domingo, 1 de noviembre de 2015

Conmemoración de los Fieles Difuntos


Es día 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, y mañana se conmemora el Día de los Difuntos. Emotivas fechas señaladas en el calendario, donde millones de personas en el mundo peregrinan al cementerio para rezar por los que han acabado su vida terrenal, y que constituye un momento de nostálgico recuerdo hacia aquellos familiares que nos dejaron.

En un blog en el que se biografían a personas que hace tiempo abandonaron este mundo, es una fecha que no se podía dejar pasar sin hacer una breve reseña recordándolos en este señalado día.

Quienes hayan seguido el blog habrán leído con atención las vidas de destacadas personalidades de la familia Berruezo que significaron mucho en la Historia del levante almeriense. Potentes y grandes comerciantes, industriales, diplomáticos, militares, Alcaldes… Una saga de prohombres que en su época dieron lustre al apellido Berruezo y que hoy hacen que sus descendientes podamos mirar hacia el pasado familiar y sentir profundo orgullo y satisfacción. Herederos de un bello legado histórico que deposita sobre nuestros hombros una responsabilidad, un gran honor para con el apellido, debiendo dar ejemplo en la vida cotidiana con nuestra conducta.

Pero detrás de aquellos formidables hombres se encontraba su ser más íntimo y personal: padres atentos, buenos hermanos, amantes cónyuges, verdaderos amigos, hijos espléndidos… Admirables y empáticos seres humanos en su trato diario que fueron queridos con verdadero afecto en sus círculos de amistades y conocidos. Además, a todos ellos les unía una fe inquebrantable, fueron devotos y piadosos cristianos católicos, que encomendaron a viva voz sus almas a Dios y a la Santísima Virgen María en la agonía de la muerte.

Esta noche, Noche de Ánimas, de inmemorial recuerdo en la Historia del Hombre, en el que se dice que la pared que nos separa del otro lado es más delgada que nunca, sentimos con más cercanía el amor fraternal de aquellos que velan por nosotros en aquel mundo. De aquellos que nos quieren, que nos protegen y que mientras tanto esperan con infinita paciencia el día en que habremos de reencontrarnos para fundirnos en el más grande e intenso de los abrazos.

En estos señalados días, estimado lector, en los que recordamos con especial afecto a nuestros familiares fallecidos más recientes, es momento también de acordarnos de todos aquellos que nos precedieron, de cualquier época pretérita, ya que sin su existencia y contribución no estaríamos aquí. No importa si fueron más o menos en su tiempo, simplemente son nuestros antepasados, que vivieron y sufrieron como humanos y a los que debemos nuestra particular historia familiar. Con una mentalidad culta, abierta y sensible hacia lo pasado, podremos sentirnos dichosos y fascinados por las vidas de nuestros ancestros, ya que como dijo el escritor alemán Goethe: "Dichoso aquél que recuerda con agrado a sus antepasados, que gustosamente habla de sus acciones y de su grandeza, y que serenamente se alegra viéndose al final de tan hermosa fila".

A todos los que nos precedieron y en especial a mis antepasados va dedicada esta entrada con la certeza de que el Señor en su infinita Misericordia les ha concedido la vida eterna. Descansen en paz.


sábado, 24 de octubre de 2015

Historia antigua de Garrucha III


Vista panorámida de Garrucha en 1900. Fotógrafo: F. de Blain
(http://www.portalmanzora.es/a/modules.php?name=coppermine&file=displayimagepopup&pid=6217&fullsize=1)

Se transcribe el tercer artículo de la serie comentada en la entrada Historia antigua de Garrucha I

