miércoles, 12 de octubre de 2016

El ayer y el hoy del Día de la Hispanidad


Cuadro alegórico del Descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492

En este señalado día 12 de octubre celebramos el Día de la Hispanidad, también conocido como Día de la Raza, y que constituye la Fiesta Nacional de España. Año tras año se recuerda la efeméride del Descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492 y su enorme trascendencia en la Historia universal.

La llegada de Colón a América sigue siendo el acontecimiento histórico más importante de todos los tiempos. Desde 1492 el mundo conocido se amplió de manera jamás imaginada, lo que deparó grandes cambios económicos, políticos y científicos para la vieja Europa y que tuvo a España como actor principal de esta Historia.

Gracias al descubrimiento de las Indias, España se convertiría en poco tiempo en una superpotencia cuya hegemonía mundial perduraría en los tres siglos siguientes.

Por desgracia, hoy día esta fiesta del Día de la Hispanidad, que debería ser festejado con fervor por más de 560 millones de hispanoparlantes, está en decadencia por la manipulación demagógica de ciertas tendencias políticas que tratan, por todos los medios, de desprestigiar la Historia de España.

En este país quijotesco, donde cada vez más abundan con verdadera pasión los seguidores de la Hermandad de la Tontería y la Ignorancia, hay quien cada 12 de octubre martillea con la clásica mentira, la infamia miserable y la errática cantinela del “genocidio”, eludiendo intencionadamente todo lo positivo: el intercambio cultural entre dos mundos; la difusión de un idioma común para toda la América española; el mestizaje como riqueza étnica y antropológica, a diferencia de lo que harán ingleses y franceses en sus posesiones; la evangelización de todo un continente, llevando el mensaje de Amor de Cristo a los confines del mundo; la fundación de ciudades y universidades; la liberación de los pueblos indígenas subyugados por los grandes imperios precolombinos; la introducción y el desarrollo de avances tecnológicos en América; los intercambios gastronómicos; la defensa de los Derechos de los indígenas que promovió la España del siglo XVI, etcétera.

D. José María Rivas Groot
Autor de artículo transcrito
Por ello, he querido rescatar un viejo artículo sobre esta efeméride, publicado en la prensa de Almería en 1917, que realizó un histórico académico y, para evitar parcialidades, su autor no es español sino colombiano.

Es reseñable como hace un siglo los sentimientos de afecto y reconocimiento a la herencia dejada por la Madre Patria eran sinceros y manifiestos por parte de las instituciones y los gobiernos hispanoamericanos donde, sin absurdos complejos ideológicos, celebraban este día de hermanamiento entre todos los pueblos de habla española. ¡Cuánto ha cambiado todo! Por suerte, y pese a todo, este sentimiento de cariño hacia España aún perdura en muchos de nuestros hermanos americanos.

El autor del escrito es D. José María Rivas Groot (1863-1923), que fue un político, poeta y escritor colombiano nacido en Bogotá. Hombre culto, iniciaría estudios de ingeniería aunque pronto lo dejaría para consagrar su vida a las humanidades. Además de profesor de Historia, idiomas y literatura, fue Director de la Biblioteca Nacional de Colombia, Senador y Ministro de Educación y Plenipotenciario ante la Santa Sede. También fue Presidente de la Academia Colombiana de la Historia, entre otros cargos y distinciones.

