domingo, 4 de diciembre de 2016

Garrucheros que participaron en la Guerra de Cuba



Militares, naturales del levante almeriense, en Cuba. Hacia 1897.
(Extraída del libro Memoria histórica, fotográfica y documental de Garrucha (1861-1936). Vol II.)

En el periódico La Crónica Meridional de Almería, en su edición de 6 de julio de 1898, se puede leer la siguiente nota:
Redención en metálico
El «Diario Oficial» del Ministerio de la Guerra publica una Real Orden circular concediendo un plazo, que terminará el día 14 del corriente, a los excedentes de cupo del reemplazo de 1897 llamados a filas, para redimirse del servicio por 1500 pesetas.
Las famosas 1500 pesetas libraban al español de ir a la Guerra de Cuba. Ello equivalía a 15 onzas de oro, el sueldo de dos años de un obrero, una cantidad inasumible por la clase humilde, por lo que “sólo los pobres van a defender la patria en esa horrible contribución que se llama de sangre”. (La Unión Republicana, Palma de Mallorca, 29/3/1898)

Según comentan las autoras Celestina Rozalén y Rosa María Úbeda en su artículo “Nuestros soldados fallecidos y repatriados (1895-1898)”: “Almería aportó al ejército colonial reclutas de reemplazo, excedentes de cupo, reservistas y voluntarios”, la mayoría de ellos procedentes de familias sin recursos.

El perfil del soldado que llegaba a Cuba solía ser común: jóvenes, principalmente de pueblo, de menos de 24 años y que la primera vez que salían de casa era para ir a la guerra. Pronto sufrían en ultramar los estragos de una pobre alimentación, un clima adverso de continuas lluvias y sofocante calor que hacían muy fatigosas las marchas sobre campos embarrados, así como las deplorables condiciones higiénicas y sanitarias en las que se veían inmersos; aunque lo peor de todo eran las enfermedades tropicales, principal causa de baja del ejército colonial. Algunos autores estiman que entre 1895 y 1898, sólo en Cuba, cerca de 40.000 españoles perecieron víctima de enfermedades diversas (vómito, fiebre amarilla, malaria, difteria…) frente a unos 3.000 que fallecieron de resultas de acciones de combate.

Asimismo, las autoras mencionadas indican que “hemos de tener siempre presente al hablar de fallecidos, que no todos encontraron sepultura en la Isla, sino que muchos fallecieron durante el viaje de regreso a España, una vez en su patria en los lazaretos, pues a su salud debilitada se unía el escaso abrigo, alimento y los largos trayectos. Por La Crónica Meridional sabemos que los almerienses que arribaban en el puerto de Santander, partían de allí hacia Madrid y de este punto hacia su provincia en tren, sin capote ni manta de abrigo, hecho que originó en algunos de ellos afecciones de pecho y la muerte. De los soldados almerienses fallecidos en Cuba eran naturales de la capital el 18% del total provincial, siguiéndole los de Vélez Rubio con el 16% y Cuevas con tan sólo el 6%”.

¿Hubo garrucheros en la Guerra de Cuba? Por supuesto, y gracias a los datos que nos ha cedido amablemente la Asociación Cultural Regreso Con Honor, podemos conocer algunos de sus nombres y circunstancias:

SUPERVIVIENTES:
  1. Francisco Carmona Cano. Marinero de 1ª en el Crucero Acorazado Infanta María Teresa. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Cartagena (Murcia)
  2. Andrés Galindo Soler. Marinero de 1ª en el Crucero Acorazado Infanta María Teresa. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
  3. Diego García Jerez. Marinero de 2ª en el Crucero Acorazado Infanta María Teresa. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
  4. Juan González Chinchilla. Artillero de 2ª habilitado en el Crucero Acorazado Infanta María Teresa. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
  5. Juan Garrido López. Marinero de 2ª en el Crucero Acorazado Vizcaya. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
  6. Antonio Bonasque Ortiz. Marinero de 2ª en el Crucero Acorazado Almirante Oquendo. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
  7. Antonio López García. Marinero de 1ª en el Crucero Acorazado Cristóbal Colón. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
FALLECIDOS:
  1. José Reyes Haro. Soldado del Regimiento Sevilla Nº 33. Fallecido en Regla, provincia de la Habana, el 17 de octubre de 1897 a causa de vómito.
  2. Fernando Aso Ruiz. Soldado del Batallón Baza Peninsular Nº6. Fallecido en Manzanillo, provincia de Santiago de Cuba, el 27 de enero de 1898 a causa de enfermedad.
  3. Antonio Haro Ruiz. Soldado del Regimiento Saboya Nº6. Fallecido en Colón, provincia de Matanzas, el 23 de agosto de 1897 a causa de vómito.
  4. Enrique Morales Parra. Soldado del Regimiento Tarragona Nº67. Fallecido en Ciego de Ávila, provincia de Puerto Príncipe, el 22 de octubre de 1895 a causa de enfermedad.
  5. Juan Quesada Bohivias. Soldado del Regimiento Valladolid. Fallecido en Santiago de Cuba el 12 de julio de 1895 a causa de vómito.
  6. José Inferra (Yufera) Paredes. Marinero de 1ª en el Crucero Acorazado Infanta María. Muerto en el combate naval de Santiago de Cuba el 3 de julio de 1898. Su madre solicitó el donativo dado por la colonia española en Londres para los Combatientes de Cuba y Filipinas.
También cabe mencionar al joven Guardiamarina D. Enrique Chereguini Buitrago que, aunque no era de Garrucha, sí estaba vinculado al municipio pues era cuñado de don José Bueno Cordero, el ilustrado Director del periódico local El Eco de Levante. Este valeroso marino falleció heroicamente a bordo del Crucero Acorazado Vizcaya en la batalla naval de Santiago de Cuba el 3 de julio de 1898.