LA TORRE DE LA GARRUCHA
A Bernardo Berruezo
Como decía en mi artículo anterior, las capitulaciones entre los de Mojácar y Vera acordadas el 4 de Abril de 1503, no pusieron término a las rivalidades de estos pueblos; volvieron otra vez a resucitarse las pasiones y se promovió un pleito ruidoso en averiguación de términos jurisdiccionales, siendo Juez el Bachiller D. Juan López Navarro, Corregidor que era de Vera y Mojácar. Mas ocurrió lo que a todo litigante, al principio muy valientes —¡que se pierda todo!— gritan siempre por regla general. —Es cuestión de amor propio— dicen al que le hablan del pleito y acaban por aburrirse, buscando a los amigos para que haya un arreglo. Por esto, cansados de este litigio, acordaron que Jueces árbitros con un tercero en discordia dirimieran sus diferencias otorgando al efecto cada pueblo su correspondiente compromiso. Vera lo otorgó en su cabildo del 7 de Enero del año 1517, asistiendo a la reunión: D. Pedro de Campuzano, Teniente Corregidor de ella y su tierra, con la villa de Mojácar, Pedro de Guevara y Antón Torrecilla, Regidores; se nombró Juez árbitro a D. Francisco Godoy y como tercero en discordia al honrado Pedro de Campuzano. Se consiguió a la vez que los Jueces habían de tener ante sus ojos la imagen de Dios Nuestro Señor y a su bendita madre, por bien de paz entre ambos pueblos. Actuó en este compromiso como Escribano de Sus Altezas, Rodrigo de Salas y fueron testigos rogados Román de Campos y Antón Gálvez, vecinos de Vera.

Mojácar otorgó también su compromiso nombrando árbitro por su parte a Rodrigo de Carrión, Alcalde Corregidor de aquella Villa, aceptando como tercero en discordia al nombrado por Vera, D. Pedro Campuzano. Intervinieron en este compromiso por parte de los mojaqueros, Juan de Aguilar, Alcalde; Rodrigo de Carrión, Juan Pinar y Juan de las Eras, Regidores de la Villa, hallándose también presentes López de Morales, Escribano del Concejo y Rodrigo de Salas, que lo era de Sus Altezas y de la Ciudad de Vera, siendo testigos rogados para el acto Pedro González y Andrés Albarracín.

Todas las diferencias entre estos pueblos rivales, las principales mejor dicho, nacían de que ambas partes se creían en derecho al sitio llamado La Marina.

Los Jueces árbitros celebraron su reunión, discutieron juntamente, según decían los compromisos; los debate tuvieron lugar en la Torre de la Garrucha, junto al aljibe de la Sal. y allí estos Jueces, teniendo ante sus ojos la imagen de Dios Nuestro Señor y su Bendita Madre dictaron sentencia laudal el 20 de Enero de 1517. En doce días hubo tiempo bastante para que estos Jueces oyeran las reclamaciones de estos dos pueblos, recibieran las pruebas, las examinaran, discutieran los puntos sometidos al debate y fallaran. ¡Hoy se necesitan años y años para poder dar por terminado un pleito que por muy sencilla que sea la cuestión!

Dejamos para otro artículo la parte dispositiva de esta sentencia, que fue oída el día de su pronunciamiento con gran alegría por los habitantes de estos pueblos, dándose un tercer abrazo de paz y de concordia, que fue el de Judas por parte de los mojaqueros.
Rudericus

(El Eco de Levante, Garrucha, 16 de diciembre de 1901)


sábado, 17 de octubre de 2015

D. José Segura Berruezo (1842-1888)


D. José Segura Berruezo
Cortesía familia Hernández Segura
Don José Segura Berruezo nació en Vera (Almería) el 2 de noviembre de 1842. Era hijo de D. Antonio Segura Navarro, comerciante, hacendado y escribiente, y de su esposa Dña. Basilisa Berruezo Soler, perteneciente a una familia de hacendados con gran tradición en el servicio de las Rentas Reales en Vera.

Quedó huérfano de padre a la edad de 5 años, ya que D. Antonio Segura falleció, a la edad de 33 años, en Vera el 14 de febrero de 1848 a causa de “afección del pecho”. Muerto el pater familias, fue educado desde entonces bajo la influencia de su tío Don Pedro Berruezo Soler, quien lo introdujo en el servicio a la Real Hacienda. Así pues en 1859, a los 17 años, ya se encontraba ayudando a su tío como Auxiliar de los trabajos de la Administración de Aduanas y Rentas Estancadas de Garrucha. Vinculado siempre al municipio en el desempeño de su carrera profesional, llegó a ser Administrador Principal de Loterías de Garrucha (1864-1866) y Administrador de Rentas Estancadas de Garrucha desde 1867, uno de los cargos de Hacienda más importantes de Almería debido a la destacadísima posición comercial e industrial de este pueblo del levante almeriense.

