lunes, 31 de octubre de 2016

La lápida de la rosa negra



Una mañana de otoño, después de desayunar, me dispuse a dar un paseo por el Malecón de Garrucha. Hacía un día espléndido, un sol radiante en un cielo ausente de nubes; todo indicaba que se avecinaba un día de temperaturas agradables pese a encontrarnos a finales de octubre.

A la altura del Pósito de Pescadores detuve mi caminata y me senté un momento a charlar con los viejos lobos de mar de Garrucha. Acomodado entre aquellos hombres de manos y rostros curtidos por el sol, el salitre y el duro trabajo del mar, comenzamos amena tertulia sobre temas en principio banales, pero que con el paso de los minutos se fueron volviendo interesantes, ya que estos antiguos marinos son pozos de sabiduría popular y de historias remotas que no suelen aparecer en los libros. No me defraudaron, hablando sobre el próximo Día de Todos los Santos y la costumbre de que los familiares acudan al cementerio a recordar a los seres queridos que allí descansan, me preguntó uno de los veteranos marinos si conocía la historia de la lápida de la rosa negra.

Ante mi cara de asombro, el octogenario marinero comenzó a relatarme la historia que había oído contar en casa a su madre y abuela.

Los hechos se sitúan en la Garrucha minera y comercial del último tercio del siglo XIX. Por aquellos años, llegó al pueblo un joven ingeniero de minas, con su esposa, para trabajar en las compañías que estaban explotando las ricas minas de la zona. Y por lo visto, según narró el anciano marino, estaban recién casados cuando fijaron su residencia en el pueblo y ella era de una belleza sublime, tan guapa decían que era que hasta el mismísimo Rey Alfonso XII la había pretendido.

Al matrimonio podía vérseles paseando su amor por las calles de Garrucha. Irradiaban ese aura mágico de un joven matrimonio llenó de pasión y cariño. Decían que eran tal para cual, ella vivía para él y él era el desvelo de los sueños de ella.

Una mañana él se marchó a Mazarrón, en Murcia, pues la compañía minera para la que trabajaba requería su presencia allí, ya que debía ayudar a un compañero ingeniero en el proyecto de explotación de una serie de minas que había arrendado la empresa recientemente. Poca cosa según calculó, una semana de trabajo y volvería presto a Garrucha. Su esposa, llevada por el amor que le embargaba, le pidió encarecidamente acompañarlo, pero él se negó.

La tarde que llegó a casa después de su trabajo en Mazarrón, se encontró a una de las criadas en la puerta del domicilio llorando a lágrima viva. Estupefacto preguntó a la misma qué le ocurría y la criada entre sollozos contestó: Señor Lorenzo, la señora…

Acto seguido, nuestro joven ingeniero entró estrepitosamente en la casa, buscando a  su esposa, y la halló. En la habitación del salón, allí estaba ella, angelical, con su tez y manos blancas como el marfil, entre las más bellas flores y engalanada con su mejor vestido de seda, con un rostro lleno de paz se encontraba la que dijeron que fue la mujer más bella de Garrucha descansando en el más bello de los ataúdes, durmiendo el sueño de los justos.

Su marido, o mejor dicho, el reciente y sorprendido viudo, ante la escena que se encontró, cayó desmayado al suelo.

Según me siguió relatando el marinero de Garrucha, al parecer la bella joven falleció de manera súbita mientras paseaba por el Malecón, un inexplicable infarto fulminante acabó con su vida a la temprana edad de 22 años.

Cuentan que él nunca se repuso de la pérdida de su querida esposa y que se le podía ver todos los días en el cementerio postrado ante la tumba de ella llorando desconsoladamente. Dejó el trabajo y se abandonó, vivía prácticamente en el camposanto. Siempre ponía en el enterramiento de su malograda mujer una rosa negra y diariamente besaba la fría lápida de mármol bañado en lágrimas.

Una mañana, al alba, unos marineros lo vieron en la playa mirando fijamente al horizonte, llevaba en su mano una rosa negra y estaba ataviado con sus mejores galas: esmoquin, guantes, abrigo negro y sombrero de copa. Echó a andar mar adentro con paso firme y decidido, hasta que se perdió su figura en las aguas. Los marineros, al ver esto, fueron rápidamente a rescatarlo, pero cuando llegaron se había desvanecido en el mar. Nunca más se supo de él, jamás se encontró el cuerpo.

Según me contó el veterano marino, en los años siguientes, cada 1 de noviembre aparecía una rosa negra sobre la lápida de ella y que inexplicablemente nadie colocaba. Con el paso del tiempo se transformó en una tradición ver la famosa flor sobre la tumba cada Día de Todos los Santos. A tal punto de fama llegó que incluso venían personas de otros pueblos para contemplar este hecho asombroso.

El Ayuntamiento de Garrucha, sospechando que podía ser un fraude por parte de alguno con interés en convertir la historia en un mito del cementerio, encargó una investigación. Y así se hizo, dos guardias municipales debían vigilar la tumba para ver si alguien colocaba la flor. Con el cementerio cerrado, se situaron agazapados a cierta distancia del nicho la noche del 31 de octubre al 1 de noviembre y a eso de las doce en punto de la noche, vieron como un hombre vestido con traje, abrigo y sombrero de copa depositaba una rosa negra sobre la lápida. Ante eso, los policías fueron prestos a detenerlo. Sin embargo, cuando se acercaron a él lo que contemplaron es ciertamente misterioso. Según relataron, cuando se aproximaron comprobaron que no era un cuerpo sólido, era como nebuloso, de rostro blanco como la luna, pero difuminado, y tras mirarlo fijamente desapareció en su presencia.

Ante semejante testimonio, el Ayuntamiento, que no creyó la versión de los guardias municipales y con el propósito de zanjar este peculiar asunto, le comunicó lo ocurrido al Juez Municipal. Éste ordenó la exhumación de los restos de la mujer y su traslado a un osario común, ante la ausencia de familiares conocidos. La lápida se destruyó y nunca más hubo rosas negras sobre el ahora vacío nicho. Sin embargo, todavía se cuenta que cada 1 de noviembre hay quien ve en el cementerio de Garrucha un hombre de antigua vestimenta negra con peculiar sombrero pasear como alma en pena sosteniendo una rosa negra en busca de una tumba que ya no encuentra.


Nota: Relato de ficción escrito con ocasión de la Noche de Ánimas...

jueves, 27 de octubre de 2016

La problemática de la recogida de moneda isabelina en la Garrucha de 1902


Tras la caída de la Monarquía Isabelina en 1868, el nuevo Gobierno emanado de La Gloriosa estableció un nuevo sistema monetario en España: la Peseta. El Ministro de Hacienda D. Laureano Figuerola firmó el 19 de octubre de 1868 el Decreto que implantaría en nuestro país un nuevo numerario que perduraría hasta la llegada del Euro.

Con esta reforma monetaria, el Gobierno Provisional rompía con los valores tradicionales españoles acuñados: los reales y los escudos. La peseta representó el nuevo renacer de un país con aspiraciones verdaderamente democráticas tras los desdichados intentos de adaptar una Monarquía de alma tradicional y una España con poderosos sectores reaccionarios a un sistema Constitucional.

Sin embargo, el término “peseta” no era en sí mismo una novedad, ya que al menos se conocía desde la época de Felipe V pues el Diccionario de Autoridades de 1737 lo definió como “la pieza que vale dos reales de plata de moneda Provincial, formada en figura redonda. Es voz modernamente introducida”, e incluso a lo largo de la primera mitad del siglo XIX se habían acuñado de manera excepcional y ocasional monedas con este nombre en la región catalana. Por ello se piensa que tuvo buena acogida en España, ya que no era totalmente un nombre desconocido para el público general. Además, el Gobierno español, aunque no entró en la Unión Monetaria Latina que promovió Napoleón III, sí adaptó los valores, pesos y ley de su nuevo sistema monetario a los de la Unión, es decir, a los de Francia, Bélgica, Italia y Suiza, lo que facilitó la convertibilidad de divisas, los intercambios comerciales y la circulación entre países. 

