viernes, 15 de mayo de 2015

La minería de Lucainena de las Torres en 1900 y 1901


En el siguiente artículo, el conocido periodista garruchero Don Bernardo Berruezo Gerez ensalza el carácter emprendedor y resolutivo de los empresarios del norte de España que tienen intereses económicos en el levante almeriense. En particular destaca la figura del vasco D. Ramón de la Sota Llano (1857-1936), buen ejemplo de industrial minero foráneo que, bajo la Compañía Minera de Sierra Alhamilla, está explotando las minas enclavadas en el municipio de Lucainena de las Torres (Almería). 

COMPAÑÍA MINERA DE SIERRA ALHAMILLA

D. Ramón de la Sota
Don Ramón de la Sota, Director Gerente de la sociedad que explota las minas de Lucainena de las Torres, el afamado naviero Jefe de la casa Sota y Aznar de Bilbao, dueña de 71 vapores de alto bordo, el Director del renombrado negocio de Setares, es la actividad personificada, la inteligencia, el espíritu trabajador.

En Abril del año 1896 comenzó sus tareas la empresa de Sierra Alhamilla y hasta la fecha lleva cargos unos 200 vapores con 600.000 toneladas de mineral de hierro próximamente, extraídas de las minas Gracia, Visto, Manuela, El Negro y otras situadas a muy poca distancia del caserío de Lucainena, donde están enclavadas las oficinas. De allí a Agua Amarga se arrastra el mineral por medio de un ferrocarril, y en este último punto radica el embarcadero modelo, un brazo de hierro en el aire, una canalera, que vomita 300 toneladas de hierro diarias y que hace que la faena de carga cueste a la Compañía unos pocos céntimos de peseta por tonelada, cuando en los demás embarcaderos de por aquí resulta por 5 reales, término medio.

El primer representante que secundó discretamente las sabias iniciativas del señor Sota, fue su señor hermano político el ilustrado ingeniero industrial D. Eduardo Aburto y que, en unión del actual don Luis Álvarez, puede decirse que colocaron el negocio en tal forma, que cada día es más grande, y los efectos de una concienzuda explotación han dado margen a que tras cuatro años de incesante extraer se encuentren hoy las minas en todo su apogeo de producción.

¡Qué satisfechos deben estar los propietarios de las susodichas minas, y qué suerte han tenido los habitantes de aquella comarca! Desde que la Compañía Minera de Sierra Alhamilla plantó allí sus reales, los primeros reciben el dinero a exportadas, y los segundos no les faltan medios para ganar el pan que en otros tiempos les escaseaba.

Mirando con minuciosidad el negocio que desenvuelve esta respetable casa, se ve claramente que con razón blasonan los hijos del Norte de poseer un completo espíritu industrial, de que tan lastimosamente carecemos los meridionales. Las heladas brisas del Cantábrico no son bastante para apagar la ardorosa afición al trabajo; allí se vive entre el humo de las fábricas y locomotoras, se afana por hacer fortuna en beneficio de la humanidad, y aquí los rayos de Sol de Andalucía, la alta temperatura, sólo producen la fiebre amorosa, y si no trabajamos, sabemos “querer con fatigas”.

¡Constraste tan lamentable como desafinado!

La Administración de la sociedad que nos ocupa, a cargo de D. Luis Álvarez, es el colmo de la escrupulosidad, reveledora de una inteligencia que encaja perfectamente con lo que requiere el negocio de los hierros. Por eso, y por todo lo dicho, está considerado el asunto de Lucainena como uno de los principales de esta provincia. Todo hace entrever que donde se consideraba cosa de poca monta, hay trabajo para rato y beneficios para jartar a mineros, braceros y cuantos por algo están ligados a la Compañía Minera de Sierra Alhamilla.

¡Qué lástima que no se volvieran Sotas todas las cartas de la baraja, para con sumo agrado cambiarlas por los Reyes de por aquí!
B.B.

(El Eco de Levante, Garrucha, 31 de marzo de 1900)

Por otro lado, cabe decir que la familia Berruezo también tenía intereses mineros en Lucainena de las Torres. Se sabe que el industrial Don Francisco Berruezo López (1841-1917), padre de D. Bernardo, tenía registradas en este término municipal minas cuyos nombres eran Mi BernardoLa ProvidenciaLa PerlaDemasía a Veremos... 

Don Bernardo, como ya hizo el 31 de marzo de 1900, vuelve a ensalzar en otro artículo, publicado en octubre de 1901, la actividad de la Compañía Minera de Sierra de Alhamilla en Lucainena de las Torres y de su gerente D. Ramón de la Sota. Pone de ejemplo la gestión de este industrial como lo que debe ser una bien entendida sociedad explotadora minera. 

LUCAINENA DE LAS TORRES

Las torres coronando la cima de los montes es lo primero que se divisa, y dan un verdadero carácter al nombre de este pueblo, para llegar al cual, por el mal llamado camino que la separa de la carretera de Almería, ve uno su vida en peligro a cada paso.

