jueves, 16 de abril de 2015

D. Cleofás Burruezo de Aro (1773-1839)


Don Cleofás nació en Turre (Almería) el 14 de enero de 1773. Era hijo de Don Jacinto Burruezo Soler, hacendado y Alcalde ordinario de Turre, y de Doña Antonia de Aro Sáez, perteneciente a una familia acomodada de Mojácar y Cabrera.

Soldado del Regimiento Costa de Granada
Creación del Arma: 1735. Uniformidad año 1791.
Joven inquieto, Don Cleofás decidió, a los 17 años, servir en los Reales Ejércitos de Su Majestad el Rey Don Carlos IV. Sentó plaza como soldado de caballería ligera en el Regimiento Costa de Granada el 4 de septiembre de 1790 con acuartelamiento en Vera (Almería). La misión de este cuerpo militar era “patrullar continuamente la costa (del Reino de Granada), particularmente de noche y había de advertir en lo que corresponde a la seguridad de la costa y a precaver al contrabando”, según comenta el historiador D. Enrique Silva Ramírez en su artículo “Las Defensas de la Costa de Almería en los siglos XVIII y XIX”.

Allí entabló buena amistad con Don Fernando Ayora Mellado, su mentor profesional, un veterano militar del mismo Arma que él y que venía sirviendo en el Ejército desde tiempos de Carlos III. Gracias a la buena relación que siempre mantuvo con este hombre, conoció a su hija, Doña Juana Ayora Guevara, con la que acabó casándose en la Iglesia de Nuestra Señora de la Encarnación de Vera el 10 de mayo de 1797. Fruto de este enlace matrimonial nacieron once hijos: Jacinto, Fernando, Pedro, Cleofás, Juan, Ana María, Diego, Manuel (muerto a los dos años), Francisco, Manuel y Antonio. La mayoría de sus hijos tendrán una manifiesta influencia en los municipios donde residieron en las décadas siguientes.

Mapa de Andalucía de los cuatro Reinos en 1789. El Regimiento Costa de Granada patrullaba toda su extensa costa.
(«4reinosandalucia» de Jompy - Trabajo propio. Disponible bajo la licencia CC BY-SA 3.0 vía Wikimedia Commons)

Húsar de Olivencia. Año 1802
En 1802 se produjo una reestructuración de los Cuerpos de Caballería del Ejército, pasándose a denominar el Regimiento Costa de Granada: Regimiento de Olivencia 3º de Húsares. Así pues, Don Cleofás siguió sirviendo como húsar en la 10ª Compañía del citado Regimiento en el Ejército Español hasta que en junio de 1803 solicitó su licencia para poder ingresar como Dependiente del Resguardo en la Real Hacienda. Su primer destino fue a la partida de Mojácar. La decisión de migrar del Ejército a Hacienda la tomó también su suegro, D. Fernando Ayora. 

Gracias al artículo “El Resguardo del contrabando en las costas malagueñas” de la Doctora en Historia de la Universidad de Málaga, Doña Pilar Pezzi Cristóbal, podemos llegar a comprender los orígenes, el funcionamiento y estructura del Cuerpo del Resguardo en la Real Hacienda:

“La existencia de prácticas ilícitas que perjudicaban los ingresos de la Real Hacienda se incrementó considerablemente en el siglo XVIII, amparándose en el enorme beneficio que podía obtenerse de unos productos muy demandados.
Este comercio ilegal causó graves daños a los valores de Rentas Generales o aduanas, sobre todo en la rama de tejidos y la Renta de Tabaco, este último un género monopolizado por el Estado. Por ello ambas organizaron fuerzas de Resguardo, grupos armados que patrullaban las costas y campos buscan­do traficantes o contrabandistas y confiscándoles sus géneros, fuerzas que se desarrollaron especialmente desde el fin de la Guerra de Sucesión. Aunque la actuación y distribución de fraudes solían coincidir en autores, entramados y estrategias, sus peculiaridades indujeron a una cierta especialización: las primeras ejercían una vigilancia estática en aduanas, costas y lugares estraté­gicos donde inspeccionar viajeros y mercancías, mientras el tabaco precisaba una atención activa y en constante movimiento, con patrullas en los caminos e incluso registros domiciliarios nocturnos.
La trayectoria de ambos resguardos fue pareja durante el Setecientos, su similar dedicación y los elevados gastos de mantener esta duplicidad, acaba­rían decidiendo a la Real Hacienda sobre la conveniencia de unificarlos. […] Finalmente, en 1740 se decidió la unión de ambos resguardos, ratificada por Reales Órdenes en 1743, sin duda debido al cambio sufrido por las adua­nas, que pasaron del arrendamiento a la administración directa por la Real Hacienda. El sostenimiento de ambas fuerzas por parte del Estado y las acu­ciantes necesidades económicas estarían en la base de la profunda reorganiza­ción que sufrieron a nivel provincial para intentar racionalizar sus cometidos y organización. Entre los logros más sobresalientes de este periodo podemos citar el desarrollo de las rondas para vigilar costas y caminos, el considerable aumento de efectivos y la introducción de la disciplina militar que dotó a los partidos de una estricta jerarquía.
El carácter y el estado físico de estos hombres, su eficiencia, su resistencia a la tentación permanente o su tolerancia, tal y como eran valorados por sus superiores, marcaban, no sólo las posibilidades reales de lucha contra un fraude que traía de cabeza a la Real Hacienda, sino las vivencias de esa lucha titánica por un personal “muchas veces al borde de la desesperación” tanto física como anímicamente, pero al mismo tiempo con una serie de privilegios que los vinculaban fuertemente al Real Servicio.
Los cabos eran los de mayor rango dentro del partido, teniendo a su cargo a todas las fuerzas del resguardo. […] 
Se denominaban tenientes, aquellos ministros montados que dirigían las sa­lidas de ronda, sin que podamos equiparar este nombre con el empleo militar, puesto que la jerarquía en las rentas difería sustancialmente de ella.[...]”

La jerarquía del Resguardo en una partida era:
  1. Cabo (Jefe de la partida o puesto)
  2. Teniente (Mando de la patrulla)
  3. Dependiente montado
  4. Dependiente a pie
Profesión dura, sin lugar a dudas, donde se valoraba la honradez, honorabilidad y un intachable pasado en el servicio militar que garantizara un desempeño leal y eficiente de sus funciones. La Real Hacienda era muy exigente con estos funcionarios estatales, ya que como se ha leído era fácil y común caer en la tentación del fraude o hacer la vista gorda. Además no eran bien vistos en las poblaciones rurales costeras, donde trabajaban, ya que con una paupérrima calidad de vida y míseros jornales con los que subsistir, el pueblo era propenso a favorecer el contrabando y a la protección de estos delincuentes con la pasividad de muchas autoridades locales.

Trabajando como Dependiente montado del Resguardo se encontraba Don Cleofás Burruezo cuando estalló la Guerra de la Independencia (1808-1814) en España.

Para situar el contexto histórico y comprender la participación de Don Cleofás Burruezo de Aro en la citada contienda bélica, es recomendable visualizar los siguientes vídeos genéricos sobre las Causas que provocaron el conflicto y el desarrollo de la dicha Guerra de la Independencia en España:


Ante los sucesos madrileños del 2 de mayo de 1808 y el consecuente levantamiento popular contra el invasor francés, Don Cleofás no dudó en ponerse de parte del pueblo y combatir desde su posición a las tropas napoleónicas con riesgo constante de su vida. 

Defensa del parque de artillería de Monteleón en Madrid el 2 de mayo de 1808. Autor: Joaquín Sorolla

Las capitales de provincia de la Andalucía Oriental no fueron ajenas a la invasión de las tropas napoleónicas, como era de esperar. Almería fue ocupada por los franceses de marzo de 1810 a octubre de 1812 y Granada de enero de 1810 a septiembre de 1812. La misma suerte corrió el levante almeriense, Vera, por ejemplo, fue tomada por los invasores franceses el 15 de febrero de 1811.

Certificación sobre Don Cleofás expedida
por su jefe Don Francisco Delgado en 1814

Col. José Berruezo García
Cortesía Juan Antonio García Berruezo
Poco antes de la llegada de los franceses al levante almeriense, Don Cleofás se encontraba trabajando como Dependiente y Escribano del Resguardo de la partida de San Juan de los Terreros (Pulpí, Almería), sirviendo a las órdenes del Cabo Principal Don Francisco Delgado. Además, al ser el hombre de confianza de este superior ejercía las funciones de Cabo accidental en caso de ausencia o enfermedad de su jefe. Asimismo, a instancias del Visitador Don Vicente Calleja, Don Cleofás junto a siete compañeros más del Resguardo capturó en 1809 a uno de los contrabandistas más famosos de la región, Francisco Feliciano, que estaba causando importantes perjuicios a la Real Hacienda.

