![]() |
Militares, naturales del levante almeriense, en Cuba. Hacia 1897. (Extraída del libro Memoria histórica, fotográfica y documental de Garrucha (1861-1936). Vol II.) |
En el periódico La Crónica Meridional de Almería, en su edición de 6 de julio de 1898, se puede leer la siguiente nota:
Redención en metálico
El «Diario Oficial» del Ministerio de la
Guerra publica una Real Orden circular concediendo un plazo, que terminará el
día 14 del corriente, a los excedentes de cupo del reemplazo de 1897 llamados a
filas, para redimirse del servicio por 1500 pesetas.
Las famosas 1500 pesetas libraban
al español de ir a la Guerra de Cuba. Ello equivalía a 15 onzas de oro, el sueldo de dos años de un obrero, una cantidad inasumible por la clase humilde, por lo que “sólo los pobres van a defender la patria en esa horrible contribución
que se llama de sangre”. (La Unión Republicana, Palma de Mallorca,
29/3/1898)
Según comentan las autoras
Celestina Rozalén y Rosa María Úbeda en su artículo “Nuestros soldados
fallecidos y repatriados (1895-1898)”: “Almería
aportó al ejército colonial reclutas de reemplazo, excedentes de cupo,
reservistas y voluntarios”, la mayoría de ellos procedentes de familias sin
recursos.
El perfil del soldado que llegaba
a Cuba solía ser común: jóvenes, principalmente de pueblo, de menos de 24 años y que la primera vez que salían de casa era para ir a la guerra.
Pronto sufrían en ultramar los estragos de una pobre alimentación,
un clima adverso de continuas lluvias y sofocante calor que hacían muy fatigosas las
marchas sobre campos embarrados, así como las deplorables condiciones
higiénicas y sanitarias en las que se veían inmersos; aunque lo peor de todo
eran las enfermedades tropicales, principal causa de baja del ejército
colonial. Algunos autores estiman que entre 1895 y 1898, sólo en Cuba, cerca de 40.000 españoles
perecieron víctima de enfermedades diversas (vómito, fiebre
amarilla, malaria, difteria…) frente a unos 3.000 que fallecieron de resultas de
acciones de combate.
Asimismo, las autoras mencionadas
indican que “hemos de tener siempre
presente al hablar de fallecidos, que no todos encontraron sepultura en la
Isla, sino que muchos fallecieron durante el viaje de regreso a España, una vez
en su patria en los lazaretos, pues a su salud debilitada se unía el escaso
abrigo, alimento y los largos trayectos. Por La Crónica Meridional sabemos que
los almerienses que arribaban en el puerto de Santander, partían de allí hacia
Madrid y de este punto hacia su provincia en tren, sin capote ni manta de abrigo,
hecho que originó en algunos de ellos afecciones de pecho y la muerte. De los
soldados almerienses fallecidos en Cuba eran naturales de la capital el 18% del
total provincial, siguiéndole los de Vélez Rubio con el 16% y Cuevas con tan
sólo el 6%”.
¿Hubo garrucheros en la Guerra de
Cuba? Por supuesto, y gracias a los datos que nos ha cedido amablemente la Asociación Cultural Regreso Con Honor,
podemos conocer algunos de sus nombres y circunstancias:
SUPERVIVIENTES:
- Francisco Carmona Cano. Marinero de 1ª en el Crucero Acorazado Infanta María Teresa. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Cartagena (Murcia)
- Andrés Galindo Soler. Marinero de 1ª en el Crucero Acorazado Infanta María Teresa. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
- Diego García Jerez. Marinero de 2ª en el Crucero Acorazado Infanta María Teresa. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
- Juan González Chinchilla. Artillero de 2ª habilitado en el Crucero Acorazado Infanta María Teresa. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
- Juan Garrido López. Marinero de 2ª en el Crucero Acorazado Vizcaya. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
- Antonio Bonasque Ortiz. Marinero de 2ª en el Crucero Acorazado Almirante Oquendo. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
- Antonio López García. Marinero de 1ª en el Crucero Acorazado Cristóbal Colón. Prisionero en EE.UU., a su regreso a España solicitó pasaporte a Garrucha (Almería).
- José Reyes Haro. Soldado del Regimiento Sevilla Nº 33. Fallecido en Regla, provincia de la Habana, el 17 de octubre de 1897 a causa de vómito.
- Fernando Aso Ruiz. Soldado del Batallón Baza Peninsular Nº6. Fallecido en Manzanillo, provincia de Santiago de Cuba, el 27 de enero de 1898 a causa de enfermedad.
- Antonio Haro Ruiz. Soldado del Regimiento Saboya Nº6. Fallecido en Colón, provincia de Matanzas, el 23 de agosto de 1897 a causa de vómito.
