viernes, 9 de octubre de 2015

D. Pedro Berruezo Soler (1805-1878). Parte I


Carlos IV, Rey de España cuando nació
nuestro familiar biografiado
Don Pedro Berruezo Soler nació en Vera (Almería) el 29 de marzo de 1805. Era hijo de D. Juan Francisco Berruezo Campoy y Dña. Isabel Soler López.

Se crio en el seno de una familia acomodada de la ilustración veratense. Su abuelo D. Pedro Berruezo Caparrós fue un acaudalado comerciante, importante hacendado y funcionario de la Real Hacienda como Mediero de Sal en Vera. Su padre D. Juan Francisco Berruezo fue también empleado de Rentas Reales en el mismo municipio. Asimismo, y como curiosidad, cabe comentar que D. Pedro Berruezo Soler era sobrino del famoso espía y aventurero español D. Domingo Badía, más conocido como Alí Bey, ya que éste se había casado con su tía, Dña. María Lucía Berruezo Campoy. (Ver: Alí Bey y su relación con la familia Berruezo en Vera)

En agosto de 1812, a la edad de 7 años, quedó huérfano de padre al fallecer éste en la fatídica epidemia de fiebre amarilla que asoló Vera en esos años, en la que perecieron 1400 personas. Tras este triste trance familiar, Don Pedro Berruezo debió ser educado bajo la influencia de su abuelo, ya que de él aprendió el oficio de Rentas.

Tras trabajar durante su adolescencia como salvaguarda y mozo de almacén de la Administración de Rentas Reales en Vera, en 1828 solicitó al Contador de Rentas de la Provincia el empleo de Medidor de Sal, cargo que venía ostentando su familia desde época pretérita y que le fue concedido. Fue el inicio de una carrera en la Real Hacienda que le llevó a tener diversos nombramientos con el paso del tiempo: Medidor de Sal en Vera (1828), Escribiente de la Contaduría del Partido de Loja (1829), Fiel Toldero de Sal de la Administración de Vera en Garrucha (1832), Fiel de Cargadas de Garrucha (1838-1845) y Villaricos (1841), Fiel Toldero de Sal de Garrucha (1846), Interventor de la Aduana de Garrucha (1847)… hasta ostentar la Contaduría y la Administración de Rentas de la Aduana de Garrucha, uno de los cargos de Hacienda más relevantes de la Almería y la España de su época, dado el enorme trasiego comercial, industrial, importador y exportador que comenzaba a tener la rada de Garrucha como consecuencia de la fructífera actividad minera. 

En noviembre de 1865, Don Pedro Berruezo se jubiló como funcionario de la Real Hacienda tras toda una vida consagrada a este servicio público. No obstante, no fue su única proyección profesional, ya que también se dedicó con éxito a la compra-venta de propiedades y a la inversión minera, lo que le hizo amasar una importante fortuna. Esta faceta se verá en próximas entradas de su reseña biográfica.

Sobre la administración de la “Sal”, conviene recordar la trascendencia que tuvo en su época, ya que desde el Alfolí de Sal de Garrucha se surtía a más de 40 municipios de tan necesario compuesto químico para la conservación de los alimentos.

Buque descargando en la playa de Garrucha. Finales del siglo XIX.
También, como dato ilustrativo de la importancia de Garrucha puede reseñarse lo registrado en los años 1845 y 1853. En el año 1845 llegaron a la playa-embarcadero 421 buques, que descargaron 17.341 toneladas de mercancía y se exportó, a su vez, en 352 buques, 14.842 toneladas. En 1853 se embarcó por la Aduana de Garrucha más de 3.500 toneladas de plomo procedente de la actividad industrial minera. La importancia de la rada garruchera fue aumentando al mismo ritmo que crecía la economía de la región, como consecuencia de la industria minera.

