viernes, 23 de diciembre de 2016

Don Tomás Latorre, el último Alcalde Pedáneo de Garrucha


Don Tomás Latorre Campoy nació en Vera el 22 de febrero de 1813. Era hijo de D. Diego Latorre Gómez y de Dña. María Joaquina Campoy Cano.

Pertenecía  a un linaje de notables, su padre era médico en Vera y sus antepasados se habían destacado como caballeros en la Reconquista del Reino de Granada participando en la toma de la ciudad de Baza a finales del siglo XV.

Nuestro biografiado se casó en 1830 con Dña. María Encarnación Ballesta Parra, poco antes de marcharse a estudiar medicina, obteniendo en Granada la licenciatura en esta disciplina a mediados de esta década.

En 1847 fue designado médico titular de Vera, así como galeno consultor de Garrucha y miembro de la Junta de Sanidad de Vera en 1852.

Médico de reconocido prestigio, en 1860 tuvo una actuación destacada en la lucha contra la epidemia de cólera morbo que azotó el levante almeriense. Este mal afectó principalmente a Cuevas del Almanzora, por lo que la Junta de Sanidad veratense estableció un cordón sanitario para proteger a Vera y a Garrucha del contagio. Ninguna persona ni producto procedente de Cuevas podía entrar en estas poblaciones, por lo que se evitó de esta manera la propagación de la epidemia. Además, el Ayuntamiento de Vera, dando muestras de solidaridad y a instancia de los vecinos de Garrucha, donó dinero para atender a los enfermos de Cuevas.

"The Doctor", del pintor Sir Samuel Luke Fildes (1891)
Escena médica que representa muy bien a aquellos médicos de pueblo atendiendo a sus pacientes en sus domicilios

Pero si por algo recordamos en ese artículo a este buen médico es por haber sido el último Alcalde Pedáneo de Garrucha y el que tomó posesión, aquel histórico día del 1 de enero de 1861, a don Manuel Berruezo Ayora como Primer Alcalde del naciente municipio.

Eran las 10 de la mañana del primero de enero cuando el Alcalde Pedáneo D. Tomás Latorre, dando cumplimiento a la Real Orden de Isabel II de 1858 y a la Orden del Gobernador Civil de 23 de diciembre de 1860, “recibió el oportuno juramento al nombrado (Alcalde) para el presente año, Sr. Don Manuel Berruezo, quien lo prestó en manos de aquel, jurando por Dios y los Santos Evangelios guardar y hacer guardar la Constitución de la Monarquía y las leyes, ser fiel a S.M. Dña. Isabel II y conducirse bien y lealmente en el desempeño de su cargo”. Para tan trascendente acto, los prohombres que habían de constituir el Primer Ayuntamiento de Garrucha se congregaron en el Antiguo Alfolí de Sal, que haría las veces de Casa Consistorial en estos primeros momentos. Asimismo, don Tomás fue designado Regidor Síndico de la naciente Municipalidad y formó parte de la Comisión de Instrucción Primaria. También fue Secretario del Ayuntamiento de 1862 a 1864.

Este primer gobierno municipal de Garrucha, que se mantuvo hasta 1863, ha sido considerado uno de los mejores de su Historia, pues la villa fue dotada de Administración de Aduanas y Rentas Estancadas, Ayundantía de Marina, Sanidad Marítima, Compañía de Carabineros del Reino, Intervención de Minas, Feria, la Fundición de plomos San Jacinto, médico titular, notario público, estación de telégrafos, Correos y viceconsulados inglés y francés, que facilitó la llegada de capital extranjero para la revitalización de la industria y el comercio que tanto benefició a Garrucha. Además se aprobó la construcción del Ayuntamiento, Iglesia, Cárcel y Escuela de Instrucción.

En el ámbito sanitario, don Tomás Latorre fue el primer Médico Titular que tuvo Garrucha como municipio independiente (nombrado el 5 de enero de 1862, aunque ya venía ejerciendo este empleo de manera interina) y formó parte de la Junta Municipal de Sanidad junto a don Pedro Berruezo Soler y don Andrés Cervantes Quesada, entre otros.

Que fue un hombre querido y respetado en la Garrucha de su tiempo no cabe dudas, prueba de ello es el siguiente informe que elaboró el Ayuntamiento sobre su persona:

Se dio cuenta de una instancia de D. Tomás de Latorre Campoy, para que se informe de su conducta y otras particularidades. Y se acordó evaluarlo manifestando que el mismo, durante su larga permanencia en esta población, ha observado la más arreglada conducta pública y moral, buena vida y costumbres, dando constantemente prueba nada equívoca de su esmerada educación y sanos principios. Que en el ejercicio de su profesión ha patentizado repetidas veces la inteligencia y profundos conocimientos de que se halla adornado, por cuya circunstancia ha merecido la confianza de todo el vecindario. Que en el bienio que desempeñó el cargo de Alcalde Pedáneo, que el Sr. Gobernador se decidió conferirle, se condujo con la mayor pureza y diligencia, haciéndose acreedor a la más distinguida prueba de consideración. Y que, por último, en la actualidad sirve el cargo de Regidor Síndico de este Ayuntamiento, y tanto en él cuanto en lo relativo a su profesión médica ha desempeñado y desempeña cuantas comisiones le ha confiado la autoridad, especialmente en las épocas en que la población ha sido invadida del cólera morbo, sin que se le haya retribuido cosa alguna, ni reclamado por su parte.
(Actas Capitulares. Sesión de 21/2/1861. Archivo Municipal de Garrucha)
Además, mantuvo una estrecha amistad con don Manuel Berruezo, pues emprendió con él muchos negocios de índole minero junto a otras personalidades de la época como don Bernardo Gerez, don Pedro Berruezo o don Ramón Orozco.

Dña. Mercedes Latorre Ballesta
Cortesía Carmen Aguilera Olmos
Finalmente, el 5 de mayo de 1870 falleció don Tomás Latorre Campoy, a la temprana edad de 57 años, siendo enterrado en Vera. La casualidad quiso que unos años más tarde, en 1874, su buen amigo don Manuel Berruezo Ayora también falleciese a la misma edad.