Mientras estos valerosos y pobres compatriotas daban su vida por salvar la honra y el honor de España y su Imperio, en sus casas vivían en un perpetuo estado de intranquilidad. Madres, esposas, novias, hijos… abarrotaban las iglesias en demanda de la protección divina a sus seres queridos. Diariamente acudían con el corazón en un puño al Ayuntamiento para conocer las listas de fallecidos que se publicaban en el Boletín Oficial de la Provincia de Almería, ya que esperaban que jamás apareciese el nombre de su padre, novio, marido, hijo… Sin embargo, quien pasara cerca del Ayuntamiento no podía más que estremecerse ante el desolador llanto, el terrible gemido y el atronador grito desesperado de las mujeres cuando leían el nombre de su ser querido.

Si sufrían la desgracia de la pérdida del familiar, el Estado concedía a los deudos un pequeño plazo para solicitar la concesión de pensiones, aunque sólo se otorgaban a las familias que justificaran ser pobres de solemnidad. En muchas ocasiones las pensiones no se concedían, ya que los familiares, la mayoría analfabetos, desconocían el procedimiento y el tiempo exacto para solicitarlo, o se retrasaban enormemente en sus cobros, ya que se exigía un expediente de pobreza, la declaración de tres testigos que avalara la falta de recursos ante un juez y debía pasar tres filtros, pues la Delegación de Hacienda, la Diputación Provincial y el Ayuntamiento examinaban si procedía o no conceder la pensión.

Ejército de Operaciones en Cuba. 3ª Compañía del 1er Batallón del Regimiento Navarra. Original: Biblioteca Nacional

Una vez finalizada la guerra comenzó la repatriación de miles de soldados, que desembarcaron en los puertos de Vigo, La Coruña, Santander, Barcelona, Málaga, Valencia y Cádiz. El panorama que se encontraron los españoles ante la llegada sus compatriotas no pudo ser más penoso.

Expediciones de enfermos y moribundos han venido a los puertos de la Península en número tan considerable y tan triste situación, que más que de una guerra parecían venir de desiertos donde el hambre y la fatiga los hubiera aniquilado; treinta y dos mil más quedaban en los hospitales de Cuba muriéndose de anemia, de fiebre y de tuberculosis. Si tantos millones como han salido del caudal de los contribuyentes españoles no sirven para dar de comer a los valerosos defensores del honor patrio, ¿para qué sirven?
(Pastoral del Cardenal Arzobispo de Valladolid, 1898)
Una vez en España los soldados eran puestos en cuarentena para evitar la propagación de males como la fiebre amarilla. Pasado este tiempo, eran reconocidos por un médico militar que determinaba si debían ser enviados al hospital o podían regresar a casa. En este último caso, la Comisión Liquidadora de la Caja General de Ultramar le entregaba al soldado 120 pesetas para que pudiera hacer frente a los gatos del viaje. Por otro lado, los heridos o enfermos que preferían ir con sus familiares en vez de ingresar en un centro hospitalario recibían “cincuenta céntimos diarios sobre su haber para mejora del rancho, además de una cantidad por los días de viaje, debiendo marchar a razón de treinta kilómetros por jornada, siéndoles designado el lugar donde debían pernoctar para ser reconocidos por facultativos que decidirían si debían seguir su trayecto o ingresar en el Hospital Militar”. Asimismo, los ya veteranos tenían derecho a recibir 5 pesetas por mes de campaña.