Y nunca dejará de llamar la atención que aquel gran centro industrial esté tan incomunicado, por culpa sin duda de los gobernantes, siempre tan poco solicitos en acudir a las necesidades de los pueblos.

Vista general de Lucainena de las Torres. Año 1909.
(Extraída Archivo Diputación Almería)

Dicen que la Compañía Minera de Sierra Alhamilla está dispuesta a costear la mitad de una carretera; pero se les exigirá quizás todo el desembolso, como si las ventajas de esa obra redundaran sólo en su beneficio, como si con ello no fuera ganando mucho aquel vecindario y aquel comercio y no estuvieran uno y otro tocando continuamente las consecuencias del abandono en que los dejan…

Cuando se consigue ganar la última vertiente que da vista al pueblo, el panorama no puede ser más espléndido. Aquel gran movimiento en los talleres de la compañía y en el depósito general de minerales. Aquel ir y venir de locomotoras arrastrando tras de sí vagonetas repletas de mineral. Aquel plano inclinado serpenteado continuamente por las que bajan llenas y suben vacías. Los silbidos de las máquinas que atronan los barrancos y que parecen cantar el himno al trabajo. Las descargas de los barrenos, como si hicieran salvas de honor a la labor constante y a la actividad grande de la sociedad que tanto bien ha llevado a los habitantes de aquella feliz comarca…

Estación del ferrocarril minero en Lucainena de las Torres. Año 1909.
(Extraída Archivo Diputación Almería)

Todo hace pensar con envidia en lo que tantas veces se ha dicho ya de la Compañía de Sierra Alhamilla y de su gerente el Incansable y admirado en el mundo industrial, D. Ramón de la Sota.

Y el apellido Sota suena por allí con tonos de veneración. Y es fama, que cuando se juega a los naipes por toda aquella zona, todos se inclinan a la “sota” seguros de salir gananciosos, porque la palabra “sota” es precursora en todo de benéficos resultados para los que se acogen a ella.

El Director del negocio de Sierra Alhamilla es un joven almeriense. Es uno de los paisanos que nos honran porque además de la gran inteligencia que posee D. Pablo Fábrega en esta clase de asuntos, es un trabajador incansable y su pasmosa actividad es la admiración de cuantos le conocen. Atendiendo desde lo más difícil hasta los más insignificante que se relacione con los asuntos de la Sociedad que en tan buena hora le tomó a su servicio, lo mismo se encuentra al frente de la oficina, que atravesando a pie o a caballo escarpadas sierras. La pereza, o nunca se ha posado en su espíritu, o se la dejó allá en la capital vizcaína cuando cursaba los estudios que tanto provecho habían de originarle y tanto lustre habían de dar luego a su simpática persona. El Sr. Fábrega constituye, en fin, una elocuente prueba del gran golpe de vista que posee don Ramón de la Sota.

Cuando de regreso ascendí a la última vertiente que da vista al pueblo, volvíme para contemplar otra vez el hermoso panorama que aquel movimiento ofrece al viajero.

Hornos de calcinación construidos por la Compañía Minera de Sierra Alhamilla. Año 1909.
(Extraída Archivo Diputación Almería)

Y la agitación febril de los alrededores de las casas y talleres de la Compañía me transportaban para compararla con la tristeza de otros alrededores de casas, talleres y depósitos… Aquellas pequeñas locomotoras, que dando furiosos resoplidos arrastran tras de sí larga fila de vagones repletos de mineral, me recordaban las grandes y flamantes locomotoras guarecidas en los almacenes y la enorme hilera de bien pintados vagones que un año y otro año permanecen inmóviles pegados a lo largo de las paredes del taller…

Los silbidos estridentes del vapor, expelido con rabia atronando aquellos barrancos, formaban en mi cerebro sarcástico concierto con los suspiros que ahora lanzan los que creían obra redentora un ferrocarril tiempo ha construido, sin resultados ni ventajas, hasta ahora, para esta zona, y aquellos estampidos de barrenos, como si fueran salvas de honor a la labor perpetua de la Sociedad que explota las minas de Sierra Alhamilla, los oía alejarse en eco hacia sierra de Bédar, para burlarse sin duda de su eterno silencio, a invitarla a que pronto revuelva sus entrañas y pague espléndidamente los afanes de sus propietarios y las ansias de sus obreros sin ocupación.

Ya lo he dicho otras veces, y lo repetiré cuantas se trate en este asunto. En la baraja minera, hacen falta muchas sotas… y sobran los reyes.
B.B.

(El Eco de Levante, Garrucha, 24 de octubre de 1901)

2 comentarios:

  1. El trabajo que estás haciendo, José Berruezo, es encomiable. Qué hermoso es tener un apellido tan lleno de historia

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