5 pesetas acuñadas en Madrid en 1870. Tirada de 5.923.455 monedas. Peso y diámetro: 25 g y 37 mm. Plata de 900 mls
(https://www.acsearch.info/image.html?id=1891276)

Aunque fue aprobada la Peseta en octubre de 1868, no entró en circulación hasta 1869. Lógicamente, durante sus primeros años de vida, la peseta convivió en el comercio diario con los viejos reales y escudos isabelinos, ya que aún no habían sido retirados los viejos valores y cambiados por los nuevos. Esto debería acontecer progresivamente, hasta dejar a la peseta como el único numerario en la economía española.

Finalmente, en 1902, más de 30 años después de la aprobación de la peseta, el Gobierno quiso dar carpetazo definitivo a los diversos sistemas monetarios circulantes y decretó la recogida y canje de las antiguas monedas a nombre de Isabel II. Lógicamente, la prensa de Garrucha se hizo eco de esta importante noticia y publicaron diversas notas alusivas a este asunto:

LA MONEDA ISABELINA
Por reciente Real Decreto se ha acordado que se retira de la circulación esta moneda. Como es de interés general, lo transcribimos a continuación. Dice así:
<< Art. 1º. Desde el día 1º de Noviembre del corriente año, quedan fuera de curso legal todas las monedas divisionarias de plata de sistemas anteriores al establecido por el decreto-ley de 19 de Octubre de 1868.
Art. 2º. Las cajas públicas, así como el Banco de España, recibirán sin limitación alguna en pago de contribuciones, rentas y derechos del Tesoro, hasta dicho día 1º de Noviembre, todas las monedas a que se refiere el artículo anterior.
Art. 3º. La Fábrica de la Moneda, el Banco de España y sus sucursales admitirán, también hasta el día 1º de Noviembre próximo, en Caja, por otras monedas del sistema vigente, las que por el artículo primero se retiren de la circulación. El canje se verificará a razón de una peseta por cada moneda de 4 reales y de 2,50 pesetas por cada uno de escudo de diez reales.
Art. 4º. Por la Dirección general del Tesoro se dispondrá lo necesario para la recogida y remisión a la fábrica, de la moneda a que se refiere este decreto que se presente en la plaza de Ceuta. (Esto tiene por objeto recoger la moneda fraccionaria de plata española que circula en Argelia y Marruecos).
Art. 5º. Se procederá a la reacuñación de la moneda de plata que se recoja o canjee en virtud del presente decreto, refundiendo, si fuera preciso para la acuñación que se haga, monedas de 5 pesetas, con sujeción a lo determinado en el art. 1º de la ley de 18 de Noviembre de 1901. >>
(El Eco de Levante, Garrucha, 9/6/1902)
La recogida de moneda de plata
Las monedas divisionarias que se recogerán, quedando fuera del curso legal en 1º de Noviembre, son las que, acuñadas antes de 1869, no expresan su valor en pesetas o céntimos de peseta. Las piezas de medio duro, cinco reales, dos y medio y uno y cuartillo desaparecerán en absoluto.
Estas monedas deben circular libremente hasta el 31 de Octubre del año actual, pues el Banco de España las recibirá y las canjeará hasta 1º de Noviembre.
El canje se verificará a razón de una peseta por cada moneda de cuatro reales y de dos pesetas cincuenta céntimos por cada una de diez reales o de un escudo antiguo.
Por lo tanto, desde 1º de Noviembre sólo tendrán validez las monedas de 1869 y años siguientes que expresan su valor en pesetas y llevan en su anverso la matrona que adoptó el Gobierno Provisional o los bustos de D. Amadeo, D. Alfonso XII y del rey actual (D. Alfonso XIII).
En cuanto a la moneda de Cuba y Filipinas, cualquiera que sea el año y busto que tenga ya se sabe que hace tiempo carecen de valor en la Península.
(El Eco de Levante, Garrucha, 8/9/1902)
Sin embargo, en municipios pequeños como Garrucha donde no había sucursales del Banco de España en las que canjear la vieja moneda se evidenciaba la problemática de dónde cambiar las piezas isabelinas por pesetas. Por ello, haciéndose eco de este inconveniente, la prensa local propuso al Ministro de Hacienda (el 8 de octubre) que las delegaciones relacionadas con el servicio del Estado, como la Arrendataria de Tabacos, pudiesen efectuar el canje de moneda.

El gran perjudicado de todo esto, como en muchos otros asuntos, fueron los más desfavorecidos. La moneda isabelina fue válida hasta el 31 de octubre de 1902 y, por ello, los obreros, que solían recibir su salario a finales de mes, no podían negarse a aceptar este numerario como forma de pago. Algunos desconsiderados patrones lo hicieron, ya que de esta manera se libraban de una moneda que a partir del 1 de noviembre quedaría desmonetizada. Esta problemática llevó a la Dirección General del Tesoro a ampliar el plazo de canje hasta el 15 de noviembre, aunque el comercio, en las transacciones particulares, no tenía obligación de aceptar isabelinas más allá del 31 de octubre. 

20 reales acuñados en Madrid en 1864. Tirada de 649.216 monedas. Peso y diámetro: 25,96 g y 37 mm. Plata de 900 mls
(https://www.acsearch.info/search.html?id=1367370)

Pese a los intentos de Garrucha de resolver el asunto del canje de monedas, lo cierto es que a día de 16 de octubre seguía sin saber dónde poder hacerlo. El periódico garruchero El Eco de Levante no comenta nada más al respecto en fechas posteriores a la mencionada, por lo que entendemos que finalmente se solucionaría el problema. Quizás se terminó por habilitar a las delegaciones estatales como la Aduana o la Administración Subalterna de Tabacos del municipio, o se hicieron cargo de ello los agentes de banca que había establecidos en Garrucha.


lunes, 24 de octubre de 2016

Las Siervas de María en Garrucha (1886-1913)


De izq. a der.: Madre Soledad Torres, hermana sor Angustias
Jiménez y María del Mar Burgos, protectora, en 1876.
(Extraída de la Revista Científica Colegio de Enfermería de Almería, Feb. 2003)
Las Siervas de María Ministras de los Enfermos es una congregación religiosa católica femenina de derecho pontificio que fue fundada en Madrid por la Madre Soledad Torres Acosta en 1851 y aprobada por el Papa Pío IX el 11 de julio de 1876. Esta Orden nació con el objetivo principal de la atención domiciliaria de enfermos sin recursos.

Esta congregación llegó a Almería el 7 de julio de 1876, a petición del Obispo D. José María Orberá, ya que éste, ante la situación de miseria y pobreza en que se encontraban muchas barriadas almerienses, solicitó la colaboración de órdenes religiosas para mitigar esta lamentable situación. Las Siervas de María se asentaron en la capital en las dependencias del cementerio de Belén, que con el paso del tiempo se convirtió en el Convento de San Blas. Asimismo, en pocos años esta congregación estableció casa-residencias en otros lugares de la provincia como Vélez Rubio, Berja o Garrucha.

La marcha de las Hijas de la Caridad, como consecuencia de la clausura del Hospital de los Anglada en 1885, dejó a Garrucha desvalida de un servicio social y educativo importante, ya que las monjas se habían encargado de la atención a los desfavorecidos y la instrucción de muchas niñas. No obstante, el hueco dejado por esta congregación religiosa fue cubierto rápidamente por las Siervas de María, gracias a las gestiones que hicieron al respecto el cura párroco D. José María Moreno y el célebre Obispo de Almería, Sr. Orberá.

En enero de 1886 se instalaron en Garrucha, siendo las 5 hermanas fundadoras de la casa-colegio: Remedios Grafia (Superiora), Petra Lacalle, Maravillas Donato, Inocencia Puigrós y Jacinta Oyarzun. En el municipio llevaron a cabo su apostolado: el cuidado de enfermos a domicilio y la educación de unas 150 niñas, la mayoría pobres.