Una vez llegados a sus domicilios, los Alcaldes, a instancia de los Gobernadores Civiles, debían vigilarlos sanitariamente, por lo que eran visitados a diario por el médico titular del municipio.

Soldados españoles en Cuba. Año 1898
Sin lugar a dudas, los veteranos de la Guerra de Cuba fueron los que más sintieron el llamado Desastre del 98, pues unido al sentimiento de fracaso, frustración y pesimismo nacional, muchos de ellos regresaron inútiles para el trabajo, ya fuese por secuelas físicas o psíquicas. Por este motivo, una cantidad considerable acabó en las calles, vestidos con los harapientos uniformes de soldado, mendigando, implorando la caridad pública.

El noble pueblo de Almería siempre se ha caracterizado por la gran solidaridad que demuestra ante el afligido. En este sentido, y como ocurrió en muchos municipios de España, instituciones, asociaciones y almerienses a nivel particular promovieron rifas benéficas, corridas de toros, funciones en teatros… para, con lo recaudado, asistir a los heroicos y olvidados soldados. Es de destacar el papel de la Cruz Roja, ya que prestó “socorro no sólo en el aspecto económico sino también en el sanitario: diariamente enviaba una comisión a la estación de ferrocarril para auxiliar a los soldados enfermos; ofreció para la recepción de repatriados su servicio de ambulancias con personal facultativo, camilleros, botiquines, y un hospital dotado de médicos y útiles, donde se les asistía con cama, comida, y un socorro de tres a cinco pesetas.”

Sin embargo, estos gestos bondadosos de caridad no resolvían verdaderamente la vida de los veteranos. La realidad era otra, se marcharon y volvieron de la guerra pobres, y además, muchos de ellos quedaron inhábiles para el mundo laboral por enfermedad o heridas, lo que condenaba a sus familias a sufrir aún más miseria. Por si fuera poco, a todo lo anterior, se unía el desprecio que algunos de sus vecinos les manifestaban, pues para algunos eran los soldados de la gran vergüenza nacional. ¡Qué injusticia! 

En Garrucha se sintió con especial pesar la Guerra de Cuba, pues fueron seis de sus hijos los que perecieron en la citada contienda bélica. El dolor y la tristeza que ello supuso perduraron en el pueblo largo tiempo. Asimismo, en el municipio hubo personas como don Manuel González que se dedicó profesionalmente a gestionar a los licenciados del Ejército la posibilidad de ingresar en destinos civiles, Compañía Arrendataria de Tabacos, Guardia Civil y Carabineros, facilitándole todos los trámites para ello, lo que supuso, sin lugar a dudas, una ayuda importante para estas personas.

Cuatro años después del término de la guerra, en 1902, la redacción del periódico local El Eco de Levante pidió que el día 2 de noviembre, Día de los Difuntos, los garrucheros dedicasen una oración en sufragio del alma de todos los heroicos españoles que habían perecido en los combates navales de Cavite y Santiago de Cuba, que tuvieron lugar el 10 de mayo y 3 de julio de 1898, respectivamente.

Nota de prensa publicada en El Eco de Levante
(Garrucha, 31/10/1902)

Sirva este artículo en homenaje a todos los españoles que participaron en la Guerra de Cuba y Filipinas; en especial a los heroicos y valientes garrucheros. No debemos olvidarlos. A este respecto conviene recordar las palabras que pronunció en Cartagena, el 12 de noviembre de 1998, S.M. El Rey D. Juan Carlos I con ocasión del Homenaje a los Héroes de Cavite y Santiago de Cuba:

A los héroes del 98 debemos también la España que hoy disfrutamos, y éste es el mejor tributo que podemos rendirles. La sangre que derramaron, las enfermedades que padecieron y la muerte oscura de la mayoría de los que sobrevivieron no han sido inútiles.
Al contrario, plantaron las semillas e inquietudes que dieron lugar al despegue industrial, económico, social y cultural de nuestra patria a comienzos de siglo, [...] y sentaron así las bases del largo, y muchas veces difícil, proceso de nuestra modernización, que va desde la "edad de plata" de la cultura española hasta la instauración de la democracia que hoy vivimos.



Nota: Reiteramos nuestro agradecimiento a la Asociación Cultural Regreso con Honor y a su presidente D. Francisco Javier Navarro Chueca por los datos que gentilmente nos han cedido y que han hecho posible la elaboración de este artículo.

miércoles, 30 de noviembre de 2016

1916: Vera y Garrucha regidas por los Berruezo


Ayuntamientos de Vera y Garrucha a principios del siglo XX.

En 1916 se dio la circunstancia histórica, y única hasta la fecha, de que Vera y Garrucha estuvieron gobernadas por los Berruezo.