- Enrique Morales Parra. Soldado del Regimiento Tarragona Nº67. Fallecido en Ciego de Ávila, provincia de Puerto Príncipe, el 22 de octubre de 1895 a causa de enfermedad.
- Juan Quesada Bohivias. Soldado del Regimiento Valladolid. Fallecido en Santiago de Cuba el 12 de julio de 1895 a causa de vómito.
- José Inferra (Yufera) Paredes. Marinero de 1ª en el Crucero Acorazado Infanta María. Muerto en el combate naval de Santiago de Cuba el 3 de julio de 1898. Su madre solicitó el donativo dado por la colonia española en Londres para los Combatientes de Cuba y Filipinas.
También cabe mencionar al joven
Guardiamarina D. Enrique Chereguini
Buitrago que, aunque no era de Garrucha, sí estaba vinculado al municipio pues
era cuñado de don José Bueno Cordero, el ilustrado Director del periódico local
El Eco de Levante. Este valeroso marino falleció heroicamente a bordo del
Crucero Acorazado Vizcaya en la batalla naval de Santiago de Cuba el 3 de julio
de 1898.
Mientras estos valerosos y pobres
compatriotas daban su vida por salvar la honra y el honor de España y su
Imperio, en sus casas vivían en un perpetuo estado de intranquilidad. Madres, esposas,
novias, hijos… abarrotaban las iglesias en demanda de la protección divina a
sus seres queridos. Diariamente acudían con el corazón en un puño al
Ayuntamiento para conocer las listas de fallecidos que se publicaban en el
Boletín Oficial de la Provincia de Almería, ya que esperaban que jamás apareciese
el nombre de su padre, novio, marido, hijo… Sin embargo, quien pasara cerca del
Ayuntamiento no podía más que estremecerse ante el desolador llanto, el
terrible gemido y el atronador grito desesperado de las mujeres cuando leían el nombre de su ser querido.
Si sufrían la desgracia de la
pérdida del familiar, el Estado concedía a los deudos un pequeño plazo
para solicitar la concesión de pensiones, aunque sólo se otorgaban a las familias que
justificaran ser pobres de solemnidad. En muchas ocasiones las pensiones no se
concedían, ya que los familiares, la mayoría analfabetos, desconocían el
procedimiento y el tiempo exacto para solicitarlo, o se retrasaban enormemente
en sus cobros, ya que se exigía un expediente de pobreza, la declaración de
tres testigos que avalara la falta de recursos ante un juez y debía pasar tres
filtros, pues la Delegación de Hacienda, la Diputación Provincial y el
Ayuntamiento examinaban si procedía o no conceder la pensión.
Ejército de Operaciones en Cuba. 3ª Compañía del 1er Batallón del Regimiento Navarra. Original: Biblioteca Nacional |
Una vez finalizada la guerra
comenzó la repatriación de miles de soldados, que desembarcaron en los puertos
de Vigo, La Coruña, Santander, Barcelona, Málaga, Valencia y Cádiz. El panorama
que se encontraron los españoles ante la llegada sus compatriotas no pudo ser
más penoso.
Expediciones
de enfermos y moribundos han venido a los puertos de la Península en número tan
considerable y tan triste situación, que más que de una guerra parecían venir
de desiertos donde el hambre y la fatiga los hubiera aniquilado; treinta y dos
mil más quedaban en los hospitales de Cuba muriéndose de anemia, de fiebre y de
tuberculosis. Si tantos millones como han salido del caudal de los contribuyentes
españoles no sirven para dar de comer a los valerosos defensores del honor
patrio, ¿para qué sirven?
(Pastoral del Cardenal Arzobispo
de Valladolid, 1898)
Una vez en España los soldados
eran puestos en cuarentena para evitar la propagación de males como la fiebre
amarilla. Pasado este tiempo, eran reconocidos por un médico militar que
determinaba si debían ser enviados al hospital o podían regresar a casa. En
este último caso, la Comisión Liquidadora de la Caja General de Ultramar le
entregaba al soldado 120 pesetas para que pudiera hacer frente a los gatos del
viaje. Por otro lado, los heridos o enfermos que preferían ir con sus familiares
en vez de ingresar en un centro hospitalario recibían “cincuenta céntimos diarios sobre su haber para mejora del rancho,
además de una cantidad por los días de viaje, debiendo marchar a razón de
treinta kilómetros por jornada, siéndoles designado el lugar donde debían
pernoctar para ser reconocidos por facultativos que decidirían si debían seguir
su trayecto o ingresar en el Hospital Militar”. Asimismo, los ya veteranos tenían
derecho a recibir 5 pesetas por mes de campaña.
Una vez llegados a sus
domicilios, los Alcaldes, a instancia de los Gobernadores Civiles, debían
vigilarlos sanitariamente, por lo que eran visitados a diario por el médico
titular del municipio.