Garrucha quedó huérfana de uno de sus padres fundadores, de aquel célebre médico que para la historia quedó como el último Alcalde Pedáneo de Garrucha.

No obstante, con su muerte no terminó la vinculación de la familia Latorre con Garrucha pues su hija, Dña. María de las Mercedes Latorre Ballesta, casó con D. Asensio Fernández Morán, destacado político conservador que fue Cónsul Honorario de Francia en Almería y Alcalde de Garrucha en diversas ocasiones (1868, 1874, 1884, 1890 y 1899). Asimismo, uno de los hijos de este matrimonio, D. Asensio Fernández Latorre, abogado, fue Juez Municipal (1903-1905) y Concejal durante la II República.



domingo, 18 de diciembre de 2016

Los Berruezo y la Secretaría Municipal de Garrucha



Ayuntamiento de Garrucha a principios del siglo XX
(Extraída libro reedición Historia de Garrucha. Edición de Juan Grima Cervantes)

Una de las facetas en las que destacó la familia Berruezo fue su vocación de servicio público en Garrucha. Aunque la mayoría de sus miembros fueron concejales y Alcaldes, también hubo algunos de ellos que fueron Secretarios Municipales. Respecto a estos últimos se pueden citar los siguientes:
  1. D. Manuel Berruezo Castaño, en 1896
  2. D. Bernardo Berruezo Gerez, en 1905
  3. D. Pedro Berruezo Alías, en 1940
Pese a que la figura del Secretario Municipal ya existía en el Antiguo Régimen como Escribano del Concejo, no fue hasta la Constitución de 1812 cuando este empleo público se consagró al unificarse el Derecho Municipal y crearse la estructura del moderno Ayuntamiento. Así, en el artículo 320 de la citada Carta Magna se puede leer: “Habrá un secretario en todo Ayuntamiento, elegido por éste a pluralidad absoluta de votos, y dotado de los fondos del común.”

Las funciones u «obligaciones» de los Secretarios de finales del siglo XIX y principios del XX podemos verlas en el artículo 125 de Ley Municipal de 1877, que estuvo vigente hasta 1923:
  1. Asistir sin voz ni voto a todas las sesiones del Cuerpo municipal para darle cuenta de la correspondencia y de los expedientes en la forma y orden que el Presidente se lo prevenga.
  2. Redactar el acta de cada sesión; leerla al principio de la siguiente, y aprobada que sea, hacerla transcribir fielmente en el libro destinado al efecto, cuidando de recoger las firmas, como previene el artículo 107, y estampando la suya entera en el lugar correspondiente. (Artículo 107: De cada sesión se extenderá por el Secretario del Ayuntamiento un acta en que han de constar los nombres del Presidente y demás Concejales presentes, los asuntos que se trataren y lo resuelto sobre ellos, el resultado de las votaciones y la lista de las nominales cuando las hubiese. Siempre constarán en el acta la opinión de las minorías y sus fundamentos. El acta será firmada por los Concejales que concurrieron a la sesión; por los presentes cuando se dé cuenta de ella, y por el Secretario. El acta de la sesión inaugural de cada Ayuntamiento será firmada por todos los que a ella concurran, expresando los que no saben firmar.)
  3. Preparar los expedientes para los trabajos de las comisiones y la resolución del Ayuntamiento.
  4. Anotar, bajo su firma, en cada expediente la resolución del Ayuntamiento.
  5. Extender las minutas de los acuerdos y resoluciones del Cuerpo municipal y de las comisiones, en su caso.
  6. Preparar los expedientes, anotar las resoluciones y extender las minutas de los acuerdos del Alcalde, cuando no hubiere Secretario especial al efecto.
  7. Certificar de todos los actos oficiales del Cuerpo municipal y del Alcalde donde no hubiere Secretario especial, y extender las certificaciones á que hubiere lugar. Estas, sin embargo, para ser valederas requieren el Visto Bueno del Alcalde.
  8. Dirigir y vigilar a los empleados de la Secretaría, de que es Jefe.
  9. Auxiliar a las Juntas periciales, sin retribución especial, en la confección de amillaramientos y repartos.
  10. Cualquier otro encargo que las leyes le atribuyan o el Ayuntamiento le confiare dentro de la esfera y objeto de su empleo.
Asimismo, en otros artículos de la mencionada Ley se recogen otras atribuciones:
  1. Donde no hubiere Archivero, será cargo del Secretario custodiar y ordenar el Archivo municipal. Formará inventario de todos los papeles y documentos, y lo adicionará cada año con un Apéndice, del cual, así como del inventario, remitirá copia con el Visto Bueno del Alcalde a la Diputación provincial.
  2. En los Ayuntamientos en que no hubiere Contador será cargo del Secretario llevar los registros de entradas y salidas de caudales, autorizar los libramientos y tomar razón de las cartas de pago.
También, los Secretarios Municipales lo eran del Alcalde (en municipios menores de 25.000 habitantes, como era el caso de Garrucha) y de la Junta Municipal.

Su nombramiento era potestad del Ayuntamiento, previo concurso, comunicándole la designación al Gobernador Civil, y se le pagaba con los fondos municipales.

Los requisitos exigidos para este empleo público no eran excesivos, ya que se pedía “ser español, mayor de edad, estar en el pleno goce da los derechos civiles y políticos, y poseer los conocimientos de la instrucción primaria.” (art. 123, Ley Municipal de 1877).

Sin embargo, había incompatibilidades para ostentar este cargo, pues en el mismo artículo se mencionaba que no podían ser Secretarios en propiedad ni interinamente:
  1. Los Concejales del mismo Ayuntamiento.
  2. Los Notarios y Escribanos, en tanto que desempeñen las funciones propias de estos cargos.
  3. Los empleados activos de todas clases.
  4. Los particulares o facultativos que tengan contratos o compromisos de servicios con el Ayuntamiento o común de vecinos.
  5. Los que directa o indirectamente tengan parte en servicios, contratas o suministros dentro del distrito municipal, por cuenta de este, de la provincia o del Estado.
  6. Los que tengan pendiente cuestión administrativa o judicial con el Ayuntamiento, o con los establecimientos que se hallen bajo su dependencia o su administración.
  7. Los deudores a fondos municipales como segundos contribuyentes.
D. Bernardo Berruezo Gerez
De profesión comerciante y consignatario de
buques, fue Secretario del Ayuntamiento
de Garrucha en 1905
Asimismo, este empleo era incompatible con todo otro cargo municipal.