Fecha gloriosa
LA FIESTA DE LA RAZA
La noble labor de reconciliación y de concordia, el benéfico propósito de estrechar los lazos de afecto entre España y las Naciones que ella fundó en el Nuevo Mundo, esa laudable obra estimulada con perseverancia por Academias y Centro de unión y de cultura y por ilustres literarios y estadistas, debía despertar y en efecto ha despertado un sentimiento de profunda simpatía en la Península y en toda la América Española.
Ese generoso sentimiento de amor ha hecho que en España y en sus antiguas colonias allende los mares, desde el antiguo imperio de Moctezuma hasta el confín de las regiones meridionales de América, se haya concebido la idea de consagrar un día a recordar las gloriosas tradiciones de la raza, la comunidad de origen, de fe, de idioma, que “nos declara, según nos dijo ya Don Manuel Cañete— hijos de una misma madre y es el mayor signo de fraternidad entre pueblo y pueblo”.
Hoy en día, por voto unánime, gobiernos y pueblos, así en el seno de las corporaciones literarias como en las esferas oficiales, en veinte naciones evocan las antiguas glorias y al unísono celebran la Fiesta de la Raza.
En este día ¡qué grandes recuerdos vienen a la mente! ¡qué grandes figuras surgen en el fondo de la Historia!
El descubrimiento de América, la exploración y conquista de un Continente, la civilización de un mundo…
“La mayor cosa —decía con legítimo entusiasmo el escritor Gómara,—  la mayor cosa, después de la creación del mundo, sacando la Encarnación y muerte del que lo creó, es el descubrimiento de las Indias”… Y al par maravilloso suceso, surgen las grandes figuras de Isabel La Católica con su admirable intuición y su generosidad magnánima; de Colón, con su ideal sublime, convertido luego en sublime realidad; y al lado suyo las venerables figuras de sus colaboradores el Padre Marchena, Fray Diego de Deza, Luis de San Ángel y Alonso de Quintanilla… Alzanse también los Pinzones que con el almirante se lanzaron al mar desconocido y cambiaron las nociones geográficas del mundo.
Viene luego la epopeya caballeresca de la Conquista. Acerca de las proezas que realizaron los españoles del siglo XVI, con espíritu caballeresco y religioso, en sus exploraciones por el Nuevo Mundo, conviene recordar, entre otras muchas obras que de ello tratan, la moderna del ilustrado e imparcial escritor americano Lumnis: “Poco más hizo Colón que descubrir la América, (dice) lo cual es ya bastante gloria para un hombre. Pero en la valerosa Nación que hizo posible el descubrimiento, no faltaron luego héroes que llevasen a feliz término la labor que con él se iniciaba… Durante aquel siglo la flor de la raza española realizó maravillosos hechos”…
Y en esta evocación vemos erguirse vestidos de hierro y de laureles guerreros exploradores como Hernán Cortés, Pizarro, Almagro, Núñez de Balboa, Jiménez de Quesada, Federmán, Belalcazar, que desde la Florida hasta la Tierra del Fuego, se lanzaron por mares ignotos, al través de selvas vírgenes, por cordilleras al parecer inaccesibles, luchando contra todas las inclemencias de la tierra y contra la ferocidad de las tribus, en busca de nuevas comarcas donde clavar el pendón de Castilla.
Surgen también las venerables figuras de los abnegados misioneros que, no sólo en pos de los guerreros, sino al par de ellos iban inermes, llenos de fe y amor, en busca de almas, para alumbrarlas con la luz del cielo y fijar en medio de sus poblaciones el estandarte de la redentora Cruz.
Viene luego la admirable obra de civilización en la América española en el espacio de tres siglos, labor razonada, lenta, eficaz, para organizar las nuevas sociedades, educar a los pueblos conquistados, establecer los gobiernos de los diversos Virreinatos y Capitanías y echar, en suma, los cimientos de dieciocho naciones.
Y en tan completa y sabia empresa vemos destacarse las figuras de prudentes y celosos gobernantes como Don Juan de Borja, Quiroga, Solís, Mendinueta, Ezpeleta, Caballero y Góngora, que nos describen Groot y otros historiadores de las varias Naciones de la América española, que sería prolijo enumerar. A qué grado de civilización y de cultura se llegó en entonces, nos los dice Menéndez y Pelayo en su admirable Historia de la Poesía Hispano-Americana.
En este día de la Raza evocamos también aquel siglo de oro, de Carlos V y de Felipe II, el de mayor esplendor y riqueza de nuestro idioma. En aquella época gloriosa el castellano, que acaba de consagrarse lengua nacional, se extendió por las varias y dilatadas regiones del Nuevo Mundo, para formar en el andar de los tiempos, la lengua de veinte Estados independientes.
En este día memorable, en la evocación del pasado, vemos que si España, tras esa admirable, heroica y sabia labor de descubrir, conquistar y civilizar un mundo, se sintió exhausta, en verdad sus grandes energías no se agotaron, pues su vigor quedó y perdura en todo un Continente, donde millones de hombres atesoran con amor la fe y las tradiciones de la Raza y conservan con pureza el idioma de Calderón y de Cervantes.
J. RIVAS GROOT
(La Independencia, Almería, 14 de octubre de 1917)

lunes, 10 de octubre de 2016

La heroica actuación de Vicente Egaña, el único español en el naufragio del Lusitania


Ilustración del hundimiento del Lusitania publicada en The Illustred London News el 15 de mayo de 1915.
Dado lo rápido del naufragio sólo 6 de los 48 botes salvavidas fueron lanzados con éxito.

Investigando sobre el naufragio del Titanic en la prensa histórica de Almería, me topé con la noticia de otro hundimiento de un vapor trasatlántico, el RMS Lusitania. Pero no me llamó la atención por el hecho en sí de la tragedia marítima, que ya conocía, sino por la actuación del único español que viajaba a bordo.

El Lusitania, perteneciente a la compañía naviera Cunard Line, fue botado en 1907 y hasta la construcción del Olympic y el Titanic fue el buque más grande del mundo junto a su gemelo, el RMS Mauretania. Estos colosos de los mares fueron diseñados para prestar un servicio regular entre Estados Unidos y el Reino Unido.

En el momento histórico que nos concierne, el citado trasatlántico británico zarpó del puerto de Nueva York el 1 de mayo de 1915 con destino Liverpool. A su bordo iban unas 2000 personas entre pasaje y tripulación, y lo que debió ser un tranquilo viaje hacia Inglaterra se convirtió en una horrible catástrofe naval.

Por aquellas fechas Europa se encontraba inmersa en la Primera Guerra Mundial (1914-1918) y las costas de Gran Bretaña e Irlanda se encontraban plagadas de submarinos alemanes dispuestos a hundir todo buque mercante o militar enemigo que avistasen.

Vicente Egaña
El 7 de mayo de 1915, cuando el Lusitania se encontraba en aguas irlandesas, fue divisado y hundido por el sumergible U-boat U-20 de la Armada Imperial Alemana. Bastó un solo torpedo para echar a pique al mítico trasatlántico británico en 18 minutos. El naufragio dejó un trágico balance: 1198 muertos y 761 supervivientes. Esta tragedia naval conmocionó a la sociedad de su época y generó una opinión muy crítica contra Alemania. Además, la muerte de 294 estadounidenses provocaría a la postre que Estados Unidos participara en la Primera Guerra Mundial. 

