue felicitado y ascendido, sobre el campo de batalla, a Sargento 1º por el mismísimo Espartero. Este gesto de consideración hacia su persona, impactaría enormemente a Don Diego y años más tarde bautizará a su primer hijo varón con el nombre del insigne general liberal.

Dos meses más tarde, el 15 de mayo, Don Diego Burruezo, a las órdenes de Espartero, participó en la importante toma de Hernani, donde unos derrotados carlistas se retiraron a la línea de Andoain, evacuando Oyarzun, y dejando a su suerte a Irún y Fuenterrabía. Asimismo, el 3 de octubre de 1837 se halló en la acción de Alcanadre, donde hirieron a su caballo.

A finales de abril de 1838 pasó a la 6ª Compañía por disposición de su Jefe.

El 16 de Febrero de 1839 Su Majestad la Reina tuvo a bien nombrarlo Alférez de la 2ª Compañía del Regimiento Navarra 7º de Caballería Ligera y pasó a prestar servicio de campaña encuadrado en el Ejército de Cataluña.

El 20 de enero de 1840, a las órdenes del General D. Jaime Carbó, participó en la conocida acción contra los carlistas en las breñas de las Timbas, donde fueron derrotados tres mil infantes y más de un centenar de jinetes enemigos. Algo más de un mes más tarde, en la noche del 10 al 11 de marzo se halló en el ataque por sorpresa que hicieron los isabelinos a la población de Alpens (Barcelona), lugar de las oficinas de intendencia, reparto y cobro de contribuciones, juzgado, gobierno militar y factorías carlistas. Todo fue confiscado o destruido por los liberales, ocasionando un gran daño al carlismo.

Lancero carlista abatiendo jinete isabelino
Asimismo, Don Diego Burruezo se halló en la importantísima Batalla de Peracamps, desarrollada en los días 24, 26 y 28 de abril de 1840. Este combate fue el más importante que se desarrolló en toda la Primera Guerra Carlista en Cataluña y enfrentó a un gran contingente de hombres por ambos bandos. Esta decisiva victoria liberal sentenció definitivamente la derrota de los carlistas en la guerra y no hubiera sido posible sin la formidable, valiente y temeraria actuación de los 700 jinetes de la caballería isabelina que demostraron su bravura. Nuestro biografiado se distinguió de manera sobresaliente en esta batalla al mando de su Compañía. Incluso fue muerto su caballo en el fragor de la batalla, lo que no medró la valentía de Don Diego, ya que persiguió y acosó sin descanso, en los meses siguientes, a los carlistas hasta expulsarlos a Francia. Su sobresaliente actuación en la Batalla de Peracamps le valió el ascenso a Teniente de manos del Capitán General de Cataluña, D. Antonio Van Halen.

Desde finales de julio de 1840 permaneció en los cuarteles de Gerona y Barcelona, haciendo los servicios de su clase.

Finalmente, terminada la Primera Guerra Carlista, fue baja en el Ejército el 30 de noviembre de 1841 por haber sido nombrado, el 27 de octubre, Oficial 9º de la Administración de Correos de Barcelona. Concluía así más de 10 años al servicio de España con las armas, defendiendo, con riesgo constante de su vida, el progreso y la causa liberal en el país.

[Continuará]