A las Siervas de María no les resultaba desconocida Garrucha pues ya en septiembre de 1876 la fundadora de la congregación, Madre Soledad Torres, junto a sor Josefa Díaz y el canónigo Eusebio Sánchez habían estado en el municipio y en otros de la zona durante su peregrinación para solicitar dinero para su obra.

En Garrucha realizaron una excelente labor durante los casi 30 años que estuvieron, siendo muy queridas y respetadas por la población. Sin embargo, en 1913 la buena relación del pueblo con la congregación religiosa sufrió un punto de inflexión, ya que la decisión de la Madre Superiora de mandar dos monjas muy estimadas por el vecindario a otra casa-residencia tuvo unas consecuencias que provocarían, a la postre, la salida de la orden de Garrucha.

Tal fue el malestar de la población por la retirada de las dos religiosas, especialmente por la salida de la segunda, Sor Matilde, que el Ayuntamiento intervino de la siguiente manera:

Por el Primer Teniente de Alcalde, D. José López López, se manifestó a los concurrentes que, a su juicio, la superioridad que dirige la “Asociación de las Siervas de María”, ha tratado con bastante desconsideración al pueblo de Garrucha, pues después de haber retirado a la Hermana Sor Delfina, cuyas aptitudes para la enseñanza eran inmejorables y cuya solicitud y esmero para los enfermos pobres se elogiaba unánimemente, acaba de darnos el disgusto general al retirar a la virtuosa Sor Matilde, que durante 26 años residió entre nosotros, asistiendo a nuestros enfermos y dando educación cristiana, primero a nuestras esposas, y más tarde, a nuestros hijos.
Que conmueve el ánimo el recuerdo del espectáculo triste a que dio lugar la inesperada y rápida marcha de aquella bondadosa Ministra de los enfermos, que arrancó lágrimas de amargura a nuestras familias y aún a nosotros mismos; que no se olvida fácilmente a la que, por espacio de tantos años, veló a la cabeza de nuestros enfermos queridos, y nos prodigó frases de consuelo en nuestros dolores. “No niego, no puedo negar que quedan venerables Siervas que sustituyen a Sor Matilde, con igual amor e idéntico cariño en la asistencia de nuestro seres queridos, empero, aquella Hermana era algo que ya consideraba el pueblo como suyo y no puede conformarse con que se les arrebate. Al hablar así en este acto, creo interpretar fielmente el sentir general del vecindario, y sus impulsos sigo al proponer a la Corporación que se acuerde retirar la pensión que se tiene señalada a las Siervas de María por la asistencia que presta a los enfermos pobres, hasta tanto que no se reintegre a esta Comunidad local la Hermana Sor Matilde. Las lágrimas que derraman a diario nuestros hijos desde aquella ausencia se hace preciso enjugarlas o condenarlas”.
El Presidente (D. Pedro Berruezo Gerez) manifiesta: que si bien piensa en un todo como el Sr. López, le parece algo violento el retirar la pensión a las Siervas de María sin esperar el resultado de las gestiones que todo el pueblo viene haciendo cerca de la Reverenda Madre General, para la vuelta de Sor Matilde, y propone que se suspenda el acuerdo hasta la sesión próxima.
El Regidor Síndico Sr. Hernández se muestra conforme por completo con lo expuesto por D. José López, afirmando que el llanto de los hijos requiere un acto de protesta enérgica por parte de los padres, y puesto a votación el asunto, por siete votos contra tres, el Municipio ACUERDA: que con certificación literal de este extremo se notifique a la Madre Superiora de esta Comunidad de Siervas de María y a la Reverenda Madre General que, desde el día de hoy, retira este Ayuntamiento la pensión que tiene señalada a la benéfica Asociación, como protesta al acto de haber retirado de la villa a la Sierva Sor Matilde.
(Actas Capitulares. Sesión 1 de junio de 1913. Archivo Municipal de Garrucha)
Su A.R. La Infanta doña Isabel de Borbón

Como ha podido leerse, y pese a la razonable oposición del Alcalde don Pedro Berruezo, el Ayuntamiento le retiró la subvención a la congregación. Y lo que en un primer momento se entendió como una forma de presión para que la Orden restituyese a Sor Matilde, se terminó por enquistar y la Superioridad General de las Siervas de María decretó la supresión de su casa-residencia de Garrucha.

Ante la fatídica decisión de la Congregación de marcharse de Garrucha, las autoridades del municipio y el cura párroco D. Juan Bautista Sánchez intentaron por todos los medios la revocación de esta determinación e incluso se solicitó la intercesión de la Infanta Dña. Isabel, la carismática tía de Alfonso XIII. Sin embargo, de nada sirvió y Garrucha quedó desvalida de enseñanza religiosa hasta que en 1925 se instalaron las Hermanas de San Vicente de Paúl.




viernes, 21 de octubre de 2016

El Casino de Garrucha


Casino de Dalías (Almería) en 1911. Una edificación posiblemente similar debió tener el de Garrucha
(Extraída de Archivo Diputación Almería)

En el siglo XIX surgieron en la mayoría de municipios españoles de cierta importancia una serie de clubs de caballeros llamados Casinos. Eran sociedades de recreo creadas por y para la burguesía y la aristocracia, en cuyos centros socializaban y se esparcían.

D. Francisco Berruezo López
Este antepasado, que fue Alcalde de Garrucha,
comerciante, industrial minero y diplomático,
 fue miembro de la Junta Directiva del 
Casino en la década de 1880 y tras su
 refundación en 1900.
Col. José Berruezo García
A rasgos generales, las actividades desarrolladas por los socios de los Casinos solían ser: la lectura de prensa y libros en la biblioteca del centro, la celebración de conciertos y bailes, y la práctica de juegos autorizados como el billar, el ajedrez o los naipes. También, dado lo selecto de sus asociados, se hablaba de política y negocios, todo ello normalmente amenizado con puros habanos y buenos licores de importación.

En la rica Garrucha decimonónica de la minería y el comercio, de los ilustrados hombres de negocios y las variadas casas consulares, no tardó en surgir este tipo de clubs de recreo para la alta sociedad.

Tras la constitución de Garrucha en 1861, los hermanos Orozco Segura junto con otras familias de comerciantes e industriales de la villa, como la Berruezo o la Anglada, promovieron la constitución del primer Casino del municipio, aunque a mediados de la década de 1890 desapareció, quizá motivado por diferencias entre sus asociados.

Sin embargo, pocos años después, en 1900 volvió a fraguarse de nuevo la idea de su establecimiento, ya que los prohombres de Garrucha y los forasteros vieron la necesidad de tener un lugar de encuentro donde “combatir el aburrimiento” y estrechar los lazos de amistad, así como erigir una institución de notables con la que coadyuvar al mejoramiento de la villa. En este sentido, la prensa garruchera escribió:

 “La falta en Garrucha de un lugar de esparcimiento y honesto recreo, en donde se reúnan las clases más pudientes y más ilustradas, nos ha hecho concebir la idea de fundar un Casino. […] Sobran elementos para su creación y sostenimiento, y siempre honra a un pueblo el poseer un local en donde poder ofrecer a los forasteros cultos que nos visitan, especialmente en época veraniega, amena distracción y trato social agradable. […] Los Casinos suelen ser en localidades como Garrucha, que se asientan en las frescas orillas del mar, centro atractivo para veraneantes, siendo casi siempre los encargados de proponer y hasta costear fiestas, que sirvan de recreo público. La vida social no reclama solamente se fomente la instrucción y se desarrolle la cultura; los pueblos laboriosos, los que viven del ejercicio de la industria, del comercio, de las profesiones, necesitan círculos recreativos en donde se ofrezcan por un precio módico distracciones y descanso para reparar las fuerzas empleadas en la labor diaria. En Garrucha, pueblo eminentemente comercial puede ser también de gran utilidad el Casino, pues allí los comerciantes cambiarían sus impresiones acerca de los negocios, estableciéndose así una especie de Bolsa, en donde se reflejase la marcha del mercado”.
(El Eco de Levante, Garrucha, 16 de julio de 1900)
En octubre de 1900 se constituyó finalmente el nuevo Casino de Garrucha. Ello fue posible gracias al concurso y el esfuerzo de familias como la Berruezo, Fuentes, Segura, Abellán, Bueno, Gea... y forasteras asentadas en el municipio como la Juaristi.