Aunque el nombramiento se hacía oficialmente previo concurso público, la realidad es que se convirtió en un cargo en cierta manera politizado, pues los Alcaldes hacían uso frecuentemente de su potestad para “suspender a los Secretarios, dando al Gobernador cuenta documentada para su conocimiento.” (Art. 124, Ley Municipal de 1877). La destitución era válida cuando la acordaban las dos terceras partes de los Concejales. De esta manera, era práctica habitual que el equipo de gobierno entrante nombrase un Secretario Municipal afín a sus intereses políticos.

En Garrucha hubo destacadas personalidades alineadas ideológicamente a los Berruezo que ostentaron este empleo cuando éstos fueron Alcaldes, como don Bernardo Gerez, don Tomás Latorre, don Vicente Martínez o don Cleofás Martínez, entre otros.

A continuación se relacionan los Secretarios Municipales que hubo durante la Presidencia del Ayuntamiento de Garrucha por parte de los Berruezo:

Alcalde don Manuel Berruezo Ayora (1861-1863):
  1. D. Bernardo Gerez Soler, en 1861.
  2. D. Francisco López-Teruel, en 1861.
  3. D. Tomás Latorre Campoy, en 1862 y 1863.
Alcalde don Juan Francisco Berruezo Torres (1865, 1866, 1883, 1884 y 1886):
  1. D. Tomás de Haro Haro, de 1864 a 1869.
  2. D. José de Iribarne de los Ríos, de 1883 a 1891.
Alcalde don Pedro Berruezo Soler (1873-1874):
  1. D. Juan José Martínez Piñero, en 1873-1874.
Alcalde don Francisco Berruezo López (1887-1889):
  1. D. José de Iribarne de los Ríos, de 1883 a 1891.
Alcalde don Cleofás Berruezo Castaño (1895):
  1. D. Alfonso Visiedo Cano, en 1895.
Alcalde don Pedro Berruezo Gerez (1906-1914, 1916, 1918-1923, 1931):
  1. D. Vicente Martínez Piñero, de 1906 a 1911.
  2. D. Amador Urrea López, en 1916.
  3. D. Cleofás Martínez Orozco, de 1918 a 1920.
  4. D. Alfonso Visiedo Cano, de 1920 a 1923
  5. D. José Martínez Fajardo, en 1931.


martes, 13 de diciembre de 2016

D. Cleofás Berruezo Castaño, 80 años después


Garrucha a principios de siglo XX. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

El 13 de diciembre de 1936 falleció en Garrucha don Cleofás Berruezo Castaño, el último de los hijos de los Berruezo Ayora que quedaba con vida. Murió a edad avanzada, 82 años, tras una destacada e intensa vida vinculada al municipio.

D. Cleofás Berruezo
Este hijo adoptivo de Garrucha nació en Bédar la cálida mañana del 16 de julio de 1854, festividad de la Virgen del Carmen. Lo bautizaron aquel mismo día, imponiéndole el nombre de su heroico abuelo, don Cleofás Berruezo de Aro, cuyas hazañas durante la Guerra de la Independencia aún resonaban con admiración en la familia.

Cabe imaginarse aquel memorable día en la Iglesia de Santa María de la Cabeza de Bédar, donde el pequeño Cleofás en los brazos de su madre, doña Ana Castaño García, recibía las aguas bautismales de manos de D. Blas Antonio Sánchez, cura teniente de la Parroquia, mientras con atenta y tierna mirada su padre, don Francisco Berruezo Ayora, veía con regocijo como su primogénito varón entraba en la comunidad cristiana.

En Bédar pasaría los años de su infancia, ya que su padre, comisionado por su hermano D. Manuel, velaba por los intereses comerciales e industriales mineros que poseía éste en el municipio. No obstante, debieron ser constantes las visitas de Cleofás a Garrucha, donde la familia Berruezo se había avecindado en 1843.

En este ambiente empresarial se crio y educó don Cleofás Berruezo, por lo que no tardaría en consagrar su vida al mundo de los negocios.

Don Cleofás Berruezo Castaño, una vez asentado en Garrucha durante su juventud, sobresaldría en muchos ámbitos en los años venideros, ya que fue un rico comerciante, industrial e inversor minero. Además, como era propio en la época entre los de su clase, se adentró en la política local, siendo jefe de los conservadores y Alcalde de Garrucha en 1895. Asimismo, como hombre culto y de gran formación humanística, fue colaborador de la revista Ideal, de temática literaria y artística, que se editó en Garrucha en 1915. También fue Agente Consular de Francia en Garrucha y Villaricos, de 1918 a 1936. Igualmente, destacó por ser un gran benefactor de la Semana Santa del municipio y haber sido Presidente del Casino de Garrucha durante más de 20 años, una de las instituciones culturales y de recreo más importantes de la Villa, y que de su mano vivió su mayor esplendor. (Para saber más del personaje leer su reseña biográfica y el Casino de Garrucha)

Hoy, en el octogésimo aniversario de su fallecimiento, recordamos la figura de este relevante familiar que dio lustre al apellido y al municipio en un tiempo de gran florecimiento económico y social para Garrucha, y que, sin lugar a dudas, no hubiera sido posible si no hubiera contado con habitantes tan importantes y capaces como don Cleofás Berruezo Castaño.


viernes, 9 de diciembre de 2016

La otra Garrucha: hambre, miseria y pobreza



Grupo de cortijeros. Hacia 1920. Fotógrafo: Giménez de Cisneros
(Extraída del libro Memoria histórica, fotográfica y documental de Garrucha (1861-1936). Vol. II)

Detrás de la Garrucha de la opulencia, los bailes de salón, las lujosas fiestas, los Casinos, los viceconsulados y los respetables hombres de negocios, se encontraba la Garrucha sobre la cual se cimentaba toda la acción del capital: mineros, jornaleros, criados, pescadores, labradores… miles de personas que luchaban diariamente por tener algo que llevarse a la boca, que trabajaban de sol a sol para poder sobrevivir.