Asimismo, de la mano de su tío y otros miembros de la familia Berruezo, se adentró en la inversión minera, como buena parte de la burguesía de su época. Se tiene constancia de que registró diversas minas de hierro y plomo repartidas por diferentes municipios, entre ellas se pueden mencionar Tormenta (1873), Numancia (1888) situadas en Mojácar; Paciencia (1872) y Nunca es tarde (1873) en Bédar; Guillotina (1872) en Carboneras; Bohadil (1872) en Cuevas del Almanzora, etcétera. Además fue accionista de diversas sociedades mineras como, por ejemplo, la Lozano y Compañía, domiciliada en Vera, y la de la Mina Jacoba, de Sierra Almagrera, en 1871.

A nivel familiar, contrajo matrimonio con Dña. Isabel Sánchez Ochoa (hija de Rodrigo Sánchez Ortiz de Cózar, propietario, Capitán retirado del Ejército, caballero de la Orden de San Fernando, Alcalde de Garrucha (1867-1868) y Juez de Paz en dicho municipio (1863), y Antonia Ochoa López), natural de Alicante, en Garrucha el 9 de octubre de 1865. Fruto de este enlace nacieron cinco hijos: D. Antonio, D. José, Dña. Basilisa, D. Alfonso y D. Rodrigo Segura Sánchez.

Por otro lado, D. José Segura Berruezo también estuvo muy vinculado a la Semana Santa de Garrucha. Consta junto a su primo D. Francisco Berruezo López y el entonces sacerdote del municipio D. Eusebio Francisco Sáez, como uno de los padres fundacionales, firmantes, de los Estatutos de Constitución en 1868 de la hoy conocida como Real, Ilustre y Antigua Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores de Garrucha.

Detalle de la firma de los Estatutos de la Hermandad (Garrucha, 12/4/1868). Cortesía del Archivo de la Hermandad

Don José Segura Berruezo falleció en Garrucha el 15 de diciembre de 1888, a la edad de 46 años, víctima del brote de tuberculosis pulmonar que afectó al municipio ese año. Previamente había muerto también de esta misma dolencia su primo (hijo de su primo-hermano D. Juan Francisco Berruezo Torres), el joven político republicano posibilista y Secretario de Sanidad, D. Gabriel Berruezo Haro, que falleció en Garrucha el 11 de agosto de ese mismo año, a la temprana edad de 25 años.

Nota del periódico La Crónica Meridional (Almería, 23/12/1888)

Su fallecimiento fue muy sentido en Garrucha, dada la gran estima y respetabilidad que se le profesaba. Su funeral fue una auténtica manifestación de duelo. En su caminar al cementerio municipal, su féretro fue acompañado, aparte de familiares y amigos, de doce hermanos portando cirios, con el estandarte al frente, de la Hermandad de los Virgen de los Dolores, dando así cumplimiento a lo estipulado en los Estatutos de la Cofradía. La muerte de Don José Segura Berruezo truncó no sólo su meteórica carrera profesional en la Real Hacienda sino también su progreso como inversor minero. No obstante, su viuda Dña. Isabel Sánchez, siguió la estela dejada por su marido y, por ejemplo, en 1895 se tiene constancia de que registró las minas de hierro El Chaparrón y Esperanza, situadas en Vélez Rubio y Vélez Blanco, respectivamente.

Sin lugar a dudas, Don Pedro Berruezo Soler y Don José Segura Berruezo fueron las dos figuras de la Casa Berruezo más destacadas en el servicio de la Real Hacienda en Garrucha. Ambos familiares, en sus años respectivos, asumieron uno de los empleos de administración estatal económica más significativos de Almería. Si unimos esto a las actividades comerciales, industriales y mineras, así como al peso político (Don Franciso Berruezo López era Alcalde de Garrucha en el momento de la muerte de D. José Segura Berruezo) y el desempeño de la magistratura municipal que desarrollaron los Berruezo en el municipio, nos da idea de la eminente posición e influencia de la familia en el siglo XIX en Garrucha.


miércoles, 14 de octubre de 2015

D. Pedro Berruezo Soler (1805-1878). Parte IV


A nivel familiar, Don Pedro Berruezo Soler se casó en tres ocasiones y sólo tres de sus cinco hijos llegaron a edad adulta. 