Primera Junta Directa tras la refundación del Casino en 1900.
Nota de El Eco de Levante, Garrucha, 9/10/1900

La prensa de Garrucha celebró la fundación del club, ya que “un Casino en condiciones convenientes, será un establecimiento que honrará a Garrucha. Una asociación bien constituida, puede servir de práctica y ejemplo para otras asociaciones provechosas y fecundas en beneficios para la población, pues ella ha de ser núcleo de unión y fraternidad de todo el vecindario, que cuando llegue a comprender su interés, verá que en la unión está la paz, la tranquilidad y la prosperidad de los pueblos”. (El Eco de Levante, Garrucha, 17 de octubre de 1900)

El Casino de Garrucha fue una institución con gran poder político y económico en el municipio, dado el cariz de sus asociados. Estaba compuesto por unos 50 socios sobre una población de 6000 habitantes.

Gracias al único Reglamento que se tiene constancia que se conserva y que está en el Archivo Histórico Provincial de Almería, de 1907, puede conocerse el objetivo del Casino en su artículo 1º: 

Esta sociedad denominada "Casino de Garrucha" tiene por objeto estrechar las relaciones de amistad entre sus asociados, procurándoles, así como a sus familias, los recreos y esparcimientos propios de personas cultas; coadyuvando al mejoramiento moral y material de esta localidad, cuando así lo acuerde.”
D. Francisco Berruezo Gerez
De profesión consignatario de buques e industrial,
este familiar, que fue también Vicecónsul de Portugal,
fue largos años Vocal del Casino de Garrucha.
Col. José Berruezo García
En el citado Reglamento se establece que la Junta Directiva para la Administración y el gobierno del club se elegirá anualmente y se compondrá de: un Presidente, un Vicepresidente, un Tesorero, un Secretario-Contador, un Bibliotecario y 4 vocales. Asimismo, los ingresos del Casino derivarán de las cuotas de sus miembros. El pago de inscripción o entrada era de 25 pesetas y la tasa mensual de 2 pesetas.

Sobre el modo de ingreso también sabemos cómo se hacía. El aspirante debía mandar una carta razonada al Presidente del Casino, acompañada también por la firma de un socio del club que avalase que el candidato conocía el Reglamento del club y que era persona respetable, digna de su ingreso en la sociedad. Tras esta formalidad, el Presidente colocaba en el tablón del Casino el nombre del aspirante durante ocho días por si alguno de los miembros tuviese alguna objeción. Pasado este tiempo y si no había habido ninguna manifestación contraria, se votaba el ingreso del candidato de manera secreta, siendo condición para su admisión que fuese aprobado por mayoría absoluta.

Asimismo, todo socio tenía derecho a llevar al Casino a amigos que estuviesen de visita en Garrucha, aunque por límite de 15 días. Si excedían este tiempo, deberían ingresar en la sociedad.

Las atribuciones de la Junta Directiva eran:
  1. Cuidar de la observancia de este Reglamento y decidir las dudas que ocurran en su aplicación.
  2. Reunir la Junta General siempre que lo crea necesario o lo pidan diez socios.
  3. Nombrar y separar los empleados y reglamentar el servicio.
  4. Fijar las cuotas que han de abonarse por los juegos permitidos en la Sociedad, así como el límite a que debe llegarse en la valoración de los mismos.
  5. Invertir los fondos ordinarios de la Sociedad y sus ingresos en la forma más útil y conveniente a la misma, pero sin que en ningún caso puedan verificarse compras ni realizar gasto alguno que no sea satisfecho al contado.
  6. Expulsar y suspender por los días que juzgue conveniente la entrada de un socio en el local, cuando por aquel se haya cometido alguna falta que le haga acreedor de ello, dando cuenta a la General.
  7. Formular y presentar en las Juntas Generales ordinarias de cada año, juntamente con la Memoria dando cuenta de la Administración los presupuestos para el año siguiente.

D. Cleofás Berruezo
La época dorada de la institución va a venir de la mano de don Cleofás Berruezo Castaño. Este insigne Berruezo fue Presidente del Casino de Garrucha, al menos, de 1910 a 1934. Bajo su mandato, la llamada sociedad aristocrática de Garrucha vivió un gran impulso y consolidación, ya que en 1910 promovió que esta asociación contase con un edificio adecuado a sus cada vez mayores necesidades. Y así se hizo, se adquirió y reformó una casa en el Paseo del Malecón, que lindaba por la parte S.O. con la caseta de la Dirección de Sanidad Marítima, y que costó 6000 pesetas de la época. Si tenemos en cuenta que el precio medio de una casa en Garrucha era de unas 2000 pesetas, el Casino debió ser de cierta envergadura. La mayor parte del gasto lo costeó de su bolsillo don Cleofás Berruezo. A este respecto la prensa escribió:

Desde hace pocos días ocupa su nueva casa la sociedad Casino de Garrucha. Esta culta agrupación acariciaba desde su fundación la halagadora idea de adquirir un inmueble con las condiciones necesarias para desarrollar su potente vida. Todos los Presidentes, cual más, cual menos, han hecho algunos trabajos, sin lograr el apetecido éxito. Al actual, el Señor don Cleofás Berruezo, le estaba reservada tal honra; bien es verdad que personas que, como el señor Berruezo, consagran a la idea toda su actividad y todo su tiempo, y lo que más raro, su dinero, y no en pequeña cantidad, personas así, hay pocas, muy pocas.
El edificio, situado en la parte más céntrica y hermosa del Malecón, ha sido convenientemente reformado, reconstruyéndose por completo la fachada de la plaza de Abastos, y mejorando su distribución interior; si a esto se une la pavimentación y los hermosos zócalos de mármol que le ha colocado, y el pintado y barnizado de techos, puertas y ventanas, así como la completa instalación de timbres y alumbrado eléctrico y el supletorio de acetileno, ya puede figurarse el lector qué hermoso aspecto presentará. Dentro de breves días llegarán los materiales de hierro necesarios para la marquesina que se va a colocar en la fachada que mira al mar, complemento de toda la obra hecha.
Ya tienen, pues, los habitantes de Garrucha y la numerosa colonia que nos visita todos los veranos, un centro de reunión y solaz digno de todos.
(La Independencia, Almería, 30 de junio de 1911)
La nueva sede inaugurada en 1911 contaba entre sus dependencias con salón de lectura y biblioteca, estancia para veladas artístico-literarias, bailes y conciertos, sala para los juegos permitidos (billar y cartas), y estancia con cocina y bar donde charlar en un clima distendido sobre política y negocios.

El Casino se convirtió en uno de los grandes pilares sociales de Garrucha y no limitó su actividad únicamente al disfrute de sus instalaciones por parte de sus socios. Se tiene constancia que subvencionaba el Patronato del Cementerio (una de las instituciones culturales más importantes de la villa) y Asociaciones de Caridad. También contribuyó de manera importante a favorecer la estabilidad del turismo, promovió rifas solidarias para atender a los más necesitados y patrocinó fiestas populares con las que amenizar la vida del municipio.