En Garrucha se estima que el 70% de la población pertenecía al estamento proletario, mientras que el resto se repartía en una pequeña clase media y una minoritaria alta burguesía que se había hecho rica al calor de la minería y el comercio. Esta apabullante mayoría proletaria no era un hecho único de Garrucha, pues en la mayoría de los municipios del levante almeriense, y del resto España, se vivía una situación muy similar.

Por otra parte, se dio la circunstancia de la fuerte inmigración que tuvo a lo largo del siglo XIX, pues el municipio en pocos años multiplicó su población de manera abrumadora. La localidad pasó de contar con 2116 habitantes en 1860 a albergar 6337 en 1910, un aumento de más de 4200 personas en apenas 50 años, es decir, un crecimiento poblacional de casi el 200%. La rada del municipio, como puerto de embarque de productos agrícolas y mineros, generaba una enorme cantidad de trabajo, lo que hizo que muchas familias de los pueblos del interior y de la costa levantina decidieran establecerse en Garrucha. Sin embargo, un municipio que se reduce a un pequeño casco urbano, donde las casas de los acaudalados comerciantes e industriales se situaban en las principales calles de la población, hizo que «los pobres» ocuparan los barrios altos y las cimbras abandonadas del Martinete y San Jacinto, donde se hacinaban en condiciones miserables e insalubres, proclives a padecer todo tipo de enfermedades.

Gracias a un informe del Vicecónsul inglés D. Jorge Clifton Pecket, que fue publicado en el Diplomatic and consular report on trade and Finance (Spain), London, 1902, se pueden conocer algunos de los salarios (masculinos) de la clase obrera en esa fecha:

Salario diario
Pesetas
Marineros (carga y descarga)
4
Estibadores (carga y descarga)
3
Mineros picadores
2
Mineros jornaleros
1,75
Maestros albañiles
3,50
Albañiles
3
Jornaleros
2
Mozos
1
Carpinteros
3,50
Oficiales de carpintería
3
Trabajador agrícola
1,50

El salario medio de un jornalero en la Garrucha de principios del siglo XX era de 2,50 pesetas, prácticamente el mismo entre 1860 y 1922. ¿Era este sueldo diario suficiente para la subsistencia? La respuesta nos la da el presupuesto obrero que se publicó  en “La información oral en Madrid” de la Comisión de Reformas Sociales (1889), en el que se detallan los gastos diarios para cubrir las necesidades básicas de una familia proletaria de tres individuos:

Gastos
Pesetas
Casa
0,50
Pan, 2 kg
0,72
Carbón, 1 kg
0,23
Desayuno compuesto de café y leche
0,36
Comida del mediodía

Garbanzos, 125 gramos
0,12
Carne, 250 gramos
0,50
Tocino, 72 gramos
0,15
Verdura, ½ kg
0,08
Cena

Carne, 250 gramos
0,50
Patatas, ¾ de kilo
0,12
Aceite, 125 gramos
0,24
Luz, aceite mineral
0,10
Jabón y varios
0,25
Tabaco
0,10
Total diario
3,97
Total anual
1449,05

Y el texto continua diciendo: «Los días laborables al año, descontados los 67 festivos, son 298, que, a razón de 2,50 pesetas de jornal, término medio, dan un resultado de 745 pesetas. Resumen: viviendo con la economía posible para no morirse de hambre, una familia proletaria gasta al año 1449,05 pesetas, y gana el jefe de ella, suponiendo que trabaje todos los días laborables del año 745 pesetas. El déficit al año es de 704,05 pesetas. Y téngase en cuenta que no he puesto gastos para enfermedades y vestir…».

A la vista de lo comentado, en Garrucha, como en el resto de España, los salarios de la clase proletaria eran insuficientes. Esta carestía económica llevó a las mujeres a trabajar fuera del hogar por sueldos irrisorios comprendidos entre 10 céntimos a 1 peseta, a pesar de desempeñar empleos, en muchas ocasiones, similares a los hombres. Además, estaba la prole: tener una cantidad de hijos considerable, pues aunque eran más bocas que alimentar, también eran una fuente de ingresos extra para la familia, ya que el trabajo infantil era práctica común en la época.

Sin embargo, dentro de lo lamentable de la situación de la clase obrera, Garrucha se distinguía por poseer una burguesía y una clase política sensible a las necesidades de los más desfavorecidos. Una mezcla de humanidad, compasión y valores cristianos hacía que la caridad hacia los llamados «pobres» fuese una constante en su historia. Periodistas, comerciantes, industriales, políticos, ingenieros, médicos… asistían a los más necesitados dentro de sus posibilidades, ya fuese a título personal o colaborando en rifas benéficas, cooperando con los requerimientos solidarios del Ayuntamiento, etc. Entre ellos destacaron la Condesa de Algaida y don Pedro Berruezo Gerez por su gran abnegación y filantropía. (Ver: Don Pedro Berruezo, el Alcalde del pueblo)

No obstante, la asistencia de la clase pudiente a la proletaria fue insuficiente dada la cantidad de almas desvalidas. Además y para más inri, su situación no hizo más que empeorar con los años. La Primera Guerra Mundial (1914-1918) ocasionó un fortísimo impacto en la economía garruchera. Los países beligerantes en la Gran Guerra, que tenían altas inversiones e intereses económicos en el levante almeriense, cesaron su actividad. Garrucha, basada principalmente su economía en la exportación nacional e internacional de productos agrícolas y mineros, se vio arrastrada a la crisis global y se originó un terrible paro obrero, que desencadenaría una gran miseria, ya que la economía basada en la pesca resultaba insuficiente. 

En un intervalo muy corto de tiempo, centenares de trabajadores se quedaron sin forma de ganar su jornal diario. La crisis se vio aún más acrecentada por la inexistencia de las infraestructuras necesarias para paliar la dañada economía garruchera, como eran la canalización del Almanzora, la construcción del muelle o del ferrocarril de Lorca a Almería, medidas redentoras todavía no ejecutadas y solicitadas con tesón agónico a lo largo del último tercio del siglo XIX.