Como se ha comentado, entre el pasaje había un español, concretamente un bilbaíno de nombre Vicente Egaña Aguirre. Este vasco de 28 años, comerciante de profesión, había hecho fortuna en Méjico dedicándose al negocio de las representaciones y comisiones, además de ser copropietario de la Compañía de cerillera de Puebla, consagrada a la fabricación de fósforos y cerillas.

Nuestro compatriota embarcó en Nueva York en el Lusitania. El motivo de su viaje era laboral, ya que quería resolver en Inglaterra unos asuntos mercantiles con motivo de dedicarse también a la exportación de sus productos a dicho país. Sobre su heroica actuación durante el hundimiento del trasatlántico dio buena cuenta la prensa local, nacional e internacional. A continuación se recoge un artículo al respecto que le tributó La Crónica Meridional de Almería:

Abnegación
¡ERA ESPAÑOL!
Sí, español tenía que ser ese abnegado pasajero del Lusitania a cuyo arrojo, a cuyo exaltado humanitarismo, dedica el Figaro tan vibrante loa.
Nuestros telegramas de ayer refieren, en cuatro rasgos, este otro, principal y emocionante, que tan alto ha puesto el nombre del héroe y, por consiguiente el de España.
Había sido torpeado el Lusitania y todo era, a bordo del buque, confusión y aturdimiento. Están las escenas del Titanic tan recientes, tan pródigas por los relatos periodísticos, por las informaciones gráficas y hasta por la película, que basta recordar aquello para hacerse cargo de esto.
En los momentos más angustiosos de la tragedia, cuando el instinto de conservación se sobreponía a todo sentimiento humanitario, surgió el héroe, animando a los decaídos, infundiendo valor a los pusilánimes, dedicándose, especialmente, a salvar las vidas de los más débiles: de las mujeres y de los niños.
Desde abajo, desde una chalupa, le avisaron que tenía un asiento libre y que aprovechara la ocasión de salvarse. Pero nuestro héroe renunció a la seguridad de sí mismo, en su nobilísimo deseo de velar por la de los demás. Y sin saber si más tarde encontraría un cabo a que asirse, sin preocuparse de su propia existencia, tuvo, en tan críticos momentos, un acto de galantería, muy a la española, cediéndole a una dama el sitio que tenía reservado en la chalupa.
Y después continúo, esforzado y bravísimo, arrancando de los brazos de la intrusa vidas y más vidas.
Hasta que, ya invadido el barco por el agua, cumplido su deber, evacuado totalmente el navío, el héroe se arrojó al mar y en lucha con el oleaje, pudo ganar, al cabo de un largo rato, una de las canoas de salvamentos, librando, al fin, su existencia.
Tal ha sido el comportamiento del español Vicente Egaña, contado por el Figaro. No hay sencillo relato, tan conmovedor, pasión de pluma español, sino justicia de extraños espectadores. Hoy se sabrá en todo el mundo esta magnífica hazaña de un español digno de serlo, de un español que encarna las más altas virtudes de la raza. Tal vez se trata de un noble aventurero, de la traza de aquellos que glorificaron su estirpe y llevaban sus andanzas entre los dos Continentes, el de las antiguas Indias y el de la vieja Europa.
Tal vez por eso iba a bordo del Lusitania… Sea por lo que fuese, el ejemplo de Humanidad, de grandeza de alma, de sublimidad de sentimientos, lo dio a bordo del leviatán inglés un español llamado Vicente Egaña. Su hidalguía, su valor, su arrojo, su misma abnegación puesto al servicio de los débiles, tiene mucho de aquel espíritu  espíritu inmortal— de nuestro señor «don Quijote».
Y muchos pensarán que el rasgo de Vicente Egaña tiene mucho de quijotismo, en lo que a nosotros se nos antoja mucho de lección, porque es cosa digna de asombro, que en lo más culminante de una tragedia engendrada por otra, en la que no hay respeto para nada ni para nadie, en la que son inmoladas vidas y vidas, sin excepción de las mujeres, ancianos y niños. Vicente Egaña se lanzara a sacrificar la propia por salvar las de los demás.
¡Español tenía que ser!
(La Crónica Meridional, Almería, 15 de mayo de 1915)

sábado, 8 de octubre de 2016

El día que Almería homenajeó al Capitán que salvó a los náufragos del Titanic


Oficiales del Carpathia con su Capitán Arthur Rostron, sentado en medio. Fotografía de abril de 1912