En primeras nupcias contrajo matrimonio en Vera con Dña. Antonia Torres Cano el 26 de febrero de 1826. Ella era hija del hacendado veratense D. José Torres Villalta y de su mujer Dña. Ana Cano. Con su primera esposa tuvo los siguientes tres hijos: Dña. Isabel, D. Juan Francisco y Dña. Justa Berruezo Torres, esta última fallecida en la infancia.

Tras la muerte de su primera esposa a la edad de 33 años en 1834, contrajo segundas nupcias con Dña. Francisca de Salas Martínez en Turre el 20 de diciembre de 1843. Ella era hija del veterano militar de caballería y también empleado de la Real Hacienda D. Pedro de Salas Berruezo, y de su mujer Dña. Francisca Martínez Escánez. Sin embargo, la ilusión de rehacer nuevamente su vida marital se truncó con el inesperado fallecimiento de su segunda esposa en Vera, a la edad de 27 años, el 3 de marzo de 1844. De este matrimonio quedó un hijo llamado D. Pedro José, que murió en edad infantil.

Contrajo matrimonio por tercera y última vez con Dña. María Teresa García Haro. Con ella tuvo un único hijo, D. Pedro Antonio Berruezo García, nacido en Mojácar en 1854.

También estuvo muy vinculado y ayudó a su hermana Dña. Basilisa Berruezo Soler, tras la pronta muerte de su marido Don Antonio Segura en 1848, y a su sobrino, D. José Segura Berruezo, que siguió los pasos de su tío e hizo carrera en la Real Hacienda en Garrucha, llegando a ostentar el empleo de Administrador de Rentas Estancadas en el municipio.

Finalmente, tras una intensa vida consagrada al servicio público, Don Pedro Berruezo Soler falleció con las primeras luces del alba del día 21 de marzo de 1878 en su casa de calle de la Marina de Garrucha. En su domicilio, junto a la viuda Dña. Teresa García Haro, se habían congregado sus hijos D. Juan Francisco e Isabel Berruezo Torres, D. Pedro A. Berruezo García, primos D. Francisco Berruezo Ayora, D. Francisco Berruezo López, consortes y demás familia Berruezo y amigos del finado.

Amanecía Garrucha aquella mañana del primer día de la primavera con la fatídica noticia de la muerte, a los 73 años, de uno de sus mayores Hijos Ilustres, de uno de sus Padres Fundacionales. Había fallecido un gran prohombre, una figura destacada de la villa que siempre ocupará un lugar eminente en la Historia del municipio. Fue uno de aquellos ochos pioneros que constituyeron el primer Ayuntamiento de Garrucha en 1861, que tanto bien hicieron por el naciente pueblo. La excelente gestión del primer gobierno municipal dirigido por D. Manuel Berruezo Ayora sentó las bases para el buen desarrollo y progreso social y económico de Garrucha, aquel pequeño pueblo que fue el diamante más radiante del levante almeriense.


Las circunstancias históricas y el firme compromiso de Don Pedro Berruezo le llevaron a ser uno de “esos padres de la nueva patria de Garrucha dispuestos a convertirse en los nuevos Washington y Jefferson de la provincia de Almería” en 1861, como escribió el redactor jefe de La Voz de Almería, D. Manuel León, en el artículo que tributó a Don Manuel Berruezo, Primer Alcalde de la villa, en el 140 aniversario de su fallecimiento en 2014.



Su funeral fue una auténtica manifestación de profundo duelo y en su peregrinación al cementerio municipal lo acompañaba la práctica totalidad del pueblo, dada la gran estima y cariño que se le profesaba en todas las clases sociales. Garrucha lloró su pérdida, quedaba huérfana de uno de sus más importantes valedores, pero no se acabó con D. Pedro Berruezo Soler la vinculación de su rama familiar con el municipio. Cabe destacar a su hijo D. Juan Francisco Berruezo Torres, toda una personalidad en Garrucha como ya se vio en su reseña biográfica; su nieta Dña. Isabel Berruezo Haro, casada con el propietario y banquero D. José López Campos, asesinado durante la Guerra Civil, cuyos hijos los López Berruezo fueron comerciantes y banqueros en el levante almeriense durante las primeras décadas del siglo XX; su bisnieta Dña. Ana Berruezo Martínez, casada con el ilustre abogado y juez municipal de Garrucha, D. Pedro Cervantes Gerez, asesinado durante la Guerra Civil.