Toda esta sinergia de acontecimientos fatídicos provocó la aparición de uno de los grandes males de la humanidad: el hambre. El llamado Hambre del 15 (1915) fue una de las grandes tragedias que asoló a la clase obrera en la Garrucha de su tiempo. Y como consecuencia de todo esto, se produjo una constante y progresiva emigración, lo que llevó a Garrucha a perder la mitad de su población a lo largo del siglo XX.

Veamos ahora algunos de los empleos más comunes que desempeñaba la clase humilde:

Mineros:


Grupo de mineros (hombres, mujeres y niños) en Bédar. Hacia 1890.
(Extraída del libro Memoria histórica, fotográfica y documental de Garrucha (1861-1936). Vol. II)

Si por algo se caracterizó el levante almeriense en el siglo XIX fue por su intensa actividad minera. Miles de jornaleros agrícolas se reconvertieron en mineros, mano de obra barata que trabajaba en unas condiciones infernales para arrancar de las entrañas de la tierra los ansiados minerales.

Existen varios testimonios de época sobre lo duro de este trabajo, como el que nos tributó D. José Bueno Cordero, Director del periódico garruchero El Eco de Levante, que, visitando las minas de Bédar en febrero de 1900, se topó con una comitiva fúnebre por la muerte de un minero:

[…] Así vive y muere el obrero en estos penosos trabajos. Así arrastran su existencia generaciones enteras, siempre apegados al terruño los unos, en lucha con la Naturaleza los otros, removiendo montañas con la ayuda de la dinamita, ese arma de titanes. Así viven y así mueren, sin redención posible, para ganar el mezquino mendrugo de pan, que si para otros sería insuficiente, para ellos que no conocen otros medios de vida, metidos en breñales y rocas, constituye el colmo de la aspiración.

El minero: ¡he aquí el paria de las sociedades modernas! Entregado al abrumador trabajo, vive siempre a dos pasos de la muerte, que le acecha en la galería, en la trancada, en la vía férrea, y entre los vagones, que pueden aplastarle cuando menos lo espere.

(El Eco de Levante, Garrucha, 23 de febrero de 1900)

Pero el trabajo de minero no sólo lo desempeñaron sufridos hombres, sino que también mujeres y niños padecieron la crudeza de este empleo. Sobre estos últimos se comentó en un artículo de 1883 lo siguiente:

Raro es el minero que en la Sierra (Almagrera) se encuentra con los cuarenta años. Si esto es triste, todavía lo es más ver los muchachos que trabajan generalmente en el arrastre inferior. No es preciso ser tierno de corazón para entristecerse viendo cuadrillas de niños  transportando todo el día o toda la noche, sobre sus desnudas espaldas, espuertas de mineral por penosísimas trancadas y perseguidos por la correa de capataz de gavia, cuando no corren lo necesario para limpiar pronto los escombros.

(“Una visita a Sierra Almagrera, en la provincia de Almería”,
Revista de Minas, nº XXXIX, 1883)

Sin lugar a dudas, la labor del minero era dura, penosa y peligrosa. Además, apenas tenían derechos laborales y recibían por tan arduo trabajo los llamados “salarios del hambre”. Por ello, no es raro que pronto en ellos calasen las ideas anarquistas y socialistas como medio de defensa a la opresión de los capitalistas sin escrúpulos. En este clima de explotación y penuria social se producirían algunas huelgas, como la famosa de mayo de 1890 en la que mineros del Pinar de Bédar exigieron 10 horas de trabajo, un aumento de los salarios del 25% y pagos quincenales. Tan sólo parece que accedió la empresa a lo relativo del tiempo de la jornada laboral.

Personal de servicio:

En el levante almeriense, con el boom de la minería a partir de 1838 y el rápido enriquecimiento que tuvieron algunas familias, el personal de servicio fue un oficio muy demandado. Las nuevas familias pudientes, a imitación de la aristocracia, se pintarán retratos, se construirán casas-palacios y tendrán una legión de «criados» para atenderles, como muestra del poderío económico conquistado.
Por personal de servicio se conoce a un perfil profesional variado: mayordomos, amas de llave, cocineras, amas de cría, niñeras, limpiadoras, cocheros, mozos… una diversidad de dedicaciones que se aglutinaban bajo la palabra «criada» o «criado». También se debe incluir a los cortijeros y pastores, que cuidaban y sacaban rédito a las fincas y al ganado propiedad de sus señores.
En Garrucha, donde las 2/3 partes de la población pertenecía al estamento proletario, era una buena salida profesional para muchas personas necesitadas, ya que si lograban ser contratadas recibían salario, ropas, alojamiento y manutención.
Como anécdota cabe comentar que en su época se decía que una muestra de la riqueza de una familia era ver cómo iban vestidas y enjoyadas las criadas de la casa.
Marineros dedicados a la carga y descarga de buques:


Buque descargando en Garrucha. Hacia 1900. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6223&fullsize=1)

Tras la instalación en Garrucha de la fundición San Ramón en 1841 y otras fábricas metalúrgicas, que demandaban carbón para sus hornos y exportaban minerales manufacturados por la rada del municipio, muchos marineros dejaron la pesca y se dedicaron a la carga y descarga de buques. Un oficio en expansión y demandado, dada la cada vez más pujanza industrial y comercial del levante almeriense, y que durante medio siglo ocupó a muchísimas  personas.
En un primer momento se usaron las barcas de pesca, aunque pronto se profesionalizó este trabajo y se emplearon gabarras o lanchas, embarcaciones mucho más apropiadas, dada su robustez y la posibilidad de transportar varias toneladas de minerales o mercancías en un solo viaje.
En poco tiempo Garrucha contó con una considerable flota de gabarras que trabajaban no sólo en el municipio sino que abarcaban buena parte del litoral levantino, desde Carboneras a Palomares.
También debe incluirse en este grupo al personal dedicado a la carga y descarga en tierra de las embarcaciones.
Sin lugar a dudas, fue un empleo muy apreciado y, dentro de lo que cabe, bien pagado si lo comparamos con otros oficios de la época. No obstante, la progresiva paralización de la actividad industrial y comercial como consecuencia de la Primera Guerra Mundial y su posguerra llevó a este antaño lucrativo sector a una notoria decadencia.
Pescadores:
El oficio por excelencia en Garrucha, un municipio de tradición marinera cuyos primeros pobladores fueron precisamente pescadores. Esta profesión tuvo su edad dorada gracias al auge demográfico vivido por la localidad en el último tercio del siglo XIX con motivo del apogeo industrial y comercial, ya que los productos del mar fueron demandados en mayor cantidad. Asimismo, la pesca no sólo se ceñía a servir a Garrucha pues también surtían los garrucheros a los pueblos del interior.