Tras el choque del Titanic con el iceberg la noche del 14 de abril de 1912, los operadores de radiotelegrafía del vapor enviaron señales de auxilio a todos los barcos de la zona. Sin embargo, sólo el Carpathia respondió a la llamada agónica del mítico trasatlántico. Este navío se encontraba a casi 100 km del lugar donde estaba naufragando el coloso, por lo que el Capitán del Carpathia, Arthur Rostron, que se encontraba rumbo a Fiume (actual Croacia), ordenó enérgicamente virar y dirigirse a toda máquina hacia el lugar del Titanic. Rostron, consciente de la tragedia que estaba teniendo lugar en el Atlántico Norte, aumentó la velocidad del Carpathia apagando la calefacción del buque, para así aprovechar todo el vapor de las calderas. Asimismo, ordenó que desplegasen en los costados del buque redes, escalas y grúas para subir a los supervivientes y que los botes estuviesen bajados a media altura para echarlos a la mar rápidamente. Además, decretó que se lanzasen cohetes cada 15 minutos para dar ánimos y esperanza a los náufragos. También, redobló los vigías, ya que se adentraban en zona de alta concentración de icebergs y dio indicaciones para que los salones comedores del Carpathia se preparasen y adecuaran para recibir a los heridos de la catástrofe. Asimismo, habló con el pasaje sobre la situación y la mayoría dio ropas para los supervivientes. Tampoco conviene olvidar que toda la tripulación puso sus camarotes a disposición de los malogrados pasajeros del Titanic.

Pese a todos los esfuerzos, el Carpathia llegó al lugar de la tragedia dos horas después del hundimiento del Titanic. Sólo pudo recoger a poco más de 700 supervivientes, a los que dispensó las mayores atenciones posibles, proporcionándoles ropa seca, mantas, comida y bebida calientes. Tras esto, puso rumbo a Nueva York, llegando el 18 de abril. Le esperaba un puerto desbordado por miles de personas expectantes y deseosas de tener noticias de sus familiares.

Poco después de los hechos, le preguntaron a Rostron cómo consiguió llevar el buque a una velocidad superior a la que fue diseñado y sortear una zona plagada de icebergs que hubiera provocado muy posiblemente su hundimiento en caso de choque. Él contestó: «Otra mano diferente de la mía estaba al timón aquella noche».

RMS Carpathia. Hacia 1912

La encomiable actuación de Arthur Rostron y su tripulación le valieron un gran reconocimiento social. Calificados de héroes fueron condecorados por los pasajeros supervivientes del Titanic. Además, Rostron fue agraciado por el Presidente de los Estados Unidos con la medalla de oro de Congreso, la más alta distinción que podía otorgarle el Congreso de ese país, y fue galardonado con la Cruz de Honor de América, con las medallas de la Liverpool Shipwreck and Humane Society, y de oro de la Shipwreck Society of New York. Posteriormente, en 1926 fue nombrado por el Rey Jorge V de Inglaterra, Caballero Comendador de la Orden del Imperio Británico, pasándose a llamar desde entonces Sir Arthur Rostron.

Y entre los diversos reconocimientos a la heroicidad del Capitán del Carpathia estuvo el que le tributó Almería. Sí, Almería también homenajeó al valeroso marino inglés unos meses después de la tragedia del Titanic.

El Capitán Arthur Rostron en 1912
Con ocasión de llegar el vapor trasatlántico RMS Carpathia a Almería, a principios de octubre de 1912, para cargar uva con destino a Nueva York, el Ayuntamiento de la ciudad, a propuesta de los concejales Estevan y García Gómez, acordó, en septiembre, en sesión plenaria subir a bordo del buque para “rendir testimonio de admiración y respeto al capitán de dicho barco, que tan grandes servicios humanitarios prestó con motivo de la horrible catástrofe del Titanic”. Además, se entregaría al Capitán Arthur Rostron una placa de plata con una inscripción grabada en reconocimiento a su heroica actuación. Dicha placa se le encargó al joyero y maestro platero almeriense don Francisco Giménez Bueno.

A las cuatro de la tarde del 5 octubre de 1912, la Corporación Municipal y demás autoridades locales subieron al Carpathia para hacer entrega al Capitán de la distinción y felicitar al resto de la tripulación por su actuación en el salvamento de los náufragos del Titanic.

La prensa recogió el hecho de la siguiente manera:

En nuestro número de anteayer, recordamos que el Ayuntamiento había acordado en sesión pública, hacer homenaje al capitán y demás tripulación del vapor Carpathia, perteneciente a la Compañía Cunard Line, con motivo de los humanitarios servicios que prestara aquel; cuando el horroroso naufragio del Titanic.
El Carpathia fondeó ayer mañana en nuestro puerto para cargar barriles de uva con destino a New York, y por la tarde fue a bordo el Alcalde con una comisión de concejales con objeto de hacer entrega al capitán, de la placa de plata que se acordó regalar por el Municipio.
Dicha placa ha sido construida en la joyería y platería de don Francisco Giménez Bueno, siendo el texto el siguiente:
EL AYUNTAMIENTO DE ALMERÍA AL SEÑOR DON A. ROSTRON, CAPITÁN DEL VAPOR CARPATHIA, Y A LA TRIPULACIÓN DE SU MANDO.
TESTIMONIO DE ADMIRACIÓN A SU CONDUCTA HUMANITARIA Y GENEROSA EN LA CATÁSTROFE DEL TITANIC.
ALMERÍA, 9 SEPTIEMBRE 1912.
EL ALCALDE, BRAULIO MORENO       EL SECRETARIO, DAVID ESTEVAN
El capitán del buque y otros jefes, recibieron a las comisiones del Ayuntamiento, Cámara de Comercio y Círculo Mercantil, pasando después al comedor principal.
Ya allí, el Alcalde hizo entrega de la placa al capitán, al mismo tiempo que pronunciaba frases encomiásticas para los bravos marinos del Carpathia, por su comportamiento con el Titanic.
El capitán contestó dando las gracias por el homenaje que se le hacía y además expuso que aquel acto, de triste recordación, no merecía honor alguno, pues fue sólo humanitario.
Después el capitán obsequió espléndidamente a los comisionados, pronunciándose brindis por el honor de Inglaterra y España.

