miércoles, 24 de agosto de 2016

Otra tumba olvidada en el cementerio de Vera


Nicho nº 83, de D. Francisco Ruiz Carrillo. Cementerio de Vera

Diversos lectores nos han felicitado por la entrada sobre la tumba de Alejandro Kirkpatrick, y lo cierto es que ha sido admirable la acogida que ha tenido, pues en sólo 48 horas superó las 4000 visitas en este modesto blog.

Ante el interés que ha suscitado recordar personajes ilustres que yacen olvidados en los camposantos del levante almeriense, comentemos unas pinceladas de la vida de otra personalidad de la época de nuestros bisabuelos.

Unos pasos más allá de donde se encuentra la tumba de Kirkpatrick, en la parte antigua de nichos del cementerio de Vera, descansa en un humilde y abandonado enterramiento un hombre importante en la historia levantina. Se trata del abogado Francisco Ruiz Carrillo.

Don Francisco Ruiz Carrillo, natural de Turre, fue una relevante personalidad de su tiempo y si por algo se caracterizó este hombre fue por trabajar en aras del bien común. Siempre buscó desde su posición el progreso del levante almeriense.

Joven inquieto cultural e intelectualmente, estudió Derecho en la Universidad de Granada, licenciándose en 1871. Tras esto, se asentó en Vera y, como abogado con vocación de servicio público, entendió que la política era una buena forma de mejorar la vida de sus vecinos. Así pues, en 1873 fue elegido Diputado Provincial, bajo la I República. Sin embargo, la caída del régimen republicano al año siguiente lo apearía de su escaño hasta que en 1880, inscrito ahora en las filas liberales, pudo regresar de nuevo. A lo largo de la década de 1880 ostentó diversas responsabilidades como Secretario y Vicepresidente de la Diputación Provincial de Almería, y Vicepresidente de la Comisión Provincial. Además, fue Vicepresidente de la Comisión Permanente de la Diputación y miembro de la Comisión de Fomento.

Vista del edificio de la actual Diputación Provincial de Almería

Desde su posición luchó enérgicamente por conseguir mejoras de todo tipo para el levante almeriense. Una prueba de ello fue que al poco de salir elegido Diputado Provincial en 1880 viajó a Madrid, junto a su buen amigo el Diputado a Cortes D. Carlos Huelin, para entrevistarse con el Ministro de Gobernación y el Presidente del Consejo de Ministros en demanda de las infraestructuras necesarias que requería la provincia de Almería para llevarla al progreso y desarrollo que clamaba esta región deprimida de España.

Persona de trato afable y cercano, prestó innumerables servicios en favor de su circunscripción electoral; sin distinción de clases ni ideologías políticas siempre trató de resolver desde su posición cualquier problema que tuviera alguien con la Diputación u otro organismo oficial de la capital.

La labor política de Ruiz Carrillo fue tan destacada que incluso se habló de él como candidato a Diputado a Cortes en las Elecciones Generales de 1884. Sin embargo, pronto se toparía con la realidad de la política. Hombre íntegro y de altos valores morales no comulgó con las corruptelas generalizadas que campaban a sus anchas en las esferas de poder. Incapaz de someterse a un sistema corrompido y antes de ser partícipe pasivo del mismo decidió retirarse de la política en activo.

D. Bernardo Berruezo Gerez
Este periodista y comerciante garruchero luchó
enérgicamente junto a su amigo Ruiz Carrillo
por la consecución del ferrocarril de Lorca a Almería.
Tras su abandono de la política, dijo de él su amigo Bernardo Berruezo en una ocasión: “Después no ha ejercido cargo público por más que haya podido tener ocasión para ello, y es que su modo de ser no se acomoda a la política chica que ahora se hace; éI no sabría ser cacique a la moderna, porque sus sentimientos no le permitirían tomar venganza de los contrarios, ni abusar de su poder, tiranizar a nadie, ni aprovecharse para sí de nada que fuese del común.”

De vuelta en Vera fue designado Juez Municipal, ejerciendo la magistratura de 1889 a 1891. Asimismo, constituyó algunas sociedades mineras y fue abogado de la Sociedad Chávarri, que explotaba las ricas minas de Bédar. También se ocupó de la constitución de una empresa que acometiese el desagüe de Sierra Almagrera en 1892.

En 1899, dando pruebas una vez más de su filantropía y firme apoyo a todo lo beneficioso para el levante almeriense, asumió la Presidencia de la Junta Gestora del Ferrocarril de Lorca a Almería. Su labor al frente de la Junta fue encomiable, trabajó intensamente por conseguir que se llevase a cabo la construcción de la línea férrea. Para ello, no escatimó en gestiones, promovió reuniones con Diputados a Cortes, grandes propietarios y empresarios, con todos aquellos que pudiesen ayudar a impulsar tan necesaria obra para la revitalización de la industria y el comercio en el litoral levantino. Junto al periodista y comerciante Bernardo Berruezo realizó innumerables viajes como alma errante en demanda del ansiado ferrocarril, aunque, por desgracia, sólo obtuvo de los poderosos promesas y esperanzas vacías, pues nunca se materializó tan redentora construcción.

Decano del Colegio de Abogados de Vera, también fue colaborador periodístico y un destacado masón. Iniciado en la Logia Amor y Ciencia nº 15 de Almería en 1881, fundó al año siguiente en Vera la Logia Perfección, ostentado el grado de Venerable Maestre.

Como hombre preocupado en que progresase el levante almeriense, se interesó por la construcción del Puerto de Garrucha en 1903 e intentó que las fuerzas vivas del municipio promovieran nuevamente que el Estado realizase lo estudios correspondientes para su realización.

Finalmente, la vida de este buen hombre se truncó el 25 de febrero de 1910, una pulmonía acabó con su existencia a la edad de 67 años. Acompañando a su viuda Dña. María de la Soledad García-Leonés Berruezo, hijos y demás familia se pudo ver en el cementerio de Vera a una gran multitud de amigos del finado. Fueron innumerables las personas, sin distinción de clases, de Vera y otros pueblos circundantes como Garrucha, Bédar, Cuevas… que acudieron a acompañar a su última morada a quien fue considerado en vida un hombre sabio, generoso y bondadoso.

Lo que un día un fue un entierro multitudinario hoy es una lápida olvidada y abandonada por el paso inexorable de los años. Más de un siglo después, ahí sigue, silenciosa en recuerdos y vulnerable. Como era costumbre en la época, no tiene un largo epitafio, tan sólo una simple y contundente frase: ROGAD POR SU ALMA. Pues eso.

Esta tumba no es más que otro ejemplo de lo mucho que podría perder Vera si en un futuro estos nichos de personajes relevantes desapareciesen y sus restos pasaran a un osario común.


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