Sin embargo, era una de las profesiones más peligrosas y sacrificadas, ya que al no contar Garrucha hasta bien entrado el siglo XX con un puerto refugio, los pescadores quedaban expuestos a las inclemencias meteorológicas, siendo especialmente peligroso cuando regresaban a casa con el mar revuelto. Ello provocó que a lo largo de su historia hubiese significativos naufragios, algunos producidos a pocos metros de la playa, cuando las olas volcaban las barcas al intentar arribar a tierra.

Los ancianos pobres tenían que
implorar caridad pública en muchas ocasiones
para sobrevivir. Hacia 1875. Fot: J. Rodrigo

(Extraída del libro Memoria histórica, fotográfica y documental
de Garrucha (1861-1936. Vol. II)
Asimismo, recordar en este artículo a los ancianos y los inválidos de la clase humilde. Sin lugar a dudas, fueron dos de los colectivos más vulnerables de la época, ya que muchos de ellos no tenían otra salida que mendigar para subsistir. Tampoco olvidar a las viudas de los obreros, que debían sacar adelante normalmente a una extensa prole sin apenas recursos, lo que llevó a muchas de ellas a tener varios empleos de pobre remuneración o a implorar caridad pública.

También se dieron casos de robo por necesidad, como vemos en el siguiente artículo publicado en el periódico El Levante de Garrucha el 8 de febrero de 1889, donde un patrón de una barca de pesca sorprendió a una mujer robándole almejas:

Su primer impulso fue estrangularla; pero luego desahogó su indignación llamándola ladrona y otras cosas, cuando ella le dijo humildemente:
—No me pegue V. que eran para hacerle unas sopas a mis hijos, que están muriéndose de hambre.
— ¿Dónde están sus hijos?
— Mírelos Vd. —respondió la infeliz— señalando con la mano al sitio donde había cinco niños medio desnudos y morados por el frío.
Cambió por completo la actitud del rudo patrón.
—Traiga esa capacha y se la acabaré de llenar.
Y, con efecto, después de haberla llenado, metió la mano en el bolsillo y le dio un puñado de cuartos, diciéndole:
— Toma para pan y que el día sea completo y ahora… largo.
La mujer se marchó y cuando ya iba a alguna distancia con sus hijos los llamó nuevamente el patrón.
Mira, ven todos los días; dinero no podré dar, pero un puñado de almejas para que coman esos angelitos no te ha de faltar.
La mujer se despidió del marino con los ojos arrasados de lágrimas y bendiciendo su caridad.

Otro aspecto importante que sufrió la clase proletaria en Garrucha, como en el resto de los municipios de España, fue la enorme tasa de analfabetismo, como se muestra en la siguiente tabla:

Analfabetismo en Garrucha*
Año
Porcentaje (%)
1860
80-85
1877
85-90
1887
80-85
1900
70-75

*Datos obtenidos del artículo “El analfabetismo en la provincia de Almería (1860-1900)” de la autora Pilar Ballarín Domingo. 

Pese a que los diversos Ayuntamientos del municipio se preocuparon de solventar este problema, prueba de ello es que fue uno de los primeros de Almería en aplicar la Ley Moyano, declarando gratuita y obligatoria la Enseñanza Primaria en 1879, la insuficiencia de aulas para atender a una enorme cantidad de niños y las malas condiciones salariales y de hospedaje de los maestros hizo que la enseñanza pública en Garrucha fuese de poca calidad. Además, a todo esto se unía el gran absentismo escolar debido al trabajo infantil.

Para mejorar las condiciones de la clase obrera surgieron en Garrucha a principios del siglo XX una serie asociaciones sindicales que perseguían la defensa de los derechos de los trabajadores, así como fomentar la instrucción y asegurar la asistencia médica a sus miembros y familias. Entre los sindicatos garrucheros se pueden mencionar “La Luz”, “La Precisa” y “La Unión Obrera”, estando al frente de este último destacados políticos sensibles a las causas obreras como don José López López o don Pedro Berruezo Gerez. También aludir al Pósito de pescadores de Garrucha, creado en 1917, que cubría económicamente en caso de necesidad, ya fuese por enfermedad o accidente, a sus asociados, y asistía a sus familias en caso de producirse el fallecimiento de uno éstos. Asimismo, citar al Círculo de Amigos, fundado en 1909, que, en imitación al Casino de la clase pudiente, procuró culturizar y educar al obrero.

A la «otra Garrucha» va dedicado el presente artículo, a los olvidados, el motor silencioso de la economía garruchera, ya que sin sus modestas y sacrificadas contribuciones al desarrollo de Garrucha la historia del municipio no hubiera sido la misma.


domingo, 4 de diciembre de 2016

Garrucheros que participaron en la Guerra de Cuba



Militares, naturales del levante almeriense, en Cuba. Hacia 1897.
(Extraída del libro Memoria histórica, fotográfica y documental de Garrucha (1861-1936). Vol II.)

En el periódico La Crónica Meridional de Almería, en su edición de 6 de julio de 1898, se puede leer la siguiente nota:
Redención en metálico
El «Diario Oficial» del Ministerio de la Guerra publica una Real Orden circular concediendo un plazo, que terminará el día 14 del corriente, a los excedentes de cupo del reemplazo de 1897 llamados a filas, para redimirse del servicio por 1500 pesetas.
Las famosas 1500 pesetas libraban al español de ir a la Guerra de Cuba. Ello equivalía a 15 onzas de oro, el sueldo de dos años de un obrero, una cantidad inasumible por la clase humilde, por lo que “sólo los pobres van a defender la patria en esa horrible contribución que se llama de sangre”. (La Unión Republicana, Palma de Mallorca, 29/3/1898)

Según comentan las autoras Celestina Rozalén y Rosa María Úbeda en su artículo “Nuestros soldados fallecidos y repatriados (1895-1898)”: “Almería aportó al ejército colonial reclutas de reemplazo, excedentes de cupo, reservistas y voluntarios”, la mayoría de ellos procedentes de familias sin recursos.