(La Crónica Meridional, Almería, 6 de octubre de 1912)

jueves, 6 de octubre de 2016

Así conocieron los almerienses la tragedia del Titanic


El RMS Titanic zarpando de Southampton el 10 de abril de 1912

El naufragio del RMS Titanic sigue siendo el desastre marítimo más conocido de todos los tiempos.

Han pasado más de 100 años desde que el Titanic se fue al fondo del mar y todavía hoy día todo el mundo que se precie conoce la historia de este malogrado trasatlántico. Las diversas películas y documentales que se han hecho sobre la catástrofe han refrescado la memoria sobre esta tragedia marítima y la han llevado a una fama sin precedentes en la historia naval.

Las circunstancias que envuelven al Titanic, como son ser el buque más grande y lujoso de su tiempo, ocurrir el fatídico hundimiento en el viaje inaugural, el elevado número de víctimas, los actos heroicos y miserables que se vivieron en su tragedia, el romanticismo que irradia la época, etcétera, siguen atrayendo como un poderoso imán a miles de interesados.

A nosotros en la actualidad nos es fácil obtener cuanta información deseemos sobre el naufragio del Titanic, basta con navegar en Internet y encontraremos decenas de páginas dedicadas a la historia del vapor. Pero, ¿cómo conocieron nuestros abuelos en Almería la catástrofe del Titanic?

El RMS Titanic, el trasatlántico más grande y fastuoso jamás construido por el hombre, despertó gran fascinación en el mundo y en Almería no fue menor el interés. La prensa almeriense dio buena cuenta sobre la vida del “buque de los sueños”. Por ello, nuestros antepasados estuvieron muy bien informados sobre las vicisitudes del Titanic, desde la epopeya constructiva del vapor hasta las estremecedoras noticias de un naufragio que les conmocionó en su época y que todavía hoy sigue compungiéndonos el alma.

En mayo de 1909 se publicó en La Crónica Meridional de Almería la noticia de que la Compañía White Star Line iba a construir el Titanic:

El trasatlántico más grande
Un barco de 60.000 toneladas
Thomas Andrews, ingeniero naval
responsable de la construcción del
Titanic, pereció en la catástrofe.
Los records de potencia, dimensiones y velocidad en los mares pertenecen actualmente a los grandes trasatlánticos «Lusitania» y «Mauretania», de la Compañía inglesa Cunard, de Liverpool, cuyos buques hacen en cuatro días y varias horas la travesía de Queenstown a Nueva York.
Otra Compañía angloamericana, la White Star Line, ha fijado el criterio de construir barcos de dimensiones extraordinarias, con una velocidad constante de 20 nudos, obteniendo una marcha más regular que en los buques Cunard y grandes comodidades para el pasaje.
La White Star posee buques enormes: el «Celtic», el «Cedric» y el «Baltic», de desplazamiento superior a 20 mil toneladas.
Actualmente la citada Compañía construye en los astilleros de Belfast el mayor trasatlántico del mundo, que hará el viaje a los Estados Unidos en cinco o seis días.
El «Olympic» tendrá 305 metros de largo, cinco más que la Torre Eiffel de París, y desplazará 60.000 toneladas.
Después del «Olympic», la White Star construirá el «Titanic», de las mismas dimensiones.
Estos buques podrán llegar a bordo a 5.476 personas: 700 tripulantes y 4.776 pasajeros.
El «Olympic» y el «Titanic» tendrán ascensores eléctricos, compartimientos de cierre automático, calefacción eléctrica, telegrafía sin hilos, campanas submarinas, triple juego de hélices, accionadas por motores mixtos; turbinas y cuantos refinamientos del lujo y del «confort» pueda apetecer el pasajero más exigente.
(La Crónica Meridional, Almería, 5 de mayo de 1909)
Dos años más tarde se dio cuenta en el mismo periódico de la botadura del vapor en el astillero de Belfast:

Ante más de 20.000 espectadores y en medio de atronadores aplausos, fue botado felizmente al agua en la dársena del arsenal de la casa constructora Harland and Wolf de Belfast el grandioso vapor correo trasatlántico de tres hélices «Titanic», que con su hermano «Olympic», ya listo para navegar, son los dos buques mercantes más grandes que existen a flote.
Tiene el «Titanic» 882 pies ingleses de longitud, desplaza 60.000 toneladas y tendrá una marcha de 21 nudos por hora. Está dispuesto de modo que pueda ser transformado en caso necesario en crucero explorador para la armada nacional inglesa. Es dicho vapor, según los expertos, el buque más perfecto que en su clase tiene la marina mercante británica.
(La Crónica Meridional, Almería, 25 de junio de 1911)
El Titanic zarpando del muelle de Southampton
el 10 de abril de 1912
En su viaje inaugural, el Titanic zarpó de Southampton el 10 de abril de 1912 y, tras recalar el Cherburgo (Francia) y Queenstown (Irlanda), puso rumbo a Nueva York. A su bordo iban más de 2.200 personas. Sin embargo, lo que debió haber sido un apacible viaje de poco más de 4 días surcando el Atlántico Norte acabó en tragedia. A las 23:40 horas del 14 de abril, el coloso buque chocó contra un iceberg, a unos 600 Km de la costa de Terranova (Canadá), en su lado de estribor. Con cinco de sus dieciséis mamparos afectados, el vapor comenzó a inundarse. El Titanic se iba a pique de manera irreversible. Pese a que la tripulación hizo lo posible para evacuar al pasaje, los botes salvavidas eran insuficientes, por lo que se originó una elevada mortandad. A las 2:20 horas de la madruga del 15 de abril, el Titanic se hundió definitivamente en el Océano Atlántico, no sin antes haberse partido en dos. La tragedia dejó un balance de más de 1500 muertos, lo que constituye una de las catástrofes marítimas más funestas de la Historia.

La primera noticia publicada en la prensa de Almería sobre el naufragio del Titanic está fechada al día siguiente de su hundimiento:

Telegrama sensacional – Un naufragio
Esta madrugada se ha recibido un sensacional telegrama de Londres, anunciando el naufragio en las costas de Terranova del paquebot inglés «Titanic», el cual conducía dos mil pasajeros.
El accidente obedeció a haber chocado la nave con un banco de hielo.
Según el citado despacho, el miércoles salió de Southampton, y a su bordo iba el director de la poderosa Compañía naviera White Star Line, tres banqueros, tres diputados, el general Donald y otras significadas personalidades.
Noticias posteriores que han sido recibidas, tranquilizaron los ánimos.
La rapidez con que funcionaron los aparatos radiográficos, hicieron acudir al lugar del siniestro varios trasatlánticos.
El accidente ocurrió a las nueve de la noche y el capitán con una gran energía dominó la alarma que se apoderó de todos. A pesar de que el buque lentamente se hundía, se salvó todo el pasaje y la tripulación.
El «Titanic», reparadas provisionalmente las averías, siguió su viaje lento remolcado por un vapor inglés.
(La Crónica Meridional, Almería, 16 de abril de 1912)
Como ha podido leerse y cómo era de esperar, dada la inmediatez, lo acelerado y la confusión de noticias del naufragio, la nota de prensa está bastante alejada de la realidad. En los días sucesivos se irán aclarando las noticias del malogrado Titanic.

Ilustración de época alusiva al hundimiento del Titanic

En los periódicos de Almería tales como La Crónica Meridional, La Independencia, El Popular… se publicaron decenas de artículos y notas sobre la catástrofe marítima a lo largo del mes de abril y mayo. No obstante, y para no cansar al lector con escritos redundantes y reiterativos, seleccionaremos algunos artículos y fragmentos ilustrativos:

 […] Entre los pasajeros que han perecido figuran los siguientes españoles: Ramón Arta, Julián Víctor Peñasco y señora, José Brito, Julián Padrós, Florentino Emilio y Asunción Durán.
Créese que también ha perecido el capitán del buque Mr. Smith.
La radiografía no dejó de funcionar hasta el momento de hundirse el barco.
El «Titanic» era un buque de gran número de toneladas y valía 75 millones. Llevaba a bordo un millón de libras esterlinas de piedras preciosas y perlas por valor cada una de 120 libras. Los equipajes se evalúan en 10 millones.
(La Crónica Meridional, Almería, 17 de abril de 1912)


Cabecera de artículo publicado en La Independencia (Almería, 18/4/1912)