Aunque Don Cleofás residía en Vera, hacia 1811 estableció a su mujer e hijos en Turre, donde la familia Berruezo había gozado de una posición destacada durante el siglo XVIII y poseía propiedades. El cambio de residencia pudo estar motivado por la debastadora epidemia de fiebre amarilla que asoló Vera en 1811-1812 y que acabó con la exorbitante cifra para la época de 1400 personas. También es posible pensar que dado que Vera fue tomada por los franceses en febrero de 1811, y sus conocimientos militares, el establecimiento de su familia en Turre pudiera ser más seguro dentro de la inseguridad del momento, ya que al estar situado el municipio turrero a los pies de la imponente Sierra Cabrera, ésta podría ser lugar de refugio en caso de necesidad acuciante.

Como se ha comentado, Don Cleofás Burruezo se puso del lado de los patriotas españoles y combatió a las tropas napoléonicas desde su posición como funcionario de la Real Hacienda. Así lo certificó su superior D. Manuel Zurita:

Manuel Zurita, Cabo de todas Rentas Reales de esta Provincia. Certifico: Que el Dependiente montado de la misma Don Cleofás Burruezo, al momento que los Enemigos penetraron los puntos de Despeñaperros, salió conmigo para la Capital de Granada en virtud de orden superior, pero habiendo ya invadido los Franceses las cuatro provincias Andaluzas nos fue preciso regresar a los respectivos destinos, pero luego que Don Antonio Osorio y Calbache se estableció con su comisión en las Alpujarras, al momento salió el expresado Burruezo con los Dependientes de su Partida bajo su mando por no haberlo hecho su Cabo, ni Teniente, poniéndose bajo mis órdenes donde permaneció ejerciendo las funciones de Cabo interino, como luego que los referidos Enemigos invadieron dichas Alpujarras se retiró en mi compaña por las más ásperas montañas padeciendo las miserias mayores que se pueden considerar, en segunda pasó en igual forma incorporándose con el Sr. Intendente D. Manuel de Ibarrola donde ha permanecido a mi lado desempeñando cuantas comisiones se le han conferido, como son extrayendo granos de diezmos y terrías , y contribuciones de dinero impuestas por el dicho Sr. Intendente de los Pueblos dominados por los Pérfidos, habiéndose hallado varias veces cortado por los dichos Enemigos, como fue una de ella hallándose en villa de Huercal Overa, que entre los individuos que llevaba a mi mando hicieron Prisioneros los Franceses dos soldados de Caballería del Regimiento de España, que se hallaban en aquel acto en dicha villa, en seguida pasamos a los Campos de Pulpí donde aprehendieron a los Dependientes D. José Peñarrubia, D. Luis de Sola, D. Francisco de Torres y al momento fueron fusilados por las espaldas, y otra que omito por ser molesto, considero al indicado Burruezo acreedor a cualesquiera ascenso. Y para que le conste donde convenga, le doy la presente que firmo en Almería a primero de octubre de 1812. Manuel Zurita.

Certificado que expidió a su favor D. Manuel Zurita, Cabo del Resguardo de esta Provincia en primero de octubre de mil ochocientos doce, entre otros servicios que prestó a Caballo el D. Cleofás Burruezo en la partida de Levante libre de las tropas Francesas resulta que fue sorprendido por estas y librándose de ser prisionero con pérdida de la vida como lo fueron en Huercal Overa dos soldados de Caballería de España donde se hallaban, (fue) descubierta por la partida del llamado Joven Comandante Francés, quien fusiló por la espalda en la Población de Pulpí a tres empleados que se dirigían a la Ciudad de Lorca conduciendo desertores del Ejército.
Don Cleofás, dada sus cualidades para el mando, el respeto y seguridad que irradiaba su persona honesta e íntegra, y la ausencia de Cabos, huidos o desaparecidos durante el conflicto bélico, que gobernaran el funcionamiento de las diferentes partidas en la región, asumió, motu proprio, el mando de la partida de Carboneras durante lo que duró la Guerra de la Independencia en el levante almeriense. Cargo que fue ratificado por el Intendente Don Manuel de Ibarrola: "En vista de los mejores servicios que practicó en favor de la Patria por reglamento que formó en cumplimiento de las órdenes de Su Majestad y la Regencia del Reino por cuyos méritos fue nombrado Cabo interino de Carboneras por el Intendente de la Provincia D. Manuel de Ibarrola". 