El perfil del soldado que llegaba a Cuba solía ser común: jóvenes, principalmente de pueblo, de menos de 24 años y que la primera vez que salían de casa era para ir a la guerra. Pronto sufrían en ultramar los estragos de una pobre alimentación, un clima adverso de continuas lluvias y sofocante calor que hacían muy fatigosas las marchas sobre campos embarrados, así como las deplorables condiciones higiénicas y sanitarias en las que se veían inmersos; aunque lo peor de todo eran las enfermedades tropicales, principal causa de baja del ejército colonial. Algunos autores estiman que entre 1895 y 1898, sólo en Cuba, cerca de 40.000 españoles perecieron víctima de enfermedades diversas (vómito, fiebre amarilla, malaria, difteria…) frente a unos 3.000 que fallecieron de resultas de acciones de combate.

Asimismo, las autoras mencionadas indican que “hemos de tener siempre presente al hablar de fallecidos, que no todos encontraron sepultura en la Isla, sino que muchos fallecieron durante el viaje de regreso a España, una vez en su patria en los lazaretos, pues a su salud debilitada se unía el escaso abrigo, alimento y los largos trayectos. Por La Crónica Meridional sabemos que los almerienses que arribaban en el puerto de Santander, partían de allí hacia Madrid y de este punto hacia su provincia en tren, sin capote ni manta de abrigo, hecho que originó en algunos de ellos afecciones de pecho y la muerte. De los soldados almerienses fallecidos en Cuba eran naturales de la capital el 18% del total provincial, siguiéndole los de Vélez Rubio con el 16% y Cuevas con tan sólo el 6%”.

¿Hubo garrucheros en la Guerra de Cuba? Por supuesto, y gracias a los datos que nos ha cedido amablemente la Asociación Cultural Regreso Con Honor, podemos conocer algunos de sus nombres y circunstancias:

SUPERVIVIENTES:
  1. Francisco Carmona Cano. Marinero de 1ª en el Crucero Acorazado Infanta María Teresa. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Cartagena (Murcia)
  2. Andrés Galindo Soler. Marinero de 1ª en el Crucero Acorazado Infanta María Teresa. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
  3. Diego García Jerez. Marinero de 2ª en el Crucero Acorazado Infanta María Teresa. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
  4. Juan González Chinchilla. Artillero de 2ª habilitado en el Crucero Acorazado Infanta María Teresa. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
  5. Juan Garrido López. Marinero de 2ª en el Crucero Acorazado Vizcaya. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
  6. Antonio Bonasque Ortiz. Marinero de 2ª en el Crucero Acorazado Almirante Oquendo. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
  7. Antonio López García. Marinero de 1ª en el Crucero Acorazado Cristóbal Colón. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
FALLECIDOS:
  1. José Reyes Haro. Soldado del Regimiento Sevilla Nº 33. Fallecido en Regla, provincia de la Habana, el 17 de octubre de 1897 a causa de vómito.
  2. Fernando Aso Ruiz. Soldado del Batallón Baza Peninsular Nº6. Fallecido en Manzanillo, provincia de Santiago de Cuba, el 27 de enero de 1898 a causa de enfermedad.
  3. Antonio Haro Ruiz. Soldado del Regimiento Saboya Nº6. Fallecido en Colón, provincia de Matanzas, el 23 de agosto de 1897 a causa de vómito.
  4. Enrique Morales Parra. Soldado del Regimiento Tarragona Nº67. Fallecido en Ciego de Ávila, provincia de Puerto Príncipe, el 22 de octubre de 1895 a causa de enfermedad.
  5. Juan Quesada Bohivias. Soldado del Regimiento Valladolid. Fallecido en Santiago de Cuba el 12 de julio de 1895 a causa de vómito.
  6. José Inferra (Yufera) Paredes. Marinero de 1ª en el Crucero Acorazado Infanta María. Muerto en el combate naval de Santiago de Cuba el 3 de julio de 1898. Su madre solicitó el donativo dado por la colonia española en Londres para los Combatientes de Cuba y Filipinas.
También cabe mencionar al joven Guardiamarina D. Enrique Chereguini Buitrago que, aunque no era de Garrucha, sí estaba vinculado al municipio pues era cuñado de don José Bueno Cordero, el ilustrado Director del periódico local El Eco de Levante. Este valeroso marino falleció heroicamente a bordo del Crucero Acorazado Vizcaya en la batalla naval de Santiago de Cuba el 3 de julio de 1898.

Mientras estos valerosos y pobres compatriotas daban su vida por salvar la honra y el honor de España y su Imperio, en sus casas vivían en un perpetuo estado de intranquilidad. Madres, esposas, novias, hijos… abarrotaban las iglesias en demanda de la protección divina a sus seres queridos. Diariamente acudían con el corazón en un puño al Ayuntamiento para conocer las listas de fallecidos que se publicaban en el Boletín Oficial de la Provincia de Almería, ya que esperaban que jamás apareciese el nombre de su padre, novio, marido, hijo… Sin embargo, quien pasara cerca del Ayuntamiento no podía más que estremecerse ante el desolador llanto, el terrible gemido y el atronador grito desesperado de las mujeres cuando leían el nombre de su ser querido.

Si sufrían la desgracia de la pérdida del familiar, el Estado concedía a los deudos un pequeño plazo para solicitar la concesión de pensiones, aunque sólo se otorgaban a las familias que justificaran ser pobres de solemnidad. En muchas ocasiones las pensiones no se concedían, ya que los familiares, la mayoría analfabetos, desconocían el procedimiento y el tiempo exacto para solicitarlo, o se retrasaban enormemente en sus cobros, ya que se exigía un expediente de pobreza, la declaración de tres testigos que avalara la falta de recursos ante un juez y debía pasar tres filtros, pues la Delegación de Hacienda, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento examinaban si procedía o no conceder la pensión.