La vinculación de D. Pedro Berruezo Soler no se limitó a la Aduana de Garrucha. Se asentó en la todavía pedanía de Vera en la década de los años 30 del siglo XIX y pronto dejó profunda huella en la Historia garruchera. Una prueba de la estima y respetabilidad que le profesaban sus convecinos, así como del compromiso que tenía con Garrucha este prohombre, se puede leer en la página 72 del libro Historia de Garrucha, publicado en 1921, donde Don Pedro Berruezo fue uno los impulsores de la construcción de su segundo cementerio:

“Al año siguiente de 1848, se construyó el primer cementerio que hubo en la localidad; antes de esta fecha se hacían los enterramientos en el de Vera. La primera necrópolis estaba en el sitio llamado la Puntica, y no reunía las condiciones necesarias, hallándose las sepulturas poco resguardadas de profanaciones; así ocurrió que un día en que se había enterrado un niño, sacaron los perros el cadáver destrozándolo, y la familia, llena de dolor, acudió a casa de D. Pedro Berruezo dándole cuenta de lo ocurrido. El hecho produjo mucha sensación en el vecindario; enterrose nuevamente a la criatura en una profunda fosa, y aquella noche se reunieron en casa del Sr. Berruezo varias personalidades, acordando construir un cementerio a sus expensas, rodeándolo de tapias y cerrándolo con una puerta prevista de cerradura. […] inaugurándose solemnemente esta necrópolis con asistencia del Párroco de Vera, que después de bendecirla, recogió la llave, encargando que cuando hubiese algún sepelio se le mandara aviso. Así se estuvo practicando con gran incomodidad de los vecinos, hasta que D. Pedro Berruezo consiguió que la llave quedara en su poder.”

[Continuará]


jueves, 8 de octubre de 2015

D. Bernardo Berruezo y el poeta Durbán Orozco


Vista panorámica de Garrucha en 1900. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

D. José Durbán Orozco
(Extraída Biografías. Dip. Alm)
Garrucha a principios del siglo XX todavía seguía siendo lugar recurrente de visita de buena parte de la intelectualidad almeriense y forastera. En este bello pueblo del levante almeriense, al calor de su rica y exportadora rada, en un clima de gran cultura favorecido y fomentado por los prohombres del municipio, aquellos grandes y cultos hombres de negocios, bullía la ilustración. Por las calles de Garrucha pasearon figuras destacadísimas de la poesía española: D. Luis Cernuda Bidón, D. Francisco Aquino Cabrera, D. José Durbán Orozco, D. José María Álvarez de Sotomayor…

El poeta Don José Durbán Orozco (1865-1921) era hijo del Ingeniero de Caminos D. Francisco Durbán Villanueva y de Dña. Ana Orozco Segura, hija del conocido político y empresario almeriense D. Ramón Orozco Gerez. Aunque nacido en Salamanca por motivos de destino profesional de su padre, fue siempre una figura asidua de Almería y, particularmente, de Garrucha, municipio donde residió desde principios del siglo XX de manera casi permanente. Se vinculó tanto a esta villa, que algunos historiadores atribuyen erróneamente su nacimiento a este este pueblo del levante almeriense.

D. Bernardo Berruezo Gerez
Col. José Berruezo García
Cortesía Juan Antonio García Berruezo
En Garrucha entró rápidamente en los círculos culturales e intelectuales de manos de figuras locales tan destacadas como D. José Bueno y Cordero, D. Pedro Gea López-Teruel, D. Antonio Lacal Montenegro, D. Pedro Berruezo Gerez o D. Bernardo Berruezo Gerez. Precisamente con éste último, sensible a las artes literarias, entabló una estrecha y gran amistad. Asimismo, Durbán Orozco era colaborador habitual del periódico garruchero El Eco de Levante, donde publicaba algunas de sus composiciones poéticas. También se le podía ver en todo acto social del municipio, donde deleitaba a los oyentes recitando alguno de sus poemas.

Con ocasión de la publicación, en diciembre de 1899, de su libro de poemas Tardes Grises, su segunda obra desde Afanes Eternos, su buen amigo, el periodista D. Bernardo Berruezo, uno de los hombres que más influyó en que Durbán se decidiera a publicarlo, elaboró un artículo agasajándolo en el periódico local El Eco de Levante, del que era redactor y cofundador. No fue el único escrito al respecto, muy bien recibido por la crítica literaria, otros redactores y poetas ensalzaron esta obra que encumbró a D. José Durbán Orozco como poeta en Almería, lo que le permitió acceder plenamente a los círculos literarios modernistas. Fue y es considerado uno de los poetas más grandes del siglo XX almeriense.