Además, a través de su otro hijo, D. Pedro A. Berruezo García, Comendador de la Real Orden de Isabel la Católica, continuó la saga familiar de servicio en el funcionariado de la Real Hacienda, desarrollando la mayor parte de su carrera profesional en Cataluña.

Actualmente, extinto ya el apellido en línea masculina por diversas fatalidades de la vida que hicieron que sólo las mujeres continuaran esta estirpe, todavía existen buenos ejemplos del carácter bondadoso y de abnegación que caracterizó a Don Pedro Berruezo Soler. Doña María Teresa Ituarte Mata, tataranieta del patriarca por línea materna, por cuyas venas corre la misma sangre de este patricio padre fundacional de Garrucha, dignifica y da lustre al apellido Berruezo con su fuerte compromiso y ayuda a la investigación histórica familiar.


martes, 13 de octubre de 2015

D. Pedro Berruezo Soler (1805-1878). Parte III



Con el inicio del gobierno progresista en España en 1854 se iniciaron también en Garrucha los movimientos independentistas de manos de destacadas familias de ideología liberal como los Berruezo, Orozco, Gerez… asentadas allí y que poseían altos intereses económicos en esta pedanía de Vera.

El aumento de población y del comercio, y la cada vez más incipiente minería de la región hizo que las importantes familias asentadas en Garrucha promovieran su segregación respecto de Vera. Una de las más destacadas que participó activamente en la consecución de la ardua y difícil tarea de la segregación fue la familia Berruezo. Supieron ver en Garrucha el futuro importante enclave geoestratégico comercial en que se iba a convertir en los años venideros al excelente ritmo de la industria minera y no dudaron en promover su constitución como municipio independiente.

Isabel II, Reina de España, concedió
la independencia de Garrucha
La lucha por constituir Garrucha como municipio independiente no fue fácil. Pese a haber obtenido la independencia respecto de Vera mediante la Real Orden de 16 de marzo de 1858 firmado por Isabel II, los veratenses pelearon ferozmente enviando comisiones a Madrid para frenar la inercia secesionista, que estaba provocando que no sólo Garrucha sino también otra pedanía, Pulpí, al compás independentista de los garrucheros solicitara la emancipación.

Vera creó una campaña de descrédito sobre Garrucha y sus prohombres en diversos periódicos y misivas dirigidas al Ministro de Gobernación y al Gobernador Civil de Almería. De nada sirvieron las gestiones que hizo Vera, tan sólo para frenar dos años lo que ya era irreversible.

Entre tanto, el Gobernador nombró Alcalde Pedáneo de Garrucha a Don Pedro Berruezo Soler el 3 de enero de 1859. Estuvo en el cargo hasta que en junio de ese mismo año cesó como consecuencia de haber sido nombrado Contador de la Aduana de Garrucha.

Finalmente, la orden del Gobernador Provincial de 23 de diciembre de 1860 obligaba a cumplir la Real Orden de 16 de marzo de 1858 y comunicaba al Ayuntamiento de Vera que colaborase con el de la naciente Garrucha para la demarcación jurisdiccional. Como era de esperar, a Vera no le quedó otra que aceptar la segregación, pero no pondrá fácil ceder un palmo de su todavía considerado territorio.