En Garrucha era Alcalde don Pedro Berruezo Gerez, sobre el cual se ha escrito ya en diversas ocasiones, por lo que se remite al lector al artículo “el Alcalde del pueblo”, así como a las diversas entradas dedicadas a su reseña biográfica. (Ver: Parte I y siguientes).

En Vera, el 1 de enero de 1916 el Gobernador Civil nombró, por Real Orden, Alcalde del municipio a don Isidro Berruezo Ponce.

[…] En el acto el Sr. Alcalde saliente Don Miguel González Ramírez, después de felicitar cariñosamente al Sr. Don Isidro Berruezo Ponce, le cedió el sillón presidencial entregándole el bastón y demás insignias de su mando.
Todos los Sres. Concejales presentes felicitaron al nuevo presidente Don Isidro Berruezo Ponce, de quien esperan una honrada administración y grades beneficios para este pueblo.
El Señor Alcalde Don Isidro Berruezo Ponce dio las gracias a la Corporación por su cariñoso recibimiento, ofreciendo en su razonado y discreto discurso cumplir fielmente con los deberes de su cargo y velar constantemente por la tranquilidad del vecindario y por la pureza de la administración municipal.[…]
(Actas Capitulares, Sesión de 1 de enero de 1916. Archivo Municipal de Vera)
Entre la burocracia administrativa del gobierno municipal y los pequeños rifirrafes propios de las políticas locales de la época, se pueden destacar algunos hechos acaecidos durante su mandato:

En la sesión plenaria del 2 de mayo de 1916 se acordó lo siguiente:

Los Señores Concejales asistentes, secundando con gran satisfacción la feliz y patriótica iniciativa del Ayuntamiento de Lemoa (Vizcaya), por unanimidad acordaron para testimoniar una vez más la admiración y respetuoso afecto que todo español siente por S.M. el Rey Don Alfonso XIII (q.D.g.), admiración, veneración y entusiasmo que si cupiera en nuestro pecho sería mayor aún el conocer la gran obra de redención que felizmente lleva a cabo Nuestro Soberano con motivo de la catástrofe que tiene horrorizado y en conmoción al mundo, logrando la libertad de tantos y tantos seres condenados a muerte y cautiverio por consecuencia funesta y fatal de la guerra y facilitando con solicitud paternal noticias de sus hijos a tanta madre afligida, sin distinguir jamás de nacionalidades sin más estímulo ni recompensa que satisfacer los impulsos de su alma caritativa y que la Providencia en sus altos designios disponga la terminación de esta horrible lucha que tan hondamente preocupa su magnánimo y noble corazón de Rey: Que se eleve respetuosa instancia al Excmo. Sr. Presidente del Consejo de Ministros, solicitando en nombre de este Ayuntamiento representación del pueblo de Vera, que se conceda a S.M. el Rey la gran Cruz de Beneficiencia, demostrando con ello el saltar sobre las reglas y procedimientos que regulan esta materia, que el hidalgo pueblo español, lleno de admiración y plausible orgullo quiere solo por una vez ejercer sus funciones de soberana para conceder honores a su muy amado Rey, en cuya única y regia prerrogativa reside la facultad de concederla.
(Actas capitulares. Sesión de 2 de mayo de 1916. Archivo Municipal de Vera)
Este noble gesto de la Municipalidad de Vera se refiere a la Oficina Pro Cautivos, un organismo fundado por Alfonso XIII y costeado de su bolsillo al margen del Gobierno (para no afectar a la neutralidad de España en la Primera Guerra Mundial) con el propósito de dar respuesta a las familias que no sabían nada de sus parientes militares o civiles en zona de guerra e interceder a favor de los prisioneros. Gracias a los importantes contactos que poseía el Rey en los países beligerantes y al ejército de voluntarios españoles que participaron en esta misión, se pudo ayudar a unas 200.000 personas entre militares y civiles, salvando a una enorme cantidad de soldados de morir fusilados, repatriando a muchas familias a lugares seguros, organizando barcos–hospital y asegurándose de que no fueran atacados, así como poner a miles de prisioneros en contacto con sus familiares. Es considerada una de las mayores acciones humanitarias en la Historia y le valió a Alfonso XIII la candidatura al Premio Nobel de la Paz.