TARDES GRISES
En un país donde en el mes de Enero abrasa el sol, que el azul de su cielo es pocas veces encubierto por las nubes, no puede ser más melancólico ni original el título de un libro. Pero Pepe Durbán ha dicho y con razón, que si el firmamento de su tierra es radiante, su alma está cubierta de ciertas nubecillas, y de todo se deduce que el nombre con que ha bautizado su segunda producción está en perfecta armonía con las joyas literarias que se leen entre su cubierta.
Bien puedo decir que he sido uno de los que más han inducido a mi querido amigo a que no demorara la publicación de “Tardes grises”, y cada vez que mano a mano saboreábamos el aromático Moka por el cual – dicho sea de paso – tiene pasión Pepe, y entre sorbo y sorbo recitaba a instancia mías algún verso, le recalcaba que era una solemne majadería que dejara por más tiempo bajo la carpeta lo que tan correctamente habíale dictado su privilegiada y fogosa imaginación. Apunta esta advertencia, me obliga a quejarme de que no se haya acordado de enviarme su libro hasta diez días después de dado a luz.
“Tardes grises” ha sido ya juzgado y declarado un triunfo para su autor por distinguidos y autorizados escritores de Almería como Pepe Jesús García y Paco Aquino, y desgraciadamente no alcanzarán mis conocimientos en la materia – que son nulos – a hacer una crítica por mi cuenta.
Lo que escribe Durbán, tiene el doble de mérito de que no está hecho para agraciar al lector expresamente. Sus versos son un eco de lo que habla su corazón, y si algo ajeno a este encierran, es la forma en que los presenta su innata condición poética.
Después de leídas y releídas las 22 composiciones que contiene el libro, no se me ocurre nada más que enviar a mi poeta distinguido la más cariñosa y verdadera felicitación, y recomendar al público con la eficacia que merece, que no deje el comprar “Tardes grises” si quieren deleitar su imaginación y poseer un verdadero primor de la legítima literatura.
Vengan esos cinco D. José, y espero pronto “La rosa blanca” que preparas, y que como tuya ha de ser flor delicada y de suave y plácido olor.
B. Berruezo.

(El Eco de Levante, Garrucha, 6 de enero de 1900)

martes, 6 de octubre de 2015

Historia antigua de Garrucha II


Vista panorámica de Garrucha hacia 1900. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

Se transcribe el segundo artículo de colaboración la serie de diez comentada en la entrada Historia antigua de Garrucha I:

LA TORRE DE LA GARRUCHA
A Bernardo Berruezo
Atendiendo las indicaciones que los de EL ECO DE LEVANTE  me hacen, voy a seguir mi tarea relatando, aunque sea a grandes rasgos, aquellas guerras que los mojaqueros tenían con los de Vera a últimos del siglo 15 y primeros del 16, que siempre terminaban con un abrazo que ambos combatientes se daban, para volver al poco tiempo de las capitulaciones a romper las hostilidades.
La culpa de esos hechos, según documentos que tengo a la vista, la tenían los mojaqueros, que eran inquietos, ambiciosos, revolucionarios; de que decían hoy, no parecía mañana; de donde resultaba que sólo por ellos nada más, no había paz en toda esta comarca. Buscaban alianza en sus planes con los lugares de Turre y Serena y las villas de Cabrera y Teresa.
Por las mismas causas que motivaron las capitulaciones del 28 de Abril de 1498, por esas mismas volvió a reanudarse la guerra entre estos dos pueblos, y después de cinco años de constante inquietud en el país, los combatientes se reunieron en su célebre Torre de la Garrucha, y allí, el martes 4 de Abril del año 1503, se dieron un segundo abrazo de paz y de concordia, y acordaron las siguientes nuevas capitulaciones:
1ª.- Que ningún vecino de Vera y Mojácar, ni forastero, sea osado de cargar ningún pescado de los mares de ambos pueblos, sin que antes lo hiciesen saber para pagar el correspondiente impuesto, con el fin de atender al reparo de los muros de Vera y Mojácar. Que el que no lo manifieste caía en pena de 200 maravedises, repartidos por terceras partes, una para la Torre de la Garrucha, otra para el acusador, y la tercera para el Juez que sentenciara.
2ª.- Que ningún forastero lleve cargas de pescado sin que le traigan la provisión, so pena de pérdida de la carga.
3ª.- Que los arráez (patrones de barcos de pesca) de Vera, Mojácar y sus términos sean obligados a dar pescado a ambos pueblos antes de venderlos a ninguna otra persona, so pena de 200 maravedises repartidos en la forma anterior.
4ª.- Que cuando algún arráez no quisiera dar pescado a algún traginero de Vera y Mojácar, que hicieran testigos, manifestando el caso a la Justicia de donde fuese vecino, o Alguacil de la Torre para que se ejecute la citada pena de 200 maravedises.
Intervinieron en estas capitulaciones los señores Pedro de Campuzano, Alcalde mayor, Teniente Corregidor de Vera y su tierra; Fernando Julián y Juan García de Cánovas, regidores de ella; Miguel Giménez, Alcalde, Teniente Corregidor de la villa de Mojácar; Juan de Herrera y Juan de Escamez, Regidores de esta Villa, representando a la fe pública Martín Ruiz, Escribano de la ciudad de Vera, y Lope Morales, de la de Mojácar.
No terminaron con esto las luchas de ambos pueblos, porque como dice el adagio: “ni caldo recalentado, ni amigo reconciliado”, y volvieron a la pelea a los pocos años, por culpa de los mojaqueros.
Rudericus