Garrucha nació como municipio independiente el 1 de enero de 1861, como así se recoge en el Acta de Constitución de su primer Ayuntamiento:

En la población de Garrucha, a primero de enero de mil ochocientos sesenta y uno, siendo las diez de su mañana, se reunieron en las salas donde provisionalmente se han de celebrar las sesiones, los Sres. Don Tomás Latorre, Alcalde Pedáneo de ésta, Don Manuel Berruezo y Don José Laguna, Don Pedro Berruezo Soler, Don Bernardo Gerez Soler, Don Andrés Cervantes Quesada, Don Alfonso Cervantes Quesada y Don Felipe Rodríguez Clemente, que han sido nombrados por el Señor Gobernador Civil de esta provincia para componer el Ayuntamiento que ha de principiar a funcionar en este día, mediante la Real Gracia concedida por S.M. la Reina Doña Isabel II (Q.D.G.) para segregar a este pueblo de su matriz Vera, accediendo así a los deseos de este vecindario, todo lo cual aparece del oficio de aquella Superior Autoridad, de 23 de Diciembre último, que se pone de manifiesto, y de los nombramientos especiales, de fecha del 22 para Alcalde y Teniente que también exhibieron los Señores que han merecido este honor Don Manuel Berruezo y Don José Laguna. En su mérito, el Señor Alcalde Pedáneo, en acatamiento de la orden del Sr. Gobernador, que está de manifiesto y en la que se ordena que desde este día ha de funcionar la Municipalidad nombrada, visto el art. 46 del Reglamento para la ejecución de la Ley vigente de Ayuntamientos, por el que se dispone que el Alcalde entrante preste el juramento en manos del saliente. Considerando que en este pueblo la única autoridad local que existe es el repetido Sr. Alcalde Pedáneo, que debe cesar en sus funciones y en obedecimiento así mismo a la invitación oficial que se le ha pasado para llenar aquella formalidad, dicho Señor Alcalde Pedáneo recibió el oportuno juramento al nombrado para el presente año, Sr. Don Manuel Berruezo, quien lo prestó en manos de aquel, jurando por Dios y los Santos Evangelios guardar y hacer guardar la Constitución de la Monarquía y las leyes, ser fiel a S.M. Doña Isabel II y conducirse bien y lealmente en el desempeño de su cargo.
Acto seguido, el Sr. Alcalde juramentado exigió del Sr. Teniente y Regidores Don José Laguna, Don Pedro Berruezo, Don Bernardo Gerez, Don Tomás Latorre, Don Andrés Cervantes, Don Alfonso Cervantes y Don Felipe Rodríguez, el correspondiente juramento, que fueron prestando en manos de su merced, bajo la misma fórmula ya expresada, verificando lo cual, el inducido Sr. Alcalde, en alta voz y en justa observancia de la Ley y órdenes superiores, declaró constituido el Ayuntamiento interino de este pueblo.
Esto así verificado, la corporación acordó consignar en este Acta, un voto público y solemne a gratitud a nuestra Augusta Soberana Doña Isabel II (Q.D.G.) y a su Ilustrado Gobierno, por la concesión que ha tenido la dignación de otorgar a este pueblo, segregándolo de la Ciudad de Vera, y al Sr. Gobernador de la provincia por la parte que le ha cabido poniendo en ejecución el Real mandato: que se anuncie este acto al vecindario para su conocimiento y que participe de la grata emoción de que este Municipio se haya poseído por ser un acontecimiento que ha de producir infinitos bienes a este pueblo, tanto en el desarrollo de sus intereses materiales, cuanto en el de su razón moral y religiosa.
Que con rectificación de este Acta, se participe al Sr. Gobernador el cumplimiento de su superiores disposiciones; y por último nombrar como secretario interino, para que Certifique, a Don Bernardo Gerez Soler, uno de los Regidores de esta municipalidad, por no tener, al presente, en este pueblo otra persona apta para el desempeño de este cargo.
Y lo firman los Señores presentes, de que yo el Secretario interino que acepto, certifico.
Manuel Berruezo, Tomás Latorre, José Laguna, Pedro Berruezo, Andrés Cervantes, Alfonso Cervantes, Felipe Rodríguez.
Fui presente, Bernardo Gerez, Regidor Secretario. Todos rubricados.
(Actas Capitulares. Sesión 1 de enero de 1861. Archivo Municipal de Garrucha)
Como se deja ver en el Acta de Constitución, Don Manuel Berruezo Ayora fue designado Alcalde del Primer Ayuntamiento de Garrucha y Don Pedro Berruezo Soler, Regidor. Tras la proclamación del gobierno municipal, exhortó el Alcalde: "Que se anuncie este acto al vecindario para su conocimiento y que participe de la grata emoción de que este municipio se haya poseído, por ser un acontecimiento que va a producir infinitos bienes a este pueblo".