En otro sentido, en 1916 Vera contaba con unos 8000 habitantes, la mayoría jornaleros, mineros, labradores… que sufrían la carestía de trabajo como consecuencia de la paralización de las actividades comerciales e industriales derivadas del conflicto bélico que estaba desangrando Europa. Por ello, en aquellos penosos años aumentó la pobreza y consecuentemente las enfermedades, por lo que el Ayuntamiento en agosto acordó aumentar la plantilla de Médicos Titulares a tres, como se lee en la siguiente acta capitular:

El propio Sr. Presidente (D. Isidro Berruezo Ponce) expuso a la consideración de los Señores asistentes la conveniencia, o mejor, la necesidad de crear una tercera plaza de Médico Titular dado el considerable número de familias pobres que existen en la localidad y a las cuales no pueden prestar la debida asistencia los dos Titulares. Los Señores asistentes de acuerdo en todo con lo expuesto por el Sr. Alcalde convinieron en la necesidad de crear esta plaza, acordando por unanimidad que se consigne en el proyecto de presupuesto cantidad bastante para dotarla [...].
(Actas capitulares. Sesión de 7 de agosto de 1916. Archivo Municipal de Vera)
Sin embargo, en diciembre de 1916 todavía no se había tramitado la creación de la tercera plaza titular ni, por tanto, el concurso público para cubrirla. Ante la imperante necesidad de contar con un nuevo médico en Vera, don Isidro Berruezo propuso que desempeñara de manera interina este empleo el licenciado en medicina don Eduardo Yañez Montes:

El Sr. Presidente (D. Isidro Berruezo Ponce) expuso: Que en vista de que se hace materialmente imposible que los dos Médicos Titulares actuales presten asistencia al considerable número de familias que por las circunstancias por las que atraviesa el país han ido a formar en los padrones de pobres, proponía  la Corporación que mientras no se tramita el expediente para la creación de la tercera titular, y mientras esta plaza no se proveé por concurso, se nombre con el carácter de interino Médico Titular de este municipio al Licenciado Don Eduardo Yañez Montes, atendiendo de esta manera y sin perder momento los sacratísimos intereses de los necesitados. Los Señores asistentes por unanimidad hicieron suyas las palabras del Sr. Presidente y, así mismo por unanimidad quedó designado Médico Titular interino de esta Ciudad el Licenciado Don Eduardo Yañez Montes, que deberá ejercer su cargo desde el primero de Enero del año próximo.
(Actas capitulares. Sesión de 25/12/1916. Archivo Municipal de Vera)
Finalmente, don Isidro Berruezo Ponce dejó la Alcaldía poco tiempo después, el 11 de febrero de 1917, ya que ese día en sesión plenaria fue designado Alcalde, por Real Orden remitida por el Gobernador, don Francisco Cervantes Caparrós. No obstante, no se apartaría del servicio público, pues pasó a ostentar el cargo de Regidor Interventor del Ayuntamiento de Vera y formó parte de las Comisiones de Hacienda y Pósitos.

D. Pedro Berruezo Gerez
Alcalde de Garrucha en
1906-1914, 1916,
1918-1923 y 1931.
Su mandato duró poco más de un año y fue relativamente tranquilo, burocrático, sin grandes políticas municipales. A diferencia de su primo D. Pedro Berruezo Gerez que fue Alcalde 15 años, sobre don Isidro no es posible hacer un juicio extenso sobre su gestión, dado el escaso tiempo que estuvo al frente del Ayuntamiento, aunque todo parece indicar que fue un político liberal sensato, conciliador, bondadoso y de principios morales. Además, se sabe que viajó a Almería en alguna que otra ocasión para demandarle al Gobernador mejoras para Vera.

A nivel biográfico, don Isidro nació en Vera el 15 de mayo de 1874. Era hijo de D. Antonio Berruezo y Berruezo, Interventor de Minas del distrito de Garrucha e Inspector de Minas de la provincia de Almería, y de Dña. Isabel Ponce Garrido. Asimismo, era sobrino del Brigadier de Ejército D. José Antonio Berruezo y Berruezo, héroe de las Guerras Carlistas y de la de África. De profesión Procurador de los Tribunales, se casó en Vera el 1 de octubre de 1913 con Dña. Antonia Pinar Gómez y falleció en el mismo el 19 de noviembre de 1929, a los 55 años, víctima de una hemorragia cerebral.


sábado, 26 de noviembre de 2016

Descripción de Garrucha a mediados del siglo XIX


D. Pascual Madoz Ibáñez
El Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar es una obra realizada por el político, abogado, geógrafo y estadista español don Pascual Madoz Ibáñez. Este faraónico diccionario está dividido en 16 volúmenes publicados entre 1846 y 1850. En él se describen todas las poblaciones españolas, reseñando su administración, territorio, población, vivienda, educación primaria y magnitudes económicas. A Madoz le llevó terminar esta obra más de 15 años y contó con la colaboración de más de 1000 personas. 