(El Eco de Levante, Garrucha, 8 de diciembre de 1901)


viernes, 2 de octubre de 2015

Garrucha en el siglo XIX, por Berruezo Torres


Vista panorámica de Garrucha en 1900. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

Don Juan Francisco Berruezo Torres (1829-1907) fue uno de los personajes más importantes de la Garrucha decimonónica. Como ya se vio en su reseña biográfica, fue Abogado de los Tribunales Nacionales, Fiscal de la Comandancia Militar de Marina de Almería, Alcalde de Garrucha en 1865, 1866, 1883 a 1884 y 1886 a 1887, Concejal del Ayuntamiento, Juez Municipal y de Paz, Asesor Jurídico de Marina del Distrito al que pertenecía Garrucha, etc.

Con motivo de la publicación del primer número del siglo XX del periódico garruchero El Eco de Levante, la redacción del semanario solicitó la participación de diversas personalidades del municipio para conmemorar tal efeméride. Entre ellas, Don Juan Francisco Berruezo colaboró y elaboró el artículo que se transcribe a continuación, en el que repasó de manera sencilla y genérica la Historia de Garrucha hasta entonces, hasta 1901. El escrito constituye una fuente ineludible para conocer el pasado de la villa y fue consultado por D. Ramón de Cala y López, y D. Miguel Flores González-Grano de Oro para la realización de su libro Historia de Garrucha, publicado en 1921. Este artículo sobre Garrucha en el siglo XIX complementa muy bien el balance comercial e industrial que hizo D. Bernardo Berruezo Gerez en 1899 sobre el municipio. Ver: Garrucha en 1899.