Ejército de Operaciones en Cuba. 3ª Compañía del 1er Batallón del Regimiento Navarra. Original: Biblioteca Nacional

Una vez finalizada la guerra comenzó la repatriación de miles de soldados, que desembarcaron en los puertos de Vigo, La Coruña, Santander, Barcelona, Málaga, Valencia y Cádiz. El panorama que se encontraron los españoles ante la llegada sus compatriotas no pudo ser más penoso.

Expediciones de enfermos y moribundos han venido a los puertos de la Península en número tan considerable y tan triste situación, que más que de una guerra parecían venir de desiertos donde el hambre y la fatiga los hubiera aniquilado; treinta y dos mil más quedaban en los hospitales de Cuba muriéndose de anemia, de fiebre y de tuberculosis. Si tantos millones como han salido del caudal de los contribuyentes españoles no sirven para dar de comer a los valerosos defensores del honor patrio, ¿para qué sirven?
(Pastoral del Cardenal Arzobispo de Valladolid, 1898)
Una vez en España los soldados eran puestos en cuarentena para evitar la propagación de males como la fiebre amarilla. Pasado este tiempo, eran reconocidos por un médico militar que determinaba si debían ser enviados al hospital o podían regresar a casa. En este último caso, la Comisión Liquidadora de la Caja General de Ultramar le entregaba al soldado 120 pesetas para que pudiera hacer frente a los gatos del viaje. Por otro lado, los heridos o enfermos que preferían ir con sus familiares en vez de ingresar en un centro hospitalario recibían “cincuenta céntimos diarios sobre su haber para mejora del rancho, además de una cantidad por los días de viaje, debiendo marchar a razón de treinta kilómetros por jornada, siéndoles designado el lugar donde debían pernoctar para ser reconocidos por facultativos que decidirían si debían seguir su trayecto o ingresar en el Hospital Militar”. Asimismo, los ya veteranos tenían derecho a recibir 5 pesetas por mes de campaña.

Una vez llegados a sus domicilios, los Alcaldes, a instancia de los Gobernadores Civiles, debían vigilarlos sanitariamente, por lo que eran visitados a diario por el médico titular del municipio.

Soldados españoles en Cuba. Año 1898
Sin lugar a dudas, los veteranos de la Guerra de Cuba fueron los que más sintieron el llamado Desastre del 98, pues unido al sentimiento de fracaso, frustración y pesimismo nacional, muchos de ellos regresaron inútiles para el trabajo, ya fuese por secuelas físicas o psíquicas. Por este motivo, una cantidad considerable acabó en las calles, vestidos con los harapientos uniformes de soldado, mendigando, implorando la caridad pública.

El noble pueblo de Almería siempre se ha caracterizado por la gran solidaridad que demuestra ante el afligido. En este sentido, y como ocurrió en muchos municipios de España, instituciones, asociaciones y almerienses a nivel particular promovieron rifas benéficas, corridas de toros, funciones en teatros… para, con lo recaudado, asistir a los heroicos y olvidados soldados. Es de destacar el papel de la Cruz Roja, ya que prestó “socorro no sólo en el aspecto económico sino también en el sanitario: diariamente enviaba una comisión a la estación de ferrocarril para auxiliar a los soldados enfermos; ofreció para la recepción de repatriados su servicio de ambulancias con personal facultativo, camilleros, botiquines, y un hospital dotado de médicos y útiles, donde se les asistía con cama, comida, y un socorro de tres a cinco pesetas.”

Sin embargo, estos gestos bondadosos de caridad no resolvían verdaderamente la vida de los veteranos. La realidad era otra, se marcharon y volvieron de la guerra pobres, y además, muchos de ellos quedaron inhábiles para el mundo laboral por enfermedad o heridas, lo que condenaba a sus familias a sufrir aún más miseria. Por si fuera poco, a todo lo anterior, se unía el desprecio que algunos de sus vecinos les manifestaban, pues para algunos eran los soldados de la gran vergüenza nacional. ¡Qué injusticia! 

En Garrucha se sintió con especial pesar la Guerra de Cuba, pues fueron seis de sus hijos los que perecieron en la citada contienda bélica. El dolor y la tristeza que ello supuso perduraron en el pueblo largo tiempo. Asimismo, en el municipio hubo personas como don Manuel González que se dedicó profesionalmente a gestionar a los licenciados del Ejército la posibilidad de ingresar en destinos civiles, Compañía Arrendataria de Tabacos, Guardia Civil y Carabineros, facilitándole todos los trámites para ello, lo que supuso, sin lugar a dudas, una ayuda importante para estas personas.

Cuatro años después del término de la guerra, en 1902, la redacción del periódico local El Eco de Levante pidió que el día 2 de noviembre, Día de los Difuntos, los garrucheros dedicasen una oración en sufragio del alma de todos los heroicos españoles que habían perecido en los combates navales de Cavite y Santiago de Cuba, que tuvieron lugar el 10 de mayo y 3 de julio de 1898, respectivamente.

Nota de prensa publicada en El Eco de Levante
(Garrucha, 31/10/1902)

Sirva este artículo en homenaje a todos los españoles que participaron en la Guerra de Cuba y Filipinas; en especial a los heroicos y valientes garrucheros. No debemos olvidarlos. A este respecto conviene recordar las palabras que pronunció en Cartagena, el 12 de noviembre de 1998, S.M. El Rey D. Juan Carlos I con ocasión del Homenaje a los Héroes de Cavite y Santiago de Cuba:

A los héroes del 98 debemos también la España que hoy disfrutamos, y éste es el mejor tributo que podemos rendirles. La sangre que derramaron, las enfermedades que padecieron y la muerte oscura de la mayoría de los que sobrevivieron no han sido inútiles.
Al contrario, plantaron las semillas e inquietudes que dieron lugar al despegue industrial, económico, social y cultural de nuestra patria a comienzos de siglo, [...] y sentaron así las bases del largo, y muchas veces difícil, proceso de nuestra modernización, que va desde la "edad de plata" de la cultura española hasta la instauración de la democracia que hoy vivimos.



Nota: Reiteramos nuestro agradecimiento a la Asociación Cultural Regreso con Honor y a su presidente D. Francisco Javier Navarro Chueca por los datos que gentilmente nos han cedido y que han hecho posible la elaboración de este artículo.