Sin lugar a dudas, constituye una importantísima fuente de información para conocer el estado socio-económico de las poblaciones españolas a mediados del siglo XIX. Por consiguiente, gracias al Diccionario de Madoz podemos saber cómo se encontraba Garrucha a finales de la década de 1840:

GARRUCHA: Aldea en la provincia y Diócesis de Almería, Partido Judicial y Ayuntamiento de Vera, Audiencia Territorial y Capitanía General de Granada, Departamento Marítimo de Cartagena. Situada a las inmediaciones del Mar Mediterráneo, entre las desembocaduras de los ríos de Antas y Mojácar, en una llanura al pie de los cerros llamados las tierras Royas, la cual se halla interrumpida por las quebradas de dos arroyos; la población está resguardada por los vientos O., SO. y NE., y goza de clima sano, siendo las enfermedades más comunes las estacionales.
Tiene 250 CASAS, las más de 2 pisos; 45 cuevas habitables construidas a la falda de una de las dichas quebradas; 17 pozos en otras tantas casas, de los que 8 son de agua potable, aunque no muy buena, y la de los restantes salada y amarga; una casa cuartel para los carabineros destinados a este punto de la costa; una plaza cuadrilonga de 23 varas de latitud y 46 de longitud; 5 almacenes para depósito de diferentes artículo de boca, de vestir y demás; escuela pública de primeras letras concurrida por 30 alumnos, cuyo maestro disfruta de dotación de 4 reales diarios, de los fondos de la matrícula de mercantes, y otros 4 por semana que percibe de cada uno de los mencionados alumnos; un alfolí de sal en el que se depositan 7500 fanegas de ellas para surtido de más de 40 pueblos, con un fiel encargado del despacho y un pesador; una aduana con administrador, un contador y 2 fieles, incluso el del alfolí; una casa posada; una ermita donde se celebra misa los días festivos, servida por un capellán de nombramiento del cura párroco de Vera, a propuesta de los individuos matriculados del gremio de marineros, pagando este el citado capellán por los servicios que presta, 100 ducados anuales; una fábrica de fundir titulada San Ramón, sólida, bastante capaz y con buena distribución interior, construida en 1841 al objeto de beneficiar los minerales de Sierra Almagrera; compónese aquella de 45 hornos calcinatorios, 7 de manga, 3 de coagular, 2 de reverbero, uno para limpiar el plomo antes de coagularse y otro para reducir el litargirio a plomo, y últimamente una chimenea en forma piramidal, de 72 pies de elevación, que sirve para condensar los humos plomizos, la cual se halla aislada a un extremo del conductor que es obra abovedada, teniendo 500 varas de longitud con 7 pies de ancho y 8 de alto; los hornos de manga reciben el aire por medio de una máquina de vapor de la fuerza de 14 caballos; al Sur e inmediato a la población se encuentras un castillo denominado de Jesús Nazareno, y al Norte existen las ruinas de una casa fuerte que fue edificada a expensas de la ciudad de Vera, obteniendo esta por Real Privilegio el derecho exclusivo de nombrar el alcaide de aquella. La aldea que describimos carece de término jurisdiccional, en razón a que pertenece al de Vera y Mojácar.
EL TERRENO, sin embargo de la imperfección de las referidas quebradas, es llano, y en su mayor parte de secano, rubial, árido y pedregoso, comprendiendo 75 fanegas de inculto, que cría pasto para toda clase de ganado; cruzan por él los mencionados arroyos que tiene su origen, el uno al Sur y el otro al Norte en las aguas que se desprenden de los indicados cerros de las Tierras Royas, pasando ambos por dentro de la población, yendo el uno a entregar sus aguas al mar.
CAMINOS: hay los comunales carreteros que dirigen a Vera, Antas, Turre y Mojácar.
CORREOS: la correspondencia se recibe de Vera por conducto de un propio tomado al efecto por varios moradores.
PRODUCCIÓN: trigo, cebada, panizo, uvas, legumbres, hortalizas y pastos; ganado lanar, cabrío, de cerda, asnal y muy poco caballar y mular; casa de liebres, conejos, zorras, tejones y lobos, aunque de todo en corto número, y por último peces de diferentes clases en el mar, a cuya pesca hay destinados 24 barcos y 22 barcas.
INDUSTRIA: la agrícola, la arriera y la marinera, 3 hornos públicos de pan de cocer, aceite, vinagre y vino.
COMERCIO: la importación de los artículos de primera necesidad y algunos otros, y la exportación de barrilla y jaboncillo.
POBLACIÓN: 257 vecinos, 1203 almas.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Los Berruezo, entre los primeros fotografiados de Almería


Aunque Charles Clifford realizó algunas instantáneas de Almería para ilustrar el Viaje a Andalucía y Murcia que realizó Isabel II en 1862, se considera que el primer fotógrafo que se instaló en la capital fue José Pérez de Zafra. Este pionero abrió su Gabinete fotográfico en la calle Azara nº 4 en octubre de 1864. Se piensa que tuvo una actividad temporal en Almería, por lo que es posible que fuera un fotógrafo itinerante, ya que ubicó su taller en la Fonda de la Unión de los Vapores, situada en la dirección anteriormente indicada.