Junta Directiva del Casino en 1914
Nota del periódico La Independencia (Almería, 28/1/1914)

Asimismo, como centro de reunión de los grandes propietarios, comerciantes e industriales de Garrucha, fue una importante institución de presión para la consecución de todo tipo de mejoras para el municipio. A modo de ejemplo puede citarse el telegrama que remitió en 1919 el Casino de Garrucha, a través de su Presidente, al Gobernador Civil solicitando que le comunicase al Ministro de Fomento, Sr. Cambó, que lleve a buen término su promesa de construcción del ferrocarril de vía ancha que partiendo de Zurgena iba a llegar a Garrucha, ya que ello ayudaría a remediar la falta de trabajo de los obreros:

Aflictiva situación en esta comarca oriental, la más rica de la provincia, que da mayor contingente de emigración obrera por absoluta carencia de trabajos, necesita urgente atención poderes públicos.
Ministro señor Cambó ofreció proyecto ley ferrocarril vía ancha Zurgena Garrucha construcción por el Estado, obra salvadora haría resurgir esta zona incomunicada.
Este Casino integrado por comerciantes, ha acordado telegrafiar hoy al ministro pidiendo cumplimiento promesa construcción indicado ferrocarril.
Estimaremos V.S. apoye nuestra demanda
Presidente Casino de Garrucha, Cleofás Berruezo
(Transcripción del telegrama. El Diario de Almería, 20 de febrero de 1919)
Don Cleofás Berruezo Castaño, tras más de veinte años al frente del Casino se apartó de la primera línea, a los ochenta años, y le sucedió en la presidencia de la distinguida institución local su familiar D. José López Berruezo. No obstante, y pese a su avanzada edad, don Cleofás no se retiró de este resorte de poder y pasó a ostentar la Vicepresidencia hasta su muerte dos años más tarde, en diciembre de 1936. Sin lugar a dudas fue el alma del Casino, el miembro más representativo de esta elitista sociedad de prohombres a la que perteneció toda la familia Berruezo.

Sello del Casino de Garrucha y firma de su Presidente D. Cleofás Berruezo
(Archivo Histórico Provincial de Almería)

Por otro lado, y en imitación al Casino, la clase obrera y artesana de Garrucha fundó en junio de 1909 el Círculo de Amigos. Bajo la presidencia de D. Diego García Mellado echó a andar esta sociedad de recreo que, según les aconsejó en su inauguración el médico, orador y pensador cuevano D. Juan González Flores, debería tener los siguientes propósitos:
  1. Fomentar la educación y la cultura.
  2. Leer muchos periódicos y comprar muchos libros [sic], hasta dotar al Círculo de una buena Biblioteca.
  3. Celebrar frecuentes conferencias y veladas artísticas.
  4. Fundar escuelas y procurar la instrucción del obrero.
Sobre el devenir del Círculo de Amigos, poco se sabe, tan sólo que en 1925 ya había dejado de funcionar pues no aparece entre las sociedades de Garrucha en el Anuario de Almería de ese año. No obstante, dada la enorme crisis que comenzará a vivir la clase obrera en el municipio como consecuencia de la paralización de las actividades comerciales e industriales a raíz de la Primera Guerra Mundial (1914-1918), parece razonable suponer que esta sociedad de recreo perderá socios y, por tanto, ingresos con los que llevar a cabo sus loables proyectos. Ello terminará por acabar con esta asociación. Además, ya existían en el municipio sindicatos obreros con fines similares al del Círculo de Amigos, por lo que no tuvo un carácter tan exclusivo como el Casino.

Por su parte, el Casino parece que soportó mejor la citada crisis económica, dado el carácter de sus socios, aunque su final vino con el inicio de la Guerra Civil en 1936. Tampoco parece que se reinstaurase tras el conflicto bélico, ya que en el Registro de Asociaciones aprobadas por el Gobernador Civil en 1940 no consta. Se iniciaba otra época en el municipio, atrás quedaban ya los esplendorosos años de Garrucha y su célebre Casino.


miércoles, 19 de octubre de 2016

Garrucheros en los campos de concentración nazis


Prisioneros en el campo de concentración de Buchenwald

Durante la Segunda Guerra Mundial hubo 9328 españoles recluidos en campos de concentración nazis. La mayoría de ellos fueron deportados al campo de exterminio de Mauthausen, llamado el campo de los españoles por la gran cantidad que había: 7.532. El resto se repartieron en Gusen (subcampo anejo a Mauthausen), Dachau, Buchenwald, Ravensbrück, Bergen Belsen, Auschwitz, Neue Bremm, etcétera. Puede decirse que hubo españoles en casi todos los campos.

El perfil de los españoles enviados a las fábricas de la muerte nazi solía ser común: exiliados de la Guerra Civil Española que habían emigrado a Francia tras la derrota republicana en 1939.

A rasgos generales, los españoles deportados se pueden clasificar en dos grandes grupos y etapas:

  • Enrolados en el Ejército Francés que habían caído prisioneros de los alemanes y que fueron deportados a los campos en 1940-1941. Estos al principio fueron considerados prisioneros de guerra, pero poco después, y por acuerdo entre el Régimen Franquista y el Gobierno colaboracionista de Vichy del general Petain con el alemán, acordaron su traslado a campos de exterminio como apátridas pues Franco decía que “no existían españoles allende las fronteras”.
  • Colaboradores de la Resistencia Francesa que habían sido capturados por los nazis y enviados al exterminio en 1942, 1943 y 1944, y que recibieron la misma consideración de apátridas.
Distintivo de los españoles en los campos.
S de Spanier sobre fondo azul,
alusivo a su condición de apátrida.

Cuando terminó el conflicto bélico en 1945 quedaban con vida poco más de 3800 compatriotas, lo que se traduce en que perecieron el 60% bajo el yugo de la barbarie del III Reich. La mayor parte de ellos fallecieron como consecuencia del trabajo inhumano, las condiciones sanitarias deplorables, las enfermedades y el hambre, pero también fusilados, apaleados, gaseados o ahorcados.

¿Hubo garrucheros en los campos de concentración nazis? La respuesta es afirmativa y gracias a los datos proporcionados por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte podemos conocer sus nombres, fechas y lugares en los que estuvieron:


  1. Francisco Carmona, nacido en Garrucha el 25 de mayo de 1888, estuvo en la prisión de Toulouse hasta que fue deportado al campo de Buchenwald el 6 de agosto de 1944. Liberado por los americanos el 11 de abril de 1945.
  2. Juan Galindo Egea, nacido en Garrucha el 16 de marzo de 1916, estuvo recluido temporalmente en la prisión Stalag XVII-B Krems-Gneixendorf (Austria) y fue enviado a Mauthausen el 19 de diciembre de 1941. Liberado el 5 de mayo de 1945.
  3. José de Haro López, nacido en Garrucha el 14 de marzo de 1918, estuvo en el campo de prisioneros de guerra Stalag XI-A Altengrabow (Alemania) antes de ser remitido a Mauthausen el 26 de abril de 1941. Liberado el 5 de mayo de 1945.
  4. Antonio Orozco García, nacido en Garrucha el 25 de marzo de 1911, estuvo en el campo de prisioneros de guerra Stalag XI-B Fallingbostel (Alemania) antes de ser remitido a Mauthausen el 27 de enero de 1941. Liberado el 5 de mayo de 1945.
  5. Manuel Toledo García, nacido en Garrucha el 3 de junio de 1910, estuvo en la cárcel de Fresnes/Romainville (Francia) antes de ser deportado a Neue Bremm el 9 de noviembre de 1943. Liberado el 30 de abril de 1945.

Por suerte, ninguno de ellos falleció. Los tres de Mauthausen fueron liberados por la 11ª División Acorazada del Ejército estadounidense el 5 de mayo de 1945 y los españoles los recibieron con banderas republicanas y un cartel en el que se leía: «Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras». En este campo se estima que fallecieron 120.000 personas.