Carga de caballería en Bailén en 1808. Autor: Ferrer-Dalmau

Organizando a sus hombres hizo batidas, vigiló los movimientos enemigos desde los apostaderos de la Sierra, administró económicamente la región bajo su control y avitualló a la resistencia y al ejército patriota. Asimismo formó parte de las Juntas Locales, y prestó ayuda y socorro a la población patrullando el levante almeriense ante los desmanes del ejército francés. En los años que duró la guerra perdió buenos amigos, pasó calamidades y fue perseguido ferozmente por los franceses; tiroteado y apresado en una ocasión pudo zafarse de sus captores. 

Carga de Húsares franceses. Autor: Ferrer-Dalmau
Con hijos pequeños y sufrida esposa, a veces las circunstancias históricas hacen que uno se vea inmerso en situaciones que nunca espera que vayan a producirse, y es cuando luchar por una causa que crees justa y noble está por encima de todo lo demás, incluso de tu propia vida. Él lo creyó así, la independencia y libertad de España fue seguramente su anhelo, como el de la mayoría de los españoles, aunque también, en el terreno personal y humano, expulsar de su “casa” a esos que hacen daño a sus seres queridos.

También durante la Guerra estuvo en Ugíjar (Granada) hasta el 12 de septiembre de 1811 comisionado en los apostaderos de observación de las tropas francesas cuando invadieron esta Provincia. Asimismo, en certificaciones que hicieron sus superiores en las fechas 24 de mayo y 22 de septiembre de 1811 resaltaron su labor: "como comisionado para la requisa de víveres y caudales aparece que el D. Cleofás Burruezo desempeñó con la mayor exposición los cometidos que le fueron encargados entregando en el Tercer Ejército los intereses y utensilios que le fueron confiados".

Se mantuvo como Cabo hasta que terminado el conflicto bélico en la zona fue relevado del mando el 3 de agosto de 1813 por el Cabo Propietario D. Manuel García Luengo. Tras esto, regresó a desempeñar sus funciones en la partida de Carboneras.

Tal prestigio y fama se había ganado durante los años que duró la Guerra de la Independencia que fue nombrado Cabo y el 28 de marzo de 1815 recibió el mando de la partida de San Felipe de los Escullos (Níjar, Almería) para el gobierno económico de esa región de Almería y la lucha contra el contrabando.

Castillo de San Felipe de los Escullos (Níjar, Almería).
Al mando del mismo estuvo Don Cleofás Burruezo de Aro de 1815 a 1830

Hacia 1830 la salud de D. Cleofás se resentía debido la intensa y dura vida que llevaba en el desempeño fiel y leal de sus funciones. A su espalda lleva un servicio de cerca de tres décadas en el Resguardo y más de diez en el Ejército. Finalmente, el 28 de febrero de 1830 fue trasladado a la 10ª Partida fija de Almería, un puesto algo más tranquilo para su resentida salud.

El 7 de junio de 1834 falleció su esposa, la gran Doña Juana Ayora Guevara, verdadera heroína familiar que tuvo que bregar en difíciles momentos con nueve hijos pequeños durante la Guerra de la Independencia y la posguerra.

Finalmente, quebrantada su salud y abatido por la muerte de su mujer, Don Cleofás cesó como funcionario de la Real Hacienda el 1 de junio de 1835 en Almería, tras más de 40 años al servicio de España. Decidió marchar a sus posesiones de Turre, donde falleció entre la admiración y el respeto de sus hijos y del pueblo turrero el 14 de mayo de 1839, a la edad de 66 años.


Su muerte puso fin a la apasionante vida de este Héroe de la Guerra de la Independencia. Uno de esos héroes anónimos que no aparecen en los libros, pero que sin la contribución de éstos la Historia de España no hubiera sido la misma.

Don Cleofás Burruezo de Aro fue un pilar importante dentro de la historia familiar, ya que fue el padre y mentor de esa gran saga de hermanos, los Berruezo Ayora, a los que transmitió valores perennes como lealtad, patriotismo, abnegación, afán de superación, disciplina y servicio público. Sin lugar a dudas, sentó las bases en el hogar familiar de esa naciente y pujante burguesía liberal que tomará las riendas del Estado en el reinado de Isabel II. Sus hijos serán ejemplo de ello y, con la educación y posición social que heredaron, honrarán las enseñanzas y memoria de su padre sobresaliendo en diversos campos profesionales como el militar, comercial, industrial, político... en las décadas siguientes.

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