GARRUCHA EN EL SIGLO XIX

Esta población, aunque moderna en su desarrollo, data del tiempo de la dominación musulmana, reconociéndose como vestigios de aquella época, los muros que existieron en la parte N. del pueblo, que parecían indicar que allí hubo una fortaleza o punto avanzado que sirviera como de atalaya para las comunicaciones con los demás pueblos del interior, creencia muy admitida al ver aún en la parte más alta de las cordilleras de la Ballabona y Sierra Almagrera, torreones que indican la relación que tuvieron con los de Garrucha.
Estos muros fueron completamente destruidos para utilizar los materiales en la construcción en 1865 de la Iglesia Parroquial, que es la misma que hoy existe, sobre la base de la Capilla que se edificó en este mismo paraje en 1804, por el gremio de mareantes, el cual costeaba un sacerdote que en ciertos días decía misa en aquel reducido local. En ella había un cuadro de San Joaquín, bajo cuya advocación estaba y sigue esta Parroquia, cuando que se conserva aún en la actualidad, y sirve para recuerdo de su creación.
En 1873 se declaró Parroquia independiente, separándose de la de Vera, de que dependía, siendo el primer Cura Párroco, el Coadjutor que servía la Capilla, D. Esteban Ruiz Carrillo.
Garrucha venía dependiendo desde 1488, en que los Reyes Católicos conquistaron estos territorios, de los pueblos de Mojácar y Vera, estando dividido su pequeño e insignificante caserío por la rambla que baja de las Tierras Royas, perteneciendo cada ribera a uno de estos pueblos. Esto producía, como era natural, grandes perturbaciones económico-administrativas en su gestión local, por lo que reunidos en común acuerdo la mayoría de sus habitantes, que eran oriundos de Vera, se dirigieron a la Superioridad, en demanda, que fue concebida, de ser adscritos a Vera, bajo la jurisdicción de un Alcalde Pédaneo, por lo que quedó fuera de su dominio el Castillo o Fortaleza, construido en 1772, llamado de Jesús Nazareno, que quedó perteneciendo a Mojácar, como actualmente, a pesar de que hoy sirve de Casa Cuartel de la Compañía de Carabineros, cuyos Jefes residen en Garrucha.
Creciendo las necesidades de este pueblo, efecto del descubrimiento de las minas de Sierra Almagrera, en 1838, fueron desarrollándose en grande escala los negocios. Así vemos que en 1840 se estableció la primera Fundición de plomo argentífero, (en el local que después ocupó el Martinete) cuyos socios eran partícipes de la mayoría de la mina Observación del barranco Jaroso, de Sierra Almagrera. Aquella Fundición, representada por los Sres. Orozco, llevó el nombre de San Ramón.
Poco después se estableció en el país, como industrial de gran talla, por su inteligencia y capital, D. Guillermo Huelin, que aunque en un principio se avecindó en Garrucha, después se retiró a Palomares, donde construyó la Fundición San Javier, que aún existe en poder de la Compañía de Águilas.
En 1860 se establecieron los Sres. Anglada, con su fundición San Jacinto, y así sucesivamente fueron creándose importantes empresas al calor de la riquísima Sierra Almagrera.
La primera casa comercial, pues, fue la de los Sres. Orozco, cuyos negocios consistían en un principio en barrillas y cereales, llegando a un grado de florecimiento notabilísimo. Después se estableció en 1843 la de D. Manuel Berruezo y Hermanos, con géneros traídos de las Baleares. Estas primitivas casas han desaparecido ya.
Los aludidos Sres. Orozco, ávidos de nuevos negocios, crearon en 1858 una sociedad que construyó el Martinete, para la fundición de los minerales de hierro de Sierra de Bédar, negocio que empezado bajo grandes auspicios, fracasó poco después, no se sabe por qué causas.
Como el vecindario aumentaba, hubo de pensarse por los hombres de negocios en dar ensanche a la vida social. Al efecto, en 1861 se creó el Ayuntamiento, siendo nombrado primer Alcalde de Garrucha, D. Manuel Berruezo y Ayora, que tomó posesión en 1º de Enero, y Secretario don Francisco López Teruel. Aquella primera Administración Municipal, no pudo ser más recta y más conveniente a los intereses locales; en aquel primer año de emancipación se instituyó la Feria, que anualmente se celebra desde entonces, y se dio principio al fomento de la localidad, bajo los auspicios de aquellos importantísimo hombres de negocios, cuyo norte consistía en mejorar y hacer que progresase Garrucha, en todo aquello que una bien entendida administración económico-social y de Justicia, reclama.
En el año 1847 se creó esta Aduana, a pesar de las activas gestiones que el pueblo de Cuevas realizó para que al hacer la traslación de Vera, se instalara en Villaricos, lo que no pudo llevarse a cabo, a pesar de su proximidad a Sierra Almagrera, por las emanaciones palúdicas del río Almanzora, que producían y producen aún fiebres intermitentes. El primer Administrador fue don Pedro Thibaut.
Del mismo modo fue trasladada a Garrucha la Dirección de Sanidad, compuesta entonces de una Junta, muy diferente en su organización a lo hoy existente. Igual camino siguió la Ayudantía de Marina, que desde Vera fue trasladada a Garrucha en 1844, a consecuencia de la venida del Capitán General de Granada al bloqueo de la plaza de Cartagena. Esta autoridad reconoció entonces la necesidad de que esa oficina estuviese aquí y no en el interior, a pesar de que hasta el año 1840 hubo en Vera Comandancia de Marina, con todo el personal respectivo, y suprimida que fue, quedó como Ayudantía, que desempeñaba en aquella época el Alférez de Fragata D. Antonio Riquelme, hijo de Vera, a quien se le hizo establecerse en Garrucha. El archivo de aquella Comandancia se custodia actualmente en la Ayudantía de Águilas.
Por esta misma época se estableció aquí la cabecera de la compañía de Carabineros, tan necesaria ya para la correspondiente vigilancia de este naciente puerto.
La gente de mar seguía ocupándose de las faenas de la pesca, que era abundantísima en esta playa.
Hoy esta industria ha decaído mucho, pues la concurrencia excesiva de pescadores parece ha traído consigo la escasez del pescado, por más que las modernas artes hacen que se saquen otras clases que las que se conseguían con el popular y característico arte real de la jábega.
No siendo esto bastante para la vida de las clases trabajadoras, han tenido que dedicarse en su gran mayoría a las faenas de carga y descarga, principal medio de subsistencia hoy día de esta sufrida clase.
Esta población carecía de aguas potables; sus habitantes bebían las que los del vecino pueblo de Mojácar traían de su abundante y hermosa fuente, con ventajas para ambos pueblos, hasta que el Sr. Pecket, incansable industrial y patrocinador de todo lo beneficioso para este país (que parece ser el suyo) arbitró y puso al consumo de Garrucha las que ha conducido a su depósito de Vista Alegre, y a la población, por cañerías de hierro.
La importancia de Garrucha al finalizar el siglo XIX es grande, pues además su situación ventajosísima como puerto, une la vida que le presta el cable de la Compañía de Águilas, y el porvenir que le ofrece el ferrocarril de los señores Chávarri, Lecoq y Compª., cuyas vías tienen por objeto conducir a esta rada los abundantes minerales de hierro de Sierra de Bédar. El desenvolvimiento creciente de este pueblo llegará a su mayor apogeo, el día en que construido el ferrocarril de Lorca a Almería, con su rama de Almajalejo a Vera, tenga comunicación directa con el resto de España.
Juan Francisco Berruezo