Liberación de Mauthausen por los americanos el 5 de mayo de 1945

Mauthausen estaba situado en Austria y muchos de sus edificios y barracones fueron construidos por españoles, motivo por el que se decía que cada piedra de Mauthausen representa la vida de un español. En agosto de 1940 llegaron a este campo de concentración los primeros españoles. La mayoría de los prisioneros trabajaron en la cantera de granito que allí había. Para acceder a ella tenían que subir una docena de veces diariamente la escalera de 186 peldaños que la separaba de los barracones, llevando a la espalda pesadas piedras. En este trabajo esclavo permanecían hasta la extenuación y muerte. El primer español falleció el 26 de agosto de 1940 y nuestros compatriotas guardaron un minuto de silencio con gran sorpresa de los guardianes.

Himmler en Mauthausen junto a, entre otros, Franz Ziereis
a la izquierda de la fotografía (1941).
Franz Ziereis, Comandante de Mauthausen-Gusen, recordado por su crueldad, logró en principio huir tras la liberación del campo, pero fue localizado por soldados estadounidenses con los que entabló un tiroteo, resultando gravemente herido; trasladado al hospital estadounidense de Gusen, murió en los días siguientes y su cadáver fue colgado por sus antiguos prisioneros en la verja del campo de Gusen.

El campo de concentración de Buchenwald, ubicado cerca de la ciudad alemana de Weimar, fue utilizado en principio para internar a presos políticos y durante la guerra los prisioneros esclavos trabajaron fundamentalmente para la industria armamentística. En este campo, aparte de los trabajos forzados, fusilamientos, torturas, etcétera, se realizaron experimentos médicos que provocaron la muerte de muchos prisioneros, aunque nunca tuvo la consideración de campo de exterminio y, por ello, no tenía hornos crematorios. Su comandante fue Karl Otto Koch, asesino, corrupto y despiadado nazi que fue fusilado por la propia SS por haber ordenado la muerte de un médico del campo que le trató de sífilis y temía que informara de ello, así como por malversación de caudales y otras corruptelas. La mujer de Koch, llamada Ilse, fue apodada por su brutalidad con los prisioneros como la bruja y la perra de Buchenwald. Los prisioneros fueron liberados por los americanos en abril de 1945. En este campo se calcula que murieron 56.000 personas.

Sobre los españoles que pasaron por el campo de la Gestapo de Neue Bremm, situado cerca de la ciudad alemana de Saarbrücken, solían permanecer poco tiempo para ser reenviados a otros campos, preferentemente al de Mauthausen.

Desgraciadamente la liberación de los campos de concentración no significó para los españoles la resolución de sus problemas pues el Régimen Franquista no les permitió el regreso y debieron continuar en el exilio. Al extremo sufrimiento pasado se le unió el estigma de “rojo” y la obligada separación de sus familiares, amigos, etc.

Afortunadamente, el 30 de marzo de 2015, el Grupo Parlamentario Socialista presentó en el Congreso de los Diputados una Proposición No de Ley (161/003577) sobre homenaje a los españoles de Mauthausen, en la que se pedía que se llevara a cabo un solemne acto de homenaje, personal y colectivo, reconocimiento y reparación moral a los españoles que estuvieron prisioneros en los campos de exterminio, a su legado de dignidad y de valentía y a su innegable condición de héroes de la lucha por la libertad y de víctimas del totalitarismo. Fue aprobada por unanimidad.


lunes, 17 de octubre de 2016

La inestabilidad del conservadurismo garruchero a finales del siglo XIX


Panorámica de Garrucha a finales del siglo XIX. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

Nota de La Crónica Meridional (Almería, 17/5/1890)
Don Alejandro Ayanz y Sauca fue un personaje peculiar de la Garrucha del último tercio del siglo XIX. Médico de profesión, era Director de Sanidad Marítima en el municipio y un destacado político local. Debió ser un hombre de fuerte carácter que no despertaba excesivas simpatías en Garrucha, pues tuvo algunas actuaciones reprochables tanto en su faceta profesional como política.

En una ocasión, un obrero que trabajaba en el embarque de minerales en el cable aéreo de Bédar a Garrucha resultó herido y se negó a prestarle auxilio aludiendo a que debía atenderle el médico de la Compañía Águilas. Estuvo a punto de ser apaleado por los familiares y amigos del malogrado trabajador. En otra, le acusaron de arbitrariedades e irregularidades como Director de Sanidad del Puerto de Garrucha, aunque esto siempre lo negó. Todo ello quedó registrado en la prensa del momento.

Desde 1886 fue Jefe del Partido Conservador en la localidad y se enfrentó con dureza a los liberales. Contaba con el favor del diputado D. Juan José Giménez Ramírez y logró acaudillar a la heterogénea facción conservadora de Garrucha.


Nota del periódico La Época (14/2/1886)

El municipio levantino era mayoritariamente de ideología liberal, por lo que tuvo que hacer frente a los constantes ataques políticos de los adversarios. La guerra que mantuvo con los liberales pasó en poco tiempo del terreno meramente político al personal e incluso llegó a obsesionarse con ciertos oponentes. Particularmente fue notoria su enconada lucha con los López, liberales exaltados, a los que acabó por arrebatarles y comprarles en 1889 el periódico local que dirigían. Desde entonces, don Alejandro Ayanz fue director-propietario de El Levante de Garrucha. Sin embargo, no le sirvió de mucho, ya que D. José López López fundó meses después el periódico El Látigo.

Aunque los conservadores eran minoría en un municipio de tradición liberal progresista y republicana, el turnismo político imperaba y tanto unos como otros se sucedían en la Presidencia del Ayuntamiento de Garrucha al ritmo del cambio de gobiernos en Madrid.

D. Miguel Sáez Rodríguez
Así pues, en 1891, sucediendo al liberal D. Miguel Sáez, don Alejandro Ayanz fue designado Alcalde de Garrucha. Convertido en la máxima autoridad municipal, cometería algunos excesos que acabarían por costarle el cargo.

Unos meses después de ostentar la Alcaldía ocurrió un altercado que minó su reputación e hizo explotar de indignación al Cuerpo Consular de Garrucha. En octubre de 1891, se produjo la detención de D. Julio Chasserot, Agente Consultar de Francia, sin causa aparente, sino más bien por una antipatía personal, pues como relató el propio Cuerpo diplomático en carta al Ministro de Estado, D. Carlos O’Donnell: “[…] la autoridad municipal nos está menospreciando, haciéndonos sufrir vejaciones incalificables por cuantos medios encuentra a mano. Dígalo, si no, el hecho de haber sido detenido el día de ayer el Sr. Agente Consultar de Francia, en ocasión de hallarse paseando frente a su despacho consular, sin otros motivos que las excusas más fútiles y groseras buscadas de propósito para conseguir el objeto, de detener en la cárcel pública, como al último de los criminales, al expresado funcionario. Tan abusivo proceder no puede pasar en silencio por más tiempo, a fin de que en lo sucesivo pueda quedar garantizada nuestra personalidad dentro de la correcta actitud que venimos guardando […]”.

D. José López López
En otra ocasión tuvo lugar un hecho mucho más grave. A primeras horas de la madrugada del 21 de julio de 1892 explotó un petardo en el portal de la casa de D. Alejandro Ayanz y lo que pudo ser una simple gamberrada, acabó convirtiéndose en un asunto que levantó un enorme revuelo en la Garrucha de su tiempo. Ayanz, alterado por el suceso que calificó de atentado, y haciendo valer su autoridad como Alcalde, llamó inmediatamente al Juez Municipal Suplente (D. Gabino Arroniz), al Secretario Municipal (D. Francisco Giménez), a guardias municipales y empleados de consumos del Ayuntamiento que se presentaron armados con escopetas. Una vez reunido el grupo, criminalizó del suceso a sus mayores adversarios políticos en el pueblo, y fueron prestos a las casas de ellos para detenerlos. Se dirigieron al domicilio de D. José López López, echaron la puerta abajo y detuvieron al mencionado, que se encontraba durmiendo en el dormitorio. No quedó ahí la cosa, pues registraron la casa y confiscaron un revólver y cuantos papeles les pareció, dándose además la circunstancia de que el domicilio era también la sede de la Real Agencia Consular de Italia, pues los López representaban a esta nación en Garrucha. De igual manera detuvieron, “en nombre del Rey”, a los liberales D. Juan Antonio Orozco, D. Luis Lacal y D. Alberto Almunia, todos los cuales quedaron recluidos en la prisión municipal. Sin más pruebas y acusación que la inquina personal, fueron puestos en libertad en pocas horas. Los afectados lo denunciaron y se abrió causa judicial contra Ayanz.