Despachos de Nueva York refieren nuevos detalles del naufragio del magnífico trasatlántico «Titanic».
La compañía White Star dice que a bordo del «Titanic» iban dos mil doscientos pasajeros y solo se salvaron setecientos setenta y cinco.
El steamer «Olympic» comunica que el vapor «Carpathia» llegó al rayar el alba al lugar de la catástrofe, encontrando únicamente los restos del buque.
Añade que el «Titanic» se hundió a las dos y veinte minutos de la mañana, salvándose 675 personas, en su mayoría mujeres y niños.
La noche última se produjeron escenas desgarradoras ante las oficinas de White Star, impresionando los lamentos de las personas que tenían deudos a bordo.
Entre los supervivientes figura Bruce Ismay, copropietario de White Star.
Las pérdidas del «Titanic» se calculan en 120.000 libras esterlinas.
Llevaba varios millones en plata.
Un radiograma del «Olympic» dice que el «Carpathia» tomó rumbo a Nueva York, llevando a su bordo 868 supervivientes.
El despacho refleja temores respecto a la suerte que pueden haber corrido los restantes náufragos.
(El Popular, Almería, 19 de abril de 1912)
Los supervivientes del Titanic
Desde Nueva York nos trasmiten a Londres la noticia de haber llegado a aquel puerto sin novedad el trasatlántico «Carpathia» con los supervivientes de la catástrofe del «Titanic».
El espectáculo fue conmovedor.
Los náufragos hacen relatos emocionantes, confirmando que el capitán se suicidó en el momento de hundirse el buque.
Millares de personas recibieron en el puerto al «Carpathia».
Cuentan los supervivientes que el choque del barco fue rudísimo y que el frío sentido en aquellos montes era intensísimo.
También hacen grandes elogios de la tripulación, que organizó con gran orden los salvamentos, en el momento que el buque comenzó a hundirse.
El salvamento empezó por las mujeres y los niños. Muchas se negaban a abandonar sus maridos, abrazándose a ellos.
Los oficiales mataron a tiros a tres italianos que se negaban a abandonar uno de los botes.
Terminado el salvamento de mujeres dio comienzo el de hombres; después se hundió el buque.
El momento fue sublime porque la nave estaba iluminadísima. La tripulación entonó el himno inglés.
El capitán y el ingeniero jefe se suicidaron en el  momento de desaparecer el barco; el remolino que produjo en el agua fue tan enorme, que creyeron que peligraban las lanchas llenas de náufragos.
En el fondo se oían ayes desgarradores; las lanchas lucharon denodadamente.
Los supervivientes que alcanzan a 835 pasajeros, unos fueros salvados en ropas menores y otros en trajes de etiqueta. Cuatro de ellos fallecieron a bordo del «Carpathia».
Entre los españoles salvados se encuentran la esposa del señor Peñasco, Julián Padrós, Emilio Pallés y Florentina y Asunción Durán.
El presidente de la República de Francia Mr. Fallieres y el Rey don Alfonso han enviado a Londres sentidos telegramas de pésame por tan horrorosa catástrofe.
Se asegura que el «Titanic» no tenía botes para salvar la tercera parte del pasaje que llevaba.
(La Crónica Meridional, Almería, 20 de abril de 1912)
[…] He aquí el relato del naufragio del «Titanic», según los tripulantes del «Carpathia» y los pasajeros de aquel buque salvados por éste.
Navegaba el «Titanic» llevando una velocidad que no excedía de dieciocho nudos, al tropezar con el enorme iceberg causante de la hecatombe. El buque fue desgarrado por el iceberg, desplomándose entre montañas de hielo, que lo aplastaban, inmediatamente después.
Los marinos del «Titanic» permanecieron, sin embargo, heroicamente en sus puestos, procurando que se salvara el mayor número posible de personas.
No es exacto que para imponerse y ser obedecida, la oficialidad del buque tuviese que realizar numerosos actos de violencia.
Sólo mataron los oficiales a tres italianos que disputaban a las mujeres las canoas de salvamento.
Varias de estas canoas fuéronse a pique por culpa de los náufragos, que a toda prisa y sin la menor prudencia ocupáronlas.
[…] En tal instante (el hundimiento), hallábanse en la cubierta del trasatlántico más de mil hombres, que asidos maderos que flotaban permanecieron gritando mucho tiempo.
Al producirse el hundimiento, algunas canoas estuvieron en grave peligro de ser arrastradas por el «Titanic».
La señora Peñasco, salvada, ignora lo que ha sido de su esposo.
Todos los pasajeros del «Titanic», salvados por el «Carpathia», muéstranse agradecidísimos a las extremadas atenciones que en este barco se les han dispensado. Muchos, al ser recogidos por los tripulantes del «Carpathia», hallábanse en traje de etiqueta. Otros estaban medio desnudos y alocados no cesaban de gritar. A los niños subióseles a bordo del «Carpathia» en sacos. En este buque dióse a todos los náufragos comida caliente. Cuatro de ellos murieron hallándose ya en el «Carpathia» […]
(La Independencia, Almería, 20 de abril de 1912)
Incluso se dio cuenta de que era la última travesía que realizaba el veterano Capitán del Titanic, Edward Smith, antes de jubilarse, después de décadas surcando los mares.

Edward Smith, Capitán
del Titanic, pereció
en el naufragio
Nuevos despachos recibidos de Londres, participan que el capitán que dirigía el «Titanic» cuando ocurrió el naufragio, realizaba su último viaje antes de jubilarse.
Había pedido a la compañía armadora que antes de retirarse de la profesión, le concediese el honor de mandar el «Titanic» en el primer viaje que éste hacia a New York.
(La Independencia, Almería, 19 de abril de 1912)
Con estos y otros artículos similares conocieron los almerienses la catástrofe del RMS Titanic y sus circunstancias, así como las historias personales de algunos de los millonarios que perecieron, como la de John Jacob Astor IV, multimillonario americano cuya fortuna se valoró en más de 80 millones de dólares de la época.

Pasado el tiempo se dieron las cifras finales: 1514 fallecidos y 709 supervivientes. Una tragedia sin precedentes, siendo considerado el mayor naufragio ocurrido en tiempos de paz. El número de víctimas pudo ser mayor de no haber contado el Titanic con radiotelégrafo para dar aviso a otros buques de su agónico final y a la rápida actuación del Carpathia que, aunque a gran distancia, puso rumbo a toda máquina hacia el lugar del siniestro y pudo rescatar a los supervivientes que se encontraban en los botes y que llevaban horas a merced del gélido frío del Atlántico Norte esperando les socorriesen.

Uno de los botes supervivientes del Titanic fotografiado desde el Carpathia

Una vez más, el Hombre aprendió una sabia lección: ante la naturaleza no hay máquina ni invento del ser humano que pueda serle rival. Un mero témpano de hielo echó a pique un buque considerado en su época como insumergible.