(El Eco de Levante, Garrucha, 12 de enero de 1901)

miércoles, 30 de septiembre de 2015

D. Francisco Jover y Berruezo (1823-1878)


D. Francisco Jover y Berruezo
Don Francisco Jover y Berruezo nació en Gibraltar el 26 de junio de 1823. Era hijo de D. Francisco Jover y Giral, y Dña. Trinidad Berruezo Rodríguez.

Su padre fue un destacado comerciante catalán afincado en Almería a principios del siglo XIX. Héroe de la Guerra de la Independencia y de convicción liberal, apoyó el pronunciamiento de Riego de 1820, que trajo el liberalismo al gobierno de la Nación. Sin embargo, tuvo que huir con toda su familia tras la caída del Trienio Liberal y la vuelta al Absolutismo de Fernando VII. El precipitado exilio familiar, con sus bienes embargados en España, provocó que nuestro biografiado naciese en la citada colonia británica.

Vagamundos apátridas de la España reaccionaria, viajó la familia errante por Inglaterra y Francia, hasta que finalmente se asentó en Italia, donde D. Francisco Jover y Giral pudo reiniciar su carrera comercial. El idioma de la patria de los antiguos Césares fue el primero que articuló el pequeño Jover y Berruezo.


Finalmente, tras la muerte del Rey felón y el inicio del reinado liberal de Isabel II, la familia pudo regresar a España en 1835. Se asentaron en Almería, donde se volvieron a dedicar a las actividades comerciales. Asimismo, Jover y Giral volvió a tener participación política y llegó a ser Alcalde de la ciudad en 1843 y 1854.