![]() |
Soldados españoles en Cuba. Año 1898 |
El noble pueblo de Almería siempre
se ha caracterizado por la gran solidaridad que demuestra ante el afligido. En
este sentido, y como ocurrió en muchos municipios de España, instituciones,
asociaciones y almerienses a nivel particular promovieron rifas benéficas,
corridas de toros, funciones en teatros… para, con lo recaudado, asistir a los
heroicos y olvidados soldados. Es de destacar el papel de la Cruz Roja, ya que prestó
“socorro no sólo en el aspecto económico
sino también en el sanitario: diariamente enviaba una comisión a la estación de
ferrocarril para auxiliar a los soldados enfermos; ofreció para la recepción de
repatriados su servicio de ambulancias con personal facultativo, camilleros,
botiquines, y un hospital dotado de médicos y útiles, donde se les asistía con
cama, comida, y un socorro de tres a cinco pesetas.”
Sin embargo, estos gestos
bondadosos de caridad no resolvían verdaderamente la vida de los veteranos. La
realidad era otra, se marcharon y volvieron de la guerra pobres, y además, muchos de ellos quedaron inhábiles para el mundo laboral por enfermedad o heridas, lo que condenaba a sus familias
a sufrir aún más miseria. Por si fuera poco, a todo lo anterior, se unía el desprecio que algunos de sus vecinos les manifestaban,
pues para algunos eran los soldados de la gran vergüenza nacional. ¡Qué injusticia!
En Garrucha se sintió con
especial pesar la Guerra de Cuba, pues fueron seis de sus hijos los que
perecieron en la citada contienda
bélica. El dolor y la tristeza que ello supuso perduraron en el pueblo largo
tiempo. Asimismo, en el municipio hubo personas como don Manuel González que se dedicó profesionalmente a gestionar a los licenciados del Ejército la posibilidad de ingresar en destinos civiles, Compañía Arrendataria de Tabacos, Guardia Civil y Carabineros, facilitándole todos los trámites para ello, lo que supuso, sin lugar a dudas, una ayuda importante para estas personas.
Cuatro años después del término de la guerra, en 1902, la redacción del periódico local El Eco de Levante pidió que el día 2 de noviembre, Día de los Difuntos, los garrucheros dedicasen una oración en sufragio del alma de todos los heroicos españoles que habían perecido en los combates navales de Cavite y Santiago de Cuba, que tuvieron lugar el 10 de mayo y 3 de julio de 1898, respectivamente.
Cuatro años después del término de la guerra, en 1902, la redacción del periódico local El Eco de Levante pidió que el día 2 de noviembre, Día de los Difuntos, los garrucheros dedicasen una oración en sufragio del alma de todos los heroicos españoles que habían perecido en los combates navales de Cavite y Santiago de Cuba, que tuvieron lugar el 10 de mayo y 3 de julio de 1898, respectivamente.
Nota de prensa publicada en El Eco de Levante (Garrucha, 31/10/1902) |
Sirva este artículo en homenaje a
todos los españoles que participaron en la Guerra de Cuba y Filipinas; en
especial a los heroicos y valientes garrucheros. No debemos olvidarlos. A este respecto conviene recordar las palabras que pronunció en Cartagena, el 12 de noviembre
de 1998, S.M. El Rey D. Juan Carlos I con ocasión del Homenaje a los Héroes
de Cavite y Santiago de Cuba:
A
los héroes del 98 debemos también la España que hoy disfrutamos, y éste es el
mejor tributo que podemos rendirles. La sangre que derramaron, las enfermedades
que padecieron y la muerte oscura de la mayoría de los que sobrevivieron no han
sido inútiles.
Al
contrario, plantaron las semillas e inquietudes que dieron lugar al despegue
industrial, económico, social y cultural de nuestra patria a comienzos de
siglo, [...] y sentaron así
las bases del largo, y muchas veces difícil, proceso de nuestra modernización,
que va desde la "edad de plata" de la cultura española hasta la
instauración de la democracia que hoy vivimos.
interesante. acabo de encontrar bloq1spot. soy hijo de un almeriense de nombre Juan Haro Llorente, nacido en Los Giles en 1910, cercana de Sorbas.
ResponderEliminarMi nombre es Juan Haro Cuesta. He visto el apellido Haro en soldados desembarcados en Garrucha. podría averiguar algo mas sobre ellos?
soy venezolano de nacimiento y me encuentro ahora residenciado en Ubeda (jaen)
gracias
Entiendo que lo que trata de hacer es un estudio genealógico sobre su familia, por lo que le aconsejo empezar a investigar con los datos que ya sabe sobre su ascendencia y acudir a los archivos parroquiales de los municipios de dónde proceda su familia para ir progresando en su linaje. En el caso de que los libros parroquiales de esos municipios hayan sido trasladados a la capital, deberá dirigirse al Archivo Diocesano de Almería.
EliminarUn saludo y gracias por su comentario.