Por último, transcribir uno de los tantos relatos que se publicaron en la prensa sobre la catástrofe del Titanic y que describe de manera excepcional los últimos momentos del trasatlántico:

La pluma se resiste a retratar aquella espantosa hecatombe; el gigante, coloso de los mares, se había encontrado con el coloso hielo, y la inmensa mole se iba a pique; el Titanic se hundía. El mar invadía como potente alud las lujosas cámaras, los fastuosos comedores, los magníficos salones de oriental ornamentación engalanados. Y el capitán y los oficiales, en aras de su deber, volaban en auxilio de los infortunados náufragos; y los insuficientes medios de salvamento fueron botados al agua, y las mujeres y niños ocuparon el puesto de honor en las frágiles canoas. Y cuando sonaron los últimos besos y se dieron los últimos abrazos; cuando no apuntaban aún los primeros tornasolados arreboles de la aurora, y la noche cubría con su manto funeral a aquellos 1600 sentenciados a morir que permanecían en la flotante sepultura; cuando el oleaje barría furioso la cubierta del coloso agonizante… hubo allí algo grande, sublime, algo divino que es imposible describir.
La orquesta preludió torrentes de inefables armonías que rasgaron los espacios; los instrumentos músicos prorrumpieron en tremendo y acompañado sollozo… suspiros y risas, colores y notas que morían en la inmensidad. Y el himno de la Esperanza brotó cadencioso, dulce y tristísimo de los 1600 sentenciados, y los acentos de “Más cerca de Ti, Dios mío; más cerca de Ti, Señor!”, levantándose fervientes de los labios de la muchedumbre, subieron como aromático incienso hasta el trono de Jehovah, y aquella ardiente lamentación, en algo semejante a la súplica de un niño que quiere correr al regazo de su madre, halló eco y acogida en el Alcázar de la Misericordia.
Y el sabio que no creía, creyó entonces; el escéptico ya no dudó, y yo vi rezar a muchos que hacía bastantes años no sabían lo que era una oración; yo vi hundirse y desaparecer bajo las olas aquel ejército de la Muerte con los ojos fijos en el Cielo, y la fe en el corazón, y los labios murmurando aún la última plegaria…

(La Independencia, Almería, 19 de agosto de 1913)

martes, 4 de octubre de 2016

Las amas de cría, las segundas madres


El oficio de nodriza o ama de cría quizá sea uno de los más antiguos del mundo. Nació de la imposibilidad de ciertas madres de amamantar por ellas mismas a sus hijos o simplemente porque éstas preferían dedicarse a otros menesteres, pues ya se sabe el refrán popular: “el parir embellece y el criar envejece”. Por ello, siempre hubo mujeres lactantes dispuestas a alquilar sus senos.

Fue una profesión tradicionalmente vinculada a la realeza o la nobleza, que se extendió a mediados del siglo XIX con el surgimiento de una burguesía acaudalada que veía en esto un signo de estatus social.

En el levante almeriense, con el boom de la minería a partir de 1838 y el rápido enriquecimiento que tuvieron algunas familias, fue un oficio demandado. A tal punto de requerimiento llegaron las amas de cría que muchas de ellas se anunciaron en la prensa.

Las nuevas familias pudientes, a imitación de la aristocracia, se pintarán retratos, se construirán casas-palacios, tendrán personal de servicio y sus hijos serán atendidos por amas de cría e institutrices, como muestra del poderío económico conquistado.

El perfil de las amas de cría en la costa levantina solía ser mujeres sanas de estrato proletario, de edad comprendida entre los 19 y 26 años, de moralidad contrastada, con varios hijos criados y otros en edad de amamantar que anunciaban su fertilidad y la bondad de su leche.

Nota publicada en el periódico El Eco del Mediodía (Almería, 27/10/1864)
Ejemplo de anuncio de ama de cría publicado en el periódico
La Crónica Meridional (Almería, 27/9/1891)
Ejemplo de anuncio de ama de cría publicado en el periódico
La Crónica Meridional (Almería, 4/1/1882)

En Garrucha, donde las 2/3 partes de la población pertenecía al Cuarto Estado, era una buena salida profesional para muchas mujeres necesitadas. Si lograban ser contratadas, recibían salario, ropas, alojamiento, manutención y, normalmente, quedaban internas, por lo que también se les solía dar trabajo a sus maridos. Su cometido no se ceñía exclusivamente a dar el pecho a los recién nacidos, sino también a cuidarlos, dar paseos con ellos, etc. Asimismo, si la familia viajaba, ella también iba formando parte del cortejo de criados.

Quizá la ama de cría más famosa que trabajó para la familia Berruezo, pues su nombre ha perdurado con cariño hasta nuestros días, fue Luisa, que ayudó a Dña. María del Mar Gerez Segura en la crianza de los pequeños Berruezo Gerez. De carácter amoroso con los niños, fue muy querida tanto ella como su marido, que trabajó en las haciendas familiares. Tan estrecha vinculación acabó teniendo que incluso varios de sus propios hijos fueron apadrinados por los Berruezo, algunos de los cuales continuarían, años más tarde, vinculados a la familia. 

Sirvan estas líneas en homenaje y reconocimiento a todas ellas.