Su hijo pronto tomaría el relevo profesional y político del patriarca. Don Francisco Jover y Berruezo fue un hombre muy culto para su época. Había pasado buena parte de su infancia en Italia, por lo que, como se ha dicho, hablaba italiano; además, a nivel académico, una vez asentada la familia nuevamente en Almería, obtuvo el grado de bachiller en Filosofía en la ciudad. Asimismo, estudió en las Universidades de Granada y Montpellier (Francia), y viajó por Europa para mejorar aún más su formación, por lo que llegó a hablar varios idiomas.

Hombre con mundología, versado en humanidades y ciencias naturales, pronto compaginó su actividad empresarial con la política. En 1855 fue elegido jefe del Escuadrón de Caballería de la Milicia Nacional y Concejal del Ayuntamiento de Almería, haciéndose cargo de las Comisiones de Ornato Público y mejorando la policía urbana. Fue de los pocos Concejales que no abandonaron la ciudad durante la devastadora epidemia de cólera que se desató ese año, trabajando sin descanso como servidor público en las medidas de mejora y coordinación de la sanidad para combatir esta plaga. Tal fue su implicación y riesgo constante, que contrajo cólera, aunque logró recuperarse. Sus padres no tuvieron tanta suerte y sucumbieron a este mal.

Vista general de Almería en el siglo XIX

Tras la caída del Bienio Progresista en 1856, se retiró de la política. No obstante, en 1858 volvió a la vida pública militando en las filas de la Unión Liberal de D. Leopoldo O’Donnell, siendo uno de los miembros más destacados de este partido en Almería. Fue Alcalde de Almería de 1859 a 1862 y en 1866, quedando para la Historia local como buen gestor.

Como curiosidad, bajo su mandato la Reina Isabel II visitó Almería en 1862. Ésta quiso agraciarlo con la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica, en recompensa por los preparativos y lo bien organizada que estaba la ciudad con motivo de la regia visita. Sin embargo, Jover y Berruezo rechazó tal nombramiento.

Tras la revolución “La Gloriosa” de 1868, en la que se derrocó a la Monarquía de Isabel II, Jover y Berruezo fue elegido Diputado a Cortes, por la circunscripción de Almería, en las Elecciones del 15 de enero de 1869. Se mantuvo como representante parlamentario hasta el 2 de enero de 1871. Durante su etapa como Diputado, votó a favor de la Constitución de 1869 y de la candidatura de Amadeo de Saboya para el Trono de España. En los años venideros migró de la Unión Liberal al Partido Constitucional de Sagasta, formando parte de las filas liberales tras la Restauración Borbónica.

Retirado de la política nacional, volvió a ser Concejal del Ayuntamiento de Almería en 1874 y Secretario de la Junta de las Obras del Puerto en 1877. Finalmente, D. Francisco Jover y Berruezo falleció en Madrid el 31 de mayo de 1878, a la edad de 55 años.

A nivel familiar, Jover y Berruezo contrajo matrimonio el 20 de febrero de 1853 en Alhabia (Almería) con Doña Dolores Tovar García, hija del político liberal D. José Tovar y Tovar. Tuvieron tres hijos, aunque sólo dos llegaron a edad adulta, dando continuidad al apellido Jover en las altas esferas de la política española:

  1. D. Pedro Jover y Tovar. Licenciado en Derecho y Diplomático. Fue agraciado con las Encomiendas de la Real Orden de Isabel la Católica, de la de Carlos III y de la de la Corona de Italia. Hombre con un alto sentido del honor, tuvo un triste final. En 1901 fue enviado por el Gobierno Español como Comisario Regio con una expedición para tomar posesión de la cuenca del río Muni, en Guinea Ecuatorial. En las negociaciones posteriores, los franceses desposeyeron a España de gran parte del territorio que le correspondía, quedándose reducido a un 1/7 de lo que le pertenecía. Este hecho provocó que se suicidara cuando regresaba a España. 
  2. D. Francisco Jover y Tovar. Licenciado en Derecho, Diputado a Cortes, Académico de la Real Academia de la Historia, Alcalde de Almería y Cronista de la ciudad. Fue, además, Caballero de la Real Orden de Isabel la Católica y de la Orden de Leopoldo II de Bélgica.
  3. D. Diego Jover y Tovar, muerto en la infancia.