Al poco de instalarse comenzó a anunciarse en la prensa local, donde ofrecía “al público almeriense la galería que al efecto ha establecido en esta capital, y cuyos trabajos tendrán ocasión de apreciar sus favorecedores”. Las horas de trabajo eran de 9 a 4 de la tarde, “incluidos los días nublados y lluviosos”, además se podía elegir la hora que mejor le interesara al cliente para hacerse la foto, siempre y cuando se le avisara a Pérez de Zafra con dos días de antelación. Asimismo, cabe mencionar que más allá de octubre no se han localizado anuncios suyos en la prensa, por lo que es muy probable, como se ha comentado, que fuese ambulante.

El considerado primer fotógrafo de Almería supo ver el potencial de una Provincia rica, con una pujante y acaudalada burguesía de comerciantes e industriales mineros que deseaba retratarse, que quería inmortalizarse con el novedoso arte de la fotografía. Tal fue el caso de la familia Berruezo, ya que se conserva un retrato de don Francisco Berruezo López realizado por José Pérez de Zafra en 1864. Es uno de los retratos fotográficos más antiguos que se conservan de los Berruezo y a su vez tiene una gran importancia histórica, pues se trata de una de las primeras personas fotografiadas en Almería.

D. Francisco Berruezo López
Retrato de busto formato cdv realizado en
Almería por José Pérez de Zafra en 1864

Col. José Berruezo García
Cortesía Dolores Peyrallo Pérez
En estos años iniciales de la fotografía, hacerse un retrato era caro, por lo que sólo estaba al alcance de unos pocos privilegiados. El propio Pérez de Zafra mencionaba en sus anuncios los precios de su trabajo: el retrato original en tarjeta costaba 20 reales mientras que en busto, 25 reales. Era una cantidad considerable si se tiene en cuenta que equivalía, aproximadamente, al salario de cuatro o cinco días de un obrero.

Anotación del fotógrafo al dorso del retrato.

El retrato en tarjeta, también conocido como tarjeta de visita o carte de visite (cdv), en francés, fue un formato fotográfico patentado por el célebre fotógrafo francés Disdéri en 1854, cuyas dimensiones eran 64 x 100 mm. Sin embargo, no fue hasta 1859 cuando este formato se difundió en Europa con motivo de la distribución de una serie de retratos del Emperador Napoleón III en este tamaño. En poco tiempo se popularizó este formato por su versatilidad y reducidas dimensiones, poniéndose de moda que se coleccionasen e intercambiasen estos pequeños retratos entre amigos y familiares. En toda casa de la alta burguesía había álbumes de retratos en tarjeta.

Anuncio de José Pérez de Zafra publicado en el periódico
El Eco del Mediodía de Almería el 19 de octubre de 1864.
En España se considera que fue en 1859 cuando los primeros fotógrafos comenzaron a hacer retratos en formato tarjeta de visita, aunque su difusión por casi todo el país no llegó hasta los primeros años de la década de 1860. Tal fue el caso de Almería, ya que Pérez de Zafra se instaló, como ya se ha mencionado, en 1864.

Sobre José Pérez de Zafra poco se sabe, tan sólo que fue discípulo del italiano Patricio Bocconi Camisani (1835-1878), fotógrafo ambulante que, tras trabajar en Milán y Bolonia con éxito, recaló en España a principios de 1860 y que desarrolló su profesión en diversas ciudades como Mallorca, Alicante, Alcoy, Murcia, Salamanca, Pontevedra, Vigo, Orense y Almería, donde llegó en 1868, quizás por recomendación de su pupilo.

A la opulenta Garrucha del comercio y la minería, de los viceconsulados y los importantísimos hombres de negocios, llegó pronto el retrato fotográfico. El primer fotógrafo del que se tiene constancia que trabajó en el municipio fue Adolfo, que desarrolló su labor entre 1865 y 1870, aproximadamente. Este fotógrafo también tuvo Gabinete en Cuevas durante esos años y en su época debió fotografiar a lo más selecto de la rica burguesía minera del levante almeriense. Sin embargo, hoy día se conservan poquísimos de sus retratos en tarjeta, por lo que la aportación gráfica que se va a hacer a continuación es importante para la historia local. Se han hallado recientemente varios retratos relativos a la familia Berruezo realizados por Adolfo en Garrucha, como el que se muestra a continuación de doña María Josefa Berruezo López, hermana de don Francisco Berruezo.