Si difícil fue constituir el municipio como independiente, no menos complicado fue el inicio de la andadura de Garrucha en solitario. Aquel primer equipo de gobierno tuvo que enfrentarse en aquellos primeros años, con su mayor empaque, al desprecio continuo por parte de los veratenses, que no querían aceptar la secesión, y en parte con los mojaqueros, que pleitearon durante siglos con Vera por la soberanía de Garrucha y siempre soñaron con apoderarse de ella. Incluso tuvieron que lidiar en esos primeros momentos de emancipación con una pequeña facción de vecinos de Garrucha reacios al cambio y que abogaban por volver a Vera, su matriz.

Vista panorámica de Garrucha a finales del siglo XIX. Fotógrafo: F. de Blain

El primer equipo de Gobierno, que estuvo en el poder hasta 1863, ha sido considerado por la historiografía clásica como el mejor que ha tenido Garrucha en su Historia. Bajo su mandato la villa fue dotada de Municipalidad Independiente, Administración de Aduanas y Rentas Estancadas, Ayundantía de Marina, Sanidad Marítima, Compañía de Carabineros del Reino, Intervención de Minas, Feria, la Fundición de plomos San Jacinto, médico titular, notario público y viceconsulados inglés y francés, que facilitó la llegada de capital extranjero para la revitalización de la industria y el comercio que tanto benefició a Garrucha. Además se aprobó la construcción del Ayuntamiento, cárcel y Escuela de Instrucción.

En el libro de 1921 Historia de Garrucha, páginas 82 y 83, sus autores resaltaron la total entrega al pueblo por parte de la Municipalidad: “El primer Ayuntamiento de Garrucha demostró una actividad y un interés laudable en todo lo que podía ser beneficioso a la población… En resumen: aquel primer Ayuntamiento de Garrucha hizo por la población en un año más que todos los que le han seguido hasta nuestra época, demostrando verdadero cariño al pueblo y una voluntad firme y decidida de trabajar por su bien; ejemplo que debieran imitar todos los ciudadanos… He aquí la obra de unos cuantos patriotas.”

De manera similar a lo expuesto en el párrafo anterior, ya se había pronunciado el 12 de enero de 1901 el periódico garruchero El Eco de Levante en el artículo Garrucha en el siglo XIX, donde se puede leer: “Aquella primera Administración Municipal no pudo ser más recta y más conveniente a los intereses locales en aquel primer año de emancipación, se instituyó la Feria que anualmente se celebra desde entonces y se dio principio al fomento de la localidad bajo la importancia de aquellos importantísimos hombres de negocios cuyo norte consistía en mejorar y hacer que progresase Garrucha en todo aquello que una bien entendida administración económico-social y de Justicia reclama”. 

Alegoría de la I República Española
Años más tarde, Don Pedro Berruezo Soler fue Alcalde de Garrucha de 1873 a 1874, quedando para la Historia del municipio como el último de la turbulenta y caótica I República Española. Uno de los hechos más reseñables que ocurrieron durante su mandato fue la invasión de Garrucha por parte de las tropas cantonalistas de Cartagena en octubre de 1873. Su actuación ante los invasores evitó males mayores. (Ver: Los Cantonalistas de Cartagena en Garrucha en 1873)

La Garrucha de la década de 1870 consolidaba su emancipación con un progresivo auge demográfico y económico, como consecuencia del gran comercio que generaba. Bullía el trabajo en su rada y anualmente arribaban centenares de buques mercantes y de pasajeros. Asimismo, la villa se transformó en un municipio muy cosmopolita y atractivo con la llegada continua de acaudalados inversores españoles y extranjeros. Fue lugar de veraneo de toda la élite social del levante almeriense y punto de encuentro de buena parte de la intelectualidad de Almería. Se implantaron diversas casas consulares, como por ejemplo, las de Alemania, Austria-Hungría, Francia, Grecia, Estados Unidos, Inglaterra, Italia, Portugal, Noruega, Uruguay y Perú. En definitiva, se convirtió en La Pequeña San Sebastián, como fue conocida en su época.

[Continuará]