sábado, 9 de julio de 2016

¿Truchas en Garrucha? La extravagante idea de Jorge Clifton Pecket, vicecónsul inglés en Garrucha


Jorge Clifton Pecket. Hacia 1876
Extraída del libro Memoria Fotográfica
de Garrucha (1838-1936). Vol. III
Jorge Clifton Pecket fue un personaje muy peculiar de la Historia de Garrucha. Llegó al municipio para hacerse cargo del viceconsulado inglés, que había quedado vacante tras la muerte del titular, Alejando Kirkpatrick, en junio de 1869. Con el paso de los años se convirtió en un rico hombre de negocios vinculado a la minería y su aportación al desarrollo económico y social de la villa fue muy importante.

Personaje inquieto intelectualmente, fue muy activo y dinámico, lo mismo te lo podías encontrar recorriendo las Sierras de Cabrera y Bédar en expediciones científicas y mineras que haciendo descubrimientos arqueológicos con Eduardo Palanca, frustrado presidente de la I República, en la Cueva del Tesoro en el Rincón de la Victoria (Málaga).

Como buen inglés era un hombre práctico e ingenioso, siempre dispuesto a emprender negocios que le pudieran reportar un gran rédito. En una ocasión, haciendo unas prospecciones mineras en Sierra Cabrera se topó con un manantial de agua fresca y buena. Con una mente cultivada en la revolución industrial de la época victoriana vio en esto una buena oportunidad para surtir de agua a Garrucha, terminando así la dependencia que tenía el municipio de los aguadores de Mojácar.

Rápidamente acordó con el Ayuntamiento, presidido por Alcalde Don Juan Francisco Berruezo Torres, que él costearía todo lo necesario para traer el agua desde Sierra Cabrera a cuatro fuentes que se instalarían en Garrucha. Y así lo hizo, tiró 7 Km de tubería y, de manera gratuita, el municipio solucionó su problema de abastecimiento de agua potable. Aunque claro, ningún inglés hace tal derroche de filantropía gratis, por lo que Pecket se reservó en exclusiva la venta del agua a 5 céntimos el cántaro. Tal aparentemente provechoso negocio empezó a rodar en septiembre de 1884, cuando solemnemente se inauguraron las fuentes. Sin embargo, el singular Vicecónsul británico no previó bien que en Garrucha existían casas con pozos y que mucha gente prefería el tradicional servicio de los aguadores para surtirse de agua, ya que, aunque más cara, la llevaban al domicilio. Tampoco calculó bien el caudal que suministraba a Garrucha, pues pronto se encontró que de los casi 110.000 litros que abastecía diariamente, sólo se demandaban 10.000 litros, desperdiciándose el resto.

Ante tal problema, nuevamente puso su británica cabeza a cavilar y se le ocurrió hacer bancales de riego, ajardinar su casa y construir un gran depósito con capacidad para un millón de litros. Sin embargo, estas medidas seguían siendo insuficientes para dar provechosa salida a tanta agua, por lo que se le vino a la mente una extravagante idea: construir una piscifactoría para la cría de truchas. Un descabellado proyecto que materializó, o al menos lo intentó.

Así pues, Jorge Clifton Pecket, sin escatimar en gastos, llevó a cabo su piscifactoría, que constaba de:

  • Un estanque para la incubación de los huevos
  • Un estanque para alevines con plantas acuáticas
  • Un estanque para la recría
  • Un estanque para engorde
  • Saltos de agua de unos a otros para el oxigenado
  • Un estanque final de 700 m2 de superficie para parcas y salmones

Piscifactoría francesa de 1869, probablemente la instalada en
Garrucha debió ser similar.
Esta piscifactoría que tuvo Garrucha fue, según comenta el escritor Antonio Molina en su obra El Libro de Cuevas del Almanzora hace un siglo, la primera instalada en el Sur de España. 

Sin embargo, el proyecto no marchó como deseó Jorge Clifton, pues no logró criar truchas, a pesar de la gran cantidad de intentos y consultas científicas que hizo a diversas instituciones nacionales e internacionales. Parece ser que el clima garruchero no favorecía la cría de este tipo de peces.

No se sabe qué hubiera pasado si hubiera llegado a despegar tan peculiar negocio, aunque siendo Garrucha un puerto de mar que se nutría de una gran cantidad y variedad de pescado fresco parece probable el fracaso de Pecket a medio o largo plazo. No obstante, a tan singular personaje de la historia garruchera seguro que se le hubiera ocurrido algo para evitar naufragar con las truchas.


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