Estos abusos que cometió le sentenciarían definitivamente como líder del conservadurismo garruchero. Los liberales se le echaron encima y entre las filas conservadoras hubo discrepancias cada vez más grandes. Fue particularmente manifiesta la oposición que le mostró a Ayanz su número dos, el Vicepresidente del Partido, don Cleofás Berruezo Castaño, un conservador mucho más moderado que criticó la actitud y el proceder de su Jefe.

A tal punto de crispación política llegó Garrucha, que D. Alejandro Ayanz fue cesado como Alcalde y en su lugar fue nombrado de manera interina el concejal D. José López Rubia, correligionario leal a Ayanz. Sin embargo, no acabaron con esto los problemas en Garrucha.

A finales de septiembre de 1892, el Alcalde accidental López Rubia convocó a los comerciantes en el Ayuntamiento para solucionar un conflicto provocado por una Real Orden del Ministerio de Gobernación sobre Pesos y Medidas cuya aplicación práctica llevada a cabo por el Consistorio era considerada arbitraria e injusta.

En esta reunión, D. José López Rubia les manifestó que había consultado con su jefe, el abogado y Diputado del Distrito Sr. Giménez, y les pedía que abandonaran sus protestas e inútiles reclamaciones, a la vez que les solicitaba trece mil pesetas para cubrir las necesidades del Presupuesto municipal.

D. Cleofás Berruezo
Los comerciantes se quedaron estupefactos de que el Diputado considerase ahora que el comercio estaba obligado a pagar el impuesto, cuando poco antes les había manifestado a varios de ellos su opinión en contra, así como que el alcalde accidental les reclamase la cantidad citada para que así desaparecería incontinenti el oneroso impuesto de Pesas y Medidas. Ante esto, abandonaron la reunión entre grandes protestas, culpando de la aplicación de este arbitrio al ex Alcalde don Alejandro Ayanz.

La situación política en Garrucha se hizo insostenible para los conservadores de Ayanz, el mal gobierno cometido por éstos había hecho que no sólo los liberales estuvieran en su contra sino también el Cuerpo Consular y los comerciantes del municipio. El Diputado conservador del distrito, D. Juan José Giménez Ramírez, estalló contra Ayanz y sus seguidores, a los que manifestó “que arrojaría inmediatamente de su Iglesia y tendría cerradas las puertas de su casa para los individuos de este Ayuntamiento que siguiesen en adelante las inspiraciones de D. Alejandro Ayanz, pue éste había sido completamente separado de las filas que él dirige”. (La Opinión Pública, Garrucha, 2 de octubre de 1892)

Tras la defenestración política de D. Alejandro Ayanz y sus adictos, el Diputado confió la jefatura del conservadurismo garruchero a D. Cleofás Berruezo, hombre sensato y moderado que trató de frenar la cada vez más evidente descomposición del partido conservador y establecer relaciones cordiales con los liberales.

En diciembre de 1892 el turnismo se puso nuevamente en marcha y liberal Sagasta volvió a la Presidencia del Consejo de Ministros en Madrid. En consecuencia, en enero de 1893 el Gobernador Civil de Almería nombró los concejales liberales que debía sustituir a los conservadores en el gobierno del Ayuntamiento de Garrucha. Sin embargo, esta decisión no fue aceptada por el cesado Alcalde D. José López Rubia, ya que se presentó en la Casa Capitular armado con revólver y navaja diciendo que no reconocía más autoridad que la de su jefe, el diputado del distrito, por lo que él seguiría siendo el Alcalde legítimo hasta que Giménez le dijera lo contrario… Semejante espectáculo dejó estupefacto a los liberales y tuvo que acudir la Guardia Civil para sostener la legalidad impuesta por el Gobernador.

Caricatura publicada en el
periódico La Crónica Meridional
de Almería en 1895
La facción liberal se mantuvo en el poder hasta que a finales de marzo de 1895 regresó Cánovas a ostentar nuevamente el cargo de Presidente del Gobierno. Por consiguiente, en Garrucha regresaron los conservadores al poder en julio de 1895, siendo el Alcalde elegido don Cleofás Berruezo Castaño, que estaba como concejal interino. Sin embargo, tampoco fue sencilla su toma de posesión, ya que cuando se presentaron los nuevos ediles nombrados por el Gobernador, no se encontraban en la Casa Consistorial el Alcalde ni los concejales salientes; tampoco el Secretario municipal, porque consideraban que no se había cumplido la Ley. Los afectados reclamaron el auxilio del Gobernador Civil. Éste telegrafió al Alcalde cesado ordenando que se diera posesión a los nuevos elegidos, lo que aconteció unos días después con la colaboración del jefe liberal, el Diputado D. Juan Anglada.

Tres meses después de su toma de posesión don Cleofás Berruezo cesó como Alcalde como consecuencia de una conspiración de algunos concejales conservadores y liberales a quienes había considerado leales amigos y que le desaprobaron las cuentas municipales que había presentado por calificarlas injustamente de exageradas y falsas.

El bueno de don Cleofás Berruezo Castaño, aunque siguió como uno de los baluartes del conservadurismo garruchero, avanzaría con el paso de los años hacia posiciones liberales-reformistas, militando con el tiempo entre los incondicionales amigos del Diputado don Augusto Barcia. Por otra parte, D. Alejandro Ayanz parece que no pudo lavar su mala reputación en Garrucha y acabó marchándose del pueblo. En 1907 consta como vecino de Lubrín, así como Juez Municipal en dicha localidad en 1909-1910.


viernes, 14 de octubre de 2016

Los Berruezo en Turre en el siglo XVIII


La siega, de Goya (1786).
Esta estampa costumbrista pintada por el insigne artista no debió diferir mucho de la vida cotidiana de Turre

Mi rama de la familia Berruezo se asentó en Turre, procedente de Vera, en la segunda década del siglo XVIII, con el probable motivo de haber sido nombrado en 1727 Cura párroco de dicho municipio don Ginés Berruezo Osete. Como era normal en la época, los eclesiásticos recibian una suerte de tierras, por lo que solían acompañarlos familiares para que trabajasen y/o administrasen estas propiedades rústicas.

En Turre permaneció mi familia de forma más o menos fija, simultaneando su estancia con Vera, hasta las primeras décadas del siglo XIX. Puede decirse que residieron en Turre durante una centuria aproximadamente. A lo largo de esos años y como se verá, tendrán una posición preponderante en la vida pública del municipio.

Pero antes de nada, ¿cómo era Turre en el siglo XVIII?

A nivel económico, Turre era eminentemente agrícola en esta época, destacando el cultivo de cereales, hortalizas, viñas, frutales y también se producía miel. La ganadería era escasa, pues como comentan los autores D. Juan Grima, Dña. Ana Alarcón y Dña. Josefa Alarcón en su libro Turre. Historia, Cultura, Tradición y Fotografía, “las Ordenanzas Municipales prohibían taxativamente que en la Huerta (de Turre) entrasen los ganados, a fin de respetar los árboles.”

Con respecto a la demografía de Turre, a lo largo del siglo XVIII va a estar en constante expansión. Gracias a los diversos catastros y censos como el del Marqués de Campoflorido (1718), Marqués de la Ensenada (1752), Conde de Aranda (1769) y Conde de Floridablanca (1787) podemos saber la población que tenía el municipio en esos años. Turre duplicará sus habitantes a lo largo del siglo, como se expone en la siguiente gráfica:


D. Fernando de Silva y Álvarez
de Toledo, XII Duque de Alba.

Durante siglos fue este Ducado
 el mayor propietario de Turre,
hasta que el industrial minero
cuevano don Antonio Abellán
adquirió sus propiedades
a mediados del siglo XIX
La mayoría de la población se dedicaba a trabajar la tierra como jornaleros. Asimismo, había un reducido grupo de pequeños y medianos propietarios, entre los que se encontraban los Berruezo, y un gran propietario o terrateniente, que era el Duque de Alba.