Dña. María Josefa Berruezo López
Retrato de cuerpo entero formato cdv realizado por
Adolfo Fotº en Garrucha hacia 1865
Col. José Berruezo García
Cortesía Dolores Peyrallo Pérez

Sobre este enigmático fotógrafo nada se sabe pese a la intensa investigación que, en su momento, realizó al respecto el historiador don Juan Grima. La inexistencia de padrones y censos de esos pretéritos años, así como la falta de noticias en la prensa y su ausencia en los listados actuales de fotógrafos españoles en el siglo XIX ha hecho imposible conocer algo más sobre este pionero de la fotografía en el levante almeriense.

Para la historia familiar estos primigenios retratos son importantes, ya que, aparte de constituir un testimonio gráfico relevante, demuestran que la familia Berruezo no era ajena a los adelantos tecnológicos de su tiempo, pues fue una de las primeras de Almería en fotografiarse. 

En esta época la posición de los Berruezo llevaba tiempo consolidada al calor de la minería y el comercio, sin olvidar la preponderancia de la familia en la política local, pues en estos años fueron Alcaldes de Garrucha: don Manuel Berruezo Ayora (1861-1863) y don Juan Francisco Berruezo Torres (1865-1866).


miércoles, 16 de noviembre de 2016

Cuando la noticia de la «Octubrada» llegó a Garrucha


Otra vez los partidarios del eterno pretendiente D. Carlos de Borbón, el hombre más funesto de la España del siglo XIX, se han alzado en armas al grito de Dios, Patria y Rey.
Invocan el nombre de «Dios» los asesinos, los intransigentes, los fanáticos; guerrean al grito de «Patria», ellos que la han ensangrentado tantas veces, y que son sus más encarnizados enemigos; reconocen como Rey a quien ha dado tantas pruebas de ineptitud, eterno conspirador sin otros alientos que los precisos para recorrer, cual judío errante, las principales ciudades de Europa, dando «sablazos» para reclutar carne de cañón, que lava con su sangre su imbécil falta de creer en «Carlos chapa», mientras este pronuncia el consabido «ahí me las den todas», muellemente arrellenado en su despacho del Palacio de Loredan.
Otra intentona de los enemigos de nuestras libertades.
Otro paso atrás en el camino de la regeneración y del progreso.
¡Pobre España!
(El Eco de Levante. Garrucha, 8/11/1900)
Carlos VII, pretendiente al trono de España
Esta alarmante noticia pudieron leer los garrucheros en su periódico local el 8 de noviembre de 1900. No es de extrañar las duras palabras que le dedica la redacción del semanario al levantamiento carlista, pues era de ideología liberal e incluso algunos de los familiares de los redactores, como el abuelo de don Bernardo Berruezo, habían combatido heroicamente en las filas isabelinas durante las Guerras Carlistas.

Por momentos se temió lo peor, parecía que España se iba a enzarzar en la cuarta guerra civil de su desastroso siglo XIX.

Esta insurrección, también conocida como «octubrada», fue iniciada por algunos seguidores del pretendiente Carlos VII el 28 de octubre de 1900 en la localidad de Badalona (Barcelona), y pronto se extendió por otros municipios de Cataluña, Alicante y Valencia. Dicho día, una partida de 60 hombres al mando del exaltado carlista José Torrents atacó el Cuartel de la Guardia Civil de Badalona al grito de «¡Viva Carlos VII!». Sin embargo, en el intenso tiroteo, la benemérita abatió a Torrents y los sublevados emprendieron la huida, frustrándose así el intento de tomar el Cuartel.

Aunque la sublevación se extendió, como se ha comentado, a otros puntos de España, no contó con la autorización de los jefes carlistas ni del propio Carlos VII y fue sofocada rápidamente por las tropas gubernamentales. Todo parece indicar que fue fruto de algunos cabecillas locales del carlismo que, amparados en el gran descontento social por la pérdida de las colonias de ultramar en 1898 y las “nefastas” políticas seguidas por la Reina Regente, propiciaron el levantamiento al margen de sus líderes.

Esta intentona tuvo duras consecuencias para el carlismo, pues el Gobierno clausuró sus círculos y su prensa en España. Además, se produjeron registros de domicilios de destacadas personalidades de esta ideología y detuvieron a significados carlistas, como a don Salvador Soliva, General Jefe del Ejército de Carlos VII en Cataluña.