El municipio era gobernado por el Concejo o Ayuntamiento, al que pertenecían los Alcaldes y los Regidores. Estos cargos no recibían salario alguno, por lo que solían ser ostentados normalmente por personas pudientes que buscaban en esto prestigio e influencia social. En adición a estas autoridades municipales  las figuras del cura párroco, el escribano, el cirujano y la baja nobleza, los hidalgos, constituirán las fuerzas vivas que van a controlar los pueblos.

Según se comenta en el citado libro, la composición del Concejo de Turre en el Antiguo Régimen era el siguiente, de acuerdo con lo que dictaminó a finales del siglo XVI el Rey Felipe II:

  • Dos Alcaldes
  • Dos regidores
  • Dos diputados de la población
  • Dos procuradores (uno general y otro personero del común)
  • Un alguacil
  • Un pregonero
  • Mayordomo de pósitos y de propios
  • Escribano

Los Alcaldes ordinarios y los Regidores se elegían cada año entre los habitantes de Turre, aunque dado que era un oficio no remunerado y que absorbía tiempo, solía estar ostentados por un círculo de prohombres de la villa. Es decir, por personas que tenían garantizado su sustento y podían dedicarse de manera cómoda al servicio público. Ser Alcalde y Regidor en esta época era un signo de estatus social, siendo motivo de orgullo y reconocimiento ostentarlo. Por ello, va a ser una práctica habitual en los municipios de la Edad Moderna la existencia de familias que ejercían su influencia sobre otras para asegurar su voto favorable hacia su candidatura a la Alcaldía.

Sobre los Alcaldes se comenta en el mencionado libro “que tenían competencias en toda clase de causas, tanto en función del tipo de delito como por el valor de su cuantía, sin que existiera diferencia con respecto a las facultades que tenían los alcaldes en los demás pueblos sometidos a cabeza de partido”. Además, entre sus cometidos, junto con los regidores, se van a encontrar:

  • Nombramiento de los demás empleados del Concejo: mayordomos, pregonero y alcalde de riegos.
  • Cobranza del Censo Real y demás contribuciones ordinarias y extraordinarias.
  • La administración del caudal del Pósito, repartiendo entre los vecinos la cantidad de grano necesario para la simiente, cuidando de la devolución del mismo en tiempo oportuno
  • Proveer de abastecimientos indispensables para la subsistencia del vecindario.
  • La administración y fomento de las casas y suertes de población, a fin de que estas fueran en aumento y no en disminución.
  • Las demás atribuciones de inspección, gobierno, justicia y administración, propias de todo el municipio.

La información que se ha obtenido hasta la fecha sobre la presencia de mi linaje en Turre en el siglo XVIII resultara interesante. Principalmente ha sido conseguida de los Registros Parroquiales de Mojácar y Turre, así como del Archivo Municipal de Vera y del Archivo Histórico Provincial de Almería. Sin embargo, la fuente clave para ahondar con mucha mayor profundidad en la huella de mi familia en el municipio hubiera sido consultar las Actas Capitulares de esta época en el Archivo Municipal de Turre; pero por desgracia, la práctica totalidad de éste se ha perdido/destruido con el paso de los años por la desidia y falta de interés hacia la Historia de los políticos locales de turno. Una tragedia que condena inevitablemente al municipio a conocer su pasado sólo a rasgos generales.

Capitán General D. José Carrillo de Albornoz,
a sus órdenes debió combatir en Italia mi
antepasado don Juan Berruezo Osete
Como he comentado al principio de este artículo, mi familia llegó probablemente a Turre de la mano de don Ginés Berruezo Osete, que fue designado Cura párroco de este municipio en 1727. Con él también se asentaron varios de sus hermanos, entre ellos don Juan Berruezo (n. Vera, 1706), del que desciendo. Se sabe que don Juan Berruezo fue hacendado y militar, y que posiblemente participó en las campañas italianas dentro de lo que se conoce como Guerra de Sucesión Austriaca (1740-1748). Asimismo, debió tener cierta notoriedad y prestancia en su época, ya que en las partidas de bautismo de sus hijos en Turre se le menciona explícitamente como “Don Juan Burruezo”, constando en ocasiones como testigos en las partidas regidores y autoridades municipales de otras localidades. Dada su vinculación con la localidad, es probable que fuese regidor o Alcalde, como sí lo fue, al menos, uno de sus hijos.

Don Juan Berruezo Osete se casó en Cuevas del Almanzora con doña Luisa Soler Molina en 1730. Los hijos de este matrimonio fueron los primeros Berruezo nacidos en Turre (de mi linaje), y entre ellos es de destacar las figuras históricas de don Jacinto y don José.

Durante el reinado de Carlos III fue Alcalde
ordinario de Turre don Jacinto Berruezo
De don Jacinto Berruezo Soler (n. Turre, 1730) se sabe que fue hacendado y que tuvo una posición destacada en la vida pública de Turre, ya que se conoce, gracias a diversos documentos conservados en el Archivo Histórico Provincial de Almería y Archivo Municipal de Vera, que en 1765 y 1779 fue Alcalde ordinario del municipio. Es muy probable que ostentase dicho cargo en otros años.

Aunque por desgracia son escasos los datos que se tienen sobre su gestión como Alcalde, sí podemos dar una pincelada sobre un asunto que se motivó durante su mandato:

El 30 de marzo de 1779 don Jacinto Berruezo (Alcalde), don Damián de Cazorla (Alcalde) y seis personas más como diputados, regidores, síndicos generales y personeros del lugar de Turre, jurisdicción de la Ciudad de Mojácar, remitieron un escrito a Granada, capital del Reino del que dependían, en demanda de la reparación de la fuente pública y la Casa Concejal (Ayuntamiento) que se encontraba en ruinas y habían tenido que sacar y depositar provisionalmente en la casa de un vecino la pólvora y municiones con gran peligro porque en los bajos había una tienda. La petición fue autorizada y se hizo un expediente en el que se presupuestaron la reparación de la única fuente pública en 2.696 reales y la Casa Consistorial en 6.254 reales.

Por otro lado, sobre su hermano don José Berruezo Soler (n. Turre, 1737) se sabe que con 15 años era Oficial de la Escribanía de la ciudad de Mojácar (Catastro del Marqués de la Ensenada, 1752). Posteriormente, se haría militar de caballería y se dedicaría con éxito a la compra-venta de propiedades, dada la cantidad de protocolos notariales que existen al respecto a lo largo del último tercio del siglo XVIII.

Don Jacinto Berruezo Soler se casó en Turre con doña Antonia de Aro Sáez en 1756. De este matrimonio es de destacar la figura de don Cleofás Berruezo de Aro (n. Turre, 1773), propietario, militar y funcionario de Hacienda que tendría una actuación destacada durante la Guerra de la Independencia (Ver: reseña biográfica de don Cleofás Berruezo). Y su hermano don Jacinto Berruezo, hacendado que en ausencia de Cleofás administrará las propiedades familiares.

Mi antepasado don Cleofás Berruezo de Aro fue el último de los miembros de mi linaje nacidos en Turre en el siglo XVIII. No obstante, no será el último turrero pues algunos de sus hijos nacieron en este municipio en el siglo XIX. De ellos cabe destacar a don Manuel Berruezo Ayora (n. Turre, 1816), próspero comerciante e industrial minero que fue el primer Alcalde de Garrucha y que ha sido nombrado recientemente Hijo Adoptivo de esta villa, y al prestigioso jurista asentado en Madrid don Antonio Berruezo Ayora (